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Mujeres

“La violencia sexual en las guerras sigue siendo un tabú”

“No es el violador el que vive el rechazo, es a la mujer a la que se la señala con el dedo”

“En La Haya, la violación se trata como un delito de segundo rango”

“Si al mundo le importaran las violaciones, el Congo hubiera sido el lugar perfecto para demostrarlo”

“La violencia no acaba de la noche a la mañana porque alguien diga ‘se terminó la guerra’”, asegura Monika Hauser. Y la guerra desata una violencia que afecta especialmente a las mujeres.

Esto vale para la República Democrática del Congo, donde desde mediados de los años 90 se cuentan alrededor de 200.000 violaciones, y la cifra continúa al alza; para Ruanda, donde se calcula que el conflicto civil dejó un balance de entre 250.000 y 500.000 violaciones; pero también para Alemania, donde las agresiones sexuales cometidas por soldados (aliados, soviéticos o alemanes) siguen siendo uno de los capítulos por tratar de la II Guerra Mundial.

Monika Hauser (medica mondiale).

Pero empezar, empezó todo con los Balcanes. En 1992 alcanzaban Europa occidental terribles relatos de violaciones masivas en Bosnia. En aquel momento, Hauser trabajaba en un proyecto interdisciplinar que ofrecía asistencia ginecológica y psicológica a mujeres que habían pasado por diversos tipos de experiencias traumáticas. “Estaba totalmente metida en el tema. Y me indignó muchísimo el modo en el que los medios de comunicación presentaron el asunto, dando gran cantidad de detalles y dejando a las mujeres en un segundo plano. Lo importante no eran ellas, sino lo que habían hecho con ellas. Entonces decidí que tenía que ayudar”, recuerda.

Meses después, esta ginecóloga suizo-italiana fundó medica mondiale, una ONG que desarrolla proyectos de apoyo a largo plazo dirigidos a mujeres y niñas víctimas de agresiones sexuales en situaciones bélicas o de crisis.

P. ¿Definiría usted las violaciones como un arma de guerra?

R. Sí, pero no sólo. Las violaciones también se dan en tiempos de paz, y en tiempos de guerra hay que tener cuidado de no reducirlas a una mera cuestión de estrategia bélica, como si en todos los casos fueran parte de un plan esbozado por el gobierno o los cabecillas de una milicia determinada.

Diferenciar es importante: no cabe duda de que las violaciones se utilizan como una táctica más sobre el campo de batalla, pero también hay vecinos, policías, soldados que violan simplemente porque se les ofrece la oportunidad, porque llevan un arma en la mano y porque las normas sociales que podrían evitar que lo hicieran han perdido su valor.

Monika Hauser (izq.) conversa con un comandante bosnio, 1993. (Cornelia Gürtler/ medica mondiale).

P. “Entre 1993 y 2009, el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY) ha acusado a 166 hombres y a una mujer”, puede leerse en uno de sus informes. ¿Es la guerra un asunto de hombres en el que las mujeres sufren especialmente?

R. Sí. Las mujeres viven el terror de la guerra como el resto de los implicados: viven la ocupación y la destrucción de sus pueblos, de sus casas; viven la separación de sus maridos y la muerte de sus hijos. Pero, además, sufren la violencia sexual. Y son al mismo tiempo las responsables de la subsistencia de la familia.

Finalizado el conflicto, y a pesar de que suelen ser las que mayores esfuerzos realizan en la reconstrucción del país, no forman parte, por lo general, de la elite que negocia la paz, con lo cual puede decirse que padecen de manera destacada bajo unos acontecimientos dominados por hombres. Pero también es importante subrayar que las mujeres son fuertes, son actores aunque traten de relegarlas y son capaces de reunir los recursos necesarios para superar gran cantidad de obstáculos.

P. Su organización ha documentado multitud de casos en los que las mujeres víctimas de la violencia sexual son, además, condenadas a la estigmatización y a la vergüenza, y pasado el conflicto ni siquiera reciben reconocimiento político y jurídico…

R. Cierto. Todavía existen tabúes sociales y estos no afectan al violador, sino a la víctima. No es el autor de la violencia el que vive el rechazo, sino que es a la mujer a la que se la señala con el dedo, lo que supone para ella un trauma adicional. El aislamiento se torna a veces insoportable, y aquí nos encontramos con una cuota de suicidios muy alta.

Aparte, está lo que usted señala: la medicina, la Justicia, la política y también los medios, o bien instrumentalizan este tema y recurren a él cuando les conviene, o bien lo silencian y lo ignoran, como está sucediendo ahora mismo en La Haya.

