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Sociedad

El duro oficio de rapear en árabe

La censura, la falta de libertad de movimientos y una percepción occidentalizada del hip hop lastran el género en Oriente Próximo

Internet se ha convertido en una herramienta imprescindible para sortear todos los obstáculos

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A qué estamos esperando,

dime a qué estamos esperando

A qué estamos esperando

para bombardear Irán

Para borrarlo con un misil inteligente

Para acabar con todos esos infieles

El ritmo es pegadizo, la música se contagia, la lírica resulta hilarante y, al mismo tiempo, reflejo del doble rasero internacional que tanto indigna a la población de Oriente Próximo. Es uno de los secretos del éxito de Rayess Bek, pionero del rap árabe y  uno de los cantantes hip hop más consolidados de la región pese a las dificultades que enfrentan artistas y aficionados a seguir este tipo de música.

Sus letras, pura ironía mezclada con crítica social, rechazo a la hipocresía política y denuncia de las injusticias, son bien conocidas por los jóvenes del Líbano pese a que su último disco, oficialmente, no existe.

Legalmente sus canciones no pueden ser difundidas en la radio ni sus álbumes pueden ser adquiridos en las tiendas de música locales, donde Eminem, Public Enemy o Snoop Doggy disponen de espacios privilegiados, porque no tiene autorización oficial. “Toda obra artística debe ser aprobada por la Seguridad Nacional antes de ser difundida. Y nunca te dicen que te van a prohibir la canción, pero sí te advierten que si cantas algo así vas a tener problemas”, explica Rayess, ataviado con su característico sombrero blanco, en una cafetería tradicional del barrio beirutí de Barbir. “Y los tienes, al final: en el último disco que grabé en el Líbano,  Daña perjudicialmente a la salud , mis temas salían llenos de biiip que camuflan palabras censuradas”.

Rayess Bek, nombre artístico de Wael Kodeih, el rapero más veterano del Líbano, es el ejemplo de las dificultades que encuentra este género musical en el mundo árabe y de las ingeniosas soluciones que los intérpretes encuentran para sortear la censura. Con su último álbum, Khartech al Zaman (El izquierdista), Wael, de 30 años, decidió evitar problemas y grabar en París para difundir en Oriente Próximo mediante Internet. Ninguno de sus temas son fáciles. Intihabat 09, (Elecciones09) por ejemplo, nunca hubiera pasado la censura. “Enumero los problemas del Líbano, la falta de electricidad, el precio del combustible, el sectarismo, la religión, para llegar a la conclusión de que todo es resultado de un gobierno corrupto e ineficaz. Tengo la impresión de que el verdadero enemigo del país es el Gobierno libanés”. Otro tema habla de las injusticias en Palestina, otro de la invasión de Irak, en otro se invita a la comunidad internacional a bombardear Irán de una vez.

En Musulmán, Wael repasa los tópicos que manejan los europeos sobre los musulmanes, y que tan bien conoce por sufrirlos a diario.

No llevo cuchillos, kalashnikov, katiushas, no tengo nada de eso

Y sin embargo, soy musulmán

No me he hecho explotar en ningún aeropuerto

Pero ya ves, soy musumán

No he extorsionado ni secuestrado a ningún periodista

Pero, fíjate, soy musulmán

Siempre he respetado a las mujeres

Y sin embargo, soy musumán.

“En Francia, ese tema lo tengo que cantar con una sonrisa en los labios, como si estuviera bromeando, aunque en realidad me lo tomo muy en serio. Europa está llena de clichés sobre el Islam, tanto la izquierda como la derecha, y esta es mi forma de denunciarlo”. Porque para Wael, el rap es una forma de activismo político, y ese es precisamente el origen de su aislamiento regional. “Mi música está prohibida en todo Oriente Próximo, salvo en Jordania. Aquí, en el Líbano, puedo dar conciertos porque no se les ocurre ir a buscarte y decirte que no puedes cantar, pero no puedo distribuir”.

Rayess Bek, en un concierto en Beirut. (M.G.P)

Internet es su instrumento para sortear el veto, y no sólo eso. La red de redes se ha convertido en la herramienta imprescindible de todos los raperos de Oriente Próximo, un género asociado con la rebeldía, con la denuncia social, con Occidente, con las drogas y considerado incluso diabólico en regímenes como el saudí. Pero la tecnología permite salvar obstáculos como los que pueden poner, por evitar problemas con los regímenes, los estudios de grabación tradicionales, y eso ha permitido la aparición de grupos en Siria como Sham MC’s, nueve raperos que el pasado septiembre presentaron su primer álbum, Crucigrama; en Egipto, donde MTM lleva rapeando desde hace 11 años y cada vez surgen más grupos underground; en Emiratos Arabes, donde Desert Heat es el más representativo grupo de hip hop; en Yemen, con Hagage Mased a la cabeza, y sobre todo en el Líbano (Rayess Bek, Lynn Fatouh, más conocida como Malikah, o los refugiados palestinos de Katibe Khamze y I-Voice) y Palestina, donde los conocidos DAM y el grupo Ramallah Underground causan furor.

“Los regímenes no pueden hacer nada contra Internet o contra Facebook [uno de los principales medios de difusión, junto con MySpace]. Ahora todo se puede hacer desde casa, no sólo dar a conocer tu trabajo. Ya hay medios en la red para convertir tu cuarto en un estudio de grabación, y con muy poco dinero. Acolchas las paredes, inviertes unos 2.000 dólares en equipos y ni tus padres se enteran de a qué te dedicas en tu habitación mientras grabas un tema”. El secretismo es el arma de todos ellos: Malikah aún no se ha atrevido a grabar canciones políticas por miedo a la censura, y el jordano palestino Fadi abu Ghazallah tuvo que ver cómo las autoridades del reino hachemí destruían su trabajo por considerarlo demasiado político.

Los elementos comunes son la fusión de ritmos árabes tradicionales con el hip hop convencional y el uso de la música como instrumento de denuncia de la sociedad opresiva, los regímenes dictatoriales y los conflictos políticos que padecen. Salvo en el caso de Rayess, que se sirve de su exilio francés para trabajar con comodidad y subsistir (ya ha grabado tres discos y ha dado más de un centenar de conciertos, casi todos en Europa) sólo los palestinos tienen cierta libertad de creación.

Wael fue precursor del género en el país del Cedro a mediados de los 90, cuando el hip hop recién se contagiaba al mundo árabe. “Fui uno de los primeros en rapear en árabe”, cuenta este inquieto joven de 30 años instalado por temporadas en París. Sus padres le criaron en el sur del Líbano, pero en 1983, con la invasión israelí, decidieron mudarse a Beirut. Allí la guerra civil arreciaba, mezclada con la ocupación hebrea. “Nos fuimos a París, donde pasé 10 años aunque nunca perdí el contacto con mi país como refugiado. Cuando acabó la guerra regresamos. Pasé 12 años en Beirut, pero en 2006, [con la última ofensiva israelí] dije khalas [basta]. Volví a París, aunque no me termino de sentir a gusto. Es demasiado comercial, demasiado consumista. Allí vivo la mitad del año, la otra mitad la paso aquí”.

Eso le permite estar en contacto con los problemas locales. En el caso de los palestinos DAM, los más conocidos y antiguos en los territorios ocupados y también pioneros del hip hop árabe, dado que empezaron sólo un año después que Rayess Bek. Su canción Min Irhabi, nombre de su segundo álbum, difundido en 2001, es representativa de su estilo.

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¿Quién es el terrorista?

¿Yo soy el terrorista?

¿Cómo puedo serlo cuando me has robado la tierra?

¿Quién es el terrorista?

Tú eres el terrorista

Me quitaste todo lo que poseía mientras estaba en mi tierra

Me matas a mí y matas a mis ancestros

¿Pretendes que recurra a la ley?

¿Para qué? Tú eres el testigo, el abogado y el juez.

Y si eres mi juez, seré sentenciado a muerte.

La fuerza de DAM reside en sus rabiosas, en árabe, hebreo e inglés, denuncias de la ocupación israelí, de la represión, de las víctimas civiles de su pueblo pero también de los problemas internos como la escasa libertad de las mujeres. “Especialmente hablamos de los crímenes de honor, de la capacidad de las mujeres y de los límites que les imponemos los hombres”, explica Tamer Nafar, uno de los hermanos que integran DAM (su otra mitad es Suhel) junto a Mahmud Jreri, contactado por correo electrónico. “En nuestro primer álbum ya figuraba la canción Al Hurriye uns’a, Libertad es femenino, y también tenemos otra canción llamada Ven cerca que se puede considerar erótica, pero no pornográfica, una oda a la belleza femenina. Esperábamos muchas reacciones negativas, pero sorpresivamente la reacción ha sido muy buena”.

Los integrantes de DAM. (www.dampalestine.com)

DAM llenaría conciertos en todo Oriente Próximo si pudieran acceder a cualquier país de la región, pero sus tres integrantes, palestinos con nacionalidad israelí, no pueden atravesar las fronteras con sus documentos. “Uno de nuestros principales problemas es llegar a nuestro público”, continúa Tamer. “La mayor parte de nuestros seguidores hablan árabe y viven en tierra árabe, como Siria y el Líbano, y allí nuestro pasaporte israelí nos prohíbe el paso”. En Gaza no pueden hacerlo pero probablemente sea mejor que no lo intenten, dado que el Movimiento Islámico Hamas no ve con buenos ojos este tipo de música como ya demostró cuando radicales afiliados al grupo irrumpieron de forma violenta en un concierto de RFM, afincado en Gaza, logrando que se cancelara la actuación.

La fama de DAM les llevó a tener un papel destacado en el documental Slingshots Hip Hop de la directora árabe-norteamericano Jackie Rim Salloum, dedicado a los numerosos grupos de rap palestinos. “Tuve que estudiar carpintería antes de dedicarme al hip hop para construir un escenario ideal para mi música”, ironiza Tamer.

Las dificultades son comunes a todos, pero poco a poco la tecnología permite dar a conocer la música de los más avezados y crear un precedente que sirva a las próximas generaciones para cambiar la realidad. Wael está satisfecho con las ventas de su último álbum, distribuido gracias a la red en el Líbano, Siria, Jordania, los países del Golfo y también en EEUU, Gran Bretaña y Francia. “En mi región me permite denunciar, en Occidente mi música sirve de testimonio de lo que aquí ocurre”, explica. Es el ejemplo de que la juventud árabe, liberal o conservadora, está ansiosa de una libertad que la antigua generación les niega, y también de que una parte de Occidente “está deseando conocer otra visión de lo que aquí ocurre”, como señala Wael, algo en lo que coincide Tamer. La prueba está en las ventas y en el éxito de los conciertos europeos de todos ellos.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

11 comentarios

  1. Genial artículo, Mónica, no conocía algunos de los grupos que mencionas y estoy deseando escucharlos. Espero tener la oportunidad, ahora que viajaré a Líbano y Siria, de ver a alguno de ellos en directo. Un abrazo,

  2. [...] Aquí os dejo el enlace a un buen artículo de Mónica G. Prieto en periodismohumano.com sobre el “Duro oficio de rapear en árabe” y un video del grupo DAM [...]

  3. Me encanta Rayess Bek, tanto en solitario como cuando formaba parte de Aksser.. no soy nada rapero pero ese tío es muy bueno, tiene unas letras muy penetrantes y directas que usan la ironía para hacer llegar mensajes muy profundos.. muy Libanese style..

  4. No soy hiphopera, pero el movimientos de rap árabe es extraordinario. Compre discos hace años en Jerusalén y hace 2-3 años vi a Dam en Barcelona. A pesar de tener muchas dificultades para entender sus letras, me gustaron mucho.
    A fin de cuentas, eso de recitar con rima y ritmo textos que van cambiando y que relatan lo que pasa y que la gente memoriza es la esencia de la poesía árabe preislámica. Si alguien tiene el rap entre sus tradiciones son los árabes.

  5. [...] de las poses con las que se asocia tradicionalmente el hip-hop. Hace unos meses, en el reportaje  “El duro oficio de rapear en árabe” habló para Periodismo Humano sobre las dificultades de este género musical en Oriente Medio. [...]

  6. [...] de las poses con las que se asocia tradicionalmente el hip-hop. Hace unos meses, en el reportaje “El duro oficio de rapear en árabe” habló para Periodismo Humano sobre las dificultades de este género musical en Oriente Medio. [...]

  7. [...] de las poses con las que se asocia tradicionalmente el hip-hop. Hace unos meses, en el reportaje “El duro oficio de rapear en árabe” habló para Periodismo Humano sobre las dificultades de este género musical en Oriente Medio. [...]

  8. [...] te advierten que si cantas algo así vas a tener problemas”, explicaba Rayess a Periodismo Humano entrevistado para el reportaje El duro oficio de rapear en árabe. “Y los tienes, al final: en el último disco que grabé en el Líbano,  Daña perjudicialmente [...]

  9. [...] te advierten que si cantas algo así vas a tener problemas”, explicaba Rayess a Periodismo Humano entrevistado para el reportaje El duro oficio de rapear en árabe. “Y los tienes, al final: en el último disco que grabé en el Líbano,  Daña perjudicialmente [...]

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