Migración
Ser inmigrante en una Grecia en crisis
La situación de los inmigrantes irregulares es “dramática”
La mayor parte de los permisos de residencia están limitados a dos años
“Los que tienen a la familia en Grecia no van a irse”

En las calles del centro de Atenas se concentran los inmigrantes sin papeles, sin trabajo, sin hogar, sin dinero, sin oportunidades. (AP)
“Nadie va a poder responderle a esas preguntas con certeza porque nadie sabe lo que está pasando realmente”, me dice Martin Baldwin Edwards. Yo quería saber cómo le está afectando la crisis griega a los inmigrantes que viven en el país, “pero carecemos de indicadores. No se está investigando. El gobierno no tiene dinero para eso. Pero, en realidad, tampoco cuando lo tuvo se destinó a la investigación. A la clase política griega nunca le han interesado las opiniones de los expertos independientes”, asegura, y su voz suena a profunda resignación.
Martin es británico. Llegó a Grecia hace 11 años y en 1998 fundó el Observatorio Mediterráneo para la Migración, un organismo- integrado en la Universidad de Pateion- sin ánimo de lucro, “al contrario de lo que muchos creen”. Ahora está pensando en marcharse. “No es fácil, después de tanto tiempo, pero ya no hay nada que me retenga aquí. Grecia no me ofrece futuro alguno: ni a mí, ni a nadie”. ¿Y el Observatorio? “Pues tendremos que cerrarlo”, contesta.
Enfrentadas a un callejón sin salida, se despiden las mentes pensantes en el momento en que Grecia más las necesita. “¿Qué voy a hacer, si el gobierno no me ayuda y los bancos no dan créditos?”, lamenta Martin. “¡Esto es un desastre!”, repite una y otra vez, y Thanos Maroukis, sociólogo e investigador de la Fundación Helénica para la Política Europea y Exterior (ELIAMEP), coincide en la evaluación. “Soy bastante pesimista, la verdad”, confiesa, y añade una historia más a la lista de precariedades financieras: “al personal de las ONG que está en contacto directo con los inmigrantes- abogados y trabajadores sociales- no le pagan desde hace cinco meses. Imagínese cómo repercute eso en la situación de los inmigrantes…”
Varios de los pocos informes dedicados al fenómeno migratorio en Grecia que han aparecido en los últimos años llevan la firma de Martin Baldwin Edwards. En ellos se cifra el total de extranjeros residentes en el país en aproximadamente un millón, de más de 11 millones de habitantes, “pero ese dato es de 2004. Desconocemos cuántos han llegado o se han ido desde entonces”, puntualiza el experto. Otro de estudio significativo es Clandestino, un análisis a nivel Europeo cuya parte dedicada a Grecia corrió a cargo de ELIAMEP: aquí se estima que en 2007 vivían en Grecia más de 280.000 inmigrantes ilegales.

Los edificios abandonados de Atenas, como esta antigua sede de la Corte de Apelaciones griega, se han convertido en el deplorable refugio de los que no tienen nada. (AP/ Petros Giannakouris)
En la escala de la inmigración, los ilegales ocupan el puesto más bajo. Allí, la crisis golpea con especial fuerza. “La situación en el centro de Atenas es dramática. Las calles se han llenado de gente, sobre todo africanos, que no tiene nada: no tiene trabajo, no tiene dinero… Con un poco de suerte, alguna organización caritativa les da algo para comer, pero por lo general tampoco tienen comida. Viven a la intemperie o en casas abandonadas, en condiciones realmente lamentables. Piden, a veces roban y, aunque por suerte la mayoría se resiste, el tráfico de drogas es la principal oferta de empleo que reciben”, narra Thanos.
“En toda Grecia existe una sola comisaría de policía en la que se puede solicitar el derecho de asilo, y está en el centro de Atenas”, explica Martin, “eso ha creado una concentración artificial de inmigrantes en un lugar en el que no hay trabajo ni posibilidades de acogida suficientes”. Y el viaje hasta la capital pocas veces trae la regularización. Ya antes de que se hicieran notar los problemas económicos, el carácter restrictivo de la política de asilo griega había recibido duras criticas. “Ahora, yo diría que desde el verano es prácticamente imposible obtener en Grecia el estatus de protección temporal para los solicitantes de asilo”, constata Thanos.
Sin permiso de residencia no hay permiso de trabajo y sin éste la entrada al mercado laboral regular queda sellada. En tiempos de crisis, la economía sumergida florece en Grecia, “hay quien dice que alcanza hasta el 40% del total, aunque no puedo asegurar que la cifra sea correcta”, indica Martin, “pero tampoco al trabajo informal tienen acceso los inmigrantes ilegales: éste se reserva a los extranjeros con papeles, y a los mismos griegos. Irregularmente, en Grecia no existe prácticamente otro modo de ganarse la vida que no sea la criminalidad”.
La situación inmigrantes regulares es algo mejor, explican los expertos. El gobierno acaba de modificar la legislación para que quienes hayan nacido en Grecia o acudido aquí a la escuela puedan obtener la nacionalidad griega. El resto, sin embargo, continuará con toda probabilidad viviendo sobre la base de autorizaciones temporales, ya que los permisos de residencia definitivos son, en estas latitudes, un bien escaso. “La mayoría tiene un permiso de residencia de dos años. En el país, sólo 130 personas disponen de un permiso de cinco, y luego están los que han conseguido uno de 10: muchos de ellos son albaneses, el principal grupo de extranjeros”, resume Thanos.
En la documentación de Theodhor, por ejemplo, puede leerse que le está permitido permanecer una década sobre suelo griego. Los papeles caducan en 2015, y espera que entonces se los renueven. “Mi situación es un poco especial: soy albanés, pero mi madre es miembro de una minoría griega del norte de Epiro”, dice. También Emad cuenta con que a su actual permiso de cinco años, que expira en 2012, le seguirá otro. Emad es jordano y estudiante. Theodhor ya ha terminado la carrera. Ambos se sienten integrados y bien acogidos en la sociedad griega, y quieren trabajar aquí. Si la crisis lo permite, encontrarán un empleo: ninguno de los dos cree que lo vaya a tener más difícil que cualquier griego.

Una largamente planteada demanda, ahora concedida por el gobierno: que los hijos de inmigrantes nacidos o socializados en Grecia puedan tener acceso a la nacionalidad griega. (AP/ Thanassis Stavrakis)
“La mayoría de los griegos sabe que esta crisis no es culpa de los inmigrantes”, asegura Martin. Todavía es pronto para decir si llevará a un aumento del racismo o de la discriminación en el mercado laboral, pero ya se conoce que las condiciones de trabajo han empeorado, y las dificultades financieras no producen los mismos efectos en nacionales y foráneos, aun cuando sean de la misma índole.
“Mi predicción es que el número de ilegales va a aumentar”, avanza Thanos. Los permisos de residencia no se renuevan si el solicitante está desempleado, “e incluso si trabaja: una vía que muchos usaban para regular su situación era pagar ellos mismos las cargas sociales- así, al empresario no le costaban tanto y podían pedir los papeles-. Pero si les bajan el sueldo, o no les pagan durante un tiempo dilatado, no van a poder costearse la seguridad social”.
“No puedo demostrarlo, pero estoy seguro de que el volumen de trabajo de los inmigrantes ha bajado a un 30% o un 40% del que era hace dos años. La crisis les está afectando, sin duda, y los torna más vulnerables”, apunta Martin. Aún así, la mayoría lo seguirá intentando en Grecia. “El otro día hablaba con una mujer ucraniana que trabaja en la limpieza doméstica y me decía que quiere volver a casa”, cuenta Thanos, “pero sus hijos están en Ucrania. Los que tienen a la familia aquí no van a irse, por lo menos, no mientras de algún modo les sea posible”.
“¡Es un desastre!”, vuelve a decir Martin. “Lo que está pasando aquí no tiene nada que ver con lo que sucede en España o en Italia. Lo que está pasando aquí es el resultado de años de corrupción desenfrenada. Este país ha estado gobernado por criminales que lo han saqueado sistemáticamente”. Y llegada la hora de rendir cuentas, alguien tendrá que pagar por el desorden en los números.
ACNUR Grecia:
Para empezar, deje que aclare una cosa: en Grecia no hay campos de refugiados per se. Hay centros de detención de inmigrantes irregulares y centros de acogida para solicitantes de asilo y menores no acompañados. Estos no cubren todas las necesidades, ofrecen servicios de mala calidad y su financiación es insuficiente […] Será necesario un esfuerzo económico riguroso por parte de la UE que sea administrado con efectividad. Además, el gobierno griego va a tener que destinar fondos del presupuesto estatal a estos asuntos, independientemente de lo grave que sea la situación económica. Ketty Kehayioylou, ACNUR Grecia.
La nueva ley de inmigración y reconocimiento de los derechos de nacionalidad y políticos tiene en cuenta también a los refugiados. Es un paso importante […] Pero habrá que poner en marcha una estrategia de integración amplia que tenga en cuenta un gran número de necesidades hasta ahora ignoradas. El Estado griego no ofrece apoyo alguno en lo que a la acogida de los refugiados se refiere, pero tampoco en relación a otros aspectos como el acceso a la educación, la orientación profesional y el empleo. En consecuencia, estas personas encuentran serias dificultades a la hora de integrarse. Ketty Kehayioylou, ACNUR Grecia.









Está bien el reportaje pero lo encuentro algo escaso en variedad de opiniones ya que la emigración es un fenómeno con muchas aristas.
Intentar que mejoren las condiciones en destino, sólo es solución a corto plazo, la verdadera solución es mejorar las condiciones en origen, para evitar este fenómeno indeseable.
Hay que repartir mejor el pastel. No podemos soñar con unos pocos paises ricos atrincherados para intentar evitar la invasión del resto del planeta.
Ni el Imperio USA a pesar de las ingentes cantidad de dinero invertidas en su frontera sur, han sido suficientemente eficaces.
Aunque sólo fuera por egoismo, deberiamos ser más generosos.
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