Migración

El tiempo no pasa en los asentamientos de Huelva

700 inmigrantes continúan viviendo en los asentamientos de chabolas de la provincia de Huelva

Esta situación se repite desde hace años porque los empresarios no contratan a inmigrantes sin papeles

Las organizaciones critican los contratos en origen y piden soluciones

Asentamiento en los pinares de Huelva (Cáritas)

A Issa Sonkone lo conocimos el año pasado en un asentamiento de Huelva, buscaba trabajo en la recogida de la fresa. Un año después sigue en ese mismo asentamiento, sigue buscando trabajo. Issa es de Mali. Desde que llegó a España hace dos años y medio no ha trabajado más de 20 días. “Este año sólo tres días”, nos cuenta. Si no hay papeles es casi imposible que le contraten, los empresarios no suelen arriesgarse por las multas que pueden caerles si los descubren. Este joven de 25 años es uno de los 700 inmigrantes que quedan después del final de la campaña de recogida de la fresa en las chabolas escondidas entre los pinares de Huelva o junto a los polígonos industriales, según las organizaciones que les atienden.

Llegó aquí después de pasar por Lérida, Valencia, Almería y Jaén. Cuando terminó la anterior campaña en Huelva decidió que no merecía la pena seguir intentándolo. Ha pasado el invierno entre los retales de plásticos de los invernaderos, sin agua, ni electricidad, recibiendo ayuda de Cáritas y otras organizaciones que les llevan comida.

Dos inmigrantes juegan al ajedrez en una chabola construida con plásticos en un asentamiento de Huelva (Cáritas)

“Este año ha sido peor porque nos han cortado el agua”, cuenta. Antes un vecino les dejaba enganchar una manguera al sistema de riego de su invernadero y de ahí se surtían para beber y cocinar. “Ahora tenemos que andar mucho”. Los que conviven juntos se turnan para ir a por agua, recorren varios kilómetros con la garrafa vacía y otros tantos de vuelta cuando las llenan en las fuentes más cercanas. La guardia civil ha ido varias veces a tirar unas cuantas chabolas, pero al margen de eso, “todo sigue igual”.

Precisamente porque sigue igual, Issa no quiere quedarse en Huelva. Se ha comprado un billete para viajar a Lérida. “Empieza la campaña de la pera y tengo que intentarlo”, nos dice en un español que ha mejorado notablemente en los últimos meses. Recuerda que él es soldador y que ese es el trabajo que le gustaría encontrar, “pero los que no tenemos papeles no podemos elegir”. Se va en autobús junto a cuatro amigos que viven en el asentamiento. Saber que en Lérida puede verse igual que ahora no le echa para atrás, más de un año en los pinares es demasiado tiempo.

Dos inmigranten salen a por agua cargados de garrafas vacías (Cáritas)

“Aquí hay gente que lleva dos o tres años”, asegura Issa. Y allí se quedan, sin dinero, ni esperanza de conseguirlo. La situación no es nueva, se repite desde hace años, muchos inmigrantes se quedan de forma permanente en las chabolas a sabiendas de que, aunque viajen a otras campañas agrícolas, el mercado está cerrrado para ellos. Las propias empresas se han ocupado de difundir en la prensa que no vaya nadie a esas zonas porque los puestos ya están cubiertos.

Organizaciones como Cáritas o la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía siguen denunciando, como ya lo han hecho otras veces, que la ayuda que les reparten no es suficiente y hacen falta medidas a largo plazo. Culpan al sector agrícola de que este año hayan venido más inmigrantes de los que ya estaban porque ellos lo pidieron para la recolección de la fresa. “Decían que iban a tener dificultades para cubrir toda la necesidad de mano de obra que la recolección de la fresa acarrearía… Muchos parados decidieron probar suerte. Es el caso de muchos de los que ahora vemos en los asentamientos que se han encontrado que, en realidad, no había tanto trabajo y que, en el mejor de los casos, sólo han trabajado unos días”, dicen las organizaciones. Ahora, no tienen opción, “pero saliendo de aquí, hacia otras provincias o hacia otros países, en los que la situación es incluso peor que la de aquí, tampoco la tienen“.

Interfresa, que agrupa a los empresarios de la fresa, ha pedido a la Fiscalía Provincial de Huelva que tome cartas en el asunto para acabar con las chabolas porque perjudican la imagen de la provincia. Los empresarios se quejan de que esta situación está provocando ataques de la prensa extranjera al sector, y de “la identificación del sector y de los empresarios agrarios como los culpables de este drama”. Las organizaciones les acusan de tener una doble moral,”cuando la campaña finaliza es cuando denuncia estos asentamientos ilegales, intentando lavar la imagen de la provincia y del sector fresero ante la opinión pública”.

Además, critican que sigan recurriendo a los contratos en origen, los de extranjeros que son traídos a España sólo durante el periodo que dure la campaña, mientras hay mano de obra nacional e inmigrantes con papeles. “Lo que esto implica son mayores dificultades para la integración social de los inmigrantes al no encontrar trabajo y no poder alquilar viviendas dignas”, critican las organizaciones. “Recurriendo a los contingentes en origen también se cierra la posibilidad de regularizar su situación a trabajadores en situación irregular a los que se les puede ofrecer un contrato de trabajo que facilite normalizar su situación legal y social”.

Las organizaciones piden

  • Una mayor implicación de las administraciones competentes para buscar una solución real a este problema.
  • La creación de una mesa en la que se sienten la administración, los sindicatos, la patronal, las organizaciones sociales y los propios afectados.
  • La puesta en marcha de una red de recursos en todas las zonas agrícolas que permitan a los trabajadores temporeros no verse obligados a vivir en asentamientos que no disponen de ningún tipo de servicios.
  • Que estos servicios se vean ampliados con aquellos otros que complementen las necesidades de atención social, de salud, educación de las personas que se desplazan a la provincia a trabajar (desde duchas hasta ampliación en la dotación sanitaria).

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