En conflicto

“Sólo esperamos que no descargue su locura contra el pueblo”

Manifestación en San Francisco por la libertad en Libia - Ari en Flickr

Los padres de Dia Shanneb dejaron Libia en el año 1977. Emigraron a Egipto y después a Estados Unidos. Recovecos del destino, Shanneb vive ahora en San Francisco mientras a su madre y dos hermanos se han visto sorprendidos por las revueltas en el mundo árabe en Tripoli, Libia. Su padre falleció en Sacramento cuando ya había perdido cualquier esperanza de un cambio.

Todos esperábamos la revolución al ver lo que ha pasado en otros países, pero también estábamos seguros de que Gadafi nos aplastaría“, cuenta Shanneb desde California. El joven libio-americano trabaja en San Francisco como coordinador de Arab Organizing, una comunidad de más de cien personas que desde hace cuatro años defienden derechos civiles de musulmanes e inmigrantes, luchan contra de la discriminación de musulmanes y representan a la comunidad árabe en Estados Unidos.

Shanneb lleva varias semanas sin perder de vista Facebook ni el correo electrónico. Su familia aprovecha los pocos momentos en que pueden conectarse para comunicarse con él.

“Mis hermanos y mi madre están secuestrados en su propia casa, no pueden salir a la calle por la falta de seguridad. Están esperando su libertad“, afirma. Según la información que comparten con él, tienen miedo a salir a la calle porque ven a los partidarios de Gadafi patrullando, armados. “Parece que ha dado armas a cualquiera que quiera apoyarle”.

Según Shanneb, una de las preocupaciones en la capital libia es la presencia de partidarios de Gadafi infiltrados entre los rebeldes. “Cuando consiguen agrupar a cierto número les disparan y eso hace muy difícil que nadie más se anime a protestar”.

En los últimos días ha trabajado contra el reloj para organizar una importante protesta en las calles de San Francisco, donde se concentra una comunidad libia significativa. Desde Estados Unidos, donde la embajada libia ya ha cambiado la bandera a la perteneciente a la era anterior a Shanneb, diversas concentraciones han enviado apoyo a la revolución en Libia, como antes lo hicieron con Túnez o Egipto.

El Este y el Oeste. El Norte y el Sur. Somos uno“. Es el canto que se ha escuchado desde Tripoli a San Francisco y que quiere representar la unidad del pueblo Libio, frente a la división que muchos quisieron ver al comienzo de las revueltas en la capital. La composición étnica del país, mucho más diversa que en el caso de Túnez o Egipto hacía pensar que tanto el levantamiento como una posible transición si Gadfi pierde el poder serían mucho más difíciles.

El joven reconoce que Libia no será un espejo de las revoluciones anteriores “porque Egipto no tenía un Gadafi“. Pero también por diferencias esenciales en el sistema político y la sociedad libia, donde no hay una oposición clara que haya podido organizarse durante años ni una estructura burocrática que pueda siquiera supervisar las actividades económicas. “Gadafi no le dio poder a nadie. Siempre dijo que el poder era del pueblo, pero nos lo quitó todo”, comenta Shanneb.

Manifestación en San Francisco por la libertad en Libia - Ari en Flickr

Fue esa presión la que hizo que se rindiera la generación de sus padres. “Es muy dificil de reconocer, pero ya no esperaban nada. Gadafi tenía todo el poder y, además, el apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea”, cuenta. “Sabíamos que contactaban con él, pero Gadafi tenía a todos en el bolsillo”.

La respuesta del gobierno norteamericano no ha sido tan directa y tajante como en los casos de Túnez, Bahréin o Egipto. Si pidieron que la dictadura de Mubarak escuchara inmediatamente las peticiones de los jóvenes, el gobierno estadounidense se ha escudado esta vez en la coordinación con la Unión Europea y con Italia y Francia en particular.

“Rezamos por una reacción rápida de Obama, pero tardó muchos días, más de una semana, en decir que Gadafi debía marcharse”, afirma Shanneb.

La comunidad árabe y musulmana de Estados Unidos miraba hacia casa con especial atención desde que Obama hablara en El Cairo en abril de 2009. Aquel discurso sobre el derecho a la educación, la libertad y la esperanza de cambio en el mundo árabe resonó en Oriente Medio, pero también hizo eco en Estados Unidos. Shanneb reconoce que desde entonces quedó en su mente la posibilidad, esa pequeña esperanza, de ver lo que ha sucedido en el norte de África desde comienzos de año.

Pero sin Túnez ni Egipto no hubiéramos visto pancartas contra Gadafi en su territorio.
La duda para este joven no es cuándo caerá, sino cómo.

“Creo que está a punto de caer, que ya ha perdido el poder y tiene que irse, pero lo que nos da miedo es el grado de destrucción que va a dejar a su rastro”, dice Shanneb. Por su cabeza pasan las posibilidades de que Gadafi utilice armas químicas contra la población o bombardee a civiles. “Sabemos que está loco, sólo esperamos que no descargue su locura contra el pueblo”.

Algunos expertos han apuntado a que la composición étnica de Libia puede complicar la transición en el caso de que Gadafi termine renunciando al poder o lo pierda. Sin embargo Shanneb no lo tiene tan claro. Y pone el ejemplo de su familia. Es cierto que el este del país, donde los rebeldes han avanzado con más facilidad, está marcado por grupos más opuestos a Gadafi, de ahí que el líder libio nunca pudiera situar a sus hombres fuertes en este territorio y sí en el oeste. Las etnias no se han mantenido separadas, según Shanneb. “Mi padre era del este y mi madre del oeste. Vivían en Tripoli. Ahora Gadafi sólo puede vencer si de verdad consigue dividir a la población”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie