Migración
Diario de una deportación infantil
Charice, viuda con dos hijos pequeños, aguarda a que el Ministerio de Interior decida: o se quedan en Israel o los devuelven a Filipinas
Hasta 400 niños van a ser deportados, pese a nacer en suelo israelí, por ser hijos de inmigrantes sin papeles
400 niños israelíes van a ser deportados a los países de origen de sus padres (Etiopía, Sudán, Nigeria, Filipinas, China…). Su delito: ser hijos de inmigrantes sin papeles. “Ilegales” hijos de “ilegales” padres. Todos tendrán que irse, familias enteras. La decisión la tomó el Gobierno de Tel Aviv por 13 votos contra 10 el pasado agosto, pero las expulsiones aún no se están realizando. Están a punto, eso sí. Todo es cuestión de semanas, explica el Ministerio del Interior, del que procede la orden. Tan sólo se están terminando de estudiar las alegaciones presentadas por las 400 familias, una cifra “indulgente”, como la calificó el ministro Eli Yishai (Shas, ultraortodoxo), ya que su intención inicial era la de expulsar a todos los pequeños descendientes de inmigrantes indocumentados, hasta 1.200. La decisión no tiene vuelta atrás. De hecho, ante la presión social –y hasta de su propia esposa-, el primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró que, en realidad, el país necesitaba medidas “aún más dramáticas”. Todo un espaldarazo al Shas, tercer socio en importancia en el gabinete.
Si los niños quieren quedarse en Israel tendrán que cumplir cinco condiciones: estar escolarizados en el primer grado o en uno superior; haber vivido durante cinco o más años consecutivos en Israel y, si no nacieron aquí, haber llegado al país antes de los 13 años; el menor además debe hablar hebreo y sus padres tuvieron entrar con un visado legal. Unicef ha denunciado que Israel ataca el bienestar de niños con su plan porque, como marca la Declaración Universal de sus derechos, los menores deben disponer de estabilidad en su domicilio, garantías en sanidad y educación, hay que preservar sus lazos sociales… Y todo ello se perdería con la deportación. Hasta el colectivo más reverenciado en el país, el de los supervivientes del Holocausto, ha reclamado que los niños se queden, porque una expulsión “se parecería demasiado a errores del pasado que ya sufrimos en nuestras carnes“. Palabra de Elie Wiesel, víctima de la persecución nazi, presidente de una fundación que defiende los derechos humanos.
El ministro Yishai lleva años asegurando que los extranjeros traen enfermedades a Israel, pero ahora teme que además socaven su alma judía, pese a que muchos de ellos profesan su misma fe y han llegado al país a través de la aliyá, el retorno legalizado de judíos a Israel. Otros trabajadores vinieron a cubrir los empleos que los propios israelíes denostaban (según desvela el estudio del profesor del departamento de Política Pública de la Universidad de Tel Aviv Yoram Ida), traídos por empresarios que incluso, bajo cuerda, pagaban al Gobierno para que mirase hacia otro lado. Ahí está como ejemplo la condena a cuatro años del político del Shas Shlomo Benizi, quien recibió dinero para facilitar los trámites. En total, son 200.000 los inmigrantes que trabajan en un estado con siete millones de habitantes.
Esta situación de incertidumbre y miedo está aniquilando a las familias que esperan respuestas.Su rutina se ha alterado por el temor a la expulsión, por la cercanía de un golpe que acabe con su empleo o las clases de sus hijos. La familia de Charice es un ejemplo de esa angustia. Viuda, 34 años, con dos hijos: Offer (cuatro años) y David (uno y medio). De origen filipino, llegó a Israel hace siete años acompañada de su marido, José, fallecido en accidente de tráfico en abril. Ambos comenzaron a trabajar en una empresa de servicios en el núcleo Diamond, uno de los grandes polígonos empresariales de Tel Aviv. La muerte del marido destapó la irregularidad de su estancia, pese a que la familia está empadronada, los chicos van al colegio y pagan sus impuestos. La asociación Israeli Children está asesorando a Charice para que pueda quedarse, pero de momento aguarda la respuesta del Gobierno a sus alegaciones. Los días en la familia Ll. pasan lentos, densos, tensos. La guillotina de la expulsión ha trocado su vida. Así lo cuenta, día a día.
