Sociedad

El teléfono móvil para actuar en las peores circunstancias

Una red de teléfonos móviles, conecta a pacientes o médicos comunitarios con doctores en clínicas cercanas

La circulación de esta información entre teléfonos móviles también ha despertado dudas sobre la privacidad de los ciudadanos

"Apenas hemos empezado a rascar la superficie de los efectos que puede tener la tecnología en las vidas de personas alrededor de todo el mundo"

La plataforma Ushahidi en su primera versión, durante las elecciones en Kenia

Desde Kenia hasta Haití, Pakistán y el Golfo de México. La crisis política después de unas elecciones, un terremoto en el país más pobre de América y el vertido causado por un accidente en una plataforma petrolífera frente a Nueva Orleans. Tres situaciones en las que un programa creado en Kenia ha servido de solución a la falta de información y recursos con los que responder a un desastre.

“Si funciona en África, funciona en cualquier parte”, explica Henry Addo, programador de Usahidi. Esta plataforma para recabar información desde blogs, páginas web, mensajes de texto o enviados a Twitter, y que permite combinar todos los datos en forma de mapas y distribuir la información después, fue creada en Kenia durante la crisis que se desarrolló después de las últimas elecciones en 2008.

“Usahidi significa testimonio en swahili, es precisamente lo que faltaba en Kenia en ese momento, testimonios de lo que estaba pasando en el terreno”. La reducida presencia de periodistas extranjeros y las dificultades de los reporteros locales para informar sobre la violencia que surgió en las calles Nairobi hizo que los creadores de Usahidi pensaran en la red. En internet y en la posibilidad de crear mapas colectivos. El resultado es una herramienta que a las pocas horas del terremoto de Haití y gracias a las aportaciones de decenas de  voluntarios en todo el mundo, permitía saber cuáles eran los barrios más afectados, dónde quedaban víctimas heridas enterradas bajo los escombros o cuáles eran los hospitales de campaña y qué recursos necesitaban.

Ushahidi ha sido utilizado en países de todo el mundo. En España ha servido para situar en un mapa las fosas del franquismo, en Rusia permitió rastrear la evolución de los incendios el verano pasado, y en Los Ángeles, California, distribuye información sobre rutas seguras para ciclistas. De vuelta en África, Ushahidi sirve ahora para que los cuidadanos del barrio marginal de Kedira, en Nairobi, informen de incidentes, problemas y también soluciones dentro del vecindario.

“Apenas hemos empezado a rascar la superficie de los efectos que puede tener la tecnología en las vidas de personas alrededor de todo el mundo”, admite Adele Waugaman, directora de Colaboraciones Tecnológicas de Naciones Unidas. Como Ushahidi, diversas iniciativas surgidas en países en desarrollo aprovechan la tecnología y programas de bajo coste para mejorar desde respuestas en caso de un desastre natural hasta las condiciones de salud diarias de poblaciones enteras.

Es el caso de  MedicMobile. Sus creadores viajaron a las comunidades rurales de Malawi para descubrir la enorme distancia que separaba a doctores y pacientes. Los ciudadanos están a veces a más de 30 kilómetros de la clínica más cercana. “Cuando enferman, su única opción es recurrir a personas de la comunidad, con preparación básica para responder en casos graves, o caminar todos esos kilómetros hasta encontrar un médico. Si has contraído malaria, el viaje es mortal”, comenta Dieterich Lawson, director de tecnología de MedicMobile.

Lawson ha creado un sistema que, gracias a una red de teléfonos móviles, conecta a pacientes o médicos comunitarios con doctores en clínicas cercanas. Mensajes de texto permiten hacer consultas de forma instantánea, tomar decisiones en base a la gravedad del paciente o pedir medicamentos cuando escasean. Los miembros de la plataforma pueden además instalar un pequeño programa en sus teléfonos móviles -que no necesitan acceso a internet- para rellenar formularios con los datos del paciente. Si éste falta a una cita con el doctor, recibe un recordatorio en su teléfono. Si no dispone de un móvil, se avisa al encargado de la comunidad.

Datos de pacientes en un hospital de la República Democrática del Congo. Foto: DataDyne

“Quisimos crear un sistema que extienda los límites de una clínica”, comenta Lawson. “Se trata de recibir a los pacientes donde ellos estén”. Lawson explica que gracias al sistema de MedicMobile han podido crear una red de “enfermeros móviles”. Se desplazan entre los distintas poblaciones y pueden hacer desde ambulancia con los recursos básicos hasta de mensajeros para distribuir los medicamentos sin necesidad de que los pacientes vayan al hospital. Los trabajadores tienen además acceso a una base de datos, alojada en internet, en la que pueden consultar los historiales de los pacientes, elaborar gráficos y contrastar datos con estudios relacionados.

El mayor beneficio hasta ahora ha sido poder prescindir del papel“, comenta Lawson. “Todos los datos pueden ser introducidos a través de un teléfono móvil o de un ordenador. Es un gesto mínimo, pero el impacto es enorme”. Joel Selanikio, director de DataDyne, explica que la mayoría de los trabajadores de salud en países en desarrollo están acostumbrados a recopilar todos estos datos en papel, de forma lenta e ineficiente. “Esto impide cualquier intento de planificar o rastrear tendencias entre los pacientes, como los contagios, ni la evaluación del trabajo de los profesionales. Su mayor obstáculo acaba siendo precisamente la falta de información”, comenta.

DataDyne, una plataforma similar a MedicMobile, permite recopilar datos “en cualquier lugar donde haya una señal de teléfono móvil”. Funciona a través de SMS, mensajes a la red social Twitter o a través de internet y, desde su lanzamiento en junio de 2009, 3600 personas de 117 países ha creado 160.000 formularios con datos sobre pacientes. La aplicación se convirtió en la primera creación con origen africano que recibió el premio Innovación Tecnológica de la Compañía Wall Street Journal.

Pero la circulación de esta información entre teléfonos móviles -a los que supuestamente sólo tienen acceso los trabajadores y los pacientes que reciben alertas- también ha despertado dudas sobre la privacidad de los ciudadanos. Los creadores de estos sistemas han encontrado una respuesta sencilla: todos los datos quedan alojados en los servidores de la plataforma y sólo en caso de que una organización decida llevárselos, deberán pagar por ello. Las organizaciones acuerdan después cómo se protegerá la información.

Las aplicaciones de salud son gratuitas y tienen un límite en cuanto al número de formularios, pero la mayoría de las comunidades son todavía lo suficientemente reducidas como para disfrutar del sistema sin costes más allá de la infraestructura de teléfonos móviles y portátiles. Hasta el momento, Naciones Unidas y Vodafone cubren los costes a modo de patrocinio.

“Queríamos funcionar del mismo modo que Google distribuye Google Maps. No hace falta que nos desplacemos a ningún país para que la plataforma funcione allí, no hay contratos ni reuniones ni consultores. Descargas la aplicación y empiezas a trabajar con ella”, dice Selanikio. Tanta flexibilidad a inspirado a pequeñas comunidades y grandes organizaciones por igual. ONGs en Kenia, voluntarios en Haiti y pescadores del Golfo de México están empleando el mismo programa que la Cruz Roja o la Organización Mundial de la Salud. Según datos del Banco Mundial (PDF), el organismo redujo en un 70 por ciento los costes durante una investigación sobre corrupción y las actividades del gobierno de Guatemala. Abandonó el papel y recabó todos los datos con teléfonos móviles.

Según Selanikio el objetivo consiste en aprovechar la innovación tecnológica y las facilidades de internet. Por un lado, la proliferación de dispositivos con acceso a la red y los programas o aplicaciones con los que se pueden utilizar ponen la información en manos de cualquiera. Aunque Google pensara en los mapas para que fueran consultados a través de un ordenador, también sirven para ubicar a pacientes en un poblado remoto de Kenia, Malawi o Libia y recibir su información por mensajes de texto en un móvil. Por otro, miles de voluntarios de todo el mundo contribuyen con datos e ideas que mejoran el sistema de manera constante. Y por primera vez, el invento de un keniata puede cambiar la vida de ciudadanos de Pakistán, enviar medicamentos a un poblado de Malawi o adelantar la evacuación de un pueblo ruso acosado por un incendio.