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Mujer

Ni violadas ni humilladas

Los 590 millones de mujeres indias viven día a día con una premisa básica: que algunos hombres no pueden reprimir sus deseos sexuales cuando se relacionan con mujeres.

Y la consecuente condescendencia con los delitos sexuales desemboca en que cada veinte minutos una mujer es violada en la India.

Protesta contra la violaciones a partir de la tortura de Amanat (AP)

Los 590 millones de mujeres indias viven día a día con una premisa básica: que algunos hombres no pueden reprimir sus deseos sexuales cuando se relacionan con mujeres. Una idea que no siempre se transforma en crímenes pero que es el punto de partida del machismo en este país. Tanto es así, que la sociedad se ha dividido y desde el colegio hasta los autobuses o las colas para entrar a los templos, hombres y mujeres están físicamente separados.

La aceptación de esta premisa, ha vuelto a la sociedad india muy condescendiente con los delitos sexuales. En los últimos cinco años, 27 hombres que declararon haber sido acusados de violación se han presentado a las elecciones locales apoyados por sus partidos, según la Asociación para las Reformas Democráticas, un organismo independiente que supervisa los procesos electorales. Actualmente, seis miembros de las asambleas estatales de la India tienen cargos por violación.

Cada veinte minutos una mujer es violada en la India, según los datos de la Oficina Nacional del Registro de Crímenes. Una mujer. Una vida. Así hasta sumar 24.000 al año. El 30% son menores de edad, el doble que hace tres años. Sin embargo, las cifras son parciales porque gran parte de los crímenes contra mujeres no se denuncian. Todavía demasiadas desconocen sus derechos y la mayoría tiene miedo a las represalias o al rechazo de su familia. Además, el tiempo de espera y los costes del juicio son prohibitivos. Los honorarios de un abogado para ir a juicio ascienden a 6.000 rupias (83€), frente a las 1.500 (20€) que gana al mes una campesina.

Para que una mujer llegue a esta situación, primero habrá tenido que pasar por comisaría, donde con frecuencia los policías desoyen sus denuncias y se niegan a registrar sus casos. La activista india Sampat Pal explica en el libro “El ejército de los saris rosas” que para que las autoridades cumplan con su deber es necesario acudir a la comisaría en grupo. Aún así, sólo uno de cada cuatro casos que acuden a juicio acaban en condena firme; en Andhra Pradesh este ratio se reduce a uno de cada diez casos, convirtiéndose en el segundo estado de la India con menos condenas por violación, por detrás de Jammu y Kashmir.

Sampat Pal y el Ejército de los saris rosas (AP)

La discriminación llega a las esferas más altas del poder judicial. Incluso el propio abogado de los acusados de violar y asesinar a Amanat ha llegado a afirmar que “las mujeres respetables no son violadas”. Lejos de ser algo exclusivo de las esferas políticas o judiciales, este tipo de discursos machistas se encuentran muy arraigados en la sociedad. Desde un campesino de la aldea más remota hasta un veinteañero de Mumbai que acaba de licenciarse en ingeniería.

Pero las violaciones no son la única pesadilla de las mujeres en esta parte del mundo. Andhra Pradesh también es el segundo estado de la India donde se producen más agresiones contra las mujeres: acoso, abuso sexual, malos tratos y secuestro, entre otros delitos. En este país, ellas son consideradas inferiores que ellos. Son inferiores numéricamente, porque la violencia de género rompe vidas incluso antes de nacer, cuando todavía están en el útero materno; y son inferiores en derechos, porque son consideradas ciudadanas de segunda clase, meros objetos que garantizan la supervivencia del linaje masculino y que pasan de manos de sus padres, a las de sus maridos y, finalmente, a las de sus hijos. Cuando tienen hijas en lugar de hijos son estigmatizadas y despreciadas por sus familias. Son víctimas de los matrimonios infantiles que las obligan a ser adultas en cuerpos de niñas, y de la dote, que cuando no satisface las expectativas de los padres del novio se acaba pagando con fuego en la piel.

En las ciudades, mucha gente asegura que no existen las diferencias entre castas, que en la India no hay pobreza, que no hay violaciones en las zonas rurales. Desconocen por completo los continuos abusos a los que son sometidas las mujeres en las aldeas, especialmente las dálits o intocables. El modelo de vida en las ciudades poco o nada tiene que ver con las zonas rurales y la gran mayoría de la población del país es invisibilizada. La inversión extranjera ha traído bonanza económica a las urbes, pero cada vez hay menos empleo en las zonas rurales y la escasa inversión en sanidad y educación sitúa en la cuerda floja al 40% de la población que vive bajo el umbral de la pobreza.

