Mujer
La recesión ahoga a las mujeres afroamericanas en EEUU
Más de la mitad de las mujeres afroamericanas pobres, un 54 por ciento, viven solas.
La brecha entre hombres y mujeres afroamericanos en la pobreza apenas existe durante la infancia, aumenta durante la juventud y vuelve a dispararse en la tercera edad
Una mujer que sigue con el carro vacío después de media hora en el mercado. La mirada perdida por los pasillos. Repasa el monedero con cupones acumulados durante un mes. “¿Me alcanzas esos yogures? Hoy llevan descuento”. Otra señora arrastra los pies detrás del carro. Afroamericana, apenas dos arrugas muy marcadas. El pelo gris, más que la piel poco cuarteada, te dice que debería estar en casa. O acompañada. Pero probablemente viva sola.
Casi un tercio de los afroamericanos viven por debajo del umbral de la pobreza en Estados Unidos. Entre ellos, las mujeres de la tercera edad lideran las estadísticas. Según encontró un estudio del Centro para el Progreso Americano, hasta un trece por ciento de las mujeres mayores de 75 años son pobres, comparado con un 6 por ciento de los hombres. Aunque las cifras de pobreza son similares durante la infancia, el estudio encontró que aumentan durante la juventud y vuelven a dispararse en la tercera edad.
“Una de las primeras razones que inciden en la pobreza de las mujeres afroamericanas sigue siendo que muchas mujeres profesionales aún reciben un sueldo menor en puestos iguales que los hombres”, explica Alexandra Cawthorne, experta del Centro para el Progreso Americano. “También tienen menos beneficios [seguro médico] por su trabajo y suelen ocupar más puestos a tiempo parcial. Esto les da muy poca seguridad a la hora de perder un empleo”.
La recesión económica, combinada con circunstancias arrastradas desde la infancia, hace que mujeres de sesenta años ocupen puestos de trabajo tras ese mostrador donde acostumbramos a ver jóvenes con un contrato temporal. Se les ha terminado el dinero de una pensión, acumulado mientras trabajaban, arañan unos cuantos años a la jubilación para estirar los ahorros o vuelven a trabajar para poder pagar los medicamentos. Otros factores contribuyen al problema: 1.2 millones de mayores afroamericanos comparten hogar con sus nietos menores de edad. La mitad también se ocupa de ellos económicamente.
Desde ese primer empleo hasta la tercera edad, muchas mujeres afroamericanas son protagonistas centrales del cuento de las estadísticas. Están en los datos de las dificultades económicas por embarazos cuando aún son adolescentes, en los de falta de seguro médico y, desde que la crisis económica se acomodó en los hogares de Estados Unidos, también tienen un papel entre los que han perdido su casa por la crisis de las hipotecas y los que viven en la calle, porque los albergues para ‘los sin techo’ no siempre acogen familias enteras. Y durante los últimos meses, grandes medios como el New York Times empiezan a dedicar sus páginas a poner cara a la pobreza, la recesión, los desahucios.
El pasado mes de abril, el sociólogo de la Universidad de Harvard Matthew Desmond avisaba en un ensayo para el Chicago Tribune que la recesión y los desahucios dibujan ya una nueva distribución de la pobreza en las ciudades. “Las dificultades atribuídas a la crisis económica actual -desempleo, personas sin hogar y vulnerabilidad económica- no son algo nuevo para aquellos que llevan años viviendo al filo de la subsistencia económica y psicológica, muy por debajo de los límites de la pobreza. La suya ha sido una recesión de muchos años; para algunos, una recesión de generaciones“, escribía Desmond.
Otro de los factores que más disparan las tasas de pobreza entre las mujeres afroamericanas es que normalmente carecen de bienes y ahorros acumulados. Alexandra lo explica con una frase bastante común. “Se dice que por cada dólar que tiene el hombre negro, la mujer negra tiene un céntimo”. El resultado es que la mitad de las mujeres afroamericanas no tiene bienes. Sus deudas son superiores a sus ingresos. Como en otras comunidades, en el caso de afrontar dificultades económicas o la llegada de un hijo, el resto de la familia suele ayudar, creando una red de apoyo. “Aún así, eso no supone una nueva fuente de ingresos a final de mes”, insiste Cawthorne.
