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Migración

Lester: “Mi libertad no me la quitan las jaulas”

A Lester lo deportaron hace diez días después de casi tres años estudiando y trabajando en España

"Esas personas que dejé en España, de las que no me dejaron despedirme en persona, eran parte de mi vida"

"Mi libertad no me la dan unos papeles"

Lester a la derecha

Lester se ha sentido en el último mes como una ficha de parchís. Desde que lo detuvieron ha pasado un día en el calabozo, otros quince en el Centro de Internamiento de Extranjeros y ha sido enviado a la casilla de salida, a Guatemala, de donde partió hace casi tres años. Siente que se ha quedado a medio camino y que toca volver a empezar. “Es como cuando me fui. En España me sentía tan solo que a veces me ponía a llorar en mi habitación. Ahora me devuelven de un sitio al que yo ya pertenecía y tengo que hacer mi vida de nuevo. No me siento preparado”, nos cuenta desde su casa de Guatemala a través de Skype. Siempre pensó que a partir de noviembre cuando cumpliera tres años en España podría comenzar a tramitar sus papeles y visitar con ellos, y un billete de vuelta en el bolsillo, a su familia, a la que no ha visto en ese tiempo.

“Hay muchas cosas que me costaron mucho los primeros dos años y ya había superado. Ahora que todo estaba mejor…”. De su historia ya hemos hablado antes en periodismohumano. Lester estaba llegando a Castellón donde había encontrado un trabajo para el verano cuando lo detuvieron al bajarse del tren, de ahí al CIE y después a Guatemala, con lo puesto. El resto se quedó en España, incluidos sus amigos. “Los extraño mucho, ayer me desperté con la sensación de que estaba allá. Sonó el teléfono y me levanté con la idea de que eran ellos. Esas personas que dejé en España, de las que no me dejaron despedirme en persona, eran parte de mi vida. Ahora trato de no escribir a nadie porque me cuesta mucho, me pregunto qué les voy a decir. Aquí me siento inútil. No te imaginas cómo los extraño”. Con el paso de los días ese vacío se hace más grande. Al llegar, el reencuentro con sus hermanas, sus antiguos amigos y el resto de la familia fue un bálsamo para olvidar los días de encierro pero poco a poco vuelve a ser consciente de que esto no son vacaciones de ida y vuelta.

Tras su regreso a Guatemala, una de las primeras llamadas que recibió fue la de sus compañeros del CIE. “Como sabía que algo iba a pasar, les dije que nos diésemos los números de teléfono y que si pasaba algo lo comunicáramos a nuestros familiares, porque allí la gente no se entera, te deportan y no llaman a nadie. Cuando ya me habían devuelto me llamaron y me preguntaron: ¿en serio Lester que estás en Guatemala? Decían que iban a pedir que les llevaran sus cosas porque si a mí me habían mandado podrían mandarles a ellos pronto también”, cuenta riendo. A ellos, a los que conoció en el CIE, también los llama amigos. Esa piña que hicieron entre todos fue la que le ayudó a superar lo “feo” que fue para él la experiencia. “Es muy denigrante ser tratado como un delincuente. Me dolía la cabeza, no dormía bien, me sentía inútil porque no había nada que hacer más que ver televisión, dormir y comer. Fueron 15 días donde uno se vuelve un parásito. Hablábamos, andábamos, había gente que se ponía a llorar, es muy desagradable estar encerrado. Si te van a deportar que lo hagan rápido pero que no te tengan así”.

Lester durante un ensayo en la academia donde estudiaba interpretación desde hacía dos años

Los CIE son el paso previo a la deportación, los centros donde internan a los inmigrantes durante un periodo máximo de 60 días, antes de expulsarlos. “Hay gente que se pasa 58 días ahí dentro creyendo que lo van a dejar libre y el día 59 lo deportan, eso no es justo. ¿Sabes q son 59 días encerrado?”. Hay varios informes de organizaciones sociales que denuncian la vulneración de derechos que sufren muchos de los inmigrantes que pasan por ellos. A pesar de que Lester dice que él ha tenido suerte, se queja del trato que recibían por parte de algunos policías. “Los había que no tenían sentido común y era muy difícil tratar con ellos. Un día mi amigo se metió en el baño a la hora de comer para lavarse las manos, le preguntaron por qué no estaba en su sitio, le cerraron la puerta y le dejaron encerrado durante el almuerzo sin comer, mientras golpeaban la puerta fuerte. Uno no entiende por qué pasan esas cosas. Había veces que usaban la fuerza por gusto, o gritaban sin sentido porque la gente era muy obediente. O nos dejaban encendidas las luces por la noche. A mí me ha tocado de todo, malos y buenos, que también los hay”.