Día 1: Sábado, día libre. La familia de Charice sale de paseo, a la playa. Pero no en Tel Aviv. Como muchas familias de su entorno, filipinas y etíopes en su mayoría, temen que se les siga la pista en su ciudad, que una patrulla les exija la documentación y les detenga. “Sé que mientras estén estudiando mi reclamación no deben hacernos nada, pero no me fio”, sentencia Charice. Por eso coge el coche y se marcha a Holon, unos pocos kilómetros al sur, que tiene fama de ser la ciudad más liberal de Israel. A tomar el sol, a jugar al voleibol, a tomar zumos. Vuelven antes de caer el sol, para ir a la sinagoga del barrio (humilde, hiperpoblado, gris). Confían en que su “completo cumplimiento” de los preceptos judíos les ayuden a su “normalización” a los ojos del Estado. Charice es conversa, el judío era su esposo, y en Interior ahora no les dejan entrar en el programa de aliyá porque sostienen que sus hijos no son “plenamente judíos”: la religión, sostienen los rabinos, se transmite por vía materna, y Charice no es más que una gentil reconvertida, una católica aún. No sirve para aceptarla como retornada a la tierra prometida. Una alegría en la cena: acude a casa Cristeta, una amiga de la infancia reencontrada en Israel, cuidadora de ancianos, con papeles. No hay noticias del Gobierno.
Hemos intentado hacer la aliyá, el retorno judío, pero sostienen que mis hijos no lo son, que yo sólo soy católica conversa y el judío era mi esposo. Ellos no son “plenamente judíos” según el Ministerio del Interior
Día 2: Toca trabajar. Offer irá al colegio con el hijo de otra vecina, malí, a la que Charice le deja el pequeño antes de salir para su empresa. Al chico, David, lo lleva a la guardería de una ONG. Paga 10 euros al mes por la plaza. Lo que le espera en el Intercambiador Diamond es una jornada de 11 horas como cocinera para el comedor de una gran firma de ingeniería. “El ambiente es bueno, me llevo bien con mis compañeros”, susurra esta mujer de voz quebrada, finísima. Su hijo mayor tendrá que comer también con la vecina, a la que asigna un dinero cada mes. Imposible cruzar la ciudad para estar con él. Al menor lo recoge a la vuelta, a las seis. No se queja: “Ahora estoy mal porque al faltar mi esposo estoy sola para todo, pero antes tampoco tenía tiempo de nada; daba clases de hebreo, lo hablaba mal, y mis ratos libres intentaba ir a la sinagoga. Lo que sea por quedarme”, añade. Hoy ha habido carta de los abuelos desde Oroquieta. Cena en familia, y a dormir. Sin noticias del Gobierno.
Día 3: Se enciende la alarma de camino a la guardería. Una pareja de policías vigila el acceso al centro. Sólo fue un susto. Ha habido un incendio en el bloque cercano. Las pulsaciones a mil, las miradas de reojo entre los padres, aterrados como Charice. El resto de la jornada, sin alteraciones. Llamada a la vecina. Todo bien. Llamada al jardín de infancia. David come poco, pero sin más problemas. Hoy Charice se ha encargado de los postres del menú. A la vuelta al barrio, los rumores se acrecientan. Un grupo de compatriotas informa de que ha habido personal de Interior yendo puerta a puerta haciendo preguntas de todo tipo y pidiendo papeles. Han patrullado por las calles, observando. No es la primera vez. Nadie sabe si se han llevado a alguien. Espera una noche de insomnio. Sin noticias del Gobierno.
Día 4: Ojeras, temblor de manos, irritabilidad. Las consecuencias de una mala noche. Los nervios por los rumores han dejado sin dormir a Charice. Eso y el llanto del pequeño David. Llama al trabajo: llegará tarde. Quiere ser ella quien lleve a Offer al colegio. Quiere darle seguridad. Desde que comenzaron con las alegaciones el chico ha vuelto a orinarse en la cama. No es su única muestra de desorden: se esconde debajo de la cama porque no quiere ir al colegio, no quiere salir a jugar. Llora pidiendo a su padre que vuelva. “Cuando chilla esí yo me derrumbo, no seré capaz de aguantar”, reconoce la madre. Por eso lo protege, aunque le cueste una mentira en la empresa. “Hoy lo necesita, y yo nunca fallo en el trabajo”. Luego sigue la rutina. Ya en casa llama a Karem, director del colegio de Offer, israelí, cómplice en su pelea. “Quiero que, si me detienen, él se quede con mis hijos”. A la cama. Y sin noticias del Gobierno.
Día 5: Le duele mentir, pero Charice avisa en el trabajo diciendo que está enferma. Lo ha decidido tras estar vestida y con las llaves en la mano. Ha sido tras recibir la llamada de una amiga que le cuenta que la Policía está visitando empresas y preguntando por los inmigrantes. Ayer lo hicieron en la suya, una fábrica de muebles de Ramat Gam. Charice decide encerrarse en casa, un tercero sin ascensor de 40 metros cuadrados. Sus hijos no irán al colegio. No saldrán a la calle. Habla con sus compatriotas. Muchos han tomado la misma decisión. El miedo cunde. Llama al colegio. El director le dice que sólo un niño, Lior, hijo de israelíes, ha ido a la clase de su hijo. Uno de 27. Aprovecha para dejar dormir a los chiquillos. Aprovecha para repasar papeles, para llamar a su abogado, que acude al piso. Akiva, joven, dinámico, campechano, trata de calmarla. “Lleva muchos años en el país, sus hijos están muy integrados, uno habla hebreo y el otro comienza a hacerlo, es viuda y por eso además merece una especial atención”. “Ahora la pelea es que su empresa haga una carta en la que asuma que la contrató ilegalmente por necesidad de mano de obra y que la alabe como buena empleada. Con eso debería bastar. En eso confiamos”, le dice tomándole la mano. Pese a ello, se niega a salir. Tiene de todo. No hace falta. El día acaba sin noticias del Gobierno.
Día 6: La familia Ll. retoma su día normal, “todo lo normal que puede ser”. La estancia en casa los ha calmado, la rutina une. Los niños y la madre han descansado. “Tengo que pelear por ellos”, se dice Charice. Reconoce que el miedo la ha cambiado. Lo que más la aterra en este momento no es siquiera que los echen, y eso que en Filipinas poco van a encontrar. Lo que le pesa es el desconocimiento: “¿Nos echarán a todos? ¿Sólo a los niños? ¿Sólo a mí? ¿Qué pasará con ellos entonces? ¿Y si me meten en la cárcel? ¿Ellos vendrían conmigo a prisión?”. A la noche se reúne con varias familias más que están programando un plan: quieren esconderse en un kibbutz para que no den con ellos. Otros extranjeros ya lo han hecho. Charice no lo ve. No quiere abandonar su empresa, no quiere cambiar de colegio a sus hijos, no quiere huir. “Aquí esperaremos lo que tenga que pasar”. En su mismo bloque, tres familias siguen encerradas y no salen ni para comprar el pan. Otra noche cae sin noticias del Gobierno.
Día 7: No hay trabajo ni cole. Los madrugones se cambian por un desayuno familiar y talleres. A las 11 los recogen los voluntarios de Israeli Children. Van a unas cocheras de Jaffa a preparar las pancartas para la manifestación de la tarde. David se conforma con mancharse las manos de pintura. Offer ensaya canciones en un hebreo rudo. Mientras, su madre conversa con el abogado. Parece que todas las reclamaciones siguen con retraso. Se prueban camisetas con el eslogan “United against the deportation” (Unidos contra la deportación”). Montan en un autobús camino de la calle Dizengoff, en pleno centro, cargados de pancartas en varios idiomas. Empiezan dos horas de caminata, juegos infantiles y discursos de protesta. Más de 5.000 personas, todo un éxito. Los paseantes aplauden a los chavales que encabezan la pancarta, unos sonrientes, otros asustados. Acaba la música y vuelve la realidad. A casa. Arza, una voluntaria, lleva a la familia en su coche, sube al piso, revisa que todo está correcto. Parece casi su guardaespaldas. Y han decidido que lo sea por unos días, hasta que los rumores pasen, o hasta que haya novedades. Todo el tiempo que pueda ser. Al menos, dará compañía y juegos. La semana acaba sin noticias del Gobierno. Hasta hoy.











[...] Diario de una deportación infantil periodismohumano.com/migracion/diario-de-una-deportacion-… por personare hace 2 segundos [...]
Increíble artículo… Felicidades
Se vive la angustia de estos seres.
Se rememora la expulsion de los judios.
Y se queda uno “en blanco”.
No tiene ningun sentido. Es una medida tan cruel como la que sus ascendientes tuvieron que padecer.
Y, sin embargo, vuelve continuamente a repetirse en la historia.
israel ya no respeta ni a los niños. Queda muy claro el comentario del superviviente. Están cayendo en los errores que con ellos cometieron.
Expulsión racial… están intentando permanecer aislados, el discurso es el mismo que llevó al estado alemán a proclamar la superioridad de la raza aria y de sus derechos por encima de otros. Vergonzoso
Eso se llama racismo. Que preparen esa norma teniendo a políticos condenados por recibir dinero negro de empresarios para traer a extranjeros es una cara dura muy grande.
Sres- Sras- Srtas: Es dificil relacionarse a un articulo de este estilo, en el cual, desde el titulo, hay un claro intento de “ensuciar”.
Seria mas cierto, por ejemplo, escribir que dada la cantidad de trabajadores ilegales que llegan a Israel, hay necesidad de parar esa ola.
Por lo tanto, hay que devolver a esos “ilegales” a sus Paises de Origen.
Parte de ellos, con el tiempo, forman parejas, y dan a luz criaturas.
Esas criaturas reciben desde el nacimiento en el hospital, todos los servicios como cualquier otro infante.
Pero sus padres estan en el Pais ilegalmente, y por lo tanto, en caso de ser descubiertos, ellos y sus hijos deben abandonar el Pais.
Existen aproximadamente 1200 ninios en esas condiciones.
Dada la presion ejercida por distintos organismos, el Ministerio del Interior Israeli ha permitido que 800 de ellos (es decir, los ninios y sus padres) se queden en Israel.
Otros 400 ninios (y sus padres) supuestamente deberan abandonar.
Los que son remitidos a sus Paises de origen son los Padres (y con ellos sus hijos) y no al reves…
La intencion del articulo (su titulo y su contenido) es por supuesto demostrar hasta que punto los Israelies somos “faltos de corazon”.
Una de las posibilidades que hay que tener en cuenta al relacionarse a un articulo de esta naturaleza, es la posibilidad que parte de estos trabajadores ilegales, al entender que el tema “ninios” es tan delicado, y propenso a una manipulacion periodistica del estilo de este articulo, “hagan” los ninios para evitar ser devueltos a sus Paises de origen.
Atte. Shimshon Zamir. Israel.
queridisimo sr..ilegales los hay en todos los paises del mundo..que nos va a contar a los españoles.y a uds mismos que son el pais emigrante del mundo por autonosmasia…Israel caminara errante por la faz del mundo….recuerda? de todas formas cuando maria y jose llegaron a belen maria estaba embarazada me parece que hubo un alma caritativa de todas maneras nadie mejor que ud conoce el final de la historia.verdad?
Bien, señor Zamir, entonces habrá que decir que la política migratoria de Israel es tan nefasta que tiene agujeros por los que se les cuela la gente y encima, cuando los detectan porque crecen y hay que darles servicios, resulta que los quiere echar. ¡Bonita gestión, sí señor! Y encima, con políticos llevándose el dinero. ¡Por favor! Estos niños ya están en el país y deben tener su asistencia garantizada. No se les puede echar. Está muy bien que Israel les dé asistencia en estos años, faltaría más, es que son puros ciudadanos del país. ¿POr qué echarlos ahora? ¿No es más razonable, si de verdad es inasumible más gente, cerrar fronteras y ya? No, mire, han llevado gente a sabiendas y porque les convenía y ahora, cuando llega la crisis y se les llena el país de argentinos con el corralito, de franceses con la crisis financiera actual… cuando se complica lograr un empleo hasta para el israelí que antes no quería el campo (ustedes son más de espada y de libro que de arado) o la atención a ancianos, entonces se echan las manos a la cabeza y no quieren a los inmigrantes que, como en todo país desarrollado, está limpiando sus miserias y aceptando lo que ustedes no aceptan. Son niños, señor, ellos no deben pagar una mala política migratoria ni la ilegalidad de unos padres que buscaban un trozo de pan. No. Haber controlado la entrada, insisto, y no habría más niños ni más familias, si lo que quieren es mantenerse puramente impolutos, sin más variedad que el judaismo. ¡Si hasta quieren declarar el Estado Judío! ¿Eso es o no es dejar de lado a las demás confesiones, a los demás hombres del mundo? Qué tristeza, qué limitadas sus miras, qué pena que rechacen la riqueza de otros humanos. Ah, se me olvidaba, debería usted pedir perdón por acusar a estos padres de usar a sus hijos en su beneficio. Está muy feo. Es muy duro lo que ha dicho. No querría yo verme en su lugar.
Sr- Srta Siramicor: 13000 Africanos (Sudan, Eritrea, Etiopia, Nigeria) llegaron este anio por la Peninsula de Sinai (Egipto) con la cual, dado que existe Paz, no hay valla. Cada uno de ellos alega que es Refugiado, y su vida corre peligro en su Pais de origen. Como Ud. sabe, esta prohibido no recibirlos.
“Peregrinos” cristianos de Nigeria y America Latina, llegan como Turistas y “desaparecen”.
Cuidadoras de ancianos de Filipinas “desaparecen” en el momento que aquellos ancianos mueren.
Trabajadores de Europa Oriental “desaparecen” cuando la construccion por la cual han venido a trabajar se termina.
Mujeres de Ucrania y Rusia llegan a mejorar su situacion economica…
En fin. Nada de “nefasta” sino natural.
Los chicos crecen, mientras en las distintas instancias del Juzgado los Jueces deciden que hacer con sus Padres.
Cree Ud. que aqui en Israel no existen ONG que “pelean” para evitar la expulsion de esos Padres? Vea lo en el articulo.
Pero ese no es el problema. 400 ninios no “derrotaran” a Israel. El problema es, que esos “ilegales”, en forma natural, despues de acomodarse en el Pais, llaman a sus familiares a venir tambien. Tanto porque aquellos familiares tambien viven mal en sus Paises de origen, tanto para mejorar la situacion personal de los primeros (familia, etc).
Si. Es posible que Ud. no quisiera estar en su lugar, pero eso no le impide pensar que al darse cuenta (el titulo del articulo lo demuestra) que el tema principal pasa de ser “”personas ilegales” a “ninios expulsados”, aquellos padres que no quieren ser expulsados, pongan a sus hijos al frente de su politica “anti-expulsatoria”. Mire bien las fotografias que acompanian al articulo (ademas del titulo) y entendera de que hablo.
Atte. Shimshon.
Thanks for posting this story. For some NGOs is very important this battle. Children deserve our effort.
[...] Periodismo Humano 25.11.2010 · Carmen Rengel · (Tel Aviv) Charice abraza a su hijo David, la pasada semana, en su [...]
http://www.haaretz.com/print-edition/opinion/this-is-not-a-natural-disaster-1.327288
Lean esto y verán que, efectivamente, la presión fronteriza en Israel no es poca pero que, además, su política migratoria es la gran culpable de la situación actual, tanto con los refugiados como con los que intentan quedarse como con los que la policía migratoria no ve o no quiere ver. Señor Shimshon, no sólo lo dice esta señorita, lo dicen sus propios compatriotas del Haaretz, que creo que no son sospechosos.
Sr Tarifa: He leido el articulo en Haaretz. No dice en el nada demasiado distinto de lo escrito por mi en los distintos comentarios.
Pero (con el debido respeto) debo relacionarme un poco a Haaretz.
Este diario tiene ideologia liberal, y sus periodistas (en su mayoria) son duenios (no tengo enie) de sentimientos muy calidos para todos los “desposeidos de la tierra”. La situacion economica de quienes leen este diario les permite vivir y actuar muy alejados de aquellos que sufren de los problemas originados por la existencia de tal o cual problema.
Ellos, por ejemplo, no viven en el sur de Tel Aviv, y pagan alquiler elevado, dado que los “ilegales” (que viven en esa zona) crean un mercado de “alquiladores potenciales” que eleva el precio de ese alquiler.
Ellos (por ejemplo) no se encuentran conque el “patron” en el trabajo, les ofrece un sueldo ridiculo, y si se niegan a recibirlo, les contesta: “vete, en lugar tuyo puedo conseguir 6 sudaneses…”
Ellos (por ejemplo) no tienen padres pobres que viven en esas zonas de pobreza, y tienen miedo de salir a la calle, por la existencia de “borrachos” en la calle (ha habido incluso asesinatos).
Ellos (p.e.) no tienen que cuidar a sus hijas cuando vuelven por la nochecita a casa, por la presencia de toda una serie de personas con todo tipo de necesidades sexuales.
Ellos (los lectores de Haaretz) viven en casas con alarmas, y cuidadores, y la policia da vueltas por sus barrios…
Ellos no sufren, (porque no son pobres) ninguna de esos “pequenios problemitas”.
Ellos son gente “culta” y “liberal”.
Pero, ademas, si lee Ud. mis comentarios anteriores, podra entender que yo critique la forma en que quien escribio (y quien publico) este articulo tira cizania (tanto en el articulo, como en el titulo) con la intencion de crear en los lectores sensaciones antiisraelies.