En Estados Unidos, hasta un 23 por ciento de las madres no tienen empleo, frente a un 1 por ciento de los hombres. Además, dos de cada tres personas que proporcionan ayuda no remunerada a familiares son mujeres. Estos dos factores, combinados con las bajas tasas de matrimonio en la comunidad y los numerosos embarazos adolescentes, empujan cada año a más mujeres a entrar en las cifras de la pobreza.

Los datos del Censo estadounidense revelan que las mujeres afroamericanas se ven más afectadas por la pobreza desde su juventud. La diferencia vuelve a aumentar después de los 65 años.
La relación entre las tasas de matrimonio tan bajas entre las mujeres afroamericanas -las que menos se casan en Estados Unidos- y las probabilidades de vivir bajo el umbral de la pobreza llamaron la atención de Nisa Islam Muhammad, una reportera del semanario Final Call de Washington. Creó la Fundación Marriage Bliss y el Día del Matrimonio Afroamericano. Cada semana la Fundación ofrece terapias de pareja y para mujeres solteras. “No tenemos pistas culturales que nos guíen hacia el matrimonio, como películas, música o series de televisión. Necesitamos más. Necesitamos una campaña que diga que el matrimonio es algo bueno para la comunidad afroamericana”, explica Muhammad.
Uno de los objetivos de la Fundación es que cada vez más niños puedan crecer con la figura de dos padres, no una madre soltera. La comunidad afroamericana cuenta con las tasas más altas de madres solteras y de niños de parejas que no están casadas. Algo que, según Muhammad, tiene relación directa con las dificultades económicas que afrontan después las mujeres. Las estadísticas le dan la razón. Más de la mitad de las mujeres afroamericanas pobres, un 54 por ciento, viven solas. Un cuarto de todas las que viven bajo el umbral de la pobreza son mujeres solteras.
En el mes de marzo el Centro para el Desarrollo Económico de Comunidades publicó su estudio (PDF) sobre las diferencias económicas entre mujeres blancas y afroamericanas en Estados Unidos. La autora quiso dejar claro por qué quieren destacar este tipo de informes y estadísticas: “Esperamos que al hacer esto consigamos un cambio de políticas que ayude a sacar a las mujeres de la inseguridad económica. Su futuro está unido de forma inseparable al futuro económico de este país”, escribió Mariko Chang.
El Centro para el Progreso Americano también aprovechó las elecciones presidenciales de 2008 para publicar una serie de recomendaciones a los candidatos. Querían ir más allá de llamar la atención sobre este problema. Elaboraron una lista con posibles soluciones, invitando al candidato vencedor a que invirtiera en programas para que madres adolescentes no se vean empujadas a abandonar los estudios. Uno de los primeros escalones hacia la pobreza. “No se ha adelantado mucho desde que lanzamos nuestras recomendaciones”, lamenta Cawthorne. “El plan de recuperación económica de Obama incluyó un aumento de presupuesto para los cupones de comidas, pero la crisis de las hipotecas y la recesión han tenido un impacto importante en esta comunidad”.
Según Matthew Desmond, la situación de algunas mujeres afroamericanas no quiere decir que estén condenadas a quedarse atrás. “Pero serán las últimas en salir”.










¿Porqué a los negros de Estados Unidos les llaman “afrocamericanos” y a los blancos no les llaman “euroamericanos”?
pq la historia la escribe los vencedores
[...] La recesión ahoga a las mujeres afroamericanas en EEUU periodismohumano.com/mujer/la-recesion-ahoga-a-las-mujeres-a… por SoSocial hace 1 segundos [...]
[...] http://periodismohumano.com/sociedad/la-recesion-ahoga-a-las-mujeres-afroamericanas-en-eeuu.html [...]
[...] de la noticia publicada por el digital Periodismo Humano con fecha 16 de agosto de [...]
La libertad de la cual tanto alrdea usa es, libertad para ser pobre y libertad para morir pobre sin derechos sociales.