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Migración

El peregrinaje de unas madres para encontrar a sus hijos

Una caravana de mujeres hondureñas recorre México en búsqueda de más de 800 compatriotas desaparecidos en su camino hacia EEUU

En este viaje han encontrado tres personas, y ya van 20 en los 6 años de recorrido

Emeteria Martínez llevaba 20 años sin ver a su hija, y viajó a México con la única foto que tenía de ella a ver si la encontraba. M.S.

Veinte años esperando noticias de su hija. Sin verla, sin escucharla, sin abrazarla, sin saber nada de ella, pero eso sí, sin perder la fe en que estuviese viva. Emeteria Martinez se ha pasado los últimos 20 años hablándole a la única foto que le queda de su hija Ada Marlen Ortiz, esperando que algún día ella la escuchase. Ada Marlen salió de Honduras al cumplir los 18 años en dirección a los Estados Unidos. Con su familia dejaba dos hijos fruto de una relación fracasada y una violación. Qué pasó en el camino, nadie más que ella lo sabe. De momento no quiere contarlo, pero se quedó en México, en algún lugar cerca de la capital.

El sábado pasado fue a darle su ansiado abrazo a su madre. Emeteria ha viajado junto a otras 12 mujeres hondureñas del Comité Familiares de migrantes de Honduras (RED-COMIFAH), que intenta localizar a más de 800 paisanos desaparecidos al cruzar México en su tránsito hacia los Estados Unidos. Según esta caravana de mujeres, cada hora salen siete hondureños en dirección al norte. De ellos, sólo el 7% logran regularizar su situación en EEUU. Otro 10% consiguen acomodarse sin papeles. Y el resto o son deportados o se quedan en el camino.

Y eso sólo los hondureños, pero en total son centenares los migrantes centro y suramericanos que cada día entran en México con dirección al norte, como estamos contando en el especial El Camino. Para ellos todo el país se ha convertido en una enorme frontera que sortear, pues aquí ya son indocumentados y se encuentran en una situación de vulnerabilidad e invisibilización extrema. No sólo huyen de la policía sino que se ven expuestos a continuos accidentes, extorsiones, asaltos, secuestros y violaciones. Según un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México, sólo entre septiembre de 2008 a febrero de 2009, fueron secuestrados 9.758 migrantes, es decir, cerca de 1.600 por mes. En el mismo albergue Casa del Migrante San Juan Diego, que sirvió de marco para que Emeteria se rencontrase con su hija Ada Marlen, los relatos de secuestro son comunes. El hondureño Olvin Roberto Mejías, quién viaja por tercera vez hacia Estados Unidos, explicaba como, apenas la semana pasada, logró escaparse de un grupo armado que secuestró a unos 20 compañeros que viajaban con él en el tren carguero que acostumbran a usar como medio de transporte para evitar los retenes migratorios.

Una vez secuestrados, extorsionan a sus familias, o los obligan a integrarse al crimen organizado o incluso pueden caer en redes de trata de personas. Podría ser el caso de Lenis Alcides Mejía Navarro, un hondureño de 33 años que abandonó Honduras en el 1996. “Él se fue porque quería ayudarnos, a mi y a sus tres hermanos, desde que murió su papá decía que se iba a ir a Estados Unidos para mandarnos dinero y echarme la mano”, cuenta con un nudo en la garganta su madre Olga Lidia Navarro. Supo de él los primeros dos años, cuando una mujer le llamaba por teléfono desde Tijuana y se lo comunicaba siempre a altas horas de la madrugada y en medio de mucho ruido. Después dejó de hacerlo. Al igual que Emeteria, Olga mantiene la esperanza de encontrarlo.

“Yo tengo la confianza de que está vivo, pero se me hace que él no está bien ahí donde está. Yo deseo verlo sobre todas las cosas, saber algo de él. No espero que vuelva ni que me mande regalos o dinero, escucharlo y que me diga que está bien”, explica Navarro. Tiene una dirección donde podría estar su hijo según le facilitó un conocido hace nueve años. Pero no sabe si podrá llegar hasta Tijuana porque la caravana acaba el jueves después que hoy sean recibidas en el Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo que se está celebrando estos días en Puerto Vallarta, Jalisco, auspiciado por la ONU.

Olga Lidia Navarro mantiene la esperanza de hallar a su hijo Lenis, del que no sabe nada de él desde hace 12 años. M.S.

Y continúa: “No venimos a arrancar a los muchachas y muchachas de donde estén y llevárnoslos, solo queremos saber donde están, tener noticias. Mi hijo podría tener familia ahorita, no esperaría que se regresase, ni que dejase sus hijos y su mujer llorando”.

De hecho, uno de los hijos de un desaparecido fue la clave para que se diese el primer hallazgo de este viaje. La caravana va extendiendo las fotos de sus familiares y del resto de desaparecidos allá donde va. En la plaza de Tapachula, en la frontera sur, un niño se acercó y reconoció a su papá. Con este hallazgo y el de Ada Marlen, son 20 las personas que han encontrado en seis años. En este viaje localizaron a tres pero esta caravana se hace anualmente desde el 2005, poco después que empezaran a ocurrir los secuestros y los asesinatos de migrantes con más frecuencia.

