Sociedad

Belarús: “Dependemos de la solidaridad internacional”

“El KGB ha detenido a todos nuestros amigos”

Los candidatos de la oposición se enfrentan a la pena de muerte o a largas condenas

“La situación de las fuerzas democráticas en Belarús es hoy de desastre humanitario”

Iryna Bogdanova, hermana de Andrei Sannikov, candidato electoral bielorruso en prisión, frente a la embajada de Belarús en Londres. (Lefteris Pitarakis/AP)

Desastre. Hay veces que las cosas no pueden definirse de otra manera. El 19 de diciembre de 2010 se celebraban elecciones presidenciales en Bielorrusia. Algunos creían escuchar campanas de cambio tras las bambalinas de la “última dictadura de Europa”. Al final, lo que resonó fue el estruendo de la represión. La melodía recuerda a los peores tiempos; la canción suena a viejo estalinismo. Quién marca el ritmo y por qué sigue siendo la gran incógnita. El director, eso sí, tiene nombre: Alexander Lukashenko.

600 condenados por “alteración del orden público”, de los cuales siguen en prisión entre 15 y 30 personajes clave. Siete de los nueve candidatos electorales opositores en manos del KGB, de los cuales cuatro continúan en cárceles del servicio secreto, sin acceso a personal sanitario independiente y a abogados sólo de manera irregular, enfrentándose a la pena de muerte o, en su defecto, a largos años de cautiverio.

Más de una veintena de periodistas apaleados y otros tantos entre rejas. Torturas. Las oficinas de partidos políticos, movimientos sociales, ONG, periódicos independientes registradas y saqueadas. Los hogares de profesores, activistas, personajes del mundo cultural y otros seres catalogados de incómodos recibiendo visitas de agentes estatales. Un número sin definir de personas obligadas a vivir en la clandestinidad.

“La situación de las fuerzas democráticas en Belarús es hoy de desastre humanitario”, escribe en el New York Times Jörg Forbrig, del Fondo Marshall de EEUU en Alemania. “Lo que está ocurriendo aquí es una verdadera caza de brujas”, nos contaba Forbrig desde Minsk el lunes posterior a los comicios, “el régimen actúa de manera minuciosa contra cualquier persona u organización susceptible de plantarle cara. Se están llevando deteniendo a todo aquel que pueda encontrarse en condiciones de movilizar a la gente para que continúe con las protestas. Se busca anular completamente a la oposición”.

10 candidatos concurrían a los comicios bielorrusos. Nueve eran opositores. Siete acabaron en prisión. Cuatro siguen detenidos. (Sergey Ponomarev/AP)

Cerrados el domingo los colegios electorales, la marcha contra la manipulación que se presumía tras la renovada y de nuevo amplia victoria de Lukashenko en los comicios se convirtió en la mayor de la última década. De 10.000 a 70.000 personas difiere el recuento de participantes. Llegada la manifestación a la sede del gobierno bielorruso, cerca del hotel que albergaba a los observadores internacionales, algunos agitadores- se cree que a las órdenes del KGB- atacaron el edificio público y abrieron así la veda a los golpes de policía y ejército.

“Las fotografías que han recorrido los medios de comunicación no reproducen en absoluto lo que fue estar allí, con las unidades especiales de la policía por un lado y soldados en pleno uniforme de combate cortándote el paso por el otro”, narraba Forbrig. Inconsciente fue trasladado al hospital Vladimir Nyaklyaev, poeta y candidato electoral del Movimiento Adelante, desde donde desconocidos en traje de civil lo transportaban a una prisión del KGB sin haber recuperado aún el habla. Igual suerte corría el aspirante a presidente del Movimiento Por un Belarús Europeo, Andrei Sannikov, al menos con una pierna rota.

“Ahora lo que más nos preocupa son los muchos detenidos. No sabemos dónde están, cómo se encuentran, si están recibiendo asistencia sanitaria”, continuaba Forbrig.

