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¿Respeto a los derechos humanos en Melilla?

¿Se están respetando los derechos humanos en Melilla? ¿La actuación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado está dentro de la legalidad vigente? Estas cuestiones están siendo objeto de debate durante estos días en Melilla tras la actuación de Mustafa Aberchán.

El portavoz y presidente del principal partido de la oposición Coalición por Melilla (CPM) atendió en su casa a treinta inmigrantes que acababan de saltar la valla debido “a la actuación violenta de algunos agentes con los subsaharianos”, afirmó.

De hecho, los inmigrantes estaban tan asustados que no estaban dispuestos a moverse de allí hasta que les aseguraron que los trasladarían, como así fue, al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).

Testigos presenciales nos dan más detalles, “había guardias civiles que no dejaban de darles patadas y golpes a los subsaharianos, lo que popularmente llamamos una buena tunda”, nos dice un melillense, a quien también le llegaron a afectar los gases tóxicos utilizados por la Guardia Civil. Pero este joven no ha sido el único que estuvo presente durante el suceso, también algunos vecinos de la zona han llegado a grabarlo todo. “Estaban golpeando a los subsaharianos”, señalan, y aclaran que los agentes les decían desde “tranquilos, ¿os llevamos al CETI a os vais al Gurugú?”. El monte Gurugú se encuentra en Marruecos y es el más cercano a Melilla. Tras meses, e incluso años de viaje, los inmigrantes esperan allí el tiempo necesario hasta poder acceder a territorio español.

Estos mismos melillenses afirman que “los inmigrantes estaban cogidos de la mano, paralizados” y que justo cuando llegaron vieron como metían a unos catorce, maniatados, en furgones de la Policía Nacional. “Dónde los han llevado no lo sabemos”, concluyen. Stephan, sin embargo, nos asegura que “su hermano”, refiriéndose a un amigo, se encuentra en Oujsda. Esta localidad marroquí, en el norte del país, es frontera con Argelia y es la vía principal para las expulsiones ilegales de las personas sin documentación, abandonadas en tierra de nadie.  “La Policía se lo llevó, y desde luego en el CETI no está”, afirma indignado este camerunés , y añade que a él ya le pasó lo mismo “ésta es la tercera vez que lo intento, la primera me quedé entre la segunda y la tercera valla;  y la segunda vez, logré entrar a Melilla pero me devolvieron a Marruecos”.  Nervioso, y con miedo a que sus declaraciones lo perjudiquen, añade que la gendarmería marroquí lo golpeó y llegó a romperle una muñeca. No obstante, y por muy surrealista que pueda parecer nos dice que tuvo suerte. “No se me ha curado bien”, afirma, y añade “no es nada, estoy vivo”, mientras nos enseña el hinchazón que todavía tiene, y bajando la mirada concluye diciéndonos que vio cómo uno de sus compañeros, Clémant, perdía la vida. Nos asegura que nunca ha llevado un palo encima para defenderse, “y mucho menos un cuchillo”. Tampoco recuerda, en ninguna de sus tres entradas, que alguno de los inmigrantes actuara con violencia, “lo único que queremos cuando pisamos Melilla es que no nos manden a Marruecos”.

También hemos podido saber que el jueves, después del salto a la valla, diecisiete subsaharianos fueron atendidos en el hospital de Nador. Nuestras fuentes no nos aclaran si fueron trasladados desde Melilla o ni siquiera llegaron a pisar la ciudad, lo que sí nos aseguran es que después de ser tratados regresaron al monte Gurugú. Allí, nos aclaran, “es que doce fueron capturados por algún cuerpo de seguridad marroquí y trasladados a Oujsda y a dos los dejaron malheridos en el centro de Nador”. Nos consta que estas dos personas volvieron al Gurugú y continúan allí junto a una mujer embarazada que también intentó acceder a Melilla el jueves.

