Sociedad

Alta costura tras los barrotes

Una socióloga libanesa reconvertida en diseñadora trabaja con presas para crear sus bolsos, muy apreciados entre la ‘jet set’ árabe e internacional

Sarah´s Bag, organización de rehabilitación social, emplea a más de cien reclusas o ex presas

Dos empleadas de Sarah Beydun, en el taller de Beirut. (Mónica G. Prieto)

Quién le iba a decir a Zeina que, tras su paso por la prisión de alta seguridad de Baabda, la sociedad volvería a aceptarla. A una ex presa. A una delincuente redimida que hoy prefiere no hablar de su crimen. Pero esta libanesa no sólo se ha reintegrado en su entorno: tiene un trabajo que le permite mantener a sus hijos y, además, obtener satisfacciones personales como escuchar a los demás adulando su obra. Ahora es un respetado miembro de la sociedad. Porque Zeina, junto a un centenar de reclusas o ex presidiarias condenadas por prostitución, falsificación, asesinato o robo, son la maquinaria de Sarah’s Bags, un proyecto de rehabilitación social que, tras una década, se ha consagrado como una de las firmas de complementos más reconocidas del Líbano.

El alma de esta idea es Sarah Beydun, una socióloga de 36 años que, tras licenciarse en la Universidad Americana de Beirut, obtuvo un doctorado en la Universidad Saint Joseph de la capital libanesa con un proyecto que le llevaría a prisión: la excusa era escribir una tesis sobre la prostitución femenina y la situación de las presas en el Líbano; el objetivo, constatar cómo eran las condiciones de vida tras los muros y hacer algo por aquellas mujeres. “Gracias a la ONG Dar al Amal (que trabaja en la rehabilitación de las reclusas), logré entrar en contacto con las presas. Acudía tres veces por semana a prisión, al principio para hacer entrevistas y luego con la idea de ayudarlas”, explica desde el bello edificio de Gemmaizeh, el barrio beirutí favorito de intelectuales y artistas, que alberga la tienda y el taller principal de Sarah’s Bags.

“Se me ocurrió darles algún tipo de encargo como terapia ocupacional. Al principio les encargué que confeccionaran pulseras, y cinco de ellas aceptaron, pero el resultado no fue muy bueno. Corría el año 2000 y se habían puesto de moda los bolsos, así que diseñé yo misma un modelo fácil de confeccionar y llevé el original y los materiales a prisión. El resultado fue sorprendente”. En concreto, 12 bolsos que Sarah vendió sin ninguna dificultad.

Sarah Beydun muestra un atrevido modelo.

Las ganancias le sirvieron para financiar más materiales y su imaginación para diseñar nuevos modelos. Durante tres años, no dejó nunca de atravesar los muros del penal de Baabda. Ahora, sólo acude eventualmente para entregar materiales y nuevos patrones y vigilar el trabajo de unas mujeres que han aprendido a autogestionarse para mantener sus mentes y dedos ocupados y obtener un sueldo que alivie a sus familias fuera de la prisión.

Aquel germen de proyecto se ha convertido hoy en una empresa nada desdeñable que emplea a 100 mujeres, 40 reclusas y 60 ex presas que ya cumplieron sus condenas. El objetivo es múltiple. “Lo más importante es darles un trabajo que las mantenga ocupadas. Según los guardias, se ha reducido el número de peleas en prisión entre las mujeres que trabajan. Por otro lado, el hecho de tener un empleo una vez que salen de la cárcel ayuda a eliminar el estigma carcelario. Pero por encima de todo está la ayuda económica. Esto no es una asociación caritativa. Las trabajadoras reciben un sueldo digno por su trabajo”, incide Sarah.

