Sociedad

Alemania deporta a miles de gitanos refugiados de los Balcanes

Naciones Unidas calificó en 2008 al gobierno alemán del “más hostil a los gitanos de Europa”

El 100 por cien de los niños gitanos preguntados por UNICEF tras la expulsión quiere volver a Alemania

“La mayoría de los gitanos vive en los Balcanes en condiciones propias de países en desarrollo”

Desolados campos de refugiados, como éste en Mitrovica, Kosovo, es lo que les espera a los niños gitanos que vuelven a los Balcanes. (AP/ Visar Kryeziu)

Desde principios de 2010, París ha repatriado a unos 8.000 romaníes, ha desmantelado campamentos de gitanos y dejado a un número indefinido de personas sin techo. El tema abre telediarios en toda Europa, es portada de periódicos y se debate con intensidad no sólo dentro, sino también a las puertas de las instituciones comunitarias. En los últimos cinco años, y principalmente a lo largo de los pasados 12 meses, Berlín ha expulsado a unos 15.000 gitanos. El hecho apenas encuentra eco en la prensa.

“Cifras concretas no tenemos porque, cuando estas personas llegaron aquí, no se registraba a qué grupo étnico pertenecían”, advierte Stefan Telöken, de ACNUR Alemania. “Ni ellos se definían a sí mismos como romaníes, sino como serbios o kosovares”, añade Bernd Mesovic, de la ONG Pro Asyl. Cifras concretas tampoco existen porque el Gobierno alemán no informa sobre las repatriaciones que lleva a cabo. Sólo cuando es preguntado en el Parlamento está obligado a contestar. “A partir de ahí, realizamos nuestras estimaciones. Pero, para ser sinceros, éstas son poco representativas. El tema es muy difícil”, reconoce Mesovic.

Lo que sí se sabe es que la mayoría de los gitanos que a principios de los 90 huían de la guerra en la antigua Yugoslavia, y de la de Kosovo a finales de la década, buscaron refugio en Alemania. Debieron llegar a ser cientos de miles. “En 2005, quedaban unos 25.000 romaníes asilados en Alemania. Hoy, serían aproximadamente 10.000”, expone Telöken, “es toda la información de la que disponemos, aunque he de decir que los datos no son nuestros.”

Un soldado francés de la OTAN escolta en su huída a dos mujeres. El barrio de mayoría gitana de Rasadnik, en Mitrovica, arde en 1999. (AP/ Visar Kryeziu)

UNICEF coincide en el número. De 11.770 gitanos amenazados por la repatriación sobre suelo germano habla el organismo en un informe publicado en julio de 2010. Entre un 42 y un 50 por ciento de ellos son menores de 18 años; dos tercios ha nacido en Alemania. Años, a veces décadas, llevan viviendo en el país con estatus de “consentidos”, que no es un permiso de residencia y legalmente ofrece vaga protección.

Tres de cada cuatro niños gitanos repatriados por Alemania deja de ir al colegio cuando llega a Kosovo, escribe UNICEF. Las razones son la pobreza, las dificultades con el idioma local- que gran parte de ellos ya no habla- y la falta de certificados que acrediten su paso por el sistema escolar germano. “Muchos de estos menores están aquí bien integrados”, declaraba Tom Königs en la presentación del estudio en Berlín, “la deportación les roba prácticamente todas las oportunidades de un futuro mejor”. El 100 por cien de los niños preguntados por UNICEF tras la expulsión dice que quiere volver a Alemania.

Y es que son desolados campamentos de refugiados en los que reinan ínfimas condiciones de vida el lugar al que los aviones chárter fletados por las autoridades germanas los regresan. Las posibilidades de recuperar sus casas abandonadas son nulas. Las propiedades de los romaníes fueron saqueadas, incendiadas o confiscadas durante o después de los conflictos. No son pocos los que ni siquiera poseen documentación, porque la huida se produjo en medio del pánico y, claro está, no por cauces oficiales. Encontrar un empleo cuando aún persisten los odios es prácticamente imposible. Las guerras no quedan tan lejos y a éstas las movió el deseo de “limpiar” Estados enteros de etnias supuestamente foráneas, también de gitanos.

“En los Balcanes occidentales, el índice de desempleo entre los romaníes supera a veces el 70 por ciento, la esperanza de vida de este grupo es menor a la del resto de la población, la mortalidad infantil mayor y con frecuencia aparecen casos de malnutrición”, cuenta Zeljko Jovanovic, investigador del Open Society Institute y coautor del informe ¿Vías hacia el progreso? La Unión Europea y la inclusión de los romaníes en los Balcanes occidentales, “la mayoría de los gitanos continúa viviendo allí en condiciones que son más propias de países en desarrollo que de la Europa del siglo XXI. Confinados en guetos, en barrios de chabolas, en campos de refugiados, habitando tierras contaminadas, expuestos a los desahucios forzados y negándoseles el derecho básico a tener derechos”.

El campo de Podgorica, en Montenegro. Aquí se refugian miles de gitanos de la persecución étnica: se les acusa de colaborar con los serbios. (AP/ Eileen Kovchok)

Pero la historia no empieza con la desintegración de la antigua Yugoslavia: arrastra miles de años de marginación y alcanza su punto álgido en la II Guerra Mundial, recuerda Jovanovic. Porraimos, que en romaní significa “destrucción”, es el Holocausto gitano. Entre 220.000 y 1.500.000 romaníes cayeron víctimas del terror nazi, la mayoría en Europa del este. Serbios, croatas, búlgaros, húngaros, rumanos participaron o consintieron el exterminio. Luego, llegó el comunismo.

“Durante la época comunista se trató de asimilar a los gitanos y de restringir sus libertades. En Bulgaria, se prohibieron el idioma y la música romaníes en los lugares públicos. En Checoslovaquia, los gitanos estaban considerados ‘de un estrato socialmente degradado’ y se llevaron a cabo esterilizaciones de mujeres romaníes como parte de políticas destinadas a reducir su población”, narra Jovanovic. Tampoco el Estado de derecho y el libre mercado significaron el principio de tiempos mejores: “el colapso en los niveles de vida de esta minoría no tiene precedentes”, asegura el experto.

Hoy por hoy, la pobreza sigue siendo el principal obstáculo para la integración. “La transmisión de la miseria de generación en generación ha reforzado un sentimiento fatalista entre los romaníes, que han dejado de creer en que su situación pueda mejorar. Y la verdad es que, no sólo no ha mejorado, sino que en los últimos 20 años ha ido a peor”, constata Jovanovic. Ni en el conjunto de Europa del Este ni concretamente en los Balcanes se podrá dar la transición a la democracia por concluida hasta que no se acabe con la exclusión socioeconómica de la población gitana, de eso está seguro el investigador.

"¿Es ese mundo nuestra patria?", se preguntan gitanos amenazados por la expulsión en una manifestación en Alemania, junio de 2002. (AP/ Joerg Sarbach)

Alemania, mientras tanto, dice aportar con las extradiciones su granito de arena a que tal cosa suceda, ya que éstas contribuyen a construir “sociedades multiculturales” en los Balcanes. Los procesos de repatriación a las zonas que han recuperado cierta estabilidad política pudieron llevarse a cabo sin mayores dificultades. Sólo Kosovo continuó siendo un problema. Cuando Naciones Unidas administró la provincia, la puerta al envío de gitanos a la región estuvo cerrada. Los alemanes lo intentaron por primera vez en 2003, pero la UNMIK se negó: las minorías corrían peligro en tierra kosovar.

En febrero de 2008, Kosovo se proclamó unilateralmente independiente. Siete meses después, la delegación de la ONU hacía las maletas y entregaba el gobierno a un Ejecutivo necesitado de reconocimiento. En julio de 2009, Berlín y Prístina firmaron el primer acuerdo para la repatriación de kosovares de diferentes etnias, entre ellos miles de gitanos. Ese mismo año, Navanethem Pillay, la alta comisaria de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, calificó al alemán del “Ejecutivo más hostil a los romaníes de toda Europa”.

El Consejo de Europa sigue desaconsejando el regreso de romaníes a Kosovo. En abril de 2010, Berlín y Prístina ratificaron un segundo tratado de extradición.