Una de las madres junto a un pequeño altar en la Casa del Migrante en recuerdo de un hondureño que murió atropellado por el tren cuando pretendía montarse para seguir cruzando México. M.S.

Además de buscar a sus familiares, su propósito es visibilizar las miles de víctimas que se vuelven invisibles en su calidad de migrantes. Así, en cada peregrinación han expuesto su principal reivindicación a las autoridades: que se mejoren las políticas migratorias para facilitar el camino hacia el norte. “Falta voluntad política para frenar la vulnerabilidad y la impunidad. Cuantas más barreras se ponen más creativos se vuelven los migrantes, pero siempre van a pasar y cada vez con más peligros, pues el crimen organizado también se extiende. Por eso hay que buscar alternativas, que los migrantes puedan tener algún tipo de regularización, una visa de tránsito, por ejemplo. Eso disminuiria mucho los riesgos. No tendrían que ir por senderos desolados o agarrar el tren, por ejemplo. No saben que tan duro es ver regresar a jóvenes mutilados o ya cadáveres…”, narra Lidia Mara Souza, una misionera escalabriniana que viaja junto a las madres y que trabaja con los migrantes deportados.

Según la religiosa, los policías federales de México y agentes de migración “son los peores enemigos”. Lo que secunda Marta Sánchez, directora del movimiento Migrante Mesoamericano: “Achacan las muertes al crimen organizado, pero los testimonios de migrantes maltratados acusan a la PGR, Policía Migratoria, delincuentes comunes y Policía Municipal”, tal y como dijo en rueda de prensa. También se lo han expuesto a las autoridades mexicanas que las han recibido, como el Director Nacional de Migración, el Congreso y una comisión del Senado.

“Quisiéramos que tratasen a nuestros hijos como nos han recibido a nosotras”, subraya Olga Navarro. Y a la vez, se lo demandan sus autoridades, pero aseguran que allí no se les escucha ni apoya en nada. “Queremos que nuestros gobiernos tengan una posición clara por los derechos humanos de los migrantes pero no les importa, sólo quieren que vuelvan transformados en remesas y televisiones gigantes”, agrega una mexicana solidaria con la caravana de hondureñas.  Cabe recordar que pese al trato que reciben los migrantes en tránsito por México, el país azteca es el que más población expulsa del mundo, con once millones 900 mil personas viviendo fuera, según el Banco Mundial.

Y es que según el experto en migración Camilo Pérez Bustillo, lo que les pasa a los sureños en México “pertenece a un patrón mundial de criminalización que ve a las personas sin papeles como personas sin derechos y desechables. Se entra en un marco de limpieza social donde los migrantes empiezan a ser perseguidos, asesinados, violados,… sistemáticamente como ya lo han sido las trabajadoras sexuales o los drogadictos”.

Efectivamente la situación que viven los migrantes en todo el mundo es dramática, pero en este país la criminalización se suma a un estado de instituciones débiles y una larga tradición de corrupción e impunidad. Con este panorama, las probabilidades de que las personas migrantes sufran alguna agresión son altísimas y el sufrimiento de sus familias también. “Cuando un hijo emprende el camino es como una puñalada que te va penetrando y sangrando y esa sangre te muele todo el tiempo tu conciencia”, confiesa Rosa Nelly Santos, cuyo hijo vive en Miami, pero tiene una sobrina con la que perdieron cualquier contacto en medio de su camino por México.

Ada Marlen le dió finalmente a su madre Emeteria el abrazo postergado por 20 años. M.S.

“Al cruzar la frontera, al pisar las vías, al ver pasar el tren, al estar aquí con estos chavales que andan en lo mismo, que te cuentan de los secuestros, de las mujeres violadas, piensas esto es lo que vivió mi hijo y lo ves reflejado en cada uno de ellos”, relata Rosa Nelly. Con esta sensación, que aseguran hermosa y triste a la vez, prosiguen su marcha. Mientras no regresen a Honduras seguirán portando las fotografías de sus familiares en las manos y siempre mantendrán la esperanza de encontrar a quién buscan, como Emeteria.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

2 comentarios

  1. LAS MADRES CORAJES. ¡¡Que desgarrador articulo del sufrimiento de las madres en busca de sus hijos!!

    Mexico, -sus politicios, sus medios de comunicación, sus hombres adinerados, sus lideres sociales,…-, tiene un deber humanitario de auxiliarlas en su busqueda, de impedir que los inmigrantes sean victimas de corruptos policias, de criminales sin escrupulos.

    Mexico tendrá muchos problemas (desigualdad social, corrupción incontrolada, criminalidad generalizada,…) pero si deja en desamparo a los pobres inmigrantes, si permite que se ceben en ellos la gente sin escrupulos, perderá la poca dignidad que le quede, y ese será el mayor de sus males.

  2. [...] Para leer la nota completa hacé click aquí. [...]

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