El candidato electoral Vladimir Nyaklyaev yace en el suelo la noche electoral del 19 de diciembre de 2010 después de recibir una paliza. (AP)

Empezaba la búsqueda. Las listas con nombres se tornaban un preciado bien informativo y crecían por horas, engordadas entre otros con los apellidos de miembros de los equipos electorales; de periodistas, como Iryna Khalip, corresponsal del diario independiente ruso Novaya Gazeta y esposa de Sannikov; de defensores de los derechos humanos y de artistas, como los miembros de la compañía crítica Teatro Libre de Belarús.

“Me han liberado”, nos llegaba por fin días después de la directora del Teatro, Natalia Kaliada. “Tioma [Zhaliazniak] sigue en prisión y a Nikolai [Khalezin] lo busca el KGB… el KGB ha detenido a todos nuestros amigos”, decía el correo.

Familiares y amigos tratan frente a las puertas de la cárcel de Minsk de obtener información sobre el destino de los detenidos. (Sergei Grits/AP)

El completo poder de su fama internacional lo pone Kaliada ahora al servicio de la liberación de los encarcelados. Éste la ha llevado hasta Hillary Clinton, a quien le entregó una camiseta con el eslogan de una campaña iniciada por el Teatro en 2009: “Fuck Realpolitik”. El mensaje tiene un destinatario claro, que se sienta más en Bruselas que en Washington.

Ayudas a cambio de concesiones es el juego al que la Unión Europea y Belarús han jugado a lo largo de unos dos años. Paralelamente al deterioro de las relaciones con Rusia, Lukashenko viraba hacia Occidente en busca de nuevos apoyos. A finales de 2010, el número de presos políticos tendía en Belarús, según Amnistía Internacional y Human Watch Rights, al cero. Más allá de eso, los éxitos a presentar por la estrategia comunitaria eran escasos.

“Nosotros hemos calculado que, siguiendo la política de ‘paso a paso’ de la Unión Europea, Belarús se convertirá en una democracia aproximadamente dentro de unos 200 años”, bromeaba el pasado marzo Alexander Milinkevich, quien en las elecciones de 2006 fue candidato único de la oposición bielorrusa. A responder nuestra pregunta había comenzado con un “qué decir sin ofender a la UE…”, y eso pese a ser un conocido defensor del diálogo entre Bruselas y Minsk.

Ya la muerte de Aleh Byabenin, colaborador y amigo de Andrei Sannikov- supuestamente por suicidio, sospechadamente por asesinato- en septiembre de 2010 hacía prever la llegada de “tiempos difíciles”, asegura Kaliada  en una entrevista concedida a la ONG Charter 97, que dirige el propio Sannikov y cuya editora, Natalia Radzina, se encuentra también detenida. Los presos políticos han vuelto en Bielorrusia. La Realpolitik de la UE se enfrenta hoy al reflejo de su fracaso. La venta de silencio ante las injusticias pasa factura.

Las autoridades amenazan con internar a Danil Sannikov- el hijo de tres años de los encarcelados Andrei Sannikov e Irina Khalip- en un orfanato. Su abuela lucha por evitarlo. (S. G./AP)

Por qué Lukashenko decidió abandonar el camino andado junto a Europa se desconoce. Hay quien presume que la idea no ha sido tanto suya como de fuerzas dentro régimen que podrían estar cavándole la tumba política. En cualquier caso, recuerdan los críticos que negociar con dictadores entraña riesgos. Belarús pierde, pero la UE también. Ahora, el Parlamento Europeo demanda la vuelta a unas sanciones que ya le fueron impuestas al régimen, y paulatinamente retiradas.

“Hace unos días, el estado de salud de mi padre empeoró en prisión y desde entonces no he vuelto a tener noticias suyas”, les contaba Eva Nyaklyaev, hija de Vladimir Nyaklyaev, a los europarlamentarios, “ustedes tienen la llave para liberar a mi padre… dependemos totalmente de la solidaridad internacional”.