Stephan insiste en que fueron más de cien inmigrantes los que llegaron a Melilla y que a cincuenta los devolvieron a Marruecos. Desde la ONG Pro Derechos de la Infancia (Prodein), nos informan de que ya han puesto en conocimiento del Defensor del Pueblo “estas expulsiones ilegales”.  Apuntan que “se están vulnerando los derechos humanos y que este tipo de actuaciones son más que frecuentes” y señalan que paradójicamente “se criminaliza a los inmigrantes, acusándolos de llevar armas y de atacar a la Guardia Civil.  Por el contrario, la Delegación del Gobierno desmiente que se lleve a cabo esta práctica e insiste en que fueron “entre setenta y ochenta” las personas que consiguieron entrar el pasado 25 de abril. Respecto a la actuación de los agentes el delegado del Gobierno, Abdelmalik El Barkani, afirma que los agentes actuaron con “la fuerza comedida, nunca con violencia”. Además, el representante de la Administración del Estado en Melilla ha dado la bienvenida a un grupo de guardias civiles “de máximo nivel”, especializados en el control de masas y en situaciones complicadas. “Un refuerzo en la valla, ante la extrema presión migratoria”, ha manifestado.

Los sindicatos policiales también se han pronunciado sobre el comportamiento del líder de CpM, Mustafa Aberchán. Han pedido a la Fiscalía que abra diligencias por la actuación del político cepemista al introducir en su casa a inmigrantes que habían saltado la valla fronteriza. Los representantes sindicales consideran que podría haber vulnerado el artículo 318 bis del Código Penal que estipula un castigo de entre cuatro y ocho años de cárcel “para quien directa o indirectamente promueva, favorezca o facilite el tráfico ilegal o la inmigración clandestina de personas desde, en tránsito o con destino a España, o a otro país europeo”. Además niegan que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado actuaran con violencia, por lo que solicitan al Ministerio del Interior que se persone contra Aberchán “en defensa del honor de los funcionarios”. Desde los sindicatos policiales insisten en que debe rectificar, ya que “las acusaciones son muy graves”.

En la misma línea se ha pronunciado el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, quien ha manifestado su “apoyo firme” a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El mandatario local insiste en que el político cepemista “se ha equivocado”. También cree que la  Ley de Extranjería se debe modificar y propone establecer una zona de rechazo en la frontera. Una idea contra la que se manifiestan claramente organizaciones sociales como Prodein, argumentando que “no es la solución”, nos dice el presidente de esta ONG, José Palazón, que exige “el cese de las deportaciones sumarias”. Izquierda Unida, agrupación política sin representación en la Asamblea de Melilla, que está dando sus primeros pasos exige “el respeto estricto a los Derechos Humanos” y se solidariza con las víctimas “los verdaderos protagonistas”.

Y quien hasta el momento casi no se ha manifestado ha sido Mustafa Aberchán. El ex presidente de Melilla respondió a los medios de comunicación el jueves en la puerta de su casa y compareció en rueda de prensa al día siguiente, el viernes. También hoy, a las doce de la mañana, tiene previsto hablar ante la prensa.. A este medio de comunicación ha adelantado que está “muy tranquilo” y que tiene intención de reunirse con los representantes sindicales de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, “ya que todos trabajamos en conjunto”, aclara. Cuando le preguntamos si volvería a acoger en su casa a los treinta inmigrantes subsaharianos que se encontraban en la rampa de su garaje, sin dudarlo, nos responde que sí, “que se vio obligado” ante lo que estaba sucediendo.

Actualización 30 de Abril

Aberchán asegura que los inmigrantes no se refugiaron en su casa sino que fueron recluidos en la rampa de su garaje por las fuerzas de seguridad; que se hizo uso de armas de fuego y también de gases tóxicos de cuyos efectos tardaron en recuperarse 24 horas los miembros de su familia (…) Ha mostrado un vídeo a la prensa en el que se observa un fogonazo que parece responder a un disparo de la policía (…) Dice que no se sintió intimidado por los inmigrantes pero sí por algunos componentes de los cuerpos de seguridad (…) No actuará judicialmente, sin embargo, contra los sindicatos policiales después de que estos se hayan comprometido a rectificar las declaraciones vertidas contra él en un comunicado.

 

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