Enfoques
Una española en Haití
Pilar Palomino es la delegada de Cruz Roja en Haití desde hace dos años y medio.
Desde allí, su discurso claro y contundente se aleja de la asepsia que tradicionalmente mantenían las grandes ONG.
A Pilar Palomino, delegada de Cruz Roja en Haití, la conocí cuando apenas era una niña en su casa familiar de Puente Mayorga, frente a Gibraltar. Nacida en La Línea, hizo una ingeniería como su padre –Rafael, socialista de antigua hornada–, pero se dedicó de lleno al ámbito de la cooperación, lo que le llevó a Haití hace dos años y medio. Sobrevivió al terremoto cuando estaba intentando ayudar a resolver los problemas derivados de las graves inundaciones que habían asolado previamente al país.
Y desde el primer momento, supo que el país más pobre de América Latina se enfrentaba a problemas más serios que los que podría depararle la madre naturaleza: su falta de cohesión política y económica, la fuga de cerebros, la carencia de infraestructuras y la ausencia de un plan definido para que más allá de las tragedias habituales, más pronto que tarde, aquella valiente y pionera república de negros pudiera salir de una vez por todas de la espiral de la pobreza.