El día de su deportación Lester estaba nervioso, la noche anterior se habían llevado a un amigo hondureño. A él lo sacaron también durante la madrugada, lo trasladaron al aeropuerto de Valencia y de allí al de Madrid. Estuvo esperando unas horas junto a otros inmigrantes que iban a ser expulsados. Cuando lo subieron al avión con destino Guatemala fue escoltado por cuatro policías. “La gente me miraba como si fuese un terrorista. Los policías decían que por qué tenían que llevarme entre tantos. Ellos mismos bromeaban diciendo que habían pagado 2000 euros para devolverme a mi país”. Una vez en el avión, su pasaporte fue entregado al capitán del vuelo. Ya en su país, recogió el pasaporte de manos de la policía y quedó libre. “Yo cuando pisé Guatemala llevaba 10 euros en la bolsa, ¿qué tal si no vivo en la misma ciudad en la que me van a soltar? Si no hubiese tenido dinero tendría que haberme ido andando del aeropuerto a mi casa”.

Mientras Lester estuvo internado, desde fuera del CIE sus amigos y familiares removieron cielo y tierra pero el laberinto judicial es interminable. En septiembre del año pasado la policía le detuvo por no tener papeles y en enero la Subdelegación del Gobierno emitió la orden de expulsión. Su abogado de oficio presentó un recurso contra esa orden del que todavía no ha habido una respuesta y pidió al juez que se congelara la deportación hasta que hubiese una sentencia firme pero éste no admitió la paralización y el proceso siguió su curso. Cuando la policía detuvo a Lester por segunda vez en junio, al comprobar que tenía la orden de expulsión, lo trasladó al CIE de Zapadores y de allí a Guatemala. Lester ni siquiera sabía que sobre él pesaba esa orden. Como ocurre con muchos inmigrantes, era ajeno al procedimiento judicial que se fue desarrollando mientras él estaba en libertad.

Lester

El día que lo deportaron su cuñado llamó al CIE para ver qué tal estaba, sus compañeros de cuarto le dijeron que se lo habían llevado. Ni la familia, ni la abogada que se enteró a través de los familiares, ni el propio Lester, sabían nada. Para noviembre hay previsto un juicio al que sólo acudirá su abogado, ya que él tiene prohibido entrar en España. Existe la posibilidad de que presentando la documentación que demuestre que ha estado “integrado” durante los tres años que ha pasado en el país, el juez revoque la expulsión y pueda volver, como ya ha ocurrido con otros inmigrantes. Ésa es su esperanza.

A pesar de que sus cosas se quedaron en España, Lester ha traído de vuelta un maletón de recuerdos y buenos momentos, por eso “después de todo no puedo dejar de tenerle cariño”. Prueba de ello es este primer mail que mandó a sus amigos desde Guatemala, la mejor forma de saber qué pasa por su cabeza.

“Estoy tan feliz, mis manos no son lo suficientemente grandes para cargar todo lo que he recibido en estos días (no me lo querían dejar subir al avión), que quisiera que toda la gente que ha estado conmigo, que está y estará pudiera recibir un poco de todo lo que tengo, aunque extrañaré Madrid (por uno o dos meses) pero cuando vuelva (al tercero) será por la puerta grande, con todos los que quiero, me quieren, no tendré miedo pues ya no seré un clandestino, un ilegal. Volver a Guatemala me ha hecho tan dichoso, oler de nuevo a verde fresco, tierra, lluvias, mis hermanas, mis sobrinos, mis otros amigos… y aunque las cosas están muy difíciles por acá, volveria sin dudarlo al sitio donde estuve encerrado sólo por estar aquí, a los que me han escrito o están con el corazón triste por favor no lo estéis (jeje) por que no les miento cuando les digo que yo no puedo estar triste, volverá cuando quiera porque soy mala hierba, mi libertad no me la dan unos papeles (lo siento si ofendo a alguien) y tampoco me la quitan las jaulas, nací como ustedes con alas, como una hoja al viento y estoy volando, así que nada de tristezas ni pena y nada de decir que se avergüenzan de haber nacido en un determinado sitio porque eso nada tiene que ver, gracias por todo su cariño, su compañía y todo lo que me han regalado, es invaluable, los quiero y en todo momento van conmigo en mi corazón”.

Otras noticias sobre Lester:
No queremos que deporten a nuestro amigo Lester (I)
Adiós, Lester (II)

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

4 comentarios

  1. marta

    como puede ser posible que estas cosas pasen en nuestro pais, es una injunsticia que las personas que luchan por una vida mejor y que no le hacen nada a nadie esten pasando por esto.espero que en el juicio se haga un poco de justicia con este chico.Ya que la justicia que merecia no se la han dado.fuerzas

  2. MISTERX

    si no tienes papeles es lo que te puede ocurrir.
    la ley es igual para todos.

  3. si vienes ilegal es de esperar,lo malo es que duraras tanto,¿de que vivias sin papeles?

  4. ves al final te sientes feliz te hicieron un fabor expulsandote,donde vas estar mejor que n tu tierra con los tuyos y ahora con la crisis te van mirar con mala cara la cosa esta calentita ,tanta imigracion ilegal trae competencia desleal,competir por los trabajos ect,esto se esta poniendo omo en crecia o peor,asin que levanta tu pais y lucha por el,que este ya lo han jodido bastante

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