Quiere un ejemplo? Desde 1990 Israel recibio mas de un millon de inmigrantes de lo que era la URSS. Entre ellos, no menos de 300 mil (ha leido bien) Cristianos.
Por supuesto que decir que Israel piensa que dejar en el otros 400 ninios es “hacer peligrar el caracter Judio del Estado” (como escribe P.Humano) es incitar a calificar al Pais como “Racista”.
El problema no son los 400 ninios, ni tampoco sus 700 Padres. El problema son los cientos de miles que estan en camino, en la misma forma que llegaron estos.
O es que en los ultimos dias la situacion economica de Africa, Europa Oriental, Sudamerica, ha mejorado, y yo no me he enterado de ello?
Atte. Shimshon.
Perdón Sr. Shimshon pero acaso los periodistas del Jerusalem Post, que creo que prodigan otra ideología, viven peor que los del Haaretz? O acaso recibir un sueldo digno en Israel hace que las ideas de dicha persona pierdan su valor. Y respecto a su lectura de que todos los delitos de Israel son perpetrados por inmigrantes, decirle que este año se han dado ya al menos dos casos de padres cometiendo parricidios. No existen israelíes borrachos ni tampoco israelíes que cometan delitos sexuales?. Un claro caso el del que iba a ser nombrado comisario de la policia, denunciado por acoso sexual.
Sr El bit errante: Por supuesto que lo que Ud. “leyo” en mi carta anterior, no es lo que yo “he escrito”.
He explicado (por las dudas en Espania no ocurre lo mismo?) que las zonas en las cuales viven los “ilegales” sufren de toda una serie de “problemas sociales” por ello.
En ningun momento he escrito que “solamente” en esos barrios hay problemas. Pero, por supuesto, los problemas en cada barrio tienen relacion con quienes viven en el.
Por ejemplo, dentro de unos meses, en P.H. escribiran: “…Los Israelies se niegan a que los ilegales vivan en sus barrios (Racismo)…” y no agregaran que por una pequenia “cucha” en el sur de Tel Aviv, una familia pobre en la cual, el Padre gana E 800 por mes, debe pagar E 400 de alquiler (por la existencia inmobiliaria de los “ilegales”).
Pero Ud. ha elegido no relacionarse justamente a mi critica respecto a los danios que la presencia de esos “ilegales” provoca justamente a las capas mas pobres de la poblacion (alquiler, sueldo, padres, hijas, etc).
Ademas he escrito, que aquellos lectores
(y tambien los periodistas que escriben en esos diarios, Haaretz, Jerusalem Post) no pertenecen a aquellas capas sociales nombradas anteriormente, y por lo tanto se pueden permitir a si mismos ser “liberales” para con los “ilegales”, al tiempo que no se preocupan (por el contrario, ellos son los “patrones” de los cuales escribi…) por mejorar la situacion economica- social de sus obreros, que son quienes viven en esos barrios.
Se aclara que los obreros Israelies (que se le puede hacer, son Sionistas, pero pobres) tambien tienen derecho a legislacion social, como los Espanioles, p.e.)
Atte. Shimshon.
Oigame, a usted le sobra estadística y le falta humanidad, caballero. El corazón duro como una roca tiene usted. Dicen que así son los sabras israelíes, que gracias a eso han mantenido y forjado su estado, pero no, sólo es que usted es frío y práctico. Los inmigrantes, sí, hasta que dejen de hacernos falta. Menos mal que hay otros israelíes diferentes. Aunque usted los denoste por liberales del Haaretz.
sr zamir es de buen nacido ser agradecido… tenga en cuenta que el mundo la vida da muchas vueltas…que seria de uds si en el nazismo las diferentes naciones que les acogieron practicasen si filosofia…? bueno no le molesto mas. por cierto shalom
[...] Fuente: http://periodismohumano.com/migracion/diario-de-una-deportacion-infantil.html [...]
Sr Tarifa: Ese es exactamente la diferencia entre lo que son (ilegales) y lo que Ud. entiende que son (inmigrantes).
Existen “ilegales” y “Refugiados” (hasta que, en su gran mayoria, las Naciones Unidas dicen que no lo son).
Existen “trabajadores extranjeros” que han dejado de serlo, dado que su contrato termino.
Pero no existen “inmigrantes” (por lo menos, hasta que el Gobierno o el Juzgado digan otra cosa).
Atte. Shimshon.
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