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Sociedad

Carmen

Serie Retratos entre la multitud

Carmen tiene 27 años, es ordenanza en el edificio corporativo de un banco y tiene síndrome de Down.

Su último reto: conseguir la autonomía suficiente para poder vivir con su novio.

Cada día arranca su jornada laboral a las puntuales 8 de la mañana y comienza para ella un auténtico maratón: tiene que encargarse de clasificar los kilos de correspondencia diaria con un ordenado empeño. Cuando ha cumplido esta misión, el siguiente paso es recorrer pisos y departamentos y despachos en busca de los destinatarios del correo que previamente ha clasificado. A sus 27 años, Carmen trabaja como ordenanza en el edificio corporativo de un banco desde hace cinco. Y si para cualquier persona trabajar es un derecho y un deber, para ella, con síndrome de Down, es además una pasarela que le permite sentirse integrada en la sociedad. Algo fundamental en la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual.

Carmen trabajando (M. P.)

Antes de conseguir su actual puesto, Carmen acudió a la Fundación Síndrome de Down de Madrid (FSDM), donde recibió un tipo de formación destinada a que las personas con discapacidades intelectuales puedan incorporarse al mundo laboral. Allí reciben, por ejemplo, conocimientos lingüísticos y matemáticos pero también aprenden a manejar las herramientas informáticas más demandadas en los puestos de trabajo a los que optan. Fue la misma Fundación la que, cuando vio que Carmen estaba preparada, se puso en contacto con el banco en el que ahora trabaja para gestionar su incorporación.

Antes de eso, realizó sus estudios en el colegio Sagrado Corazón y cursó también un programa de Garantía Social para Operario de Imprenta Rápida. Sin todas estas experiencias no sería la misma. La atención temprana en los niños con síndrome de Down, una adecuada formación humana y la comprensión y el apoyo de la sociedad son los vértices fundamentales que pueden lograr un importante desarrollo de las capacidades intelectuales de las personas como Carmen. Eso, y el cariño recibido, que cumple también su parte. Carmen se pone muy seria para confesar que las personas que “más la quieren en este mundo” son sus padres. Y a ellos les debe todos los empujones que le han brindado para que hoy sea quien es.

A Carmen le gustan muchas cosas. Le encanta charlar con sus compañeros en la Fundación, bromear y contar chistes en el trabajo –los ratitos que se puede-, el cine y sobre todo, la música. Por ejemplo, la de Bisbal y Bustamente. “La que hacen los chicos guapos”, como dice ella. Pero su verdadera pasión tiene otro nombre: Eduardo, su novio desde hace ya cuatro años. Y cuando se le pregunta por él, a Carmen se le enciende la mirada y la sonrisa y se lleva pícara un dedo a los labios. “Es que me pongo muy contenta cuando hablo de él, hija”. Y se nota. Eduardo también tiene síndrome de Down y los dos se conocieron en la Fundación a la que asisten para recibir formación laboral, pero fue Carmen quien, en este caso, se lanzó. Un día se presentó a él en la entrada, aunque ella explica que luego fue Eduardo quien la conquistó. Y él, que se confiesa un enamorado de la sonrisa de Carmen y de su forma de ser, lo corrobora. Los dos explican que entre ellos “hay algo que funciona”. Y su sueño es poder compartir su vida juntos, quizá en un piso tutelado, pero el uno al lado del otro.

Porque para una persona con síndrome de Down los sueños van a poquitos, pero son muy importantes. Carmen también lucha por llegar a manejar por ella misma los euros y hacer compras con pleno conocimiento del valor del dinero. Y sueña con seguir trabajando. Y con conseguir un grado importante de autonomía. Pero en esa lucha vamos todos: ella, con su esfuerzo diario; el resto de la sociedad, con los debidos brazos abiertos que acojan a las personas con discapacidad, sea del tipo que sea. Sabiéndolos integrar y siendo conscientes de que las diferencias, lejos de alejarnos, nos enriquecen.

2 comentarios

  1. Pepa

    Me encanta leer este tipo de noticias. ¡¡ Felicidades para Carmen y su familia!! por la labor que han realizado. Agradecer a las empresas su colaboración para la inserccion en el mundo laboral de estas personas, ojalá cada vez se sumen más.

  2. Jon

    Poco a poco se va avanzando en la completa integracion de las personas con capacidades distintas( no me gusta la palabra discapacidad, porque son muy capaces) aunque queda un inmenso camino por recorrer. Sueño con el dia en que la sociedad acepte a las personas con capacidades distintas en los trabajos, grupos de amigos, entidades deportivas etc…. y dejen de ser subnormales, retrasados, gente que les falta un verano, un herbor y se les deje de lado. El dia en el que se les contrate no solo por los beneficios que supone para la empresa su contratacion, el dia en que se convoquen oposiciones publicas adpatadas a cada grado de ” discapacidad” intelectual y no para todo tipo de discapacidad tanto siquica como fisica… en fin sigamos luchando y soñando….

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