Migración

Los forenses tampoco aprueban las pruebas óseas a los menores extranjeros

Piden que se use como último recurso y dentro de un informe más global

El Defensor del Pueblo y las organizaciones sociales llevan años denunciando que no son un método fiable

Tienen un margen de error de hasta cuatro años

Dos policías ayudan a salir de la patera a un menor inmigrante en la costa de Tenerife en agosto de 2006. (AP Photo/Arturo Rodriguez)

La línea que separa la minoría de mayoría de edad es muy fina, tanto que en el caso de los extranjeros cruzar o no esa frontera puede costarle el regreso a su país de origen o garantizarle el acceso a un de centro menores. Cuando llegan a España, sin documentación y sin que pueda certificarse que sean mayores de edad, son sometidos a las controvertidas pruebas óseas. Los propios forenses critican que estos exámenes sean empleados para calcular cuántos años tienen los menores y piden que se realicen únicamente cuando no se disponga de otro método más fiable.

El diez por ciento de las quejas que llegan al Defensor del Pueblo en el ámbito de la Inmigración están relacionadas con estas pruebas, denuncias de los propios menores y de las ONG que les atienden. Una misma persona puede recibir el trato de mayor o menor de edad según la comunidad autónoma en la que esté y los examenes que allí le realicen. Por eso, el Defensor y los forenses, piden que se aúnen los criterios. El Comité de los Derechos del Niño también ha vuelto a solicitar a España hace unos días que elabore protocolos uniformes para determinar la edad. Y las ONG llevan haciéndolo años.

Hay provincias en las que una prueba radiológica de la muñeca en el servicio de guardia de un hospital “es el único recurso con el que cuenta el fiscal para fijar la edad”, asegura la Defensora del Pueblo en funciones. María Luisa Cava afirma que, en muchos casos, se les realizan a quienes vienen con la documentación que acredita su identidad y su minoría de edad, a través de un pasaporte o un certificado de nacimiento, porque su apariencia física lo pone en duda, sin tener en cuenta el interés superior del niño.

Los forenses dicen que estas pruebas deben realizarse con tiempo y en ningún caso tomando como único criterio las pruebas óseas. “La determinación de la edad es un proceso global que exige una decisión que no puede ser nuestra. Nosotros sólo aportamos una parte, la edad ósea del sujeto”, reconoce el director del Instituto de Medicina Legal de Murcia, Rafael Bañón, “pero la decisión global implica conocer otras características del sujeto a los que no tenemos acceso”, como sus circunstancias psicológicas o sociales. En un documento de buenas prácticas firmado por representantes forenses de toda España, piden que sea la Fiscalía o el juez quien ordene y supervise la realización de pruebas. “Esa práctica que hay ahora de que la policía nos pide una valoración y, según el resultado que se obtiene, si es menor lo mandamos a la fiscalía y si es mayor de vuelta en avión a su país, solapa la toma de decisiones”.

Estándares del Atlas de Greulich Pyle desde un recién nacido a un niño de cuatro años

En España suelen emplearse dos tipos de pruebas óseas: El Atlas de Greulich Pyle y el de método Tunner Whitehouse. En ambas se utiliza una radiografía de la mano izquierda de los menores. En el caso de Greulich comparan la evolución de sus huesos con unos patrones como los que hay en la imagen. Se le asigna la edad del patrón que más se parezca a la radiografía. Conforme el individuo va creciendo van desarrollándose los huesos del carpo por lo que según van pasando años es más difícil de calcular, como ocurre cuando ronda los 18.

En el método Tunner, se analiza cómo de desarrollados están veinte puntos concretos de los huesos de la mano y de la muñeca. Los forenses se quejan de que, tanto este como el de Greulich, son métodos demasiado subjetivos que no permiten medir la edad con exactitud. El objetivo de estas pruebas es “comparar la edad cronológica con la de maduración ósea para saber cómo es la evolución del individuo”, afirma Rafael Bañón, y no calcular la edad de una persona.

Ese margen de error es de hasta cuatro años, dos por arriba y dos por abajo.”Cuando le decimos al fiscal que tiene que tomar una decisión sobre minoría de edad del menor que el sujeto tiene entre una probabilidad del 96 por ciento de encontrarse entre los 15 y los 19 años lo normal es que nos mande al paseo porque eso no le sirve”. Un mismo radiólogo podría interpretar de manera diferente la misma radiografía si la observa en días distintos.

En la jornada de trabajo sobre Determinación Forense de la Edad de los Menores extranjeros no acompañados, organizada por la oficina del Defensor del Pueblo, los forenses apostaron porque  siempre se realicen el examen radiológico de la mano y el dental de Dermijian. Una prueba que observa el desarrollo del tercer molar (muela del juicio) para calcular la edad, como muestra la imagen. Además de una exploración física y una entrevista personal. “La entrevista es obligatoria porque nos ayuda a adquirir conocimientos y conocer si exiten motivos que puedan alterar las pruebas”, asegura Bañón. Si después de todo ese procedimiento no ha habido resultados contundentes, se realizaría otra prueba más, la de la clavícula.

Patrones que se utilizan en el método Dermijian

Las propuestas de los forenses van a sumarse a las de las organizaciones sociales y los fiscales. De ahí saldrá un informe que el Defensor del Pueblo trasladará a las administraciones públicas para que tomen nota. María Luisa Cava recuerda también que hay que poner en marcha el registro de menores no acompañados, que no funciona en la actualidad, para que se sepa qué pruebas se le han aplicado a los menores.Y coordinar esfuerzos a través de un sistema informático “que permita la consulta de las diferentes fiscalías provinciales”, algo que también ha solicitado ya el Fiscal General del Estado.