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Sociedad

“Ellos tienen una redacción, yo tengo mi portátil”

Al crecer como afroamericano en Estados Unidos muchos de nosotros estamos acostumbrados a ser ‘el único’ negro en clase, en el colegio, en la comunidad, en lo que sea. Es una postura diferente que mi abuela solía definir como ser ‘la única mosca en el vaso de leche’. Es diferente porque cuando tienes esta experiencia, vayas a donde vayas, acabas buscando a gente como tú. Fui la única chica negra en mi clase de sexto curso cuando mis padres se mudaron a las afueras de DC. Soy sensible a ser ‘la única’.

(CNN Foto)

Es fácil encontrar a Nisa Muhammad. Asiste a las ruedas de prensa en Washington con la cabeza cubierta con un pañuelo, o con un hiyab. Siempre el cuaderno y la grabadora sobre colores vivos. Siempre la sonrisa en el rostro. Siempre la primera mano en pedir una pregunta. Nisa siempre pregunta. Nisa es uno de los ocho millones de musulmanes que viven en Estados Unidos.

Nisa es corresponsal nacional para el semanario Final Call, una publicación que sirve a la comunidad afro americana y musulmana en Estados Unidos -uno de cada cuatro fieles del Islam es afro americano. La capital, con más de 100.000, es la cuarta ciudad del país en población musulmana. Sus núcleos de audiencia más fuertes están en Washington, D.C., Nueva York, Detroit y Chicago, pero cubren todo el territorio a pesar de la falta de recursos, de periodistas y ese obstáculo que impone la tecnología a las publicaciones sin tiempo de adaptarse.

Madre de cinco hijos y reportera desde hace 11 años, el sueño de Nisa es mejorar su trabajo en internet. “Quiero aprender multimedia”, confiesa como una adolescente que acaba de aprender en qué consiste un blog. Pero Nisa ya tiene un blog: Michelle Obama Watch, en el que sigue el día a día de la primera dama -”es fabulosa”, declara. Y no se queda en comentarios sobre el último modelo elegido por Obama. Aprovecha la recién lanzada campaña para luchar contra la obesidad y denuncia que “los afroamericanos están cavando su propia tumba a mordiscos” por sus hábitos de alimentación.

Muchos de los artículos de Nisa cuentan verdades así, a mordiscos. Hace dos veranos una ola de violencia en una zona de Washington empujó a la policía a cerrar varias intersecciones al tráfico. Sólo podían acceder los vecinos residentes, que presentaron numerosas quejas por haber sido encerrados en una especie de cuarentena. En otros vecindarios la protesta llegaba por haber desplazado el riesgo a calles colindantes. A través de un reportaje en Final Call, Nisa denunciaba que la decisión del ayuntamiento de Washington era inconstitucional. No se ha vuelto a repetir.

El trabajo de Nisa, sin embargo, no se limita a la cobertura local. “Escribo todo tipo de reportajes nacionales también, sobre todo lo que tenga que ver con las mujeres, la familia y salud”, nos cuenta. Su trabajo entra en la misión global de Final Call, que cubre desde la crisis de la iglesia católica por los abusos a menores hasta el acuerdo nuclear de Israel con la Sudáfrica del apartheid. Desde la nueva red de clínicas gratuitas que ha lanzado la comunidad musulmana de Filadelfia hasta “Blogging While Brown“, una conferencia para internautas afro americanos que quieren hacer más presión política a través de la red.

Y muy lejos de las facilidades que tienen los grandes medios con puesto fijo en el Capitolio, Nisa sigue recorriendo las calles en busca de historias. Como ella, miles de periodistas de medios minoritarios que no pueden apoyarse en los recursos infinitos de las redacciones. “[Los grandes medios] tienen documentalistas, yo me tengo a mí; ellos tienen fotógrafos, yo llevo mi cámara; ellos tienen una redacción, yo tengo mi portátil”, afirma. Los grandes medios siguen envueltos en su crisis. Los pequeños siguen tirando de reporteros.

Uno de cada seis estadounidenses consultan a diario periódicos minoritarios como Final Call. La presión de estas audiencias es tan grande que grupos mediáticos como Washington Post ya cuenta con una publicación específica sólo para afro americanos, The Root. Y consciente del cambio tanto en la población como en los medios que sirven la información, la Casa Blanca lleva 18 meses invitando a preguntar en ruedas de prensa a reporteros de Telemundo, Final Call, o Essence, la revista histórica de los afro americanos. Por falta de recursos, estas publicaciones no cuentan con un corresponsal permanente en las ruedas de prensa de la Casa Blanca, pero cuando están, Obama les invita a preguntar. Sabe que les necesita.

El trabajo ha llevado a Nisa a lugares del mundo como Manila, las Islas Vírgenes o La Habana. Pero sigue mirando a la actualidad con la misma perspectiva que el 60 por ciento de la población de la capital: los afro americanos. Esa es su comunidad. Trabaja entregada a ellos como reportera y testigo de los cambios que ha sufrido esta ciudad desde las revueltas del año 1968, tras el asesinato de Martin Luther King, y que acabaron con buena parte de la ciudad en llamas. Cuarenta años después un afro americano llegaba a la presidencia.

“La comunidad es mucho más optimista, han recuperado la esperanza”, comenta Nisa. “Vuelven a creer que el gobierno hará algo por ayudarles, simplemente porque Obama está ahí”. Para la periodista, la presión que cae sobre los hombros de Obama desde hace 18 meses que llegó a la Casa Blanca viene de esa esperanza. “Todos esperan que haga algo por ellos y él es ese tipo de presidente, ha abrazado a todo el mundo”. El cambio es todavía más importante si hablamos de la minoría musulmana dentro de la afro americana. En 2009 una encuesta de Gallup encontró que sólo el 40 por ciento de esta población considera que está prosperando. El entorno no ayuda: uno de cada cinco norteamericanos no quiere un vecino musulmán. La discriminación empieza a alcanzar a los más jóvenes. Según un estudio de las escuelas públicas de Nueva York, el 29 por ciento de los estudiantes musulmanes se había cambiado el nombre para pasar desapercibido.

Washington reconstruyó los barrios afectados por las revueltas. Obama sigue apuntalando esperanzas. Y Nisa busca nuevos testimonios de ese cambio sumergido en otras capas de la actualidad. El New York Times no habla de la pobreza o su incidencia en la población afro americana y la relación que guarda con las altas tasas de cáncer en la comunidad. Lo hace Final Call.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

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