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Convivir con la familia de al lado

200 familias extranjeras y autóctonas, 100 comidas según la organización, casi mil personas con algún tipo de vínculo afectivo que se han decidido a hacer ‘La familia de al lado’ por segundo año consecutivo. Organizado por SOS Racismo Gipuzkoa y con la colaboración de ayuntamientos e instituciones varias, asociaciones y gentes implicadas en buscar una sociedad cohesionada y respetuosa, personas empeñadas en mejorar nuestro entorno.

Hacia las 18:30 del domingo 17 de noviembre empiezan a caer los reportes de los dinamizadores y participantes en las comidas.

Idoia ha comido en casa de Naima y su familia. Han sido ocho comensales en total. Naima, su esposo, la hija, Maru, profesora en una Escuela para Adultos en Donostia, su marido Alfonso, el hijo de ambos, Adrián, Abdul -un chico ghanés y alumno de la EPA- e Idoia.

 El formato, el mismo que en la edición anterior, sencillo pero efectivo. Anótense los ingredientes: se necesitan una familia autóctona, una familia inmigrante, una mirada en positivo, curiosidad y ganas de conocer, disponer de dos o tres horas de un domingo a eso de las dos del mediodía y una casa donde celebrar la comida. Los resultados, imprevisibles por positivos. Hasta ahora no se han registrado efectos secundarios negativos ni reacciones adversas.

En 2012, 60 hogares en Gipuzkoa fueron marco del encuentro entre una familia venida de fuera y una autóctona. Este 2013, el convencimiento de que el acercamiento y el conocimiento mutuos son la forma más eficaz y concreta de derribar barreras y prejuicios ha cuajado en la geografía vasca. Getxo, Ermua, Bilbo, Gasteiz, Basauri, Donostia, Hernani, Tolosa, Aretxabaleta… hasta 14 localidades y ciudades han sido marco de ‘Bizilagunak’.

Rocío emocionada da cuenta de la comida en la que ha participado. Ha sido dinamizadora, la persona que conocerá anteriormente a ambas familias. Su cometido, ser la mediadora y hacer las presentaciones el día de autos, romper el hielo si los y las comensales resultaran tímidos. Y cómo no, quedarse a comer como una más. A Rocío le ha tocado acudir a casa de Jabier Muguruza, cantautor que junto con su esposa e hijos abría las puertas a Julia, Mauricio e hijo. Cordero al chilindrón en el menú y una animada conversación, ‘llena de coincidencias y casualidades. Al acabar se nos aguaron los ojos’ comenta Rocío. Parece que el encuentro ha transcurrido bien…‘¡Un 20 sobre 10!’ califica esta abogada mitad irunesa mitad colombiana y que hace parte de la asociación multicultural Adiskidetuak en Irun. ‘Al terminar la comida nos abrazamos emocionadas con Julia por lo bien que había transcurrido. Había tantas cosas en común y coincidencias con los anfitriones… ¡una maravilla!’

Y tanto que fue especial esa comida. Julia y Mauricio, que repetían experiencia del pasado año acudían con su hijo, Franklin. Pero a punto estuvo de arruinarse el encuentro. Franklin llegó la noche anterior de Nicaragua. Por los pelos. Su viaje hasta Bilbao vía París a punto estuvo de frustrarse. Parece que la policía francesa de fronteras no acababa de creer que viniera a visitar a su madre y lo retuvieron haciéndolo perder el vuelo. Mal menor en contraste con la perspectiva de que no lo dejaran continuar viaje y se encontrara con una orden de expulsión o internado en un CIE. Ha sido una larga noche para los tres. En este caso terminó bien. Pero para muchas personas extracomunitarias esto es una realidad cotidiana a la que han de enfrentarse. Uno de los primeros obstáculos que han de superar en su camino hacia una vida mejor. Obstáculos que no les son ajenos a casi ninguna de las personas extranjera que participan en ‘Bizilagunak-La familia de al lado’. Aquellas que ponen su empeño y ánimo en ese superar barreras y construirse una vida lejos de su otra vida.

Carmen, su esposo, su hijo de 17 años y su niño de dos acogían a Rosa y su hijo e hija adolescentes en su casa de Donostia. Tanto Carmen como Rosa repiten. Rosa ha tenido claro desde el primer momento que esta experiencia es ‘única’ para sus hijos, en el sentido de poder estar y conocer gente de otros países y otras formas de hacer, a la vez de comprobar que no somos tan diferentes. Su comida también fue doblemente especial. Este año le iba de cine. Su dinamizador era José Luis Rebordinos, director del Zinemaldia, Festival Internacional de Cine de Donostia. En cuanto SOS Racismo le propuso a José Luis participar como dinamizador sólo dijo ‘depende de mi agenda’. Y estaba libre. Como lo estaba Carmen, que se cogió fiesta el día anterior para prepararlo todo. Mientras Rebordinos quedaba con Rosa para ir a casa de Carmen, ésta y su marido ultimaban los detalles del ‘menú degustación’ ecuatoriano que han preparado. Muchines, una especie de bolitas de plátano con pescado, de yuca con carne, ceviche, arroz con menestra y carne… un lujo.

Origen de la iniciativa. Jelena Siljadžić directora de Slovo21, organización checa de la que parte la idea original ideó los encuentros “a raíz de un desafortunado encuentro con una señora en Praga y quien se refirió a mi origen extranjero para increparme”. “Volví a casa con una muy mala sensación, no hacía más que darle vueltas a cómo lograr romper con esos prejuicios. Pensaba que si hubiera tenido la oportunidad de explicarme, su visión sobre los extranjeros podía cambiar”. Así fue como en mitad de una noche de mal dormir Jelena tuvo la idea. Había que propiciar el encuentro. Y qué mejor manera que alrededor de una mesa, en el marco más íntimo, las casas de los anfitriones, que podía ser cualquiera de las dos partes. Nada de comidas multitudinarias o en lugares públicos, donde las relaciones en la mayoría de las ocasiones no pasan del encuentro superficial. Dicho y hecho.

Y SOS Racismo Gipuzkoa aplicó la fórmula de manera exitosa por primera vez en 2012 junto con otros siete países europeos. Vista la acogida en tierras vascas, estaba bastante clara la opción de este año. Repetir, como con cualquier plato suculento.

Impresiona ver la implicación de la gente, las ganas de hacer y demostrar que hay muchas personas en esta sociedad con una mirada positiva hacia la diversidad, hacia esto que es ya una realidad social. Personas que quieren convivir desde el respeto y el reconocimiento. Gentes anónimas y también referentes sociales como los arriba mencionados o la magistrada Garbiñe Biurrun, el bailarín Jon Maia o el presentador de televisión Christian Pielhoff o el político Denis Itxaso, que se apuntó en el último momento y quería preparar una alubiada para sus invitados.

No está de más mencionar el apoyo de representantes institucionales. Ayuntamientos de Zarautz, Errenteria, Getxo, Basauri, Ermua que han impulsado la iniciativa en sus municipios, concejales, alcaldes como el de Donostia o Errenteria que han sido familia, cargos públicos como la juntera Rafaela Romero que ya entrada la tarde publicaba en su tweeter  ‘#bizilagunak encuentro entrañable y enriquecedor’.

Pero también han sido numerosas las asociaciones y gentes que han colaborado y organizado ‘Bizilagunak-La familia de al lado’. Por ejemplo, en Bilbao, ha sido la Coordinadora de Grupos por la Rehabilitación de San Francisco-Bilbao la Vieja y Zabala quien ha organizado las comidas entre familias vecinas de estos barrios. Zonas especialmente castigadas económicamente.

Aquí han sido cuatro las comidas en las que se han reunido personas originarias de Senegal, Marruecos, Nigeria, Guinea Ecuatorial, México y Euskadi.

Entre ellas Bárbara, anfitriona que afirma que ‘Ante todo, Bizilagunak, es una propuesta honesta. Aparentemente parece algo muy sencillo. Simplemente se trata de compartir una comida de domingo entre dos familias desconocidas. Pero abrir las puertas de tu casa tiene también algo de exponer tu intimidad, de dejar que el otro, el desconocido, participe de tu espacio, de tus recuerdos, de tus maneras… Me gusta que algo tan cotidiano como comer pueda tener una dimensión tan profunda. Entre plato y plato, estos desconocidos han dejado de ser el otro, el personaje invisible que se cruza en la calle. Eran simplemente dos familias contándose anécdotas y compartiendo sus opiniones sobre el barrio mientras los niños jugaban.

Claudia refiere que ‘además de un diálogo intercultural se ha dado una convivencia intergeneracional muy chula. Creo que para todos ha sido muy importante porque nos hemos abierto al encuentro y ha sido muy bueno conocer las visiones de la vida desde cada experiencia personal y coincidir en lo fundamental’.

