En conflicto

Yemen, la revolución ignorada II

Al Qaeda es el espantapájaros que emplea el presidente Saleh para conservar sus alianzas internacionales.

Sorprende la cantidad de mujeres activistas que trabajan en la revolución yemení. En las manifestaciones, miles de féminas ataviadas con niqab corean consignas

"Esta revolución es pacífica o no es. Pero no sé qué va a ocurrir cuando se acabe la paciencia de los yemeníes"

Yemen, la revolución ignorada I

Sangre de un manifestante muerto durante una protesta (AP Photo)

Para los grandes medios, Yemen es Al Qaeda. Para los yemeníes, Al Qaeda es una mera anécdota en una vida de sufrimientos. Pero desde que Saleh vendió el espacio aéreo a Washington a cambio de ayuda militar, esa anécdota cuesta vidas y condena a familias enteras. El asesinato de Abdul Rahman al Awlaqi ha sido un punto de inflexión. A finales de septiembre, EEUU se felicitaba públicamente por asesinar a su padre, Anwar al Awlaqi, ciudadano norteamericano-yemení y uno de los comandantes locales de Al Qaeda, mediante un bombardeo aéreo. El 14 de octubre, la población se conmocionaba tras conocer la muerte de su hijo Abdul Rahman, de 16 años, un adolescente fan de los libros Harry Potter y la serie Crepúsculo, en otro ataque aéreo. Su familia sostiene que fue bombardeado mientras participaba en una barbacoa con sus amigos. “Era un chico que acudía a la escuela y que no podía ser más ajeno a la lucha de su padre. Su único delito fue estar junto a él. Si hablan tanto de promover la democracia, lo mímino que deberían hacer es arrestarles para llevarles a juicio en lugar de ejecutarles”, dice Atiaf con rabia.

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Al Qaeda es el espantapájaros que emplea Saleh para conservar sus alianzas. Sobre todo, desde que el grupo terrorista intentó asesinar a uno de los príncipes más influyentes de Arabia Saudí, el ultraconservador Nayef, ministro del Interior y muy posiblemente nuevo heredero del trono wahabi tras la reciente muerte del príncipe Sultan, mediante un suicida forrado de explosivos en agosto de 2009. Yemen juega un papel central en las acciones de Al Qaeda desde su fundación, pero ha cobrado peso en los últimos años extendiendo sus ambiciones hasta Estados Unidos, donde ha organizado algunos atentados con escaso éxito. Su fuerza radica, a juicio de los activistas yemeníes, en la sibilina estrategia del régimen de Saleh.

“El régimen engaña a Occidente diciéndole que mantenerse en el poder reducirá la influencia de Al Qaeda, pero mi seguimiento de las noticias de Yemen me hace pensar que el régimen ha distribuido armas a algunos grupos escindidos de las fuerzas de Seguridad para atemorizar a Occidente. Es un mensaje que dice ‘mirad lo que puede pasar si el régimen cae”, puntualiza Fatima Saleh. Es un temor extendido en la sociedad yemení. “Durante años Saleh ha jugado con el extremismo”, aduce Atiaf. “Les usa, les detiene, les libera, les deja escapar, se sirve de ellos para conseguir sus objetivos políticos”. Y mientras, la población sufre los bombardeos norteamericanos con los que Washignton se burla de la legalidad internacional que exige a los demás. “En Abiyan los bombardeos han dejado 90.000 desplazados”, lamenta Atiaf. “Han sido instalados en escuelas, pero eso ha dejado sin colegio a todos los niños de la región. Todo eso crea un enorme resentimiento hacia Estados Unidos”. En total, las diferentes formas de violencia han creado unos 300.000 desplazados en todo el país, que viven en condiciones inhumanas.

Manifestación contra el gobierno (AP Photo)

Farea, fiel a sus estudios universitarios, explica la presencia de Al Qaeda en Yemen -allí tiene su base Al Qaeda en la Península Arabiga, o AQAP, una de las principales plataformas de la organización de la organización de Bin Laden en todo el mundo- como resultado de la política de la dictadura. “El Gobierno no nos defiende de Al Qaeda. No existe un contrato social en mi país, por eso prosperan organizaciones fanáticas como esa. La desigual distribución de recursos afecta incluso a la gente más preparada, nadie tiene esperanzas porque la corrupción impide acceder a un trabajo salvo que tengas dinero o influencias. Para mucha gente, Al Qaeda es la única opción. Te ofrecen un sueldo y un paraíso, ¿quién da más? Saleh alimenta a Al Qaeda con su régimen corrupto. Y no va a ser tan estúpido como para acabar con ellos porque perdería millones en concepto de cooperación militar”. De ahí que el pueblo, según este joven activista, vea con los mismos ojos a la dictadura, a Al Qaeda y a Estados Unidos. “Les hemos perdido el respeto. Ellos no se preocupan por las vidas humanas, dañan nuestra economía, no nos representan. La gente está harta”.

Protestas en Yemen (AP Photo:Yemen Lens)

Sin una firme reacción internacional, ¿qué posibilidades tienen los jóvenes yemeníes que insisten en perpetuar su protesta pacífica? “La diferencia con Túnez y Egipto es que allí el Ejército está fundado sobre una base nacional; en Yemen lo está sobre una base familiar”, lamenta Al Muslimi. Se refiere a la Guardia Republicana y a las divisiones comandadas por familiares de Saleh, las mejor pertrechadas del país. “Hay que parar a los militares, pero es imposible mientras les siga llegando dinero en concepto de ayuda militar”, añade Ataif en alusión a las donaciones norteamericanas a cambio de que Saleh combata -oficialmente- a Al Qaeda.

Ahora es cuestión de paciencia, argumentan los entrevistados, y de evitar la tentación de tomar las armas. “La revolución no es una carrera. Los precedentes han puesto el listón muy alto, pero no tenemos prisa por que la revolución triunfe. Hemos esperado 33 años y podemos seguir esperando; de lo contrario,llevaremos a nuestro país al infierno”, añade Farea en una sucinta alusión a una revolución armada. “Sabemos que esto no terminará cuando Saleh se vaya del poder. Tratará de quedar a su hijo y sus sobrinos y tendremos que seguir luchando pacíficamente. Serán años de lucha, pero si hemos aguantado 33 años de dictadura podemos hacerlo”, añade Atiaf.

Mujeres yemeníes queman públicamente sus niqab como protesta por los derechos de la mujer. (AP Photo)

Sorprende la cantidad de mujeres activistas que trabajan en la revolución yemení. En las manifestaciones, miles de féminas ataviadas con niqab corean consignas separadas de los varones, según corresponde a una sociedad muy tradicional, pero no dudan en tomar acciones drásticas y provocadoras como quemar velos para llamar la atención de los medios. Atiaf, Fatima o Noon Arabiya no son casos aislados, como demuestra el hecho de que la principal activista del país, Tawakol Karman, presidenta de la ONG Mujeres Periodistas Sin Cadenas, haya sido reconocida con el Premio Nobel de la Paz junto a otras dos mujeres. Me lo explican desde Yemen entre risas. “Quince millones de mujeres yemeníes llevamos haciendo la revolución desde hace años”. O siglos. “Recuerda a la reina de Saba”, dice Farea con una abierta sonrisa. Ella reinó antes de que llegara el Islam a Yemen; años después, otra mujer accedería al trono del país islamizado, Arwa bin Ahmad al Sulaihi: gobernaría 55 años.

Mujeres yemeníes miran los vestidos de una tienda en la ciudad vieja de Sanaa (AP Photo:Muhammed Muheisen)

Para ellas y ellos, el temor más extendido es que Saleh aprenda la lección equivocada del ejemplo libio y opte por combatir hasta la muerte para conservar el poder. “Muchos están esperando una guerra, o al menos enfrentamientos muy duraderos entre la I División y la Guardia Republicana en Sanaa y los milicianos pro-revolucionarios y la Guardia Republicana en Taiz”, explica Fatima mediante e-mail enviado desde Sanaa. “Saleh tiene muy mala intención, está intentando empujar a la guerra a la gente implicada en la revolución pacífica usando cualquier medio a su alcance para provocarles”, prosigue la activista.

Una mujer y dos niñas en una calle de Sanaa, Yemen (Muhammed Muheisen / AP Photo)

Sin embargo, Al Masmari descarta un conflicto a gran escala. “Se trata de una guerra personal entre Ali Mohsen y Saleh y ahí se va a quedar. Los yemeníes no van a combatir, las marchas seguirán siendo pacíficas”, estima el director del Yemen Post. Atiaf al Wazir teme que las cosas cambien rápido. “Durante nueve meses la revolución ha sido pacífica, pero la gente pacífica está siendo atacada con armas. Si el enfrentamiento militar se extiende, es impredecible lo que puede pasar porque ambas partes tienen grandes arsenales”. Sin embargo, descarta que los movimientos ya armados como los separatistas del sur o los houthis se impliquen en una guerra. “No creo que se involucren porque no sacarían beneficios, pero es cierto que ambos lados, tanto las huestes de Ali Mohsen como las de Saleh tienen muchísimas armas tras años de guerra y años de compras de suministros bélicos. La demostración de fuerza puede convertirse en un enfrentamiento abierto”.

Un hombre da de comer a unos gatos en la ciudad vieja de Sanaa, Yemen (Muhammed Muheisen / AP)

Parece claro que la juventud yemení está harta de violencia. “Hemos crecido rodeados de armas, ya no queremos más balas”, desestima Farea con un gesto casual. “Esta revolución es pacífica o no es. Pero no sé qué va a ocurrir cuando se acabe la paciencia de los yemeníes. Si se decepcionan pueden convertirse en un volcán. Tienen potencial y se han ganado el cambio tras nueve meses manifestándose en paz. Imagine todo ese potencial con armas”. Farea se mesa la barbilla antes de proseguir. “Yo prefiero no pensar en ello: no soy lo bastante valiente para imaginar cómo sería Yemen si se opta por la vía armada”.

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Ver anterior capítulo:

Yemen, la revolución ignorada

(AP Photo / M)
10.11.2011 · Mónica G. Prieto · (Beirut)

Tras diez meses de revolución social y un millar de muertos, una tibia resolución del Consejo de Seguridad concede inmunidad al dictador Ali Abdullah Saleh, responsable de la represión militar contra civiles. La práctica totalidad de la sociedad yemení se ha unido en contra del tirano, en una extraña hermandad poco común en el país árabe

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