Sociedad

Argentina sale del armario

El Senado vota esta semana la reforma del matrimonio civil para incluir a las parejas de personas mismo sexo entre fuertes críticas eclesiásticas

La iniciativa pionera “puede tener un gran y positivo impacto” en países como Chile y Uruguay, según confían los colectivos homosexuales

Argentina puede convertirse esta semana en el primer país latinoamericano en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por ello, no sólo los homosexuales del país aguardan por la incierta votación del miércoles en el Senado después de su aprobación en el Congreso de la Nación, si no que acapara la atención del colectivo en todo el continente ante la posibilidad de que la legislación argentina siente un precedente e impulse políticas de igualdad en el entorno.

De hecho, la presidenta de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), María Rachid, recuerda que el presidente de Uruguay, José Mujica, “ya lo prometió y se aprobará muy pronto”. Más concretamente, durante 2011, cuando se iniciará la tramitación parlamentaria de un proyecto de ley para “universalizar el matrimonio”, según apunta el responsable de Comunicación del colectivo uruguayo Ovejas Negras, Diego Sempol. A través del correo electrónico, Sempol subraya los “importantes avances legislativos” experimentados en 2007, mediante la aprobación de la unión concubinaria con “casi todos los derechos similares al matrimonio”, y en 2009, con una reforma del sistema de  de hijos que incluyó a las parejas del mismo sexo. Sin embargo, “la cultura discriminatoria sigue siendo muy fuerte, lo que confirma la necesidad de ir aún a por mayores conquistas legales y de instrumentar políticas públicas” contra la exclusión del colectivo homosexual.

Por ello, desde la otra ribera lado del Río de la Plata se observa “con interés” el actual debate social suscitado en Argentina alrededor de la reforma del matrimonio civil. “Sin lugar a dudas, contribuiría significativamente tener un antecedente de ese tipo en la región”. Aunque “advertimos que la Iglesia Católica y varios sectores políticos de derecha se oponen a la aprobación de una ley sobre matrimonio en Uruguay, estamos esperanzados de que será posible sortear estas dificultades”, confía el portavoz de la asociación homosexual Ovejas Negras.

Al cruzar la frontera argentina por la cordillera andina, sin embargo, la valoración resulta menos optimista. “En Chile hay un gobierno más conservador y temen que proponga la unión civil para evitar la igualdad jurídica” del matrimonio homosexual, lamenta María Rachid. De hecho, una encuesta de la página en Internet del chileno Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) revela pesimismo tras la reciente elección del conservador Sebastián Piñera como presidente del país: el 45% considera que la situación de las minorías sexuales empeorará, el 35% opina que se mantendrá y el 19% cree que mejorará.

No obstante, el presidente del Movilh, Rolando Jiménez, escribe que “en el plano sociocultural y ciudadano se aprecia una progresiva aceptación de la igualdad de derechos, a un punto que la mayoría de los chilenos y chilenas está de acuerdo con que se apruebe una ley contra la discriminación que beneficie a la diversidad sexual, entre otros sectores excluidos, así como una ley de parejas que resuelva la grave desigualdad de quienes tienen uniones de hecho con personas del mismo sexo. Lamentablemente, el Estado y la clase política están muy por detrás de estos cambios sociales y, pese a que el Movilh ha redactado diversos proyectos de ley sobre la materia, su tramitación está estancada en el Congreso Nacional”, apunta el correo electrónico de Jiménez.

“Fundamentalismo e intolerancia”

En cualquier caso, la discusión parlamentaria en Buenos Aires genera “mucha ilusión” en el seno del Movilh al considerar que el esfuerzo realizado durante años por organizaciones sociales como FALGBT “está rindiendo interesantes e históricos frutos”. Para Rolando Jiménez, “la eventual aprobación en Argentina del matrimonio homosexual será un signo de cambio en toda Latinoamérica que puede tener un gran y positivo impacto en Chile dada la cercanía geográfica”.

