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En conflicto

Sobre la “República Popular de la plaza Taksim”

Lo que parecía un hermoso sueño realmente era solo un sueño. Tras estos días de festival de la libertad en la plaza Taksim y el parque Gezi, en el centro de Estambul, el gobierno turco ha reprimido la protesta (y a los manifestantes), ha arrestado a numerosos activistas, periodistas y abogados, y ha destruído la idea de que algo parecido a una democracia es posible en Turquía. No lo es. Y tal vez nunca lo será. La era de los derechos humanos está muriendo rápidamente. No hay sitio para este lastre en una economía liberal con fundamentos estadísticos. Turquía. China. India. Brasil. Y sí, la Unión Europea.

La plaza Taksim fue durante estos días un lugar de libertad e ideales olvidados. Permanecerá siempre en la memoria, en la memoria histórica. Y así se sentía ese festival de libertad. Nostalgia en directo. Y una historia anunciada.

Taksim, Junio, 2013 (Kahlil Hamra / AP Photo)

Una utopía llamada libertad

El miércoles 5 de junio por la tarde, cientos de residentes de Estambul amantes de la libertad danzaban el baile de la Victoria en la bulliciosa plaza Taksim. Durante el fin de semana anterior, este trozo de tierra fue la escena de una horrible batalla entre los manifestantes y la policía; en ese momento era una zona liberada, en la que al menos 50.000 personas se congregaban cada noche. Después de que la policía se retirara al fin (tanto de la plaza Taksim como del parque Gezi, el último gran espacio verde en la parte nueva de la metrópolis que iba a ser reemplazado por un centro comercial), los manifestantes ocuparon la zona. Fundaron lo que algunos llaman “República Popular de Taksim”, un trozo de tierra liberado dónde la gente viene a soñar con una Turquía libre.

Miembros de diversos movimientos socials, abogados, anarquistas, jubilados, activistas por los derechos de los homosexuales, comunistas, liberales, fetichistas de Ataturk, seguidores unidos de los equipos de futbol Galatasaray, Fenerbahce y Besiktas, activistas por los derechos de la mujer, socialistas, nacionalistas delirantes, kurdos (!), empresarios y sindicalistas… Personas provenientes de toda profesión y afiliación imaginable llegan cada noche para crear una atmósfera que evoca los primeros días del levantamiento egipcio en Tahrir y del movimiento “Occupy” que se propagó por occidente el otoño de 2011.

Los restos de los enfrentamientos con la policía se ven a cada paso. Autobuses carbonizados. Coches volcados. Quioscos y pequeños comercios destrozados. Prácticamente todas las paredes están cubieras de graffitis exigiendo la dimisión del primer ministro Tayyip Erdogan y su pandilla de oligarcas del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP). Muchos de estos eslóganes califican abiertamente a Erdogan de fascista. A cada paso se ven banderas turcas ondeando al viento. Enormes altavoces retumban con música rock o con cánticos de guerra tradicionales. En ciertos puntos estratégicos se han montado puestos de primeros auxilios improvisados en caso de que haya otra carga policial. La protección contra los gases está por todas partes, dado que la policía disparaba gas directamente contra la multitud.

Taksim Square, junio, 11, 2013 (AP Photo/Vadim Ghirda)

Llevo aquí desde el principio. Temíamos por nuestras vidas. Ahora ya no tenemos miedo. Les hemos demostrado que somos fuertes. Sabemos lo que queremos. Nuestras exigencias son simples: democracia, libertad, separación entre iglesia y estado”, decía la señora Zeniyet, una profesora con la que hablé durante una marcha de protesta de empleados públicos en la plaza Taksim. Sus compañeros me hablaron de su combate contra la brutalidad de la policía turca y el auge del totalitarismo en el país. Sin embargo, a pesar del estilo de mando cada vez más autoritario de Erdogan, en los últimos diez años Turquía ha visto surgir un número de movimientos por los derechos civiles excepcionalmente variados, activos y sobre todo modernos, cuyos objetivos son exactamente los mismos que los de movimientos similares en cualquier lugar de la zona mediterránea. Libertad. Justicia. Estado del bienestar. El fin de la corrupción. No es que Turquía acabe de despertar, Turquía lleva ya bastante tiempo despierta.

“Erdogan empezó a interferir en nuestras vidas. Empezó a dictar cómo vivir, qué beber, cómo vestir. ¡Como un iman! ¡Y como algunos estamos acostumbrados a pensar por nosotros mismos, nos declaró borrachos, bandidos y extremistas! Sinceramente, pienso que ha perdido el juicio. Nunca me gusto, pero siempre le ví como un hombre bastante inteligente. No sé qué le ha pasado. Puede que tanto poder y dinero le hayan afectado al cerebro”, continuaba Zeniyet. Su compañera Hurriyet, que estaba al lado ondeando la bandera del sindicato, tenía palabras aún más duras: “Nuestro gobierno está utilizando el crecimiento económico como excusa para llevarnos hacia el islamismo radical. Que no es más que otra forma de fascismo y va en contra de cualquier pilar bueno de nuestra sociedad. No vamos a aguantarlo, y estamos aquí para demostrarlo. ¡Si quieren sacarnos de este parquet, nos tendrán que llevar con los pies por delante!”

Junio 12, 2013. Gezi Park (AP Photo / Vadim Ghirda)

Libertad (temporal)

La plaza entera estaba llena de buenas vibraciones. A cada paso se veían carteles proclamando “¡Todo es Taksim! ¡Todo es resistencia!” Mujeres mayores bailaban danzas tradicionales. Las sonrisas eran tan amplias que parecía que fueran a desbordar las caras. La amenaza policial era omnipresente, los manifestantes de otras ciudades estaban sufriendo la brutal violencia policial.

A pesar del alto precio que pagaron, los manifestantes consiguieron algo con lo que no se atrevían a soñar una semana antes. El muro del miedo había caído. Y una vez que eso ocurre, las autoridades en todas partes suelen tener problemas para volver a erigirlo. Las generaciones jóvenes y educadas de Turquía empezaron a discutir sobre la dictadura y sobre sus propias ambiciones políticas. Taksim entera y sus avenidas aledañas se han convertido en un lugar de celebración de la libertad y de ideas políticas frescas. En este minúsculo trozo de tierra, que sigue siendo el espacio público ocupado más grande que he visto cubriendo todas las principales protestas del mundo en los últimos 15 años, la dictadura islámica neoliberal fue reemplazada por la dictadura de la responsabilidad cívica. La gente –completos desconocidos- se abraza y besa en la mejilla constantemente. Las calles vibran de incredulidad ante este festival temporal de la libertad. Miles y miles de librepensadores vienen aquí a encontrarse. Son sin duda imágenes de importancia histórica.

El pasado miércoles por la noche todo el mundo cantaba canciones revolucionarias en la plaza Taksim. Los nacionalistas confraternizaban con los kurdos. La sensación de unidad había conquistado la plaza –una sensación, huelga decir, que siempre caduca rápidamente. Los activistas repartían comida, bebida y ropa a miles de manifestantes. Varios talleres tenían lugar a la vez. Se daban discursos que iban de lo político a lo meramente entretenido. Un grupo de mujeres hacía yoga mientras unos adolescentes jugaban con sus móviles y escuchaban a Nirvana. Vi a un hombre leyendo Guerra y Paz a la luz de las velas. Al observar todo eso, el primer ministro Erdogan pobablemente repetiría su afirmación de que estas personas son la mayoría alcoholicos, bandidos y extremistas.

Un herido enTaksim Square, Junio 11, 2013. (AP Photo / Kostas Tsironis)

Violencia policial

Los vendedores callejeros más emprendedores han montado puestos en los que venden máscaras de gas y gafas de bucear. A pesar de la alegría general, aún se siente la marca de la brutalidad policial. Hablé con numerosos manifestantes que se habían llevado palizas salvajes. Me contaron que la policía disparó gases lacrimógenos directamente contra ellos. Pegaban y pateaban a mujeres, niños y ancianos. Según ONGs locales, unas 5000 personas resultaron heridas durante los primeros doce días de protesta. Tres de ellos murieron.

Simplemente estamos hartos. El plan de las autoridades de reemplazar el parquet Gezi por un centro commercial fue sólo lo que encendió la mecha. Todo el mundo lo sabe. Nuestro gobierno se ha ido haciendo cada vez más autoritario. Sólo le importa la economía y la creciente islamización de nuestro país. Hay cada vez menos libertad. El parque no es más que un símbolo de lo que Turquía ha estado haciendo a sus ciudadanos. Los tres primeros días fueron realmente horribles. Sabíamos de lo que era capaz nuestra policía, pero nadie esperaba algo de esta magnitud. Se pegaban palizas a los manifestantes como si fueran los peores criminales. Pero eso fue un gran error, y creo que son conscientes de ello. Su violencia y su arrogancia no han hecho más que echar leña al fuego. La caja de Pandora se ha abierto: las revueltas se han extendido por todo el país. Ya no tenemos miedo, estamos unidos. Hace una semana Estambul era una jungla urbana, dónde prevalía el “sálvese quien pueda. Ahora nos hemos convertido en una comunidad. ¡Eso ya es algo muy grande, da igual lo que venga después! Si Erdogan viene a nosotros con una disculpa sincera, si escucha nuestras peticiones y muestra algo de respeto, desistiremos. Eso sería bueno para todo el país”.

Quien me decía esto el miércoles por la noche en la plaza Taksim era un activista llamado Ekim, que trabaja en el Centro Cultural Francés en Estambul. “A todo el mundo le gustaría volver a casa entero”, me dijo. “Esperamos que las autoridades no nos obliguen a volvernos violentos. Nuestro objetivo es mantenernos pacíficos hasta el final”. Tras decir esto, Eksim se despidió de mí apresuradamente, ya que no quería perderse la danza de celebración que, para entonces, bailaban simultáneamente más de mil ciudadanos amantes de la libertad.

(AP Photo)

La arrogancia en aumento

Esto es solo el principio. Es obvio que las autoridades no tienen una estrategia clara sobre cómo reaccionar a las protestas. Nuestro primer ministro parece haber subestimado seriamente el poder de la calle. Al unirnos aquí –¡y eso que hace una semana muchos de nosotros éramos prácticamente enemigos!- ha conseguido algo realmente increíble. ¡Si se me permite ser irónica, esos señores en Suecia deberían considerar seriamente a Erdogan para el próximo premio Nobel de la paz! Mira a toda esta gente: junta, unida, sin dar importancia a sus orígenes étnicos o religiosos… Por estas partes esto es algo realmente nuevo, algo extraordinario que le hace mucho bien a nuestra sociedad”. Así hablaba Ece Temelkuran, uno de los escