Enfoques

Sangre sobre la plaza del fin del mundo

El café de Marrakech donde tuvo lugar el atentado (AP)

Desde las terrazas del café Argana, en Marrakech la Roja, podía contemplarse la Edad Media. Una turbamulta de ruidos y colores en el mismo lugar donde James Stewart y Doris Day asistieron al asesinato de un fulano que conocían en una de las primeras secuencias de “El hombre que sabía demasiado”, de Alfred Hitchcock. Allá, la muchedumbre de turistas todavía se cruza con los narradores de cuentos, los malabaristas con su propio circo a cuestas, los gnauas que mueven su borlón no muy lejos de donde un viejo apunta una vieja salmodia andalusí, los faquires que encantan serpientes al compás de la zanfoña, los vendedores de humo o los fabricantes de zumos que alinean la fruta con la precisión cartesiana de los ingenieros y la vocación de belleza de los artistas.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie