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En conflicto

Vuelve a resonar el grito silencioso de los zapatistas

Un 1 de enero el EZLN levantó la voz; 19 años después celebró el ‘fin del mundo’ con el puño en alto y las mismas reivindicaciones, todavía pendiente

Para el futuro, anuncia acciones para fortalecer los vínculos con los movimientos sociales mexicanos.

“La cultura maya sigue siendo una luz y los zapatistas la luz del mundo indígena organizado pese a que sus derechos son vulnerados todos los días”, dice el obispo Raúl Vera. “Hoy todo México es Chiapas”.

 

Miles de zapatistas marchan por las ciudades de Chiapas. Diciembre, 2012. (AP Photo/Ivan Castaneira)

Hicieron el mismo recorrido que el 1 de enero de 1994, desde las comunidades de la sierra y la selva de Chiapas a las cabeceras municipales pero esta vez sin armas, cubiertos por sus pasamontañas, pañuelo rojo al cuello. Con paso lento pero firme, hombres, mujeres, niños y jóvenes marcharon en silencio el 21 de diciembre de 2012. No hubo consignas, no hubo gritos, solo el murmullo de los pasos bajo una llovizna constante.  En torno a 40.000 zapatistas llegaron a las plazas de San Cristóbal de las Casas y otras cuatro ciudades chiapanecas, levantaron el puño, esperaron y se fueron. “¿Escucharon?” preguntaba horas después el subcomandante Marcos en un comunicado.

Sí. México escuchó o, al menos, oyó el grito. El Ejército Zapatistas de Liberación Nacional (EZLN)  no pudo haber elegido mejor momento. Las imágenes recorrieron las televisiones cuando el mundo entero miraba al país en plena vorágine del supuesto ‘fin del mundo’.  El silencioso reclamo llegó incluso hasta el Congreso mexicano, que antes de concluir el año pidió al nuevo gobierno del PRI el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, unos pactos que  garantizaban los derechos de los indígenas de todo el país pero que son una asignatura pendiente desde que se firmaron, en 1996.

40.000 bases zapatistas marcharon el 21 de Diciembre 2012 en Chiapas (AP Photo/Ivan Castaneira)

La marcha suscitó muchas preguntas que se multiplicaron con el mensaje encriptado del subcomandante Marcos, el rostro más visible del EZLN, desaparecido de la luz pública y que  reapareció, solo en firma, con unas cuantas unas frases.  “Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo”. ¿Una advertencia?

Para fin de año, un nuevo y extenso comunicado y dos cartas aclararon el primero. “Hace 19 años años los sorprendimos tomando con fuego y sangre sus ciudades. Ahora lo hemos hecho de nuevo, sin armas, sin muerte, sin destrucción. Nos diferenciamos así de quienes, durante sus gobiernos, repartieron y reparten la muerte entre sus gobernados Somos los mismos de hace 500 años, (…) de hace 20, de hace apenas unos días”.

El EZLN constata en estos textos el “fracaso” de todos los gobiernos, insta al nuevo ejecutivo del PRI a cumplir  los acuerdos de San Andrés (aunque dejando claro que no confía ni en este ni en ningún otro partido tradicional) y anuncia  acciones civiles y pacíficas destinadas a fortalecer los movimientos sociales de México (el año pasado ya se sumó al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que lideraba Javier Sicilia).

Imagen de previsualización de YouTube

Sin embargo, fue la marcha silenciosa la que más impacto a todo el país. Para el obispo Raúl Vera, presidente del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba), implacable defensor de los desfavorecidos y candidato en 2012 al Premio Nobel de la Paz,  la movilización del 21 fue “una muestra de la dignidad, integridad y fuerza” de los zapatistas. “La cultura maya sigue siendo una luz y los zapatistas son la luz del mundo indígena organizado pese a que sus derechos son vulnerados todos los días”, reflexiona desde su diócesis en la norteña ciudad de Saltillo. “Ellos han conseguido ser sujetos sociales plenos aunque los gobiernos les traten como objetos y aunque desde la presidencia de Ernesto Zedillo (1994-2000, el último gobierno del PRI antes de la alternancia) hayan utilizado la estrategia de ‘quitarle el agua al pez para que se muera’, es decir, la privatización de sus bosques, del agua, las concesiones a multinacionales…”.

Casi dos décadas después de la aparición de la que se consideró la guerrilla ‘posmoderna’ de América Latina, la marginación de los 15 millones de indígenas que hay en México continúa.

“Son siempre los grandes perdedores”, dice el último informe [pdf] la Comisión Nacional para la prevención de la Discriminación (Conapred), son los más pobres, los que sufren más racismo y los que viven una “discriminación estructural”. Las cifras son contundentes: el 79,3% están en la pobreza extrema o moderada y el 17.5% “de aquellos clasificados como no pobres son vulnerables por ingresos o por carencias sociales”; el 51,9% no está escolarizado, el 43% no tiene acceso a los servicios de salud; el 37% de los niños se encuentran “peligrosamente desprotegidos”. Estos pueblos son los que sufren mayores niveles de desnutrición aunque suelen estar en los estados de mayor biodiversidad. El motivo, apunta la Conapred, la tenencia de la tierra, la falta de acceso al sistema de justicia y los bajos niveles de educación.

Dos miembros de la Junta Buen Gobierno atienden a los visitantes (M. V.)

Pero quizás lo peor, como se queja Silvia Chalé, defensora de derechos humanos de Yucatán del colectivo Indignación, es que los indígenas  “somos invisibles”. Matiza  que habla “como maya pero no por todos los mayas” y pone como ejemplo lo mucho que el mundo habló del folklore y la propaganda originada con motivo del fin del calendario maya pero lo poco que se abordaron los problemas de sus descendientes actuales. “Nos despojan de nuestras tierras, no podemos elegir a nuestras autoridades, hacen una ley indígena en la que no podemos participar, en las escuelas enseñan inglés antes que nuestra propia historia, falta educación, salud… No queremos estar a las migajas, sino tener una vida digna”.

Precisamente esa invisibilidad, es la que hoy, igual que en 1994, volvieron a romper los zapatistas. Chalé siguió la marcha por televisión, feliz, satisfecha, aunque no sorprendida. “No fue nada improvisado, se venía trabajando”. Reconoce que entre los pueblos indígenas todavía hay mucha desunión, mala información y gente que prefiere aceptar “los regalos de los políticos en lugar de exigir lo que nos corresponde”. Pero recuerda que, desde los Acuerdos de San Andrés, el EZLN hizo contacto con gente de todos los estados de México y mantiene una comunicación fluida.

“Ese silencio fue nuestra voz, 40.000 indígenas hablando sin hablar”, dice orgullosa. “Los mayas no colapsaron, los mayas seguimos vivos y esta es nuestra manera de decir y hacer las cosas”.

Zapatistas marchan el 21 de Diciembre de 2012 en Chiapas (AP Photo/Ivan Castaneira)

Lo que hay detrás del silencio

El EZLN se alzó en armas el 1 de enero de 1994 reclamando justicia social. Libró una guerra de 17 días,  respetó treguas, firmó acuerdos y se retiró a la selva cuando el Estado mexicano olvidó dichos pactos.  “Cuando todo el mundo los daba por muertos, la marcha ha demostrado que seguían trabajando en el proceso de autonomía que comenzaron en 2003 para hacer realidad lo que les fue negado en los acuerdos de San Andrés”, señala el director del Frayba, Víctor Hugo López.

Ese año  crearon los ‘caracoles’, unas entidades de gestión de los municipios ‘rebeldes’ a través de las Juntas de Buen Gobierno, que funcionan al margen del Estado, han salido adelante gracias a la ayuda internacional y ahora tienen el reto de conseguir suficientes recursos para la autogestión a través del comercio justo de sus productos. Tres años después, en 2006, lanzaron “La otra Campaña”, un movimiento político-social a nivel nacional, de postulados antiliberales que teóricamente no aspira a tomar el poder sino a cambiar la forma de hacer política.

 

Local en el municipio autónomo de EZLN Caracol Oventic (M. V.)

Algunos critican estos logros con el argumento de que los zapatistas ocuparon tierras de finqueros o que son unos ‘utópicos trasnochados’; otros les admiran porque gracias a los ‘caracoles’ ahora disfrutan de servicios impensables hace años, como escuelas u hospitales a los que, como recuerda el Subcomandante Marcos en uno de sus últimos escritos, también van  “indígenas priístas”. Pero pese a lo conseguido, las condiciones generales de Chiapas, el estado mexicano con menor índice de desarrollo humano, son las mismas o peores que hace 19 años. Según denuncia el Frayba, se han profundizado las causas de la pobreza y existe una violencia constante, de baja intensidad, bien provocada por las fuerzas de seguridad, bien por parte de grupos paramilitares y civiles armados que se enfrentan “contra las comunidades que han intentado vivir de forma autónoma y no aceptan los programas asistenciales desarrollados por los distintos  gobiernos”, explica López.

El Frayba ha documentado detenciones ilegales, torturas, robo de cultivos, quema de casas, centros de salud o escuelas y ocupaciones de tierra. “Y el 98% de las agresiones no son denunciadas, nosotros damos fe de eso”.

Además, recuerdan: “Tenemos claro que EZLN no ha depuesto armas y que han intentado en estos 18 años todos los caminos posibles y se les han cerrado todas las puertas, por eso  nos preocupa  el riesgo real de la reactivación de la insurgencia, por el nivel de provocaciones que viven algunas comunidades”.

Aunque ese peligro no podrá desvanecerse mientras conserven las armas, el último comunicado del EZLN deja claro que sus próximas acciones serán pacíficas y que su principal herramienta será la movilización social. “Los zapatistas no son guerreros”, insiste el obispo Raúl Vera que recuerda que el Estado mexicano no ha podido acabar con ellos “ni con las armas, ni con la militarización del estado, ni con las políticas contrainsurgentes” que han incluido “crímenes de estado” como la masacre de Acteal, el asesinato de 45 personas (la mayoría mujeres y niños) en una Iglesia de este pueblo de los Altos de Chiapas a manos de civiles presuntamente armados por el gobierno hace ahora 15 años, el 22 de diciembre de 1997, durante el gobierno del presidente Zedillo.

Mural de Acteal (M. V.)

Esperanza sí, pero no en el PRI

De cara al futuro, el balón parece estar en el tejado del gobierno de Enrique Peña Nieto. Algunos analistas apuestan por darle una oportunidad, como pidió su secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. “Todavía no nos conocen; no se adelanten, hay muchos compromisos con los pueblos indígenas”, dijo tras la movilización zapatista.

Subcomandante Marcos (Eduardo Verdugo/Associated Press)

Pero en Chiapas desconfían y dicen que tienen buena memoria. “¿Así que no los conocemos? Veamos”, contestaba el subcomandante Marcos en una de las cartas de fin de año en la que recorre con sorna y mucha ironía vínculos de Peña Nieto y su equipo con actos de represión, escándalos y corruptelas.

Entre ellos, el dato que el Frayba también recuerda y que es uno de los que más duelen: que el actual titular de Educación, Emilio Chuayffet, fue secretario de Gobernación (ministro de Interior) con Zedillo cuando la matanza de Acteal y, por lo tanto, responsable por acción u omisión de la masacre (el puesto militar a 200 del pueblo no movió un dedo para impedir el ataque). Los autores materiales e intelectuales de los asesinatos siguen sin castigo.

El obispo Vera también es contundente. “Sí que conocemos al PRI y se está repitiendo. Peña Nieto quiere imponer un control policial de la sociedad civil como el que hubo durante 70 años,  para eso es su plan de la gendarmería, no para combatir al narco. Son los mismos de siempre con caras de jóvenes y el primer ejemplo fue su actitud ante las manifestaciones del 1 de diciembre”.

En su opinión, en México hay una gran inmadurez política porque el PRI siempre reprimió los movimientos sociales. Por eso subraya la importancia de la acción contestataria de los zapatistas, que buscan soluciones al margen del Estado y ahora amenazan con un arma que siempre pone nervioso al poder, la movilización social.

“Su marcha silenciosa fue también una llamada de atención al resto de los mexicanos, una muestra de que sí se puede. La sociedad civil unida tiene tal fuerza que podría incluso doblegar al crimen organizado”, garantiza Vera. Por eso este obispo de 67 años es optimista. “Hoy todo México es Chiapas”.

 

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

5 comentarios

  1. Graciela

    El Subcomandante Marcos es el líder que México está esperando…. y América Latina necesita en unión con otros líderes para hacer de esta Patria Grande un modelo de respeto por la raza humana con todas sus diferencias y garantizando la democracia, la libertad, la igualdad y el sumo respeto por los derechos humanos….

  2. Someone

    Entiendo que los ciudadanos de origen indígena viven una situación de desigualdad de oportunidades que hay que erradicar. Ahora bien, de ahí a identificarse y reivindicarse como “mayas” a estas alturas de la historia va un trecho…

    • iker

      los inigenas de chiapas son mayas

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