En conflicto

“Sólo la resistencia pacífica dará la victoria a los palestinos”

Mil personas de dan cita en Bil´in, Cisjordania, el epicentro de las protestas no violentas contra la ocupación israelí, en la sexta conferencia anual

Cooperantes y líderes sociales lamentan la imposibilidad de reproducir revoluciones como la egipcia ante la dura represión de Tel Aviv

Israel mantiene en vigor una Ley de Emergencia desde 1948, que abre la puerta a la supresión de derechos esenciales

Un grupo de manifestantes pacifistas locales e internacionales pasea por las calles de Bil´in, Cisjordania.

Un grupo de manifestantes pacifistas locales e internacionales pasea por las calles de Bil´in, Cisjordania.

Siete años llevan los vecinos de Bil´in, en Cisjordania (Palestina), peleando cada semana, pacíficamente, con pancartas, cánticos y banderas, contra la ocupación israelí. Lo que comenzó siendo una reacción instintiva de pura supervivencia, una muestra pública de angustia ante la construcción de un muro de hormigón que amenazaba con robarles la mitad de sus tierras -que amenazaba y que lo hizo-, es hoy la cita imprescindible de los resistentes palestinos. Bil´in es, cada viernes, el lugar donde gritar contra los avances de los controles militares, la demolición de viviendas o las limitaciones de movilidad. Sus colinas blancas son punto de encuentro de activistas internacionales, políticos, grupos religiosos y vecinos dispuestos a plantar cara, sin más armas que la palabra, a los soldados que vigilan al otro lado. Tan fuerte es su movimiento que, desde el principio de su pelea, decidieron organizar una conferencia anual en la que compartir ideas y estrategias, debatir puntos de vista y programar acciones de futuro. En eso están, desde ayer y hasta el día 23, el casi millar de personas que se agolpa bajo una humilde carpa blanca de Bil´in, el epicentro de la no violencia, el lugar donde, sobre todo, se defiende que “el único camino para lograr la paz es la resistencia pacífica“. Lo dice Abdallah Abu Rahman, uno de los líderes locales, mientras pega en la lona una fotografía de Vittorio Arrigoni, el cooperante y periodista italiano asesinado hace una semana en Gaza. Abdallah ha sido detenido una decena de veces por su empeño en mantener vivas las protestas semanales y la última condena, finalizada hace dos meses, se prolongó inexplicablemente sobre lo previsto: tres meses más entre rejas, sin explicaciones, 16 meses en total encerrado por “disturbios”. Hoy da la cara tras semanas de reclusión en casa, dispuesto a servir de ejemplo de tesón y cabezonería. “No puede pararnos nadie, porque tenemos la fuerza de la razón“, insiste. Y lo dice sabiéndose afortunado: en los últimos siete años 21 personas han muerto en los cerros de la villa o en la cárcel por hacer lo mismo que él, defender un espacio de resistencia. El uso de munición real por parte de los soldados de Israel y no sólo de disuasión es la principal causa de las muertes.

Protesta en Bil´in en enero pasado, días después de la muerte de una mujer por los gases lanzados por los soldados.

Protesta en Bil´in en enero pasado, días después de la muerte de una mujer por los gases lanzados por los soldados.

La conferencia de este año arranca, como es tradición, con un esbozo de la situación en la villa: en 2005, el Ejército israelí c0menzó a levantar el muro en el suelo del municipio, ocupando el 60% de las tierras cultivables de sus pobladores y, por tanto, asestando un golpe mortal a la ya de por sí limitada economía de la zona. El bocado robado a los palestinos se entregó a los colonos de Modi´in Ilit, que se hicieron con la explotación del suelo. En seis años, sólo un par de veces al año se ha permitido el paso de los granjeros, de forma puntual, para revisar sus tierras. Sólo han podido cruzar “sin maquinaria pesada”, por lo que pensar en la recolección es más que una quimera. En paralelo, se han confiscado unas 50 hectáreas de tierra en este tiempo. Hace cuatro años que el Tribunal Supremo israelí falló en favor de los habitantes de Bil ´in y obligó al Gobierno de Tel Aviv a devolverles esa mitad de tierras agrícolas que se habían quedado en el lado israelí del muro. A día de hoy el Ejército sigue sin acatar ni aplicar la sentencia.

