Enfoques

El amargo sabor de la piña que comemos

“Nos hacían trabajar por la noche a pesar de que hay serpientes peligrosas (...). Teníamos que hacer turnos de 14 horas y ni siquiera nos daban los medios para protegernos de los fertilizantes”, explica uno de los trabajadores que cultiva las piñas que llegan a nuestras mesas.


Probablemente gane si apuesto con usted que soy capaz de adivinar de dónde procede la piña que toma como postre o desayuno: Costa Rica. No es difícil acertar si se tiene en cuenta que tres de cada cuatro de las que se consumen en Europa se han cultivado en el país centroamericano. Hubo un tiempo, hace alrededor de diez años, en que Costa de Marfil participaba activamente del negocio. Poco a poco, sin embargo, la situación de inestabilidad política del país y la preferencia de los consumidores por el sabor más intenso de la variedad “extra sweet” americana, decantaron la balanza.

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