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Mujeres

Primera condena por violencia sexual de la dictadura argentina

Condenado a prisión perpetua un ex militar en Mar del Plata por delitos de lesa humanidad, incluidas varias violaciones

Las agresiones contra las mujeres constituyeron un tormento “específico y sistemático"

“¿Vio o supo de alguna situación de violencia sexual en el centro clandestino de detención?” La abogada voluntaria de Kaos, un equipo jurídico querellante en las causas contra la última dictadura cívico-militar en Argentina (1976-83), repite la pregunta a los testigos del juicio contra la quincena de ex miembros de las fuerzas de seguridad acusados de crímenes de lesa humanidad perpetrados en las instalaciones conocidas como Atlético, Banco y Olimpo (ABO). Una cuestión muy delicada al afectar a una esfera tan íntima como la sexualidad por lo que la letrada Ana Lucía Tejera con “mucho respeto, cuidado y un sentimiento contradictorio, porque es una pregunta incómoda que genera mucho conflicto personal pero también quieres que salga el tema”.

Para ella, “el testigo no es sólo un medio de prueba, es una víctima y un compañero de lucha que presta su testimonio para la construcción de una verdad colectiva. Como ellos dicen: ‘en la instrucción se recuerda, aquí se revive”. Durante la fase de instrucción, precisamente, no se contemplaron específicamente los delitos de violación o abusos sexuales y, para no dilatar el proceso judicial con otra etapa investigadora, las querellas particulares presentadas en nombre de 180 víctimas pretenden introducir en su alegato final las nuevas calificaciones para ampliar las acusaciones iniciales de privación ilegítima de libertad y tormentos agravados. No en vano, “tortura no son sólo los golpes o la picana, también los insultos, las condiciones higiénicas y alimentarias o la pérdida de identidad”, detalla Tejera. Y, por supuesto, la violencia sexual, mayoritariamente contra las mujeres. De ahí la constante y estratégica pregunta. “No buscamos tanto los casos concretos como dejar claro dentro del debate que era una práctica sistemática”.

Manifestación del Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia (A. C.)

Y “quizá el juicio de ABO pueda sentar un precedente en ese concepto más amplio de tortura”, confía la abogada directora del programa Memoria y Lucha contra la Impunidad del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Carolina Varsky. Más centrada en la causa de la Escuela Mecánica de la Armada (Esma), en la que se mantiene una estrategia jurídica similar, Varsky destaca la paradójica escasa presencia de la violencia sexual en los tribunales pese a las múltiples evidencias sobre el delito desde las primeras investigaciones realizadas sobre el terrorismo de Estado una vez reinstaurada la democracia. De hecho, el informe Nunca más, elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) en 1984, abunda en ejemplos:

“En los siguientes testimonios  aparecen, en medio de otras torturas, diversos modos de violaciones. En todos los casos, conservaremos el anonimato. AC.G.F., argentina, casada, la secuestraron en la puerta de su lugar de trabajo, en el centro de la Capital Federal, a las 5 de la tarde, su hora habitual de salida. Con el procedimiento de siempre. Automóvil inidentificable… ojos vendados… descenso en un lugar desconocido… amarrada a una cama… ‘Y procedieron a interrogarme cinco hombres durante alrededor de una hora con malos tratos y agresiones verbales. Obtienen la dirección de mis suegros y deciden ir allí, dejándome sola durante varias horas. Al regreso de la casa de mis suegros se muestran furiosos, me atan igual que al estaqueado, vuelven a interrogarme con peores tratos que antes, agresiones verbales y amenazas de que habían traído prisionero a mi hijo, de dos años, a fin de que yo cooperara con ellos, cosa que al rato desdijeron. Luego procedieron a introducirme en la vagina lo que después supe era un bastón o palo de policía”.

Hasta el momento de la liberación se extendieron los abusos, según el testimonio incluido en el informe Nunca más. “Tras rodar por una zona de tierra y poceada, detuvo el motor. Me dijo que tenía orden de matarme, me hizo palpar las armas que llevaba en la guantera del coche, guiándome con sus manos enguantadas y me propuso salvarme la vida si, a cambio, admitía tener relaciones sexuales con él. Accedí a su propuesta, considerando la posibilidad de salvar mi vida y de que se me quitase la venda de los ojos… Puso el coche en marcha y después que entramos en zona asfaltada me dio orden de sacarme la venda de los ojos. Condujo el auto hasta un albergue transitorio, me indicó que él se estaba jugando, y que si yo hacia algo sospechoso me mataría de inmediato. Ingresamos al albergue, mantuvimos la relación exigida bajo amenaza de muerte con la cual me sentí y considero violada, salimos y me llevó a casa de mis suegros”.

Invisibibles ante la justicia

La violencia sexual en los centros clandestinos de detención y tortura fue, “claramente, una práctica mayoritaria en mujeres y todas la sufrieron en alguna dimensión”, explica la directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Quilmes, María Sonderéguer. Según el informe dirigido por Sonderéguer en colaboración con la Universidad de Lanús, esta “práctica ejercida contra las mujeres constituyó un método de tortura por la condición de género de la víctima”, una agresión sistemática “posible porque continúa otra, ya experimentada afuera del campo [de detención], de usurpación de los derechos”.

Manifestación del Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia (A. C.)

Y, sin embargo, la violencia sexual apenas se denunció, investigó o juzgó tras la Guerra Sucia. “En los 80, eran importante otras cosas, no detenerse en algo tan personal”, argumenta la abogada del CELS. De hecho, las condenas dictadas en el Juicio a las Juntas Militares de 1985 enmarcaron la violencia sexual dentro de los tormentos y relegaron los abusos contra las mujeres con respecto a la desaparición de personas, “elemento considerado central del terrorismo de Estado en Argentina en las descripciones del accionar represivo de la época”, según coincide el documento de las universidades de Quilmes y Lanús.

Posteriormente, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida o los indultos dictados por sucesivos gobiernos desde mediados de los 80 excluyeron la violación sexual, la sustracción y ocultación de menores o sustitución de su estado civil y la apropiación extorsiva de inmuebles, por lo que se podía investigar y juzgar a los militares por los tres delitos. No obstante, la invisibilidad jurídica de la violencia sexual se mantuvo por, a juicio del análisis académico dirigido por Sonderéguer, “una estructura de poder entre los géneros que se sustenta en el uso y abuso del cuerpo de unos por otros, y en la que el cuerpo de las mujeres es percibido como un territorio en el que los varones ejercen su soberanía. (…) Hubo violaciones, se supo, pero no fueron significadas como una forma específica de tortura, y no constituyeron un dato que fuera necesario visibilizar específicamente en los testimonios. La disputa que se inscribió en el cuerpo de las mujeres y las secuelas de esas violaciones se resolvieron -debieron resolverse- o no se resolvieron, en el espacio de la intimidad”.

Tampoco ayudó la definición en el Código Penal argentino de la violación sexual como “delito contra la honestidad”. Precisamente, la académica Sonderéguer cita, en conversación telefónica, la modificación legislativa de 1999 para sustituir el anterior concepto penal de violación por su vigente tipificación de delito contra la integridad sexual como uno de los principales impulsos al actual proceso para introducir la perspectiva de violencia sexual en los crímenes de la dictadura. Además de, obviamente, la multiplicación de los testimonios de las víctimas como consecuencia de la reapertura de los juicios después de que el Congreso de la Nación, en 2003, y la Corte Suprema, en 2005, declararan la inconstitucionalidad de la impunidad decretada por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Junto a todo ello, diversos organismos transnacionales, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), avanzaron durante la década de los 90 en el reconocimiento legal de la vulnerabilidad de las mujeres respecto a la violencia sexual en los conflictos armados. Y, finalmente, la experiencia de los tribunales por los excesos cometidos durante las guerras de la ex Yugoslavia y Ruanda, en especial contra las mujeres y otros colectivos vulnerables, propició la creación de la Corte Penal Internacional mediante la aprobación del Estatuto de Roma en 1998, documento que identifica un importante listado de crímenes de violencia sexual y de género como los delitos de mayor gravedad bajo el Derecho Internacional. Precisamente, el “apoyo de expertos internaciones con una mirada global”, como las visitas de asesoramiento por parte de Women’s Link Worldwide, completaron, según Carolina Varsky, los esfuerzos realizados desde las organizaciones sociales argentinas.

Sentencia contra Sapo Molina

Todavía no suficientes para lograr la igualdad, pero las especialistas subrayan los “fuertes avances”  logrados durante los últimos años en la persecución jurídica de la violencia sexual como crimen de lesa humanidad. Y, de hecho, desde el CELS se destaca el desarrollo de un juicio contra un antiguo militar argentino en Mar del Plata, en la provincia de Buenos Aires, con la imputación específica, por primera vez, de violaciones y abusos sexuales, además de las habituales calificaciones de homicidio con ensañamiento y alevosía, privación ilegitima de la libertad e imposición de tormentos agravada por persecución política.

