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Mujer

Con el alma partida

El calvario de las viudas de los conductores de bus asesinados en Guatemala

Marlin, viuda de Ordónez, junto a sus dos hijos en "el parque de los muertos". (Foto: Darío Chiquitó)

“Yo no quería al bebé porque tenía la idea de que me cambiaban una vida por otra y en esos momentos nada ni nadie podía calmar mi dolor. Solo con el tiempo comprendí que él no tenía la culpa de todo lo que había pasado”.

Entre sollozos Marlin Cifuentes explica lo duro que fue para ella asimilar que su marido, conductor del transporte urbano, había sido asesinado un día de junio del año pasado. Erick Ordoñez jamás llegaría a saber que su esposa estaba entonces embarazada de 15 días.

Viuda y madre de 2 hijos que apenas ve, pues debe trabajar sin descanso para sacarlos adelante, Marlin acaba de cumplir los 31 años. En la librería apenas gana 200Q semanales, unos 20 euros, con los que tiene que afrontar los gastos domésticos, incrementados por la enfermedad de su hijo Jefferson, quien padece de espina bífida.

“En el momento una pierde hasta la fe. Solo después vas entendiendo que, aunque el tiempo no sana las heridas y es imposible llenar completamente el vacío que queda, hay que levantarse cada día y seguir adelante, por nuestra familia”, comenta mientras sostiene en brazos a la pequeña Miyali, de dos meses, quien mira a su alrededor sin entender nada.

Marlin tiene la suerte de contar con el apoyo incondicional de sus hermanos y padres, que la van ayudando en lo que pueden. Sin embargo, no es suficiente. A  pesar de ser perito en mercadotecnia en todo este tiempo no le ha salido ninguna buena oportunidad laboralmente.

“Aquí el Gobierno nos tiene totalmente abandonadas, por eso he pensado varias veces en emigrar a los Estados Unidos pero no me atrevo, porque me da miedo dejar solos a mis niños. Ellos, asegura, son lo único que me queda”.

Vivir me está costando demasiado”

A dos quetzales el pantalón y a 1 la playera. Ingrid Escobar tiene 33 años y  sale temprano a lavar todas las mañanas para ganar entre 40Q y 50Q la jornada, poco más de 4 euros. Con eso tiene que hacerse cargo de todos los gastos de la casa, no solo los suyos, también de los de sus dos hijos, Kevin y María. No tienen ninguna otra ayuda.  “Lo que me pagan al día, al día se me va”, comenta.

Aunque esboza una tímida sonrisa su mirada está empañada por una tristeza que siempre le acompaña. Desde que mataran a su esposo hace 3 años Ingrid sigue alquilando el mismo cuarto que compartía con él, asesinado mientras conducía un bus. Nadie lo esperaba. En una cajita con llave, todavía guarda las fotos que tomaron los bomberos desde la escena del crimen aquel trágico día.

“Es que no quiero que mis hijos las vean”, explica. Su dulce voz se endurece por momentos al explicar la impotencia que sintió cuando, al pedir copia del expediente del caso para tramitar una papelería, se dio cuenta de que éste ya estaba archivado, aún sin haberse detenido a los culpables, ni investigado a los sospechosos. “Pero no soy yo la única, añade, pues no conozco a una sola viuda a la que se le haya hecho justicia”.

Muchos son los recuerdos tristes que acuden  su mente cada vez que alguien pronuncia el nombre de Rogelio Chivalán o su imagen se cruza una vez más por su mente.  “Ya ha pasado algo de tiempo, pero para mí sigue siendo algo muy doloroso todavía”.

“Tenemos muchas carencias, no solo económicas, aunque no hay que perder la esperanza de que poco a poco nuestra situación mejore”. Cada vez que recuerda cómo era su vida antes y cómo es la de ahora, explica, se le salen las lágrimas. A penas termina la frase y sus ojos se enrojecen súbitamente.

Muertes que no cesan…

Ingrid y Marlin son dos de las más de 400 viudas de pilotos del transporte urbano asesinados desde 2006 hasta la fecha en Guatemala, según los datos que dispone la Asociación de Viudas de Pilotos. Una buena parte de éstos vivían en la misma colonia donde residen ambas, en Tierra Nueva 1, a 35 minutos de la ciudad capital.

La Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) informa que solo en 2009 casi 192 conductores, 50 ayudantes y varios propietarios de unidades perdieron la vida de manera violenta, siendo ya más de 129 el número de homicidios de personas relacionadas con el transporte público en lo que va de 2010. Ser chófer de autobús está considerado como uno de los trabajos de más alto riesgo en este país.

Aunque este problema no es nuevo, las estadísticas muestran que el fenómeno se ha recrudecido es lo últimos meses. El móvil de estos crímenes se asocia normalmente al operar de las maras y al impago de las extorsiones que se les exigen a los pilotos y dueños de buses, si bien “cada vez más se encuentran involucrados a otros grupos de delincuentes comunes que no tienen que ver con las pandillas”, tal y como explica el ministro de Gobernación, Carlos Menocal.

Un elemento común está presente en todos los casos y es la impunidad total frente a este tipo de delitos.

ayudas que no llegan

El perfil promedio para la viuda de piloto es el de una mujer de entre 20 y 30 años, con varios hijos menores a su cargo y que no trabajaba antes de perder a su marido. Sin experiencia y con una formación académica básica sus posibilidades para encontrar un empleo estable con una buena retribución económica son escasas, lo que la condena a vivir en condiciones altamente precarias.

A finales del año pasado a través de la Secretaría de Bienestar el Gobierno se comprometió a ayudarlas con una pensión de 500Q mensuales y programas de capacitación y becas para ellas y sus hijos. Sin embargo, la falta de presupuesto hizo que esta cantidad se redujera finalmente a 350Q, siendo únicamente 49 de ellas las beneficiadas, todas ellas del área urbana.

“Esto no puede seguir de esta manera, pues no se han considerado a las viudas de pilotos extraurbanos o de rutas cortas que tiene los mismos derechos”, explica  Luis Rolando Yoc desde la PDH. “La ayuda es inconsistente y bastante irregular”, agrega, “por lo que estamos presionando para modificar la Ley constitutiva establecida”. Antes de concluir  Yoc insiste en  la necesidad de sensibilizar a la población para que vean a las viudas no como unas vividoras, sino como mujeres que tienen derecho a vivir con dignidad.

Y entre todo, un foco de luz.

Iniciativas como las impulsadas por el Instituto Técnico de Capacitación y Productividad (INTECAP), a través de capacitación gratuita para las viudas y becas para que sus hijos puedan completar sus estudios, pretenden ayudar a ampliar sus oportunidades de empleo.

Computación básica, computación avanzada, cocina y belleza son algunos de los cursos ofertados ya desde las ediciones anteriores, impartidos generalmente los fines de semana y con una duración variable en cada caso. Convencidas de que en la formación está su oportunidad para un mejor futuro, 43 fueron las diplomadas el pasado año en las diferentes ramas.

Este año, sin embargo, el cupo no se llenó, debido a los problemas que la presidenta de la Asociación Viudas de Pilotos, Lilian Pérez, tuvo con la institución. Estas desavenencias, que terminaron generando una división interna entre partidarias y detractoras, en algún momento pudieron hacer peligrar la continuidad de este proyecto.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

1 comentario

  1. [...] menos 128 chóferes de autobuses fueron asesinados en Guatemala en 2010, muchos de ellos tras ser extorsionados por pandilleros, según el no [...]

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