Mujer
Desempapelar las calles de explotación sexual
Asociaciones de mujeres impulsan la retirada la propaganda de prostíbulos de las calles de Buenos Aires
Ammar Capital reúne desde 1995 a víctimas de trata para combatir la exclusión social

Marcha de diversas asociaciones de mujeres en Buenos Aires para celebrar el 2 de diciembre como Día de la abolición del sistema prostituyente.
Todo vale. Cabinas telefónicas, marquesinas de autobuses, bancos, papeleras, farolas… Cualquier elemento de mobiliario urbano sirve para pegar los pequeños pero innumerables papeles con propaganda de prostíbulos en las principales calles del centro de Buenos Aires. Y por si no basta con empapelar la capital argentina con los explícitos señuelos, centenares de jóvenes reparten en mano otros tantos entre los viandantes. Sin embargo, diversas asociaciones de mujeres se unieron para contraatacar y reclamar la colaboración ciudadana con el objetivo de retirar los volantes de burdeles de las vías públicas porteñas al considerar la práctica “una promoción de la explotación sexual y, por tanto, apología del delito”, según subrayan desde el colectivo Campaña abolicionista, ni una mujer más víctima de las redes de prostitución.
Bajo el lema La ruta de los teléfonos públicos es la ruta de la explotación sexual, la iniciativa “tuvo mucha adhesión, aunque resulta peligroso porque te matonean (amenazan)”, explica Marcela d’Angelo, arquitecta y miembro de la campaña a través del Seminario de derechos humanos con perspectiva de género de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Minuciosa e ingente, casi hasta la desmoralización, la faena se completa con la ocasional colocación de papeles con similar tamaño a los panfletos de lupanares pero con opuestos mensajes: “Soy la mujer que te abandona”, “No nacimos para ser prostituidas”, “Si la prostitución fuera trabajo ¿se la recomendarías a tu hija?”, “Sin clientes no hay trata. No a la impunidad”, o “Ni tu madre, ni tu hermana, ni tu hija. Ni una víctima más”. Decenas de mujeres se afanaron en la tarea durante una manifestación a lo largo de la avenida de Mayo el pasado 2 de diciembre, jornada conmemorativa de la firma en 1949 del Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de prostitución ajena asumido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
A consecuencia de su adhesión a diversos tratados internacionales, la República Argentina prohíbe el establecimiento de burdeles, penaliza la actividad del proxeneta e impide la regulación de la prostitución. Sin embargo, colectivos feministas denuncian el incumplimiento e, incluso, la contradicción en el entramado legal del país. Aunque la ley federal 12.331 de 1936 establece que el trabajo sexual en forma individual e independiente no constituye delito, el ejercicio de la prostitución se sanciona en los códigos de convivencia, contravencionales o de faltas de varias provincias con entre 30 y 60 días de prisión. Desde las asociaciones de mujeres añaden, además, la permisividad de las administraciones al autorizar la apertura de prostíbulos encubiertos bajo los eufemismos de whiskerías o saunas y la complicidad de policías y funcionarios corruptos al cobrar sobornos de los proxenetas.
Liberación de 700 víctimas en dos años
Y tuvo que pasar más de medio siglo desde la firma del convenio contra la esclavitud sexual hasta la aprobación en 2008 de Ley 26.364 sobre la Prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas, una norma calificada como “un horror” por D’Angelo en sintonía con las críticas vertidas en su momento por organizaciones humanitarias al invertir la carga de la prueba (demostrar la ausencia de consentimiento) en las víctimas mayores de 18 años para imputar al acusado. Según los datos facilitados por el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, la Oficina de Rescate y Acompañamiento a Personas Damnificadas por el Delito de Trata de Personas constituida por entonces impulsó, hasta mayo de 2010, más de 500 procedimientos con los resultados de la liberación de 753 víctimas, la detención de 543 personas, el desarrollo de 60 causas penales y el dictado de 5 condenas.
Sin embargo, los programas posteriores de asistencia a las damnificadas “sólo duran uno o dos meses, con una ayuda de miseria, luego quedas a la deriva y que Dios te ayude”, lamenta Argentina Ascona, víctima de explotación sexual y miembro de la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos (Ammar Capital). Tras su fundación en 1995 como Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar) al amparo del sindicato Central de Trabajadores Argentinos (CTA), un centenar de mujeres abandonó el grupo inicial en 2003 al rechazar como objetivo principal el reconocimiento legal de la prostitución como actividad profesional y centrar la prioridad de la nueva entidad en “revertir la exclusión social y vulnerabilidad” que desemboca en el ejercicio sexual a cambio de dinero. Por ello, Ammar Capital desarrolla, aparte de contactos para impulsar reformas legales (derogación de códigos de faltas, aumento de la pena máxima de 3 años de cárcel y embargo de bienes del explotador sexual o incremento económico y temporal de la ayuda a la víctima con participación directa de las organizaciones no gubernamentales), diversas actividades en los ámbitos educativo, sanitario, legal y psicológico.