Finalmente, la primera vista por crímenes de lesa humanidad celebrada en la ciudad balnearia se saldó ayer con una condena a prisión perpetua para el ex subjefe de la Base Aérea de Mar del Plata Gregorio Rafael Molina, alias Charles (por su parecido físico con el actor de apellido Bronson) o Sapo. Además de las muertes de los abogados Norberto Oscar Centeno y Jorge Roberto Candeloro o de la privación de libertad y torturas a cerca de 40 personas, la sentencia considera al Sapo Molina culpable de violar en reiteradas ocasiones a Marta García y a Leda Barreiro en el centro clandestino de detención y exterminio conocido como La Cueva, una instalación subterránea ubicada bajo la torre de un antiguo radar en el aeródromo militar marplatense. Según narra el fotoperiodista y responsable de la bitácora sobre el juicio a Molina, Marcelo Núñez, en conversación telefónica, las víctimas, cuyos nombres permanecieron en el anonimato durante la audiencia, contaron con protección policial y, de hecho, declararon a puerta cerrada por cuestiones de seguridad. Quizá la ciudad invite al descanso como capital turística por excelencia de la costa atlántica, pero aún no se cumplieron dos meses del asesinato de Silvia Suppo en la provincia de Santa Fe tras prestar su testimonio en la causa contra el ex juez federal Víctor Brusa, primero del país condenado por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, y subrayar ante el tribunal, precisamente, su condición de víctima de una violación como práctica de tortura especial contra las mujeres.

Pese a las dificultades, las organizaciones sociales no se rinden. Tras el juicio contra el Sapo Molina, será el turno de un nuevo proceso en la Esma, pendiente de fecha tras concluir la fase de instrucción, con la imputación de violencia sexual, entre otros cargos, a Jorge Eduardo Tigre Acosta como autor directo de una violación y Jorge Rafael Videla como actor mediato desde su cargo de primer presidente de facto de la Junta Militar. Y confían en el desarrollo de más juicios. Después de todos los avances sociales y políticos nacionales e internacionales, ya no hay tiempo que perder. “Quizá sea la última oportunidad en que se ventilen estos delitos, porque no puede haber juicios para siempre”, advierte Carolina Varsky. Quizá la última para que la discriminación y violencia sistemáticas contra las mujeres en los centros clandestinos de detención y tortura argentinos no se perpetúe en los tribunales y, por tanto, en la memoria colectiva. Y, aun así, “a pesar de la presencia actual de una perspectiva transversal de género en todas estas políticas -concluye el informe de María Sonderéguer-, un aspecto no lo suficientemente desarrollado todavía en el derecho internacional de los derechos humanos ha sido la de formas específicas de reparación para este tipo de crímenes”.

“Luego la ataron de los pies y de las manos con cables y le pasaron corriente eléctrica. A partir de ahí tuvo convulsiones, ellos decían que eso era el adiestramiento que necesitaba para que confesara. Luego la desnudaron y la violaron. (…) La llevaron desnuda por una galería donde estaban los soldados, recuerda que todos se reían. (…) Antes de que fallecieran sus padres, su marido salió de la cárcel, a él también lo habían torturado, pero nunca se tocó el tema, ella en especial nunca contó todo lo que había pasado, porque sentía vergüenza, después él se fue enterando porque ella fue teniendo como delirios y tenía temor de ir a cualquier psiquiatra, pero ahora ha comenzado un tratamiento y está dispuesta a colaborar, si es que su testimonio sirve”

Testimonio de M. de M. (Legajo nº 2356)
Nunca más (1984)



Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

6 comentarios

  1. [...] Primera condena por violencia sexual de la dictadura argentina periodismohumano.com/mujer/discriminadas-hasta-en-la-tortura…  por emm hace 3 segundos [...]

  2. [...] la Corte de Mar del Plata determinó, por primera vez en los juicios en Argentina, que las violaciones de las mujeres fueron sistemáticas y constituyen una forma de tortura. Esta decisión ofrece justicia a las mujeres por los crímenes [...]

  3. Juan C

    Me interesa este tema. Quiciera mas informacion, soy esposo de una victima de violencia sexual, no tiene nada que ver con la dictadura… pero el agresor trabaja en la policia de cordoba. Esto fue hace años, quiciera saber si aun se lo puede denunciar… Gracias… mi esposa aun vive el tormento…. ayuda pofavor…

    • Fany

      Hola Juan, sé que tu comentario es de hace unos años. Soy periodista y me gustaría escuchar la historia de tu mujer y la tuya. Por favor, comunicate conmigo a mi mail: fanypostan@gmail.com. Gracias!

  4. [...] y el escarnio público de estos monstruos. Mujeres que han sufrido en sus propias carnes la violencia de toda índole (sexual, símbolica, institucional…), que han sido vejadas y humilladas… Mujeres ixiles, madres y abuelas de la Plaza de Mayo, [...]

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