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Migración

Refugiados, dentro y fuera de Guatemala

Huyendo de la persecución y de la muerte, para empezar de cero en otro lugar.

Damnificados de la tormenta tropical Agatha y la erupción del volcán Pacaya en Guatemala (Darío Chiquito)

Más de 170 fallecidos, 21.927 viviendas destruidas, 30 puentes y 73 tramos carreteros dañados. Este es el saldo que dejó tras su paso, a finales del mes pasado, la tormenta tropical Agatha y la erupción del volcán Pacaya en Guatemala, algo similar a lo que sucedió en 1998 con el huracán Mitch. Fue entonces el gobierno de Álvaro Arzú quien no promovió la solicitud de un Estatuto de Protección Temporal o TPS, lo que sí se hizo en El Salvador, Honduras y Nicaragua, siendo Guatemala el único país de la región centroamericana que no goza de tal beneficio actualmente, lo cual se pretende enmendar ahora, después de esta nueva tragedia, 12 años después.

Damnificados de la tormenta tropical Agatha y la erupción del volcán Pacaya en Guatemala (Darío Chiquito)

Tal y como contempla la Declaración de Cartagena sobre los Refugiados de 1984, la cual vino a ampliar la definición sobre los mismos contenida en la Convención de la ONU de 1951, el TPS sirve para amparar por un tiempo limitado a aquellas personas que huyen de sus países de origen porque su integridad física se haya en riesgo, lo que ocurre no solo en casos de guerras civiles, sino también con los desastres naturales.

Desde la Mesa Nacional para las Migraciones en Guatemala (MENAMIG), Alejandra Vásquez, Ángela Cóbar,  Lola Reinosa y Marila de Prinz, enfatizan la necesidad de retomar esta cuestión, pues aunque el gobierno norteamericano ha proporcionado algunas ayudas anticipadas para algunos de los migrantes guatemaltecos en EE.UU, éstas se consideran insuficientes. “Es una mínima cantidad la que sale beneficiada, en cambio, de ser aprobadas otras medidas, señala la coordinadora ejecutiva De Prinz, más de 800.000 guatemaltecos saldrían favorecidos al tener mejores oportunidades de empleo, acceso a la salud y educación públicas, protección ante las deportaciones y facilidades para aperturas de cuentas de ahorros y envío de remesas”. Como ejemplo se cita el caso de Haití,  en donde la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, concedió un TPS después del terremoto del pasado enero.

Sin embargo, el giro antimigratorio que están tomando recientemente las políticas estadounidenses, con la ley de Arizona SB1070 y una nueva propuesta para denegar la nacionalidad de los hijos de migrantes sin papeles nacidos en EE.UU, unido ello a factores políticos como la percepción negativa que se tiene de Guatemala y la oposición que manifestó este país a las guerras de Irak y Afganistán, hacen que los expertos vean poco probable que la resolución salga favorable en el caso de Guatemala. “Desde que se presentó formalmente la solicitud, asegura la Licenciada Vázquez, no ha habido ningún avance”. A la espera de noticias, el debate sobre los pros y los contras del TPS se ha visto intensificado en los últimos días.

Guatemala como país receptor

Durante la década de 1980 más de dos millones de personas del área centroamericana  se vieron obligadas a abandonar sus hogares, huyendo del contexto de guerras civiles que desangraron Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Estos desplazamientos masivos se produjeron hacia otros países de América Central como Belice, Honduras, Panamá y México, con un total estimado de 150 mil refugiados reconocidos. EE.UU y Canadá se convirtieron igualmente en países receptores, pero algunos de ellos también llegaron a Guatemala.

En el marco de la celebración del Día Mundial del Refugiado, el  20 de junio, Ángela Cóbar, Coordinadora del Programa de Refugiados del Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ACNUR), informó que en la actualidad son un promedio de 180 familias las que residen en Guatemala con el estatus de refugiado, y 14 más se encuentran esperando una resolución.

“La mayoría de ellos, explica, provienen de países vecinos y de América del Sur, siendo identificados como de larga data al ser producto del ingreso masivo que tuvimos hace 30 años por los diferentes conflictos armados que se dieron entonces. Los que ingresan nuevos, en cambio, suelen ser víctimas de persecución en sus países de origen por pertenecer a grupos sociales específicos y lo que preocupa más es que los casos de persecución por violencia sexual intrafamiliar y por trata de personas van en aumento”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

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