La aplicación de la sentencia es lo primero que reclama Cintya Corrie, la madre de Rachel Corrie, la cooperante del ISM aplastada por un tanque israelí en 2003. Sube al estrado para mostrar su afecto por los “batalladores ciudadanos” de Bil´in, para denunciar que en ocho años nadie del Gobierno israelí se ha solidarizado con su pérdida o le ha pedido disculpas por la muerte de su hija, para decir que el dolor de las madres palestinas es el suyo propio. Corren lágrimas entre los asistentes, se tornan sombríos los rostros de los diplomáticos que apoyan la conferencia -de España, Reino Unido, Bélgica y EEUU-, pero Cintya no desiste, y cita las resoluciones de la ONU que avalan la legalidad de las posiciones palestinas, y enarbola un informe del Consejo de Seguridad que da fe de los “excesos” del muro cisjordano, y pide, sobre todo, que “pase lo que pase” nunca se recurra a la violencia como respuesta. “Si manchamos nuestras manos de sangre, seremos como ellos. Debemos mantenernos en nuestras convicciones, porque la no violencia es el camino. Mi hija me lo enseñó“, dice tras el discurso. Le toma el relevo el primer ministro palestino, Salam Fayyad, pero su perfil político enfría al público: insiste en las mismas ideas, pero no arrebata. Sólo lo hace un segundo, cuando pude “valentía y creatividad” para dar la vuelta a la “opresión israelí”.

Cartel con las víctimas mortales del pueblo desde que comenzaron a manifestarse contra el muro, en 2005.

Cartel con las víctimas mortales del pueblo desde que comenzaron a manifestarse contra el muro, en 2005.

El verdadero debate, presentaciones a un lado, fue el que se generó para buscar nuevas estrategias de resistencia. Halah Sho’eibi, una joven activista, o Jamal Juma’ , de Stop The Wall, insistían en la necesidad de trasladar a Palestina las lecciones de las revoluciones egipcia o tunecina. La batalla es similar, sostienen, aunque en vez de un gobierno lo que se desea eliminar es la ocupación. La mesa dejó más preguntas que respuestas: ¿están los jóvenes palestinos preparados para la lucha? ¿se han acomodado con las ayudas internacionales? ¿tienen un nivel tecnológico suficiente como para, usando la red, tejer conexiones que movilicen a grandes masas? ¿cuál debe ser el detonante final para que se levanten de una vez? Los especialistas se mostraron optimistas, confiados en una población joven bien formada, con idiomas, muy ligada a los ordenadores, capaz, conectada con el mundo gracias al éxodo de los refugiados por medio planeta, pero el problema es que el choque con el “invasor” podría desencadenar un conflicto más sangriento que cualquier otro en el mundo árabe. “Aquí no pedimos que se vaya Abbas, pedimos que se vaya Israel. Si nos enfrentamos y salimos a la calle, nuestras protestas quedarán dentro de nuestras fronteras, contra alguien que está fuera. Y si nos acercamos siquiera al muro se entenderá como una provocación y daremos pie a que invadan de nuevo Cisjordania“, explica el profesor universitario Nasser Almid. Los jóvenes, según los ponentes, deber ser el motor de la actividad política posterior, un movimiento “potente y firme” que reivindique la causa palestina en el exterior, la haga visible y la ponga en la agenda de todos los líderes mundiales. “Es como el debate que ahora se ha generado sobre la declaración del estado palestino en septiembre. Es una meta clara, la ONU nos está apoyando, y tenemos que apoyarla en todos los frentes. Sólo con el respaldo político podremos lograr algo. La fuerza juvenil es maravillosa, pero se diluye ante la fuerza del opresor si no tiene quien la sustente“, opina Mustafa Barghouti, uno de los políticos palestinos más prestigiosos, miembro del FDLP.

Majida, la esposa de Bassem Abu Rahmah, junto a dos de sus hijas, Louma y Layam / ISM

Majida, la esposa de Bassem Abu Rahmah, junto a dos de sus hijas, Louma y Layam / ISM

