Migración

No a Fátima

Niegan el asilo a la madre soltera marroquí de Melilla amenzada por su familia

El padre de su hijo es un joven hindú con el que no le está permitido casarse

En Marruecos ser madre soltera es un delito recogido en el Código Penal

Fátima en enero cuando tuvo a Vikram. (José Palazón)

“Tengo muchas cosas en la cabeza” dice Fátima. Está confusa porque se acaba de enterar de que le han denegado el asilo en España. “Me siento muy mal, no puedo volver a mi país, y menos ahora con mi hijo” nos cuenta sin ningún síntoma de resignación a través del teléfono. Fátima (un nombre ficticio) es marroquí y llegó a Melilla hace más de tres años. La joven llevaba una vida normal trabajando como limpiadora hasta que se quedó embarazada de un joven hindú, ahí empezó su nueva vida y también sus problemas. “Tuve que abandonar el trabajo porque mi hermano vino a amenazarme y a darme una paliza”, fue entonces cuando pidió el asilo en España que ahora le han denegado.

A Fátima, de la que hemos hablado en otras ocasiones en periodismohumano, su familia la ha repudiado por tener un hijo con un joven de otra religión, “ya no soy su hija, solo me quedan mi marido y Vikram (su bebé)”. Se refiere a su pareja como ‘marido’ pero no están casados aunque esté entre sus planes hacerlo, “¡claro que nos casaremos!” dice orgullosa. Si estuviese en Marruecos no podrían porque él es hindú. El artículo 39 del Código de Familia marroquí prohibe el matrimonio de una musulmana con un hombre de otra confesión religiosa. En su solicitud de asilo la joven recordaba que en Marruecos ser madre soltera es un delito. Según el Código Penal (art. 490) son ilegales las relaciones fuera del matrimonio y pueden ser sancionadas con penas de un mes a un año de cárcel. [“toda relación sexual entre personas de distinto sexo no unidas por vínculos de matrimonio será considerada perversa y sancionada con pena de un mes a un año de privación de libertad”]. La ley lo dice, aunque no es común que se ponga en práctica según nos cuentan varias fuentes consultadas por periodismohumano.

Pero Fátima está segura de que volver a Marruecos sería ponerla en peligro, a ella y a su hijo. “Ya me lo demostraron una vez cuando vinieron a buscarme”, dice en alusión a las amenazas de su familia. El Gobierno no le ha concedido el asilo porque asegura que no está suficientemente acreditado que vaya a ser perseguida en Marruecos, “según la información disponible sobre su país de origen la mera pertenencia a tal colectivo no determina necesariamente la existencia de persecución” dice el documento de la Oficina de Asilo. Mercedes Rubio, su abogada de CEAR, asegura que “en el caso de Fátima sí se dan una serie de condiciones que hacen que su vuelta suponga un peligro para ella porque hay un niño fuera del matrimonio y una relación con un chico de la India que es de otra religión, su familia no lo acepta y la ha amenazado por todo ello. Hay que tener en cuenta la zona de donde proviene que es una zona rural y conservadora, muy diferente a otras zonas como Rabat o Casablanca. Todos estos condicionantes hacen que merezca la protección”. La abogada recuerda, además, que hace tan solo cuatro meses el Gobierno reconoció el estatuto de refugiada a una joven solicitante de asilo “en idénticas condiciones, también tiene un hijo con un hindú y ella es marroquí”.

Fátima y su pareja con Vikram, su hijo. Enero 2010. (José Palazón)

Fátima va a recurrir la denegación pero con el panorama que tiene alrededor está poco esperanzada. “La ley en España ha cambiado mucho, no ha sido solo a mí. A todos los que han pedido asilo que conozco les han dicho que no”. La respuesta al recurso podría tardar hasta un año. En teoría puede ser deportada antes a Marruecos a no ser que cuando presente la apelación el juez decida paralizar la orden de expulsión y volver a documentarla como solicitante de asilo. Su pareja también puede ser devuelta a India. Aunque en la práctica existe la posibilidad de que ambos se queden por el momento. En Melilla suceden cosas que no son ilegales pero que tampoco aparecen escritas en reglamento alguno.

Hay inmigrantes que viven durante años en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Como en el caso de Fátima y su pareja, en muchas ocasiones surgen relaciones entre personas de la misma o de distintas nacionalidades y, fruto de esas parejas, niños. Cuando eso ocurre se inscriben como familias en el CETI. Aunque tienen una orden de expulsión no suelen ser deportados, e incluso, algunas de esas familias son enviadas a la península donde son alojados en pisos tutelados, o centros de acogida. En 2010 la Delegación del Gobierno en Melilla no ha tomado ninguna decisión de este tipo pero el año pasado sí hubo varios casos. Si se quedan en Melilla pueden llevarse años en esa situación, juntos pero sin papeles y sin otro futuro que pasar los días en el centro de acogida.

Para Fátima el CETI se queda pequeño. Pasan el día fuera para poder estar juntos y tener algo de privacidad, “por la noche cada uno coge el camino de su habitación” ¿No os dejan dormir juntos? “Esas cosas no se pueden hacer aquí” dice soltando una carcajada. La sonrisa se le borra al hablar de sus planes. “No sabemos qué vamos a hacer”. Su pareja lleva cuatro años en el CETI desde que llegó de la India, cuatro años con una orden de expulsión, sin papeles, sin trabajo y sin poder salir de Melilla. “Aquí no hacemos nada, él vino para trabajar en la península pero estamos aquí los dos sin poder salir. Cuando lo llaman o sus amigos le dicen ‘vente a trabajar conmigo’ va, pero solo puede limpiar coches, nada más… Me dice que está cansado y que tiene muchas ganas de ver a su familia”. Fátima también sueña con viajar a la India, está deseando que Vikram conozca a sus abuelos paternos. “Pero eso no sabemos cuando será, es muy triste. A ver si tenemos suerte y Dios nos ayuda”.

Cuando le preguntan qué va a hacer si tiene que volver a Marruecos, Fátima se reafirma: “Nunca voy a volver, allí no soy nadie”.

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