P. Debe ser muy frustrante conseguir que una mujer supere todos sus miedos, dé el paso de ir hasta el TPIY, hable en público de su violación y señale al culpable, y que ese testimonio sea rechazado por algún motivo jurídico-técnico…

R. Sí, es muy amargo. Pero la cosa va más allá: no son pocas las veces en las que el fiscal llega a un trato con el acusado ofreciéndole retirar los cargos por violación. La violación cae una y otra vez víctima del proceso legal y se entiende como una especie de delito de segundo rango del que se puede prescindir.

A la hora de la verdad, muchos prefieren que les acuse de asesinato a que les acuse de violación. Yo eso lo puedo entender, lo que no entiendo es que fiscales internacionales acepten jugar a este juego.

Una mujer afgana frente al Centro de Mediación Jurídica de medica mondiale en Kabul. (Lizette Potgieter/ medica mondiale).

P. Cuando asisten a mujeres en países como Liberia o Afganistán, ¿cómo reacciona la población?

R. Depende del lugar. Pero en Afganistán, por ejemplo, hemos logrado con mucho esfuerzo cierto nivel de aceptación: a veces, son incluso la autoridad tribal del pueblo o el vecino de al lado los que aconsejan a las mujeres que nos visiten. Al mismo tiempo, Afganistán es un país en el que observamos un empeoramiento de la situación. Cada vez son más los fundamentalistas con puestos en el gobierno y en otras instituciones públicas, lo que dificulta considerablemente nuestro trabajo.

P. Y ustedes están presentes también en países como la República Democrática del Congo, en los que hay cascos azules desplazados, ¿son un apoyo?

R. Si no tienen inconveniente alguno en comprarse una niña de 13 o 14 años por 10 dólares, los cascos azules, los soldados de la OTAN y el personal masculino de las organizaciones humanitarias se convierten en parte del problema. Con eso fomentan la prostitución por motivos de pobreza, y las familias ya no mandan a sus hijas a la escuela sino a las puertas de los cuarteles.

La política de “tolerancia cero” dictaminada por Kofi Annan supuso a este respecto un cambio de mentalidad, pero sólo existe sobre el papel: en Sudán, Sierra Leona, Kosovo… estas prácticas continúan.

P. Pero, en teoría, los casos azules podrían servir de protección a las mujeres…

R. Podrían. En junio de 2008, la ONU aprobó la Resolución 1820 [PDF], que incluye la violación entre los crímenes de guerra y le otorga potestad al organismo para intervenir allí donde se den casos. Pero esta Resolución no se ha usado nunca. Y precisamente en el Congo se siguen cometiendo violaciones: si al mundo le importaran, hubiera sido el lugar perfecto para demostrarlo.

Ayudar a las mujeres a largo plazo es el objetivo de medica mondiale. En la foto, una mujer congolesa participa en un curso de alfabetización. (Cornelia Suhan/ medica mondiale).

P. ¿Por qué cree usted que no se interviene?

R. Para responder a eso hay que preguntarse primero por qué se interviene en general, y todos sabemos la decisión está relacionada con la defensa de intereses económicos.

Por otro lado, se trata de un tipo de violencia que sigue siendo un tabú: para el presidente del Congo y para nuestros políticos aquí en Europa. Hace años, por ejemplo, que le pedimos al jefe del Estado alemán y a la canciller que en las fechas conmemorativas recuerden a las mujeres que fueron violadas en Alemania por soldados aliados y soviéticos durante los últimos días de la II Guerra Mundial y después de la capitulación. La respuesta siempre ha sido negativa, ¡y eso en un país desarrollado que asegura colocar la defensa de los derechos humanos por encima de todo!

P. Algunas de las historias que se narran en sus informes son espeluznantes, ¿cómo hace para mantener el equilibro en medio de tanto horror?

R. Es algo que te enseñan los años. Al principio cometes muchos errores. Yo llegué a sufrir un colapso bastante grave y aprendí de una manera muy dolorosa a cuidar de mí misma. Practico hobbies- salgo a correr, toco el saxofón, hago cosas con mi hijo- y no porque sí, sino siendo muy consciente de que son un contrapeso al peso de la violencia, que sin lugar a dudas influye sobre mí.

Defender los derechos de la mujer

“La violencia contra las mujeres me interesó desde siempre. Ya con 12 o 13 años escuchaba las historias que contaba mi abuela surtirolesa y pronto me quedó claro que la violencia forma parte con frecuencia del día a día de las mujeres. Por eso decidí hacerme ginecóloga: no sólo por motivos médicos, sino también para contribuir a defender los derechos de la mujer”, cuenta Monika Hauser [PDF].

Desde su fundación en 1993, medica mondiale ha ido extendiendo su actividad. Hoy está presente en Afganistán [PDF], Israel, Liberia [PDF], Ruanda y la República Democrática del Congo [PDF], además de en Albania, Kosovo y Bosnia. Algunos de sus proyectos se han convertido con el paso del tiempo en entidades independientes, y los hay, como Medica Zenica, el programa original bosnio, que se encuentran en peligro por falta de financiación.