Julene, su pareja e hijo cuenta que ‘los niños se han entendido muy bien a pesar de las barreras idiomáticas y los adultos hemos estado muy a gusto. Creo que esta experiencia es un medio muy bueno para crear relaciones entre personas que de otro modo no se hubiesen conocido. En las conversaciones se ha podido ver que más allá de lo que nos separa, que es siempre lo que más percibimos, las preocupaciones y las vivencias cotidianas son compartidas’.

Marra de Senegal recibía en su casa. ‘Un domingo de intercambio de platos, charlas, gente y de aprender mucho con las demás familias. Ha sido un paso muy grande sobre la diversidad cultural e interculturalidad… Con Pilar, Asier, Ibrahim y su familia hemos disfrutado no solamente de una comida muy rica sino también de un intercambio muy diferente hablando de Senegal y de Bilbao. Ha sido estupendo. La familia visitante estaba muy contenta y quieren repetir’.

Además del encuentro, Bizilagunak da espacio para poner en valor vidas impresionantes en todos los sentidos, historias de vida de personas luchadoras, de aquí y de allá, y saca a la luz realidades complejas y a veces duras que muchas veces ignoramos sobre la inmigración. Por ejemplo, no son pocas las mujeres como Iraima, de origen venezolano, que sólo han podido ver a sus hijos tras conseguir asentar su situación aquí. Y eso a veces lleva años. En su caso, pasaron seis hasta que pudo volver a visitarlos en su país de origen. Mientras tanto, gracias que existe Skype e Internet para seguir la cotidianeidad. Esta mujer, como muchas otras tiene una cualificación que de poco le sirve aquí y ahora. En su caso es economista y acá trabaja en el servicio doméstico. Pero no se queja. Un rasgo común a muchas en su misma situación. Ejercen tareas para las que están sobrecualificadas y que en ocasiones les es duro desempeñar ‘sobre todo al principio, pero no hay queja’. Su objetivo es claro, han llegado para prosperar y se acomodan.

En Astigarraga Begoña visitaba a Maripiana. Un menú rumano compuesto de sopa y sarmale, hojas de berza rellenas de carne de cerdo para el domingo. Otra comida más, sí y no. Maripiana también es vecina de esta localidad próxima a Donostia. Vive en el asentamiento de gitanos rumanos, donde desde hace año y medio se está llevando a cabo un plan de intervención con las personas y familias que tiene allá su chabola. El objetivo, que en cinco años el campamento no exista. Pero no porque han sido desalojados y expulsados como suele ser práctica habitual, sino porque quienes allí viven han conseguido encontrar un empleo y un lugar mejor donde vivir. Begoña cuenta que la anfitriona ‘estaba nerviosa, yo también lo estaría’. Ella y su marido Raúl asistieron al encuentro. ‘Me sorprendió la chabola, desde fuera uno no se puede imaginar que haya esta calidez aquí, y más me sorprendió la respuesta de Maripiana: Es que es nuestra casa, nosotros vivimos aquí’.

Idoia con su marido y su niño de tres años han recibido a Jorge con una amiga y su hija. Tras la comida, publica en facebook ‘qué buen rato hemos pasado con Judith, Jorge, Jonathan y Sonia! Habrá más kedadas, sin duda!’.

Otro de los objetivos de ‘Bizilagunak-La familia de al lado¨ desde un primer momento, ha sido poner en valor la diversidad en su sentido más amplio. También en el de vínculos, relaciones, amores y familias. Y por ello ‘entiéndase por familia toda aquella unidad que así se considere a sí misma, sean quienes fueren sus integrantes: madres solteras, parejas de mujeres, de hombres, de hombres y de mujeres, con o sin niños, abuelas con nietos… personas que comparten vida’. Y así ha sido. Desde una pareja formada por dos madres con criaturas, hasta parejas de amigos que se han apuntado a la celebración. Las posibilidades son infinitas, tantas como personas. Como infinita pretende ser la continuación de esta iniciativa que comenzó hace un año y se amplía, ramifica y consolida con la complicidad y colaboración de tantas gentes que creen que sí, que la diversidad es un valor, que es una suerte tener el mundo a la puerta de casa y que hay que activarse contra el racismo y la xenofobia que se están viniendo arriba. Ahora es el momento de convivir.

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