Sociedad
Cobrar por ir a clase
¿A quién no le han hecho un regalo de pequeño por aprobar un examen? ¿Por las notas? ¿Por superar la selectividad? La diferencia entre este regalo o paga extra que tenemos en mente y el que reciben algunos estudiantes norteamericanos es que uno viene de los familiares y el otro de los colegios. Gracias a un programa ideado por un economista de Harvard, miles de estudiantes de la enseñanza pública recibien pagas por asistir a clase o mejorar las notas.

Los profesores de Washington DC quieren que los estudiantes sigan subiéndose al autobús - Foto Smileymanwithahat (Flickr)
En Washington, D.C., sólo el 8 por ciento de los estudiantes de primaria tienen niveles aceptables en matemáticas. En inglés, un 12 por ciento. La consejera de Educación Michelle Rhee se encontró nada más tomar el cargo con un índice de abandono escolar que es doble de la media nacional, escuelas sin recursos y profesores sin ganas. El programa experimental creado por Roland Fryer en Harvard se convirtió en la vía de escape -lo llamaron innovación- para solucionar el problema.
Entonces participaban 15 escuelas de la capital y otras dos en Nueva York y Chicago. Dos años después, cinco estados se han sumado a la iniciativa, con distintas versiones del programa. Las diferentes escuelas han adaptado el sistema a sus necesidades y recursos, modificando las cantidades de recompensa según funcionen mejor o peor con los alumnos. En Alabama o Arkansas, los estudiantes pueden ganar hasta 500 dólares por superar un examen que permite saltarse clases de primer año en la universidad. En las escuelas de secundaria de Washington, los estudiantes ganan 25 dólares al mes por ir regularmente a clase y un dólar extra por cada clase a la que vayan después de ir 50 días seguidos. En total, podrán ganar 750 dólares por curso.
La financiación, de dos millones y medio de dólares por cada año escolar, queda repartida entre el gobierno de la capital y un préstamo de la Universidad de Harvard.
“Cash for Grades” (dinero por notas), como se conoce coloquialmente el programa, es el primer incentivo positivo y material que para los alumnos estadounidenses. Hasta ahora los estudiantes con mejores notas se conformaban con aparecer en la “lista de honor” del colegio. En el lado contrario, los que rompen cualquier regla de comportamiento, corren el riesgo de ser penalizados, castigados en detención -se quedan horas extra en el colegio- o expulsados.
Una de las críticas realizadas al programa era su concentración en escuelas públicas, con estudiantes que pertenecen a minorías de la población y cuyas familias se han quedado sin argumentos para que vayan a clase. Pero las tasas de abandono escolar se disparan cuando hablamos de la población afroamericana, casi el 10 por ciento, o hispana, un 18 por ciento.
El alcalde de la capital Adrian Fenty justificó hace dos años el lanzamiento de estas medidas por la falta de efectividad del trabajo del sector educativo con los estudiantes. Su Consejera de Educación Michelle Rhee apostaba por contrarrestar todos los incentivos negativos que tienen los alumnos para dejar la escuela.
“Cash for Grades” no es el único incentivo económico de los estudiantes estadounidenses. Como en muchas otras partes del mundo, los padres intentan animar también a sus hijos con regalos por buenos resultados en la escuela -sea una bicicleta o un coche en el primer año de instituto. Y los que acceden a la universidad gracias a becas privadas, sólo pueden beneficiarse de ellas si mantienen las notas. Si flaquean, la beca puede ser retirada incluso a mitad de curso.
Fryer, el ideólogo del sistema, defiende sin embargo que la recompensa por asistir a clase o mejorar las calificaciones es sólo una parte del programa. La otra mitad consiste en que el estudiante tiene su propia cuenta bancaria donde recibe puntos -dos dólares cada uno- por buenas notas, buen comportamiento y asistencia a clase. Los alumnos también reciben orientación sobre cómo gestionar ese dinero, un aprendizaje que pueden aplicar después de la escuela.
Durante estos dos años, las escuelas han evaluado el sistema gracias los grupos de control creados entre los alumnos. Los estudios realizados por el Laboratiorio de Educación de Harvard, y en los que está basado el programa, apuntan a que las recompensas positivas mejoran los resultados de los estudiantes. Pero hasta ahora no se había hecho un experimento similar con tantos estudiantes. Este verano volverán a comparar todos los datos y determinarán si, un curso más, renuevan su participación.
Quedará en el aire si los estudiantes también aprenden que estudiar es algo que se paga, un deber o un privilegio.












Que quieren que les diga, iré contracorriente, pero creo que ofrecer premio por deber cumplido, no vale.
Estamos montando una generación como burritos, ¿sin zanahoria no hay pasito?
Con los tiempos que corren, por qué no les explicamos la verdad, que en esta vida incluso a veces haciendo más de lo que debes, muchas de ellas, no vas a obtener lo que necesitas, ni lo que mereces y mucho menos lo que deseas.
Pero que la primera compensación debe ser personal, la única recompensa cierta:la satisfación moral, el valor del trabajo, del sacrificio, la lucha, la dignidad. Son los premios que sólo nosotros mismo nos podemos otorgar y que nadie nos va a poder cuestionar.
Totalmente de acuerdo con Susana.
Sin embargo, yo también añadiría la dependencia del capital que van a tener esos chavales desde muy, muy pequeñitos. Bastante tienen con la basura de la televisión y propaganda para que además les den medios para cumplir esas necesidades creadas.
Ahora, un sueldo para los universitarios no me parece tan contradictorio, pues otro sector de la población de la misma edad está trabajando y ganando relativamente grandes cantidades de dinero (para lo que se puede administrar a esas edades), lo cual fomenta que la Universidad pierda aún más atractivos.
Quizá deberíamos decir “Qué buena idea!” ójala se imitara en otros paises. PUES NO!!!, a mi parecer, son los padres los que deberían de educar a los hijos, y hacerles entender, que el ir al colegio es su obligación, como nos ha pasado a todas. Lo que pasa es que si los padres no son capaces de esforzarse en invertir mucho tiempo de sus vidas en educar; y pasan de sus hijos pues es lo mas cómodo, pues los niños, no van a clase, lo mismo que llevan navaja, lo mismo que pegan palizas, lo mismo que lo graban con el movil para meterlo en internet…. y todo una rueda.
ya lo dice mi madre, si no das una torta a tiempo tu hijo, acabara dándotela él a tí.
Tampoco es eso. Al menos, desde mi parecer.
A mí no me han puesto la mano encima en la vida y ni pego a nadie, ni lo grabo en internet, ni nada de nada.
Una cosa es la disciplina y otra la violencia. De hecho, son diametralmente opuestas.
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