Protesta contra las violaciones (AP)

El pasado mes de agosto asistimos a un incidente escandaloso: un grupo de veinte hombres violaban a una mujer en Assam, en el norte de la India, mientras una cámara de televisión lo emitía en directo. La diferencia entre aquel suceso y el de ahora, el de la joven Amanat, es que este último ocurrió en Delhi, capital del país. En las grandes ciudades el desarrollo y una incipiente emancipación destapan la boca de las mujeres, hasta ahora silenciadas por el sistema patriarcal y las costumbres ancestrales. Indignadas por la frecuencia de estos casos, por la inseguridad que sufren a diario y por la impunidad de estos crímenes, han salido a la calle creando una revolución sin líderes que ha involucrado a hombres y mujeres de castas altas y bajas que ha calado hasta en las zonas más aisladas.

La repercusión sin precedentes que ha tenido el caso es lo que ha presionado al Gobierno a anunciar cambios legislativos, que ha expresado su voluntad de crear tribunales especializados en violencia de género capaces de juzgar los casos en un plazo de tres meses y endurecer las penas, entre otras medidas. Muchas violaciones que antes no pasaban de las páginas de sucesos de los periódicos locales ocupan ahora las portadas. Numerosas manifestaciones siguen ocupando las calles en diferentes puntos del país, a la vez que se suceden nuevas y brutales agresiones en actos que parecen una reivindicación más de la supremacía de los hombres. Ven que las bases en las que se sustentaba su superioridad comienzan a tambalearse.

La semana pasada comenzó el juicio por el caso de Amanat a puerta cerrada y con la prohibición de que los medios de comunicación difundan nada de lo que ocurra en el proceso. Se trata de una medida extrema en respuesta a la presión de los periodistas y los activistas que se agolpaban el primer día del juicio en la sala. El sexto agresor, el joven de 17 años, no será juzgado junto al resto sino por un tribunal juvenil, donde la pena máxima es de tres años. Resulta incomprensible que alguien pueda ensañarse como lo hizo con su víctima y reinsertarse en la sociedad en tan poco tiempo.

El asesinato de Amanat ha despertado a la sociedad india que ha clamado al unísono que no acepta más violaciones ni desprecios hacia sus mujeres. El reto ahora es titánico: conseguir que la vasta infraestructura del país se coordine para implementar las leyes, que las autoridades políticas, judiciales y policiales se involucren para que las mujeres tengan justicia y dignidad, y que desde la capital hasta la aldea más remota se explique y se empiece a aceptar que las mujeres son ciudadanas de pleno derecho. Sin duda, hará falta gran determinación para poner en práctica las enmiendas al código penal y criminal indio anunciadas por el Gobierno tras las recomendaciones de la Comisión Verma. La comunidad internacional también tiene su responsabilidad en que este país, que pretende erigirse como ejemplo del milagro económico y aumentar su escala de influencia, resuelva sus profundas divisiones internas. Numerosas organizaciones ya se han sumado a esta lucha para que las mujeres recuperen su autoestima y ejerzan los derechos que ya han conseguido sobre el papel. Llegó el momento de que las mujeres indias ocupen el lugar que miles de años de patriarcado les han arrebatado.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

10 comentarios

  1. [...] Sigue leyendo esta noticia de Periodismo Humano en Ni violadas ni humilladas [...]

  2. Paula

    Una de las causas y factores del patriarcado y la misoginia es la invisibilización de las mujeres.

    Digo esto porque aunque el ejército esté constituido por mujeres se le sigue llamando “el ejército de LOS Saris Rosas”.

    • BAS

      El sari es una prenda de ropa y un sustantivo masculino, por lo tanto el plural es “los”.

  3. [...] Rocío Ovalle, corresponsal de Periodismo Humano, presenta un reportaje sobre la condición a la que se enfrentan las mujeres en la India: el machismo y la violación a sus derechos fundamentales. Lea el texto completo en el siguiente link. [...]

  4. Juan

    Un artículo formidable, muy buen trabajo periodístico. Ojalá comiencen a aparecer más altavoces que denuncien estas atrocidades. Es un problema grave de educación y cultural, esperemos que el eco que han tenido los últimos sucesos ayuden a iniciar un cambio.

  5. [...] humilladas by Rocío on oct 5, 2013 • 14:07 No hay comentarios Artículo original publicado en Periodismo Humano en febrero de [...]

  6. [...] Fernández Ovalle (Mención de honor): “Ni violadas ni humilladas”. Es un análisis sobre las frecuentes violaciones que sufren las mujeres en la India en el que se [...]

  7. [...] Puedes seguir leyendo la noticia en Periodismo Humano. [...]

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