“Durante mi formación y al poco de empezar a trabajar como médica, volví a verme confrontada con el tema de la violencia y ya entonces pude comprobar lo agradecidas que responden las mujeres cuando les ofreces un lugar en el que poder hablar de sus traumas”, dice Hauser. Medica mondiale otorga asistencia sanitaria, psico-social y jurídica a mujeres [PDF], especialmente a aquellas que han sido víctimas de agresiones sexuales, allí donde más sufren y menos posibilidades encuentran de recibir ayuda: en situaciones de guerra o crisis. Paralelamente, la organización trata de concienciar a la opinión pública internacional sobre estos destinos y de cambiar las estructuras que los hacen posibles.

“Apoyar a las mujeres y ayudarlas a que retomen las riendas de su vida es una parte de nuestro trabajo. La otra consiste en luchar contra la jerarquía masculina. Ambas cosas van unidas porque, sin lo segundo, tampoco se daría lo primero”, sostiene Hauser.

Entrega del Premio Nobel Alternativo en Estocolmo, 2008. (Cornelia Suhan/ medica mondiale).

En 1996, el gobierno alemán le concedió a Monika Hauser la Medalla Federal al Mérito, pero ésta la rechazó en señal de protesta ante la decisión de Berlín de iniciar la repatriación de los refugiados bosnios que habían buscado cobijo, huyendo del conflicto en los Balcanes, sobre suelo germano. En 2008, la ginecóloga se encontró entre las ganadoras del Premio Nobel Alternativo, y esta vez sí que acudió a recibir el galardón.

9 comentarios

  1. Cris

    que duro, muy buena la info

  2. [...] “La violencia sexual en las guerras sigue siendo un tabú” [Entrevista] periodismohumano.com/mujer/%E2%80%9Cla-violencia-sexual-en-l…  por Tanatos hace 2 segundos [...]

  3. Artesano

    No hay que ir a situaciones límite como la guerra.
    El País del pasado domingo ofrecia un escalofriante reportaje sobre la violencia sexual que sufren las inmigrantes que recojen las fresas de Huelva que compramos y consumimos tan contentos de lo baratitas que son pero sin querer saber nada más sobre ellas (plaguicidas, condiciones laborales, etc.)
    Por otra parte, la antes llamada Trata de Blancas (ahora son de todos los colores) invade puticlubs y carreteras de nuestra geografia ante la ineficacia de nuestro sistema judicial y para alegría de puteros a la búsqueda de ofertas.

    • francesc

      respondiendo a Artesano: me imagino, ya que hace tiempo que no lo leo, que el mismo domingo el periodico El Pais, este de los neoliberales, pasta, pasta, pasta… tambien publicaba una pagina de anuncios de las redes de trafico de mujeres, secuestradas, y violadas continuamente, entre las violaciones es exponerlas para hacer propaganda para que vayan unos a seguir violandolas contra su voluntad…

      todos cobran y nadie dice nada ni defensoras del lector, ni todos estos que tan defienden a las “victimas”, ni el juez estrellado que podria hacerlo de oficio…

  4. Admitámoslo: las violaciones se siguen viendo como un “desahogo” normal en los hombres que están en zonas de guerra, sujetos a un stress tremendo. Se sigue pensando que el deseo de una relación sexual en el hombre es algo irrefrenable y que puede llevarle al uso de la violencia… Se continúa excusando. Y eso a mí me dice mucho de los hombres que nos rodean… qué serían capaces ellos de hacer en esas circunstancias?

  5. [...] recientemente: “Yo quería que estudiaran, no darlas en adopción”, niños y fútbol, la violencia sexual en las guerras o los huérfanos del SIDA… Recientemente nos han contado la historia de Daniel Blanco y su [...]

  6. No debo olvidar este hecho. Cuantos siglos de barbarie sobre la condicion femenina, para que se le reconozca a Monica y su equipo el infinito trabajo “Tabu” que acogen.
    Y es que aun creemos que la mujer es botin del guerrero y mala suerte a la que le toque. Verguenza de por vida, si alguien no las levanta del olvido.
    ¡Crimen de Guerra! Alto y claro.
    Y nuestro sistema educativo y de ocio con los jovenes lo fomenta. La mujer objeto del deseo. Y pecadora.

  7. [...] Esta cruenta lucha terminó con el exterminio del 11% de la población, el equivalente al 80% de los tutsis, además de dos millones de desplazados (con la creación uno de los campos de refugiados más grande de la historia: “La Ciudad de los Muertos”) mutilados y vidas rotas. La indiferencia de la comunidad internacional fue tan evidente, que el papel de la ONU se terminó por cuestionar. Asimismo, no debemos olvidar que la violencia sexual no acaba cuando acaban los conflictos, y Ruanda no fue la excepción (ver más información sobre este tipo de violencia aquí) [...]

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