Por ejemplo, Argentina Ascona, de 48 años y 6 hijos, asiste con otra quincena de compañeras a las clases de educación primaria impartidas en la sede de Ammar Capital, una pequeña oficina cedida por la administración estatal en la comercial zona de Once. “Nació por una necesidad nuestra, porque muchas no sabían ni firmar o teníamos vergüenza para hablar y escribir, y hay chicas que ya se ponen a leer y otras tenemos ganas de continuar con la secundaria”. Nacida en la localidad de Bellavista, en la provincia de Corrientes, ella apenas pudo estudiar: “Me arrancaron de mi casa a los 12 años, la pareja de mi mamá se aprovechó de su confianza y pobreza”. De cabellera y piel morena, la voz tímida y la mirada huidiza de Margarita Ascona relatan un infierno de explotación sexual durante más de un decenio con sucesivas ventas a varios proxenetas a lo largo de varias provincias hasta arribar a la capital federal. “Era sentirte violada por los clientes todos los días, sucia hasta en la ducha. Me intenté escapar cuatro veces, pero me encontraban al toque y me daban unas palizas que no voy a olvidar nunca. Otras chicas me avivaron y empecé a mostrarme más aplacada, pero trataba de hacer más dinero del que me pedían y me lo iba guardando hasta que busqué la manera de enviar a mis hijos con mi hermana. Entonces me enfrenté a él y me metió una paliza, pero me escapé del hospital sin firmar el alta. Otras muchas mujeres no tienen la misma suerte y se quedan en el camino”.
Margarita Ascona se gana la vida ahora como empleada doméstica y completa sus ingresos con los bolsos fabricados en casa gracias al aprendizaje obtenido en un taller de costura de bolsos, similar iniciativa a las clases de peluquería o de prevención de enfermedades de transmisión sexual impartidos en el local Ammar Capital. Y allí acude ahora todas las tardes al aula de educación primaria, pero sobre todo para escuchar y acompañar, para aconsejar y ayudar a jóvenes que sufren la explotación sexual. “Para tratar de hacer por las chicas lo que no hicieron por mí, porque sos una mercancía si te acuestas con un tipo por plata”.














En la mañana leí “por encima” y tan solo pude sentir, pensar, rabiar y mesarme los cabellos por esta lacra e humillación humana.
“Escribiré vuestros nombres en el polvo”, el vuestro, jueces y policías que tan solo encubrís con dinero el grito de Justicia del débil y oprimido.
Que la trata sexual siempre ha sido el Gran Mercado y campo de los peores horrores de la historia, ya lo sabemos.
Lo que no se comprende es la esquizofrenia de una sociedad enferma hasta la raíz. Que hace del sexo “cuestión de estado”; es la continua letanía de chistes, chascarrillos y soeces sobre los genitales, con las que terminamos conviviendo como algo normal. Y no lo es. No es normal que se valore más un culo que el color y profundidad de una mirada.
Es, como una nube toxica de la que toman referencia niños. Es una des-educación más allá de toda ética.
No puedo imaginarme el suplicio medieval que sufren en este momento, ahora, mientras se escribe o se lee estas palabras sobre ellas. Prefería la muerte de golpe mortal, antes de sentir dentro de mi tanta maldad.
Y, en serio, formaría un cordón de fuego con el que marcar a todos los que salieran de estos locales.
Y el negocio del sexo seguiría, igual.
El ciber-sexo y el porno como profesión Sin hablar de las depravaciones sexuales.
Tan solo queda como consuelo creer las palabras del que profetizo “Otro reino” en el que las prostitutas entrarían las primeras. Meritos no les faltan.
Importante Sindicato de trabajadoras del sexo en Argentina:
http://www.ammar.org.ar/presentacion.htm
Aquí una entrevista con una de sus fundadoras:
http://www.tu.tv/videos/ammar-best-practices
El problema es que parten de prejuicios en vez de un conocimiento real del fenómeno de la prostitución. La prostitución NO es equivalente a la explotación sexual. Niegan la posibilidad de una prostitución voluntaria, autónoma y deseada como ocurre en la inmensísima mayoría de los casos.
Ninguna mujer nace para prostituirse (¿por qué empleáis el pasivo, ese “ser prostituida”? ¿es que acaso tiene que ser obligada por otra persona? Así lo aseguráis, pero nuevamente la realidad contradice vuestras afirmaciones) como tampoco ningún hombre. Ni para putear, ni para ser barrendero ni ingeniero. No se “nace” para nada, se elige.
Si la prostitución fuera un trabajo… ¿querríais menos a vuestras hijas, madres o hermanas si lo ejecieran? Una vez que he conocido por dentro esta actividad, no me cabe la menor duda de que lo recomendaría. De hecho los testimonios de muchas chicas coinciden en lamentar no haber empezado antes debido a los prejuicios que tenían.
Y sobre lo de que sin clientes no hay trata tb es cierto. Pero es que con clientes, tampoco hay trata. Pq la trata no existe, sino que es una invención para cargar contra la prostitución, cobrar jugosas subvenciones y encubrir a las mafias que extorsionan a las meretrices.
Podéis hacer vuestra algarada un día, pero al siguiente los anuncios volverán a empapelar las calles pq la sociedad demanda y desea la prostitución. Vuestros esfuerzos están condenados al más estrepitoso de los fracasos.