Mohammed Nazzal, miembro del Comité Nacional contra el Muro y los Asentamientos, explica que el mayor obstáculo en cualquier modalidad de lucha se encuentra en la aplicación de la Ley de Emergencia, aprobada en Israel en 1948. “Es el arma que más daño está causando a nuestro pueblo”, afirma mientras la megafonía informa de que 200 colonos están atacando una villa no lejana, Iraq Burin, en el distrito de Nablus. La noticia se mezcla con la confusión entre gran parte de los asistentes foráneos. ¿Que Israel tiene en vigor una Ley de Emergencia? ¿Como la que ayer mismo suspendió el Gobierno de Siria? Así es, dice Nazzal, sólo que Israel llevaba 15 años de ventaja. La ley, abunda el especialista, se aprobó cuatro días antes de la declaración de independencia israelí y se mantiene intacta desde entonces; se inspiró en una previa, redactada durante el mandato británico, y básicamente “sirve para infringir daño indiscriminadamente con la excusa de que las libertades hay que ponerlas en un segundo plano ante determinados delitos, que los derechos humanos pueden ser sometidos a la fuerza si la seguridad nacional lo requiere, que las detenciones pueden ser arbitrarias si el Gobierno israelí las entiende necesarias y que cualquier sospecha de terrorismo avala la suspensión de las más mínimas garantías democráticas“. El periodista del Haaretz Aluf Benn explica que la ley “no se usa realmente ante una necesidad de seguridad estatal sino como una herramienta de conveniencia política“. De hecho, la norma debe renovarse cada año en la Knesset (parlamento), pero se hace sin debate público y no se informa de la votación, tan sólo queda registrada en actas internas. “Se aprueba de forma mecánica, como si la emergencia, con la excepcionalidad que supone, no mereciera un debate serio. Los israelíes viven casi sin saber que están regidos por esta norma, porque no la sufren, pero los palestinos no podemos ni movernos por su culpa. ¿Cómo vamos a pensar en una revolución a la egipcia?”, se pregunta Nazzal. Qassem Khatib, periodista, moderador de la mesa, lo resume con una palabra: intimidación. “A veces es tanto el miedo que nos paralizan. Nos meten el veneno del terror y así es imposible caminar, imagina levantar la mano para pelear. Somos fuertes pero ¿cómo actuar cuando llegan de madrugada, detienen a tu hijo a punta de pistola, para presionarte, y no lo ves en días?”. Organizaciones locales como Bil´in Village afirman que en el último año han sido arrestados de esta forma un centenar de menores de edad. Otros 50, dice Nariman Tamimi, del Comité Popular de Nabi Saleh, cayeron en su pueblo. Por eso las madres han comenzado a organizarse y la conferencia de este año es para ellas el primer gran encuentro “de mujeres y madres” para plantear estrategias comunes. “Aún no sabemos qué vamos a hacer, sólo que somos mujeres fuertes, que somos muchas, y que tenemos la obligación de trabajar contra la ocupación”, dice.

Entre ellos estaban varios de los cinco hijos de Bassem Abu Rahmah, asesinado a tiros en abril de 2009 durante la protesta semanal contra el muro. Bassem se ha convertido en el alma del movimiento de resistencia local, en el símbolo del dolor, una imagen amplificada en enero cuando su hermana Jawaher murió también a consecuencia de la inhalación de gases tóxicos, lanzados por los soldados israelíes para disolver la manifestación (una muerte que Israel niega y achaca a enfermedades previas de la mujer). Majida, la viuda, se deja ver por las conferencias con sus hijas Louma y Layam, silenciosa, triste, agradecida por el entusiasmo que aún genera la figura de su esposo. Ahí está, en el altar improvisado en papel brillante, chillón, junto a Rachel Corrie y Vittorio Arrigoni, junto a Juliano Mer-Khamis. “Will not forget you“, se lee al pie de las fotos. Los monitores van explicando sus historias a los voluntarios llegados de todo el mundo, que escuchan entre aterrorizados y admirados. Andrea, un joven francés de 19 años, acaba de llegar, mochila al hombro. Es su primera vez en Palestina. Se aloja, como todos, con una familia de Bil´in, una manera de integrarse en su rutina y de ayudarlos económicamente. Apenas habla inglés, y nada de árabe, pero abraza a Abdallah Abu Rahmah y le repite: “Good, good, non violence is the way“, (Bien, bien, la no violencia es el camino). Dice que el asesinato de Arrigoni ha sido determinante para hacerlo venir. “Quiero saber por qué dio su vida, por qué hay quien quería acallarlo, por qué merece la pena esta causa“. Para saber hay talleres, conferencias, encuentros durante tres días. Las conclusiones se colgarán de seguido en la web de Bil´in Village. Puede que no salgan “estrategias napoleónicas”, ironiza Nazzal, pero hay un logro que ya está en el marcador: el fortalecimiento de los vínculo entre los activistas palestinos, israelíes e internacionales que trabajan “para acabar con el Apartheid en Palestina”. “Frente a la represión, pensamiento. Frente a las armas, razón. Frente al dolor, esperanza“. Lo resume la madre de Rachel. Un ejemplo vivo de que la rabia no siempre envenena el alma y cambia los principios. Como en Bil´in.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie