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Mujer

Pagando el peaje con el cuerpo

5.000 mujeres africanas sufrieron en 2010 violaciones y tortura en su intento de cruzar de Egipto a Israel a través del Sinaí

Las mafias de beduinos abusan de ellas incluso cuando han pagado el dinero acordado para pasar la frontera

1.300 mujeres han tenido que ser atendidas en Israel por desgarros, infecciones y problemas ginecológicos

T.M.A., una joven de Eritrea de 21 años, violada en sus cinco meses de estancia en el Sinaí, posa en el centro de Saharonim.

T.M.A., una joven de Eritrea de 21 años, violada en sus cinco meses de estancia en el Sinaí, posa en el centro de Saharonim.

Los inmigrantes viajan de la sombra a la luz, persiguiendo un sueño de progreso y esperanza. Pagan su pasaje con dinero que sacan de debajo de las piedras, trabajos forzados, pequeños delitos con los que contentar al mafioso de turno. A veces, además, se dejan la vida en ello. Pero cada vez con más frecuencia, los modernos tratantes de hombres exigen otro medio de pago: el cuerpo de mujer, su carne ofrecida como sacrificio, su sumisión como moneda imprescindible para acceder al progreso. Es el mismo peaje en todas las fronteras. También en la que separa Egipto de Israel. Allí, en el desierto del Sinaí, cerca de 5.000 mujeres han sido violadas y sometidas a esclavitud sexual en 2010, la exigencia requerida por los contrabandistas beduinos para ayudarlas a cruzar hacia suelo israelí. Apenas una decena de mujeres más escapó al sometimiento de sus captores. Los datos, aportados por la Línea Directa de Trabajadores Inmigrantes (The Hotline for Migrant Workers (HMW), un organismo que presta asistencia a los extranjeros sin papeles, radicado en Tel Aviv), y avalados por una comisión de investigación del Parlamento israelí (Knesset), destacan además que 84 de estas mujeres se sometieron a abortos al llegar al país y otras 1.300 pasaron por la consulta del ginecólogo, “no para revisiones rutinarias, sino para ser tratadas de desgarros, infecciones, heridas y abortos realizados en pésimas condiciones”. El 77% de las mujeres africanas llegadas desde el Sinaí y atendidas por los servicios sanitarios de Israel mostraban lesiones físicas por golpes, ataduras, patadas, bofetadas, latigazos y quemaduras. El 94% de ellas presentaba una anemia profunda por falta de alimentos y el 74% sufría, además, deshidratación. Humillación, sometimiento, depravación mezclada con tortura y hambre. Cinco de ellas murieron, reventadas por sus explotadores. Las que llegaron al otro lado, las que sobrevivieron, han tenido ahora la fuerza de contarlo en un informe de HMW, venciendo la vergüenza de la violación y el ostracismo que implica en las comunidades africanas. Mujeres dispuestas a exprimir la vida.

T.M.A. sólo habla ahora de futuro: quiere un trabajo “digno”, reunir dinero y traer a su hijo a Israel, “para que no sufra” lo que ella pasó. Tiene 21 años, las manos encallecidas y los ojos más tristes y hundidos del centro de reclusión de Saharonim, donde se interna a los inmigrantes llegados de forma ilegal. Cristiana, nacida en Sudán, tuvo a su niño en Eritrea y allí lo dejó, con unos familiares, para regresar a Jartum en busca de un empleo mejor. Cansada de no encontrar nada, un amigo la puso en contacto con un “mediador” que la llevaría con los beduinos egipcios, previo pago de 2.500 dólares. Ya en el Sinaí, los mafiosos le reclamaron 2.800 más -”los ahorros de años”-, y cuando apenas llevaba allí dos horas, uno de los cabecillas se le acercó y le pidió otros 7.000. “Me gustas demasiado para irte por tan poco”, le dijo, agarrándole la cara. No tenía el dinero, así que la encadenaron junto a cinco mujeres más y la encerraron en una choza. Le cuesta hablar, casi deja que sea Abeba Zenawi, una educadora del centro, la que relate su historia, pero se acaba por animar, lenta, casi imperceptiblemente. “Me pidieron un teléfono para llamar a mi familia y reclamarle el dinero. Yo temía que los amenazaran, sobre todo al bebé, y no hablaba. Entonces me golpeaban con mangueras y barras de hierro, me dejaban medio inconsciente y me violaban. A veces usaban esos palos para penetrarme. Eso ocurrió todos los días durante tres meses, y en ese tiempo me daban de comer una vez cada dos días, y siempre gachas de harina. Si algún beduino de otro campo venía y me violaba me daban más comida, porque la pagaba el extraño“, explica, aún aterrorizada. Dice que su caso “no es el peor”, porque los dos últimos meses de su cautiverio la liberaron para que ayudara a traer agua al campamento y limpiara los excrementos de los demás presos. “Al menos podía moverme y hacía mis necesidades en el desierto”, insiste. Pasados cinco meses de calvario, su familia reunió los 7.000 dólares extra y los mandó a sus secuestradores. Al día siguiente del pago, pudo cruzar la frontera. Le habían dejado diez dólares para que llamara a unos amigos que tenía en Netanya, pero la Policía la vio antes. Ahora intenta legalizar su situación. La mayor parte del tiempo se la pasa en silencio, cosiendo, en su habitación.

Frontera entre Israel y Egipto, en el desierto del Sinaí, el pasado enero.

Frontera entre Israel y Egipto, en el desierto del Sinaí, el pasado enero.

Más habladora y risueña es su compañera de habitación, V.S.P., etíope, 22 años, con cuatro meses de estancia en el Sinaí y ocho de internamiento en Israel. Parece que será deportada, pero no se plantea siquiera que eso pueda ocurrir. “Seguro que hay espacio para mí aquí”, dice convencida. Su caso es similar: quería cruzar el desierto en busca de empleo. Una cuadrilla de beduinos le pidió 3.000 euros. Los pagó, pero aún así la encerraron. Tras una semana de privaciones, llegó el horror. “Nos cogieron a tres mujeres y nos dijeron que teníamos que limpiar unas casas, pero lo que pasó es que nos encerraron en una cueva con dos pastores que nos violaron toda la noche. Por la mañana nos llevaron al campamento y nos amenazaron, no debíamos contar nada. A la noche siguiente nos quisieron llevar de nuevo, pero yo me resistí, así que nos golpearon a todas con mucha violencia. Desde entonces, cada noche, sin falta, al menos un beduino venía a violarnos”. Habla con frialdad, como si el dolor fuese de otra mujer, avejentada por el llanto pasado, lejana, deshumanizando su relato. Una estrategia de defensa contra el recuerdo recobrado. “Cuando esos hombres entraban en mí… yo sólo tenía ganas de vomitar, aunque no tenía comida en el estómago. Yo era virgen cuando llegué al desierto, ¿sabes?“, dice, con una mirada violenta de pronto. Se esmera en contar lo pasado, porque quiere así “echarlo de su cabeza”. “El que primero me violó se retiró para limpiarse mi sangre, me había desvirgado… y mientras se lavaba su compañero vino y me penetró de nuevo. Yo no paraba de gritar y llorar, pero ellos se reían de mí”. No podía hacer nada. Pasado un mes, la llevaron a una choza, donde estuvo aislada tres meses. El jefe del clan, un tal Mohammed, iba cada día a violarla y a apalearla, “al menos dos veces”. Le llevaba comida cuando se acordaba, una pita seca y un litro de agua. Le decía cosas en árabe y, como ella no lo entendía, se enfadaba y le pegaba más aún. Un día la llevaron a su celda inicial y la dejaron con un grupo de 20 personas. Su familia había pagado. Podían llevarla a la frontera. Cuando llegó a Israel no pedía comida, sólo una ducha (no había podido bañarse en todo el tiempo en el desierto) y jabón. “Quería quitarme los piojos y el olor de ese hombre asqueroso“. Dice que aún se estremece si escucha su nombre.

La más joven de las refugiadas valientes que se deciden a contar su infierno es T.L.S., 19 años, de Eritrea, casada y con un hijo en su país, que llegó a Israel en diciembre. Pagó 3.000 euros a un contrabandista del Sinaí pero días antes de proceder al paso de frontera le reclamó 10.000 más. “¿De dónde lo iba a sacar? Era imposible pagar”, explica, la mirada verdosa, franca, inquieta, los pies nerviosos que se cruzan y descruzan. Como no podía cumplir el pago la torturaron, conectando a la corriente eléctrica las cadenas de metal que la aprisionaban de pies y manos. Se desmayó varias veces. Abdallah, el líder de sus torturadores, la violó junto a dos de sus seguidores durante cinco días consecutivos. En una ocasión casi la estrangulan para evitar sus gritos, porque pasaba cerca una patrulla del Ejército egipcio. Los abusos siguieron, de forma más esporádica. En una de las violaciones, T.L.S. quedó embarazada. Ahora está de siete meses, una barriga que la avergüenza y que esconde en los jerseys informes que usan las judías ultraortodoxas. “Mi marido no sabe lo que ha pasado. Yo quiero abortar… no quiero a este hijo”, asume con rudeza, con desprecio. Sólo su padre, que tras ocho meses de batalla logró reunir el dinero para sacar a su hija del desierto, sabe de su situación. “Es tan bueno que no me repudia como hija”, afirma, convencida de que el fallo está en ella, y no en quien la vejó y la sometió. “Lo que intentamos es que cambie de idea”, dice su educadora, compatriota llegada como ella -sin violaciones de por medio- hace cuatro años.

Todas estas mujeres están en tratamiento psicológico, intentando superar lo ocurrido. A.I.S., además, debió pasar tres meses en el hospital del centro, tan graves eran sus heridas de guerra tras seis meses con los mafiosos del Sinaí. Pequeña, delgadísima -pasó de pesar 72 kilos a 37 por las malas condiciones del campamento-, no fue al colegio en su vida. A sus 21 años, sólo sabía ser pastora en Eritrea pero, cansada de esa vida, se fue a Sudán a buscar otro trabajo. Nunca había pensado en Israel como destino, pero cuando cruzó la frontera de su país vecino un soldado le pidió una mordida para dejarla pasar. Como no tenía dinero, fue vendida a unos contrabandistas del desierto, que le exigieron otros 2.800 dólares por llevarla a suelo israelí. La historia se repite: no tenía nada, así que la encerraron en una especie de granja y la ataron a una cordada de 15 personas, unidas por cadenas de hierro. Pura esclavitud. Así pasó siete meses, recibiendo palos en las espinillas y quemaduras en brazos, piernas y sexo con una barra de metal caliente. “Me decían que tenía suerte, que era fea y preferían a otras, que por eso no me violaban”, -cuenta sentada en su cama, con sábanas de Dora la Exploradora, que no desentona con su cuerpo menudo, casi infantil. Pero la suerte se acabó: apenas quedaban mujeres entre las prisioneras y una noche la eligieron a ella. Se la llevaron a otra nave, donde estuvo tres meses sometida a los caprichos sexuales del jefe de la banda. Varios hombres la violaban si él les daba permiso. Hasta entonces, nunca había mantenido relaciones con un hombre. “Juro que me resistí, que lloré, que grité… pero pasados los días dejé de hacerlo. Si me quedaba quieta me hacían menos daño”, relata. Un día le llegó la salvación: dos jóvenes etíopes iban a poder irse gracias a la ayuda de unos familiares de Arabia Saudí. Ella les pidió que localizaran a un tío suyo que vivía allí, del que no tenía el teléfono. Su tío finalmente mandó el dinero de su liberación. Junto a 30 c0mpañeros, pasó a Israel. La lluvia de aquella mañana fue su primera ducha en medio año.

Y.E.T. vio morir a varias compañeras que no lograron hacer frente al pago.

Y.E.T. vio morir a varias compañeras que no lograron hacer frente al pago.

Y.E.T, 22 años, también de Eritrea, escucha a sus compañeras. No quiere hablar, dice que su historia es parecida, que pasó por todo: reclusión, hambre, sed, suciedad, violaciones. Curiosamente, es la única que accede a mostrar su rostro. Es de nuevo la educadora la que le pone voz a su drama. Cuenta que a ella la amenazaron con robarle un riñón si no pagaba, y que por eso pasaba las noches sin dormir, temerosa de que la abrieran en canal. Cuenta que intentó escapar tres veces, y tres veces la descubrieron y la apalearon sin piedad como represalia. Cuenta que los mafiosos le pegaban con una barra de hierro en la espalda y las piernas mientras llamaban a sus familiares y les decían que, si no pagaba, “dejaría de llorar para siempre porque la iban a descuartizar“. Cuenta que una noche la violaron cinco hombres seguidos y estuvo dos días sin conocimiento, que aún arrastra las infecciones del desierto, que chilla en sueños. Porque Y.E.T. vio, además, cómo tres de sus compañeras de encierro, sometidas como ella en violaciones masivas con hasta 20 hombres, no lograron el dinero necesario para pasar y cómo los beduinos, cansados de ellas, felices por la nueva hornada de mujeres recién llegada al desierto, las mataron a hachazos. Ella asiste al relato de Abeba sin quitar los ojos de la ventana, aparentemente concentrada en el seto que proteje la valla del centro. No habla inglés, pero sabe perfectamente lo que está narrando, su carne aún lo sufre. Aún así, sonríe cuando se despide. “Agradecida”, dice.

También sonríe levemente cuando aparece Hidi, un chico de su edad, compatriota, antiguo vecino, llegado a Israel casi a la par que ella. También pasó seis meses en el desierto. Un cristiano obligado a leer en alto el Corán, forzado a trabajar como albañil en la casa del líder de los mafiosos -cuenta HMW que al menos 18 hombres fueron esclavizados en la construcción el pasado año-, que recibía descargas eléctricas en los genitales al menos una vez por semana. Él vio cómo un vigilante, encaprichado de una joven, la trajo una noche a la choza donde ellos dormían y la violó ante ellos, para no descuidar el servicio. “Aquel llanto, aquellos gritos… qué impotencia”, dice. Cuando la escena fue a repetirse días más tarde, se reveló junto a otro chico, sudanés. Lo que consiguieron es que los violaran a ellos (“A veces también forzaban a los hombres”) y que les subieran 3.000 dólares la deuda de 4.000 que ya arrastraban. Hidi es ahora el héroe del centro, el hombre al que todas las chicas quieren como a un padre o un hermano. “El salvador”, lo llaman en tigrinya.

Con estos relatos en la mano, HMW ha reclamado a Israel una mayor implicación para frenar en seco esta violación sistemática de los derechos humanos, que ocurre a 30 minutos de su frontera con Egipto. El problema, dice el Gobierno de Tel Aviv, es que se trata de otro país, soberano, en el que no se puede intervenir. La mediación con el vecino egipcio es “intensa”, ya que sólo en 2010 llegaron a Israel desde esta frontera 33.273 “infiltrados ilegales”, la mayoría de Eritrea, Etiopía y Sudán. “Lo que podemos hacer es tenderles una mano cuando llegan”, afirman desde el Ministerio del Interior. Una vez pasada la frontera, la mayoría de los inmigrantes, hombres y mujeres, son detenidos por el Ejército o la Policía y llevados al centro de internamiento de Saharonim, denunciado por diversas ONG por ser un espacio más policial que social. El internamiento se prolonga por un periodo de entre tres y seis meses, salvo en casos en los que se solicita el estatus de refugiado. Sigal Rozen, responsable del estudio, explica que el trato es correcto, pese a que “en algunos interrogatorios se olvida que estos inmigrantes no son delincuentes, sino personas sin documentos legalizados”. “Su único delito es administrativo”, insiste.

Abeba Zenawi, educadora del centro, también fue una inmigrante sin papeles.

Abeba Zenawi, educadora del centro, también fue una inmigrante sin papeles.

En este centro hay un equipo de 20 trabajadores sociales, educadores, psicólogos y médicos, que atienden a unas 200 personas como máximo. Israel afirma que es “insostenible” mantener un nivel de atención alto con tantos inmigrantes, de ahí que ya esté a punto de levantrarse otro centro de “internamiento” en el desierto del Neguev. Algunos de estos extranjeros son derivados más tarde a pisos de acogida o son liberados con una orden de expulsión que debe ejecutarse en tres meses. Como la inmensa mayoría no se va por su propia voluntad, terminan residiendo de forma clandestina en los suburbios de Tel Aviv, trabajando ilegalmente, arropados por sus comunidades de origen. Los eritreos, mayoría, intentan quedarse aludiendo a la persecución étnica y la guerra en su tierra, y son, pese a la dificultad del proceso, los que salen mejor parados. Terminan siendo, eso sí, ciudadanos de segunda, anclados en comunidades cerradas, trabajando sin documentos en el cuidado de ancianos, la limpieza y la cocina. El debate en Israel es ahora qué bolsa de inmigración ilegal es capaz de soportar. “Para aguante, el que tienen estas mujeres. Nadie que escuche sus historias puede dejar de ayudarlas. El problema del Gobierno es que no las quiere mirar. Eso es un crimen tan grave como el de quien las violó”. Lo dice un administrativo del centro, que se niega a dar su nombre. El primer hombre amable en meses que han visto estas mujeres doloridas.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

30 comentarios

  1. Keti Cobo

    Siempre la mujer como centro del dolor y la humillacion. Qué asco y qué duro y qué angustia. Hasta cuándo???

  2. Ariza

    Hay mañanas que me pienso si leeros, porque se te pone la cara sombría de leer estas barbaridades… Nada, que digo tonterías, que sois necesarios, precisamente por contar estas barbaridades. Deseo que estas mujeres tengan un buen futuro, y espero que sea en Israel, donde saben tanto de dolor. Les debería ser sencillo entender el del prójimo.

  3. [...] 5.000 inmigrantes violadas en la frontera Egipto-Israel periodismohumano.com/mujer/pagando-el-peaje-con-el-cuerpo…  por anareverte80 hace 2 segundos [...]

  4. hay un mundo ahí fuera del que no tnemos constancia, duro y cruel para algunos, muy lejano para otros

  5. Néstor Orlando

    La pregunta es: ¿qué hacía el Gobierno del dictador Mubarak que no paraba esta sangría? ¿Por qué no controlaba a estas pandas de mafiosos? ¿Es que acaso le pagaban mordidas también a él? Israel tiene ahora la “patata caliente” de cuidar a estas mujeres. Confío en que lo haga, aunque sea como pago a lo pasado. Permitan que sea pesimista, a tenor de lo que está haciendo con los niños

    • Alejandro Margione

      100 % de apoyo. ¿Cómo es que los poderes políticos de la región más militarizada del mundo no ven eso?

    • Karen

      Nestor no quiero ni pesar lo que has dicho de los niños. Desde que soy madre de una hija estas cosas me llegan más que antes. Imagino el horror de que a mi hija le pasara lo que a estas chicas, ni hablemos de un niño. No quiero ni pensarlo. Como alguien puede ser capaz de dañar a un niño.

    • Silvia

      No entendi el comentario de los ninnos. Que hace Israel con los ninnos? Mas que protegerlos. Porque cruzarian tantas personas tantos paises para llegar a Israel? Es porque es el unico pais que defiende a sus ciudadanos y los escucha y les da atencion medica. Ningun otro pais lo hace asi.
      Si es por las noticials pallywoodenses de “matanzas de ninnos” me permito recordarles que son los terroristas extremistas quienes ponen de escudos a sus ninnos. (Ni siquiera un animal hace eso!) En cambio Israel protege a sus generaciones hasta donde pueda.
      Israel es el unico pais de la region que vale la pena y que sabe el valor de un ser humano. El hecho de que no publiquen con amarillismo sus noticias, no deja de lado que sean la verdadera victima del terrorismo y el odio de sus vecinos que se han encargado de hacerle mala imagen.

      • JUSTICE

        silvia de que pais hablas? porque se nota que de israel no ya que es un pais donde nose respetan lod derechos de la mujer y los ninios y no tenes que relacionar todo con el terrorismo,no dejes que te laven el cerebro con propaganda nazi.
        PORQUE ESO ES LO QUE SON NAZIS!!!ENCUBIERTOS BURDOS IMPERIALISTAS!!

  6. Estas historias atroces no pasan solo aquí. Periodismo Humano hace un excelente trabajo en difundirlas. Recomiendo un documental que tiene mas de dos años, “Come un uomo sulla terra” donde se cuentan los abusos cometidos para controlar la inmigración ilegal en Libia. Muchos, refugiados de guerra, habiendo sufrido de forma atroz, no encuentran después refugio en Europa, que los expulsa.

  7. Ángela Ruiz Sánchez

    No por ser las más débiles sufren estas vejaciones, lo sufren por ser mujeres. Las dictaduras siguen haciendo de la mujer la diana de sus aberraciones y junto a ellas la infancia y los mayores. Al final solo quedan ellos, los que siguen permitiéndose tener el poder absoluto en este siglo XXI. La voluntad política internacional sigue siendo un mero engaño hipócrita y mientras se reúnen para debatir cómo solucionar estas actuaciones, el tiempo pasa pero por encima de los cuerpos y mentes de las mujeres. La historia tendrá que devolver a la mujer “su vida”.

  8. Eduard

    Lo que más me molesta es que esta gentuza morirá de viejo o sin sufrir. Habría que hacer algo al respecto.

  9. Juan Cruz

    To trabajo en Cruz Roja y sé que es la misma historia de las africanas que vienen en patera a España. Quizá no son sometidas por una sola mafia, si por cada una que las llevan a cruzar desde el centro del continente. Las mismas barbaridades y el mismo dolor. Me conmueven profundamente.

  10. jennylay

    La verdad al principio me resisti a creer q esto es cierto.. estas noticias se deben difundir en Eritrea, Etiopía, Sudán y en todo el pais para q estas personas tomen conciencia que esa salida no es la mejor para salir adelante, ni todo el dinero del mundo podrá borrar esas marcas dejadas en el alma de todas aquellas víctimas de violaciones..
    De alguna forma se podrá rastrear a esos delincuentes y…. buÉno!! hacerles q paguen por tantas vidas destruidas..

  11. Cris

    Gracias por este fabuloso articulo, alguien tendria que traducirlo al arabe y al ingles para sensibilizar y remover consciencias ahora que se inaugura una “nueva sociedad” en Egypto. Aunque evidentemente estas terribles historias se repiten por otros muchos caminos del globo.Es necesario, seguir y seguir dando voz a quienes prefeririamos ignorar. Gracias otra vez.
    un saludo.

  12. Esas aberraciones, son comunes entre la franja subsahariana y el norte de África. Esas cifras, se multiplican en el África Occidental, no olvidemos que el flujo migratorio de subsaharianos en masa es en esa zona y no por Egipto. En Marruecos, las violaciones de subsaharianas y subsaharianos, están al orden del día, convirtiéndose incluso en fiestas y orgías organizadas, Cabría preguntarle también al monarca que navega entre la Modernité y la Tradition, si esas practicas, obedecen a una u otra modalidad. Vergonzoso, asqueroso más que.

  13. Mariola Casado

    POR FAVOR, ELIMINEN EL COMENTARIO ANTERIOR DE GRUUMSH, ES INSULTANTE. NO ENTIENDO CÓMO SIGUE EN UNA PÁGINA COMO ESTA. HAY QUE FILTRAR LOS CONTENIDOS. CON GENTUZA COMO ESTA ESTÁN LAS MUJERES COMO ESTÁN

    • Karen

      Totalmente de acuerdo.
      Por favor eliminarlo.

      • Estoy con vosotras; por favor, que el gestor/a de la página elimine el comentario…

    • periodismohumano

      Eliminado. Gracias por el aviso y perdonad la tardanza. No damos a todo.

  14. Las revolución de Egipto puede ser muy sana; ojalá quienes dirijan ahora el país no miren a otro lado y atajen este problema, que seguro que saben que esto ocurre. Creo que hay pocas cosas más denigrantes que la vejación sexual…

  15. [...] Los modernos tratantes de hombres exigen otro medio de pago: el cuerpo de mujer, su carne ofrecida como sacrificio, su sumisión como moneda imprescindible para acceder al progreso. Es el mismo peaje en todas las fronteras. También en la que separa Egipto de Israel. Allí, en el desierto del Sinaí, cerca de 5.000 mujeres han sido violadas y sometidas a esclavitud sexual en 2010, la exigencia requerida por los contrabandistas beduinos para ayudarlas a cruzar hacia suelo israelí. Lea la información completa haciéndo click sobre este link. [...]

  16. Daniel

    Porque la prensa espaniola siempre nos vende a Israel como un pais malo.
    Es un trabajo sagrado lo q hacen con los inmigrantes, nosotros tendriamos q aprender de ellos.

    • Elena Quirós

      Pero si el reportaje pone a Israel de puta madre, ¿no ves que explica los servicios que le ponéis a estas mujeres un centro estupendo? Para una noticia en la que vosotros sufrís lo que pasa y no lo provocáis…

    • Silvia

      Por que cualquier noticia que eleve un poquito a Israel de la mala imagen que le han creado, causa que se genere una mea culpa en Europa. Por eso es que acojen tan bien las noticias en las que Israel es malo…. prefieren verlo asi y atacarlo que tener algo porque admirarlo. Es una cuestion sociologico-historica que se ha venido como una oleada con la ayuda del amarillismo de las noticias pallywoodendes.
      Y sin embargo, si pones atencion a la verdad factica, es el pais mas maravilloso del area.

      • JUSTICE

        SILVIA SI LAS AYUDAN A ESTAS CHICAS ES PORQUE GANAN MAS CON LAS QUE DEJAN PASAR O ACASO NO SABES QUE LA POLICIA ES SOCIA DE LOS BEDUINOS Y BAN APORCENTAJE CON TODAS ESTAS CHICAS?PORQUE TE CREEES QUE NO LOS DESCUBREN EN TU MARAVILLOSO PAIS???
        DECI QUE SIEMPRE HAY UN ALMA BUENA..Y QUE DIOS SE APIADA DE LAS MUJERES…PERO ES TERRIBLE EL RELATO TERRIBLE!!
        PERO LA POLICIA LOS APANIA

  17. Mireia

    me dan asco los hombres por leer cosas como estas cada dia…sinceramente creo que les falta algo en el cerebro que nunca tendrán y las mujeres si tenemos. Sólo los hombres buenos podrás acabar si se lo proponen con estos malnacidos! Ojalá tuviera los medios y las armas para acercarme a estos infiernos y vengar a todas estas almas destrozadas.

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