A su juicio, “Chile ha sido identificado como uno de los países con mayor crecimiento y estabilidad económica de la región y el ejemplo que dará Argentina, en caso de aprobar la ley del matrimonio, es que el verdadero desarrollo no sólo tiene relación con el PIB [Producto Interior Bruto] si no con la necesidad de avanzar hacia el respeto integral de la igualdad de derechos para todos. Será también la muestra de que los cambios son posibles en Sudamérica y quedará claro, con mayor cercanía que nunca para nosotros, que una ley de ese tipo, lejos de ser un atentado contra la sociedad, es un aporte para el enriquecimiento humano, cultural y político de todos”.

En definitiva, “el hecho de que se debata sobre estas materias demuestra que los cambios en favor de la igualdad tienen una sola dirección: el avance, a veces lento, pero siempre adelante. En este camino, claramente quienes se están oponiendo a la igualdad en Argentina están quedando atrás y, con ellos, su odio y desprecio irracional hacia la diferencia”, zanja el presidente del Movilh. En similares términos se expresa el portavoz de Ovejas Negras: “Las valoraciones de la Iglesia Católica nos parecen un ejemplo más de fundamentalismo e intolerancia, que debería ser penado por la ley”.

No es para menos, pues la principal oposición a la reforma del matrimonio civil en Argentina repite la estrategia desarrollada durante la tramitación de similar normativa en España al proceder de la jerarquía religiosa. “No nos sorprendió, pero la mayoría de fieles católicos están a favor del matrimonio homosexual”, argumenta la presidenta de la FALGTB. También apoyan públicamente la iniciativa una minoría de sacerdotes progresistas, pero la cúpula de la Iglesia Católica, con el apoyo del Opus Dei y en alianza con grupos evangélicos y otras confesiones, convoca a la “guerra cultural, a una guerra de Dios” en defensa de la familia tradicional y moviliza a sus feligreses desde púlpitos o colegios y universidades religiosas en recogidas de firmas, exigencia para la convocatoria de un plebiscito, propuesta de una unión civil con menores derechos o llamamiento a múltiples manifestaciones en todo el país. Bajo el lema “queremos mamá y papá para nuestros hijos”, la última protesta se celebró en Buenos Aires este martes, víspera de la votación en el Senado.

“Algunos senadores ya dieron la vuelta a su posición en el último momento [en la comisión de la Cámara Baja previa a la sesión plenaria] por presiones de la jerarquía de la Iglesia Católica y de grupos evangélicos, por amenazas y también por promesas de campañas electorales, ya que muchas provincias tienen más parroquias que locales de partidos políticos”, denuncia María Rachid. En cualquier caso, “es sólo un pequeño traspié, no es un gran inconveniente, porque es una batalla ya ganada”, estima la titular de la FALGBT. De hecho, un eventual rechazo del Senado a la iniciativa presentada por el Partido Socialista, apoyada por el Partido Justicialista y el Frente para la Victoria de Cristina Fernández de Kirchner entre otras fuerzas políticas del arco parlamentario, no cambiará la postura favorable de, según la FALGBT, cuatro de siete miembros de la Corte Suprema de Justicia.

Precisamente, los tribunales ya fallaron a favor de los recursos de amparo (por inconstitucionalidad del Código Civil o ausencia de impedimento como argumentos jurídicos) interpuestos desde el pasado año para la celebración de bodas de siete parejas de hombres y dos de mujeres, un total de nueve enlaces entre personas del mismo sexo que cuatro gobiernos regionales ya decidieron no apelar. Paradójicamente, seis provincias argentinas (Neuquén, Santa Cruz, Río Negro, Formosa, La Rioja y Catamarca) mantienen todavía sanciones administrativas para la conducta homosexual en sus respectivos códigos de faltas, aunque los colectivos sociales ya lograron la revocación durante 2009 en Buenos Aires, Santiago del Estero y Entre Ríos. “Y esperamos la derogación definitiva en todos antes de final de año”, prevé María Rachid. La igualdad sólo es cuestión de tiempo.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie