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Sociedad

” Tienes que aceptar que vas a ser herido interiormente, ya que es la única manera de trasmitir con decencia”

Entrevista con Gervasio Sánchez con motivo de su exposición ‘Antología’ en la que se recogen los 25 años de su carrera profesional, desde América Latina hasta África pasando por los Balcanes y Asia.

Hasta el próximo 11 de junio, en Tabacalera de Madrid (Embajadores, 53), 148 fotografías, unos 100 retratos y 6 audiovisuales, esperan al espectador.

Cuatro niñas miran desde el interior de una furgoneta destrozada en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), marzo de 1994

“Sólo un genio es capaz de realizar genialidades. A los demás no nos queda más remedio que aprender de nuestros errores”. Errores habrá tenido, como también bastantes aciertos para conseguir los premios que tiene en su haber: el Premio Nacional de Fotografía 2009 y el Premio Ortega y Gasset 2008, entre otros. Este último, será recordado por la dureza de las palabras de su discurso al recibirlo ante los políticos allí presentes, entre ellos la Vicepresidenta del gobierno de entonces, María Teresa Fernández de la Vega, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el entonces alcalde de la ciudad, Alberto Ruiz Gallardón, entre varios ministros.

“Me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo, y me avergüenzo de mis representantes políticos”,  fueron parte de las palabras que Gervasio Sánchez dirigió a los presentes,  así como a los ausentes: “Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas. Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas”.

Hoy, unos cuantos años más tarde de que esto sucediera,  el discurso de Gervasio Sánchez al respecto sigue siendo el mismo. Lo repite hasta la saciedad con la pretensión de que quede bien claro. Como también deja claro, tanto por escrito en su prólogo de la ‘Antología’ que ha publicado recientemente y en la que se recogen los 25 años de carrera profesional que lleva a sus espaldas -desde América Latina, lugar en el que confiesa “haber aprendido los secretos de la fotografía”, hasta África pasando por los Balcanes y Asia-, como de viva voz, que este extenso recorrido por su dilatada trayectoria profesional,  se lo dedica a sus compañeros muertos en el campo de batalla, a quienes tiene muy presentes y nombra siempre que puede.

Biblioteca destrozada por una bomba incendiria, Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), julio de 1993

Desde el pasado 6 de marzo hasta el próximo 11 de junio,  en Tabacalera de Madrid (Embajadores, 53), 148 fotografías, unos 100 retratos y 6 audiovisuales, esperan al espectador que acuda a verla. Serán recibidos por la frialdad del emplazamiento en el que se encuentra expuesta la obra, un edificio de aspecto semiderruido, que en ocasiones resulta hasta lúgubre, y donde el sonido de la metralla que fue registrado por el propio Gervasio Sánchez en uno de los conflictos del que fue testigo, se hace casi constante. El escenario sobre el que está expuesta esta antología no es casualidad, antecede al baño de crudas realidades que nos ofrece la inmersión por su obra.

Con motivo de esta exposición, convertida en libro, charlamos con Gervasio Sánchez sobre la dureza y el futuro de su oficio.

¿Por qué cree que ha llegado a ser hoy quién es: un fotoperiodista independiente que dice y hace lo que le apetece, y es premiado por ello?

Esto ha ocurrido porque cuando yo era joven tuve que trabajar para financiarme mis viajes. Trabajé desde los 15 hasta los 31 años todos los veranos, de lunes a domingo, en un restaurante de playa en Tarragona, y así fue incluso como me pagué la universidad. No hay otra clave. Sin ese inicio no lo hubiera conseguido. Hace 30 años era tan difícil como lo es hoy, era cuestión de tener un trabajo alternativo para poderte financiar tus viajes, ganas y fuerza para poder hacerlo.

A veces la suerte también es muy importante. Varios de mis amigos han muerto en zonas de conflictos, y yo jamás he sido herido.

El cuerpo sin vida de Salim Azem Gashi, albanokosovar de 16 años, es abrazado por su padre mientras las mujeres de su familia lloran, en Pirana (Kosovo), julio de 1998

¿Qué queda de aquel joven que decidió que quería contar historias con su cámara de fotos?

Bueno, con mi cámara, escribiendo y en la radio. Porque la fotografía sola, no daba para vivir.

Queda el espíritu. Tomar carreteras secundarias del periodismo, no sentarme en una redacción y permanecer ahí quieto. Siempre he intentado sortear los escollos que se han puesto en mi camino, y los escollos son dinero. En el año 84 cuando viajé a El Salvador, me alojé en hoteles de medio pelo, comía poco y trabajaba mucho. En estas condiciones estuve trabajando durante muchos años.

Entonces, lo que mantengo es seguir creyendo en este oficio. Uno es periodista las 24 horas del día y digo esto en el sentido en el que ser periodista es una forma de entender el mundo. Esto no es un trabajo en el que vas, haces unas horas y recibes un salario al final del mes, es un profesión de muchas horas y horas a tus espaldas en el que cuando estás  cubriendo un conflicto, no hay fines de semana.

Una niña moribunda es evacuada en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), octubre de 1993

¿Cómo se aprende a ser fotoperiodista?

No creo que aprendiese gran cosa en la universidad. Veía mucho cine, y bueno, leía mucho para intentar formarme. La universidad, al menos los años que yo estudié, no tenía mucho que ver con la práctica. Yo no he hecho ningún curso fotográfico, y a pesar de que mis primeras fotografías eran de carrete, no he revelado jamás. Me asombra ver la cantidad de cursos que hay ahora de fotografía y en los que los chicos aprenden a manejar programas como el photoshop a la perfección.

Yo tuve la suerte de encontrar buenos fotógrafos en el terreno de los que aprendí de su trabajo, de las charlas posteriores y de las apreciaciones que hacían sobre el mío.

En este oficio se debe tener paciencia en llegar a la meta, porque querer llegar en poco tiempo, consiguiendo muy pronto una gran foto o imagen, es incluso peligroso, ya que a veces para conseguirlo hasta se puede llegar a manipular la realidad.

¿Crees que se debe ser de una pasta especial para serlo?

De lo que se trata es de armarse de las cualidades necesarias para hacer bien tu trabajo. Quien quiera trabajar en esto debe saber que tiene que estar dispuesto a sufrir en su interior el impacto del dolor, ya que para mí es la única manera de trasmitir con decencia. Tienes que saber aceptar que vas a ser herido interiormente.

Civiles huyen de los combates entre la guerrilla y el ejército en San Salvador (El Salvador), noviembre de 1989

¿Qué ha sido lo más doloroso de estos 25 años de profesión?

Ver morir a compañeros a los que quería.

La muerte de Miguel Gil quizá fue la que más me impactó, porque yo estaba en Sierra Leona cuando él murió y tuve que ir a identificar su cadáver y estar pendiente de que su cuerpo, y el de su compañero  Kurt Schork, fueran repatriados en condiciones. Pensar que tú podrías haber estado en su lugar es duro; El brote de cólera en Goma y Ruanda en el 94 también fue muy duro; también me resulta duro el hecho de que la gente muera y no sepa porqué. Nosotros sí lo sabemos. Sabemos que mueren porque hay empresas armamentísticas del mundo occidental, como en España, que se lucran de ello.

Y de las cosas que más duras me resultan, es ver que tu trabajo no sirve para nada. Es cierto que por ejemplo la exposición que inauguré en Tabacalera la han visto 5.500 personas  hasta el momento -del 6 al 11 de marzo-, que está muy bien, pero son personas comunes,  sin poder de decisión. Nunca vienen a mis exposiciones ni políticos, ni gerentes de los grandes medios de comunicación, ni los consejeros de los grandes bancos… en definitiva, gente que tiene poder de decisión y que me gustaría que vinieran a ver las fotos.

Al menos, mi trabajo me sirve para mantener mi conciencia tranquila.

¿Su capacidad de sorprenderse ha menguado o sigue igual después de vivir todo lo que ha vivido?

El día que vaya a un lugar que no me inspire, que no me diga nada, dejaré de trabajar. Veo estúpido dejar mi casa, en la que estoy calentito en invierno y fresquito en verano, y a mi mujer con la que llevo más de 20 años y a mi hijo de 14, coger mis bártulos e irme al quinto pino para hacer algo que no me inspira nada.

Hay periodistas que se han vuelto lobos solitarios, que no han sabido ser capaces de compaginar la vida familiar con la laboral,  y se van a estos sitios para olvidar. Ese no es mi caso.

Sarwar, de seis años, perdió la pierna y un ojo en una explosión de una mina. Le acompaña su madre en Kabul (Afganistán), agosto de 1996

¿Qué diferencia encuentra en la profesión desde que empezó hace 25 años a ahora?

Me sorprende que pasen las décadas y que sean los mismos fotoperiodistas los que te encuentras sobre el terreno. Si ves quién está cubriendo Siria o Libia, son los mismos que lo hacían en Ruanda y si me apuras incluso los que estaban en Centro América. Eso está bien para los medios, porque se aseguran una información de calidad hecha por gente que tiene mucha experiencia.

Llegar gente joven con ganas de trabajar, llega. Pero dura poco. Yo he conocido gente joven de paso, majísima, pero que no es capaz de aguantar.

Cuando uno va a una guerra debe saber que se va a encontrar con mucho dolor y tiene que ser capaz de asumirlo. Si te haces fotoperiodista para ligar más, para hacerte famoso, para que te den premios, para ser el mejor de tu barrio… no aguantas. Y eso que ahora es más fácil conseguir una cámara, retransmitir en tiempo real… antes tenías que ir cargado con los carretes, revelarlos, a veces no llegabas al cierre, en fin, que no existía la facilidad que hoy en día otorga la tecnología.

Sí que hay fotógrafos españoles jóvenes buenos como Samuel Aranda, ganador del World Press Photo, pero en su caso, como ocurre en otros casos, se ha tenido que ir a trabajar fuera para The New York Times, un medio donde todavía se valora la calidad informativa.

¿Cree en el futuro del fotoperiodismo independiente está complicado?

Complicado es poco. Lo veo complicadísimo. Los medios de comunicación han perdido el interés en lo que pasa, son puro negocio. Si algo les cuesta más de lo que ellos creen que debe costar, no lo pagan. Yo hoy por hoy, y habiéndome hecho un hueco, si viajo a Afganistán y sumo los gastos que conlleva mi estancia allí –hotel, manutención, traductor, conductor…-, son más que los beneficios por mi trabajo. Yo lo puedo hacer porque además voy con una subvención, pero eso en otros casos no sucede.

Como consecuencia ahora en muchos medios lo que se ofrece no es periodismo, sino un sucedáneo o un refrito de él. Todas las imágenes que se publican son las mismas, no tienen personalidad.

Por otro lado, los medios  digitales que han proliferado en los últimos años, sino encuentran financiación acaban muriendo. La gente no tiene conciencia de que el trabajo que se realiza en un medio impreso, se debe pagar igual que el que se realiza en un medio digital, pero con eso de que Internet es gratis, nadie se rasca el bolsillo para poner dinero por leer esa información. La información es tan importante como la sanidad y la educación en una sociedad democrática.

Centenares de ataúdes preparados para un funeral masivo de víctimas de Srebrenica. (Potocari, Bosnia-Herzegovina), julio de 2010

Después de todo lo visto y lo vivido, ¿qué concepción le merece el ser humano?

Cuando vas a una guerra encuentras lo peor del ser humano en mayúsculas. Gente que es capaz de matar, de violar, de destrozar y que además, disfruta haciéndolo. Pero, y esto es lo que equilibra la balanza para no volverte loco, también encuentras héroes. Gente que es capaz de morir, por negarse a matar. Durante el cerco de Sarajevo, presencié como una familia Serbia escondía en su casa a la hija de un vecino de 12 años de religión musulmana salvándola de la violación e incluso la muerte. Ese señor se jugó la vida por esa niña, sin lugar a dudas de que si lo hubieran descubierto,  lo habrían matado. Para mí esos son los héroes, la gente que de forma anónima es capaz de hacer este tipo de cosas, y por las que no son premiados.

Lo que se premia en sociedades de consumo como la nuestra es a gente como Javier Solana, colaboracionista de los Balcanes, que no hizo nada para parar esa matanza y que tiene tras de sí un currículum brillante lleno de premios; o los presidentes de multinacionales como el de Repsol, que con tal de sacar el máximo beneficio, es capaz de mantener relaciones obscenas con dictadores. A estos son a los que se premian, no a los que dignifican la vida, que por suerte existen y son los que equilibran la balanza. Porque la vida es como una balanza en la que se ha de saber sopesar lo bueno y lo malo que hay en ella.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

8 comentarios

  1. Sofi

    Me impactó ver la exposición en Tabacalera que recomiendo. Muchas gracias Gervasio Sánchez y a todos los que trabajan jugandose la vida de esa manera, para que la humanidad conozca que eso existe. Que es real.

  2. [...] " Tienes que aceptar que vas a ser herido interiormente, ya que es … – Periodismohu… [...]

  3. Gema

    Gracias a Gervasio Sánchez por tan magnifico trabajo, por su valentía de llamar las cosas por su nombre, por seguir defendiendo aquello en lo que cree, por dar “voz” a tantos que no la tienen. Gracias de nuevo.

  4. Natalia

    Gracias !!!!! Necesitamos gente así.

  5. BRAVO
    sigue metiendo caña, a ver si se enteran.

  6. [...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos "Tienes que aceptar que vas a ser herido, es la única manera de trasmitir con decencia" periodismohumano.com/sociedad/comunicacion/tienes-que-ace…  por arkaia hace [...]

  7. Serdna Zeuqzalev

    Gracias por marcar el camino para la proxima generacion de fotoperiodistas libres,dices que la mayoria de los jovenes no aguanta pero el que no arriesga no gana! Gracias denuevo

  8. Desde que conocí sus fotos admiro la obra de Gervasio Sánchez. A través de esta entrevista he descubierto además a un hombre honesto que ha sabido hacerse sabio con los años y a través de su trabajo, un trabajo duro.

    Un muy buen artículo, felicidades. Voy a difundirlo cuanto pueda.

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