Cada bolso, algunas verdaderas piezas de artesanía, tarda entre dos y tres semanas en ser confeccionado. Las peculiares empleadas de Sarah Beydun combinan técnicas y estilos tradicionales y modernos bajo las instrucciones de su jefa, algo muy apreciado entre las clientas de Oriente Próximo, tan aficionadas al folclore como a la moda europea. Son menos de una decena las trabajadoras que, tras haber salido de prisión, acuden al taller de Beirut. “La mayoría trabaja en sus casas, en sus pueblos de origen. Se organizan en grupos de 10, se reparten las tareas, se corrigen y controlan la calidad unas a otras. Pero sólo mantengo a las que funcionan de forma profesional”, aclara la responsable.

Taller de costura de Sarah's Bags.

En estos 10 años de trabajo, Sarah Beydun y sus presas han tenido muchas satisfacciones. La mayor de ellas fue ver en las páginas de la revista Vogue una de sus creaciones, en manos nada más y nada menos que de la Reina Rania de Jordania, que utilizó uno de sus bolsos para acudir al enlace de los Príncipes de Asturias, en Madrid, en mayo de 2004. Aquella fue la consagración de la firma. Otras caras internacionales, como la actriz francesa Catherine Denueve, han dado renombre a los bolsos de Sarah pero son, sobre todo, las clientas libanesas las que mantienen viva su marca.

“Nuestra madrina fue la entonces primera dama libanesa, Nazik Hariri, una de las primeras en descubrir y lucir nuestros bolsos”, rememora Sarah. Era cuando esta socióloga tenía su precario taller instalado en el garaje de la casa de sus padres, nada que ver con el artístico edificio –el tronco de un árbol real atraviesa una de las estancias- en el que tiene ahora instalado su negocio. De una de las habitaciones, forrada por estanterías con telas, lazos y botones, se escapa el llanto de un bebé. Dentro, una de las empleadas amamanta a su recién nacido. “No tiene donde dejarlo y se lo trae al trabajo”, justifica Beydun antes de continuar.

“Nazik Hariri solía ordenar maletas enteras con bolsos para regalarlos a sus amistades en los viajes oficiales. Muchas mujeres relevantes nos compran no por caridad sino por estar a la moda, pero lo importante es que de esa forma ellas, que lo tienen todo, ayudan a otras mujeres que no tienen nada”. Las libanesas aprecian el buen gusto de la marca y el hecho de que la mano de obra sea libanesa. Artistas como la actriz y directora de cine Nadine Labaki (Caramel) son clientas asiduas, si bien los artículos son asequibles para muchas clases sociales: en su establecimiento es posible encontrar bolsos de entre 30 y 300 euros. “Mi gente tiene que ganar dinero”, justifica Beydun.

Sarah Beydun atiende a sus clientes.

La ex primera dama libanesa, viuda de Rafic Hariri, ayudó a poner de moda la marca, que hoy es muy demandada en toda la región. Sarah’s Bags tiene tiendas en Dubai, Qatar, Egipto, Arabia Saudí e incluso en Yemen, Marruecos, Ghana y Sierra Leona, además de Suiza. En el exterior, sus modelos se codean con obras de diseñadores internacionales como Christian LaCroix, Christian Louboutin o el libanés Elie Saab en tiendas como Harper’s Bazaar.

En febrero de 2008, el Consejo Británico eligió los bolsos de Sarah para representar al Líbano en la Feria Internacional de Jóvenes Emprendedores; unos meses después, el Instituto del Mundo Arabe le invitaba a París para participar en un homenaje a la icónica cantante egipcia Umm Kalthum, a quien Sarah ha dedicado varios bolsos imprimiendo su rostro a lo Andy Warhol.

De ahí ha obtenido precisamente su última idea: dejar que las 10 presas más brillantes decidan algunos de los nuevos diseños, basándose en sus experiencias. Una ha elegido como motivo cómo conspiró con su amante para matar a su marido; otra, la historia de una madre y de su hijo que asesinaron al progenitor tras años de abusos sexuales. Con ello, Sarah pretende conmemorar los 10 años de su proyecto y dar voz a sus costureras, demostrando así que detrás de la frivolidad de la moda se esconden historias estremecedoras que merecen ser contadas. “En otras circunstancias, todos podríamos haber sido ellas”, recuerda Sarah.

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