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Mujeres

Una indígena para democratizar la educación peruana

Hilaria Supa, una indígena quechuahablante que nunca asistió a la escuela, preside la Comisión de Eduación del Congreso de Perú.

Su vida es una sucesión de logros sin precedentes para su comunidad en Perú y en la mayoría del continente suramericano.

Los grupos conservadores critican despiadadamente su nombramiento.

Hilaria Supa ante un cartel de la sede del Congreso (Virgilio Grajeda / IPS)

Hilaria Supa tiene claro lo que hará al frente de esa comisión legislativa: democratizar el sistema educativo peruano, al que define como “excluyente y discriminatorio”, algo de lo que esta antigua campesina del suroriental departamento de Cusco es toda una experta.

Con sus coloridas vestimentas indígenas, Supa se mueve con comodidad por el monumental Palacio Legislativo en el centro histórico de Lima, donde hace pocos años el personal de seguridad probablemente le habría impedido el ingreso, y ahora preside una comisión con el voto unánime de sus miembros. La diputada del Partido Nacionalista Peruano (PNP) enfrenta, sin embargo, las críticas de legisladores del gobernante Partido Aprista Peruano (PAP) y de la Alianza por el Futuro de los grupos que responden al ex presiente Alberto Fujmori, quien cumple una larga condena por corrupción. Alegan que su falta de estudios formales la incapacita para presidir una comisión determinante para fijar el rumbo de la educación del país.

“¿Quiénes me critican?”, preguntó Supa a la periodista en la propia sala donde sesiona la comisión, antes de responderse ella misma: “los doctores que ya ocuparon esta presidencia y no hicieron nada por los pueblos a los que yo represento y que son históricamente marginados. Soy una luchadora social por los derechos de los campesinos pobres y ese título no se consigue en una universidad”.

Supa nació hace 52 años en la comunidad de Huallococha, en la provincia de Anta, a cuatro horas por tierra al noroeste de la ciudad del Cusco, situada a 1.100 kilómetros al sureste de Lima. Desde niña sufrió las vejaciones de los poderosos. Su familia trabaja para un hacendado de la localidad que abusaba de los campesinos.

Recuerda que “no me hice rebelde en un partido político. He vivido en carne propia la marginación por el simple hecho de ser mujer campesina, quechuahablante y pobre“. “Para los de mi condición, la educación está prohibida. Yo he llegado al Congreso por el voto de mis hermanos y hermanas (indígenas) y a ellos represento”, señala Supa.

La legisladora fujimorista Martha Hildebrandt, lingüista y ex presidenta de la Comisión de Educación, fustigó la elección de Supa por “inapropiada”. Mientras que Mauricio Mulder, de la bancada del PAP, apuntó que “si de algo no sabe ella es de educación”. Supa responde: “Yo soy autodidacta, y lo digo con orgullo”. El legislador aprista Wilmer Calderón, doctorado en educación, afirma que la elección de Supa es “un acto de demagogia” y un adelanto de cómo sería un eventual gobierno del PNP, “entregando posiciones de importancia a personas sin preparación”. Y añade “yo también soy quechuablante y nací en la (central) sierra de Ancash, pero esos no son méritos suficientes, debe contar con una rigurosa formación científica. La exclusión no se combate ubicando a los representantes de los excluidos en un cargo decisivo como la comisión de Educación sino a alguien preparado para hacer frente a los desafíos que plantea el sistema educativo peruano”, adujo Calderón.

De los casi 30 millones de habitantes de Perú, el 28,6 por ciento son quechuas y otro 10 por ciento aymaras y nativos de grupos minoritarios. A ellos, hay que sumar otro 35 por ciento de población mestiza, en un país tan multiétnico como desigual, donde el 78 por ciento de los indígenas son pobres.

Supa sabe de las críticas y las analiza. “Noto en esas palabras cierta carga de racismo”, dijo. “Así nos hablan siempre: ‘Ustedes son indios, no son capaces de hacer nada’. No señores doctores, ahora es nuestro turno. Ya verán los resultados”, precisó.

Hija mayor de los 14 hijos de Eufrasio Supa y Elena Huamán, fue educada por sus abuelos maternos, a los que menciona como sus padres, y nadie le tiene que contar que los campesinos de su región trabajan 17 horas diarias para sobrevivir, porque lo hizo de niña. Desde adolescente promovió la autorganización para enfrentar las arbitrariedades de los hacendados y de las autoridades cómplices de sus atropellos, que también soportó en persona, incluido el asesinato de su abuelo por defender los derechos campesinos. Luego trabajó como servicio doméstico en ciudades de Cusco y en Lima, de donde regresó a los 22 años, tras el fallecimiento de su pareja en un accidente y con dos hijas y un hijo, que murió también joven, una herida en la que prefiere no ahondar. Comenzó entonces a reunirse con mujeres de su comunidad para organizar distintas formas de protesta y fundar comedores populares para niños.

A finales de los 80, presidió el Comité Micaela Bastidas, de Anta, y en 1991 se convirtió en secretaria de organización de la Federación de Mujeres de Anta (Femca). “Como dirigente de Femca nos organizaciones para alfabetizar en quechua a las mujeres y niños, dictar talleres sobre los productos agroquímicos nocivos y difundir los beneficios de la medicina tradicional”, relató.

Por su entusiasmo y energía, Supa se convirtió pronto en una dirigente reconocida en todo el departamento de Cusco, lo que le valió una invitación a la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995. Allí llegó también Fujimori “para explicar su plan para supuestamente sacar de la pobreza y de la ignorancia a las mujeres campesinas mediante la planificación familiar. Todos aplaudieron”, relató. “Pero no dijo que el método que usaría era la esterilización forzada”, afirmó.

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Una de las dos mil víctimas de aquel programa fue una hija de Supa, quien organizó a las mujeres y emprendió una lucha frontal contra el régimen de Fujimori y contra las esterilizaciones. En 2009, la Fiscalía archivó una denuncia penal contra tres ex ministros de Salud de Fujimori, que aplicaron la esterilización con engaños, pero la legisladora afirma que continuará con su empeño en demanda de justicia. “Hay un mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que el Estado peruano cumpla con sancionar a los responsables de ese crimen que afectó a mis hermanas campesinas y yo sigo para que se haga justicia”, explicó con determinación.

En 2006 llegó al parlamento dentro del PNP, cuyo líder, Ollanta Humala, ganó la primera vuelta electoral ese año, pero perdió en el balotaje frente al actual mandatario, Alan Garcia. Se anticipa que si es candidata en las elecciones legislativas de 2011, sería reelegida con un alto caudal de votos. Al comenzar el último año de la actual legislatura, también se escogió como vicepresidente del Congreso el fujimorista Alejandro Aguinaga, uno de los denunciados por la esterilización masiva. “Cuando se cruza conmigo no me da la cara, mira a otro lado de pura vergüenza”, relata Supa. “Me indigna verlo sentado en la mesa directiva. Haré que pague por su responsabilidad en el dañó a miles de mujeres”, afirma.

Supa tiene otra buena noticia para compartir. Su biografía “Los hilos de su vida” va a ser reeditada en español tras una restringida publicación en Cusco hace años, gracias al impacto de sus traducciones al inglés y al alemán. “Me han dicho que mi libro lo enseñan las escuelas” de Alemania, dice orgullosa. “¿Cómo dicen esos doctores que mi experiencia de vida no sirve para nada? Se equivocan. Ellos tienen mucho que aprender”, sentenció

3 comentarios

  1. [...] Una indígena para democratizar la educación peruana periodismohumano.com/mujer/una-indigena-para-democratizar-la…  por Jesus_Sanjurjo hace 2 segundos [...]

  2. Antonio Rodríguez Domínguez

    Creo que ningún politico acomodado, puede comprender y defender los derechos de los que sufren mejor que el que la persona que lo ha sufrido y lo sufre en su persona y en su entorno próximo. Hilaria Supa realizará su labor perfectamente.
    Pido fervientemente que se depuren las reponsabilidades por la vileza de la esterilización masiva de los indígenas.

  3. ¡Que ejemplos, que modelos a considerar!
    Son muchas las grandes mujeres indigenas, que devuelven al mundo en estos momentos, la cordura. El sentido comun, y, nuevas formas de admitir que el Conocimiento no siempre esta entre los que mas tiempo han dedicado a los libros. Ellas son Sabiduria Natural. Son fuerza y valor.
    No me extraña que los politicos y sus malditas indignidades, la vean y se averguenzen.
    Y es que el tiempo de la Politica y toda “su raza”, de paso, a lideres civicos.
    Entonces; si les dejan, veremos muchas salidas a nuestros propios tuneles.

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