Migración
Fátima ya está al otro lado
Fátima, marroquí, estaba amenazada por su familia por tener un hijo con un hindú
En agosto el Gobierno permitió a la pareja dejar Melilla con documento "extraordinario"
Ahora viven en un piso de acogida de la península pero siguen sin papeles

Fátima y Harmeet en el puerto de Melilla, antes de embarcar en el ferry que les llevó junto a su hijo a la península. (José Palazón)
Fátima ha dejado de huir. También ha dejado de cubrir su rostro como hacía antes, no por cultura, sino por miedo. Esta joven marroquí, cuya historia hemos seguido en periodismohumano, lleva casi dos años escondiéndose de su familia desde que comenzó su relación con Harmeet, un hindú con el que ha tenido un hijo y al que no aceptan por no ser musulmán. Cuando se quedó embarazada había cumplido casi tres años viviendo en Melilla. Al enterarse su familia, su hermano viajó a la ciudad autónoma para amenazarla. No podía volver a Marruecos, por eso pidió el asilo en España pero no se lo concedieron. La Asociación Pro Derechos de la Infancia (Prodein) organizó una campaña de información y envío de mails al Gobierno exigiéndole que diera marcha atrás. Poco después, la joven presentó una segunda solicitud de asilo que a pesar de ser admitida a trámite volvió a ser rechazada.
Durante todo ese proceso la pareja ha vivido en el Centro de Estancia Temporal de Extranjeros de Melilla con la incertidumbre sobre su futuro. En Marruecos ser madre soltera es un delito que puede ser castigado con la cárcel en los casos más extremos en los que las mujeres son denunciadas por sus familias, Fátima, repudiada por los suyos, no quería volver y menos abandonar a su pareja, que no podría entrar en Marruecos por no tener papeles. Él con una orden de expulsión desde su entrada en Melilla sabía que podría ser deportado en cualquier momento a India. Imposible sin ella y sin su hijo Vikram.
En Agosto les llegó la noticia, el Gobierno firmó el “laissez passer”, un documento que les ha permitido cruzar el Estrecho. “Nos dijeron que podríamos salir pero sin papeles. Dijimos que sí, claro. Mejor eso que seguir en Melilla”, asegura Harmeet. Se trata de una medida extraordinaria, no regulada oficialmente, que emplea la Delegación del Gobierno cuando quiere sacar a familias completas del CETI, como ha hecho con ellos y con otras dos familias. Ahora han logrado parte de su sueño, han salido juntos de la ciudad autónoma (que la mayoría de inmigrantes sólo puede abandonar cuando van a ser deportados) y están viviendo juntos en un piso de la península. Pero legalmente siguen en la misma situación irregular que en Melilla. Fátima está recurriendo su denegación de asilo, y la orden de expulsión de Harmeet continúa vigente.
“Están en un limbo jurídico sin ninguna garantía de que vayan a poder estar en la península en unas condiciones óptimas. Es difícil que los expulsen por sus circunstancias, son una familia cada uno de una nacionalidad, pero la realidad es que están igual que antes. Les dan la posibilidad de irse pero sin perspectivas de futuro”, nos cuenta Mercedes Rubio, quien ha sido hasta ahora su abogada de CEAR en Melilla.
A pesar de todo, parece que el chute de optimismo ha sido demasiado intenso para Fátima, que no es capaz de imaginar lo peor. “¡Es tanta felicidad. Pensé que el camino había terminado en Melilla!” dice a través del teléfono. Al fondo se escuchan los gritos de Vikram, que tiene ocho meses. “Está contento, como nosotros”, justifica Fátima con una carcajada. Ya se ha empadronado, tiene el libro de familia y la tarjeta sanitaria. El piso de acogida de la ONG lo comparten con otros inmigrantes. “Aquí estamos los tres juntos, ahora somos una familia. En el CETI dormíamos separados, ella con las mujeres y yo con los hombres, nunca teníamos nada de intimidad, había ocho personas en la habitación. Ahora dormimos juntos, en el mismo cuarto, me gusta poder dormir con ellos”, afirma Harmeet.”Lo único malo es el frío”, ¡pero si es verano!, “ya, pero yo vengo de Melilla, que es casi África, allí hace calor, aquí no sale tanto el sol”, dice sonriendo el hindú. Están en el norte.
En el piso podrán estar un año, en el que ambos intentarán conseguir el permiso de residencia. El camino no es fácil, para conseguirlo Harmeet tendrá que demostrar que lleva tres años en España, que le revoquen la orden de expulsión y lo más complicado, encontrar un trabajo con un contrato de un año de duración. Trabajo, papeles y “una vida tranquila” esas son sus aspiraciones. A pesar de todo, Fátima suma una más, “que algún día mi madre pueda conocer a Vikram, la echo de menos”. Confía en que las cosas siempre mejoran con un poco de tiempo. “Lo hemos pasado tan mal que ahora sólo puede ir mejor”.
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estas cosas q siguen sucediendo en el mundo no encuentro la explicaciòn, la globalizaciòn acaso no es el producto q los paises hagan sus negocios, las personas cambien sus sitios de vivienda, y aun no existiera la globalizacion, el mundo debe ser libre, las personas somos libres de amar, de saber q queremos, como es este mundo tan incomprensible, donde los niños nacen de inmigrantes, y luego quieren q se les deporte al pais de donde llegaron sus padres, no es hora q reveamos cosas q se han escrito hace cientos o miles de años, el mundo es libre, cuando uno viaja y llega a 1 pais, siente q la gente no tiene nada q ver c esas leyes retrogadas q los gobiernos siguen adelante, q las organizaciones q existen luchan por los cambios, pero cuanto mas deberàn padecer aquellos q no cumplen c esos preceptos pauperrimos, ……. el mundo debe cambiar parejo, si dejaron de existir las fronteras, puès bien, tambièn las fronteras q separaban a las personas, basta de castigos como si fueramos cavernicolas, donde la razon era un machete !!!
yo les recomiendo que pidan asilo a Venezuela ahí serán totalmente aceptados y les darán trabajo, se los prometo, en España siempre vivirán con miedo de que los deporten