Enfoques
La línea roja entre ser viajero o invasor
Desbrozamos la delicada línea que separa el interés antropológico legítimo del viajero moderno del safari humano y damos ejemplos concretos de ambos.

Mujer himba comprando en un supermercado en Namibia. Foto: Enrique López-Tapia
“Cómprenles azúcar. En grandes cantidades, porque les encanta. Nos les cobrarán por pasar la noche con ellos, pero esperan regalos. Y los dulces son lo mejor para abrir la puerta de una comunidad himba”. Nos lo dijo en un viaje a Namibia un guía que se encargaba de organizar excursiones previo pago generoso a poblados tradicionales de este pueblo, famoso por la bella planta de sus gentes y la arcilla roja que cubre el cuerpo de sus mujeres. Hoy, muchas de ellas abandonan sus casas para ir a ejercer la prostitución a la ciudad de Opuwo, lo que ha contribuido a la propagación del Sida, que se extiende a gran velocidad, ya que la poligamia es la norma entre ellos. Desde que descubrí en este viaje la delicada línea que separa el interés antropológico legítimo del viajero moderno del safari humano, siempre me ha angustiado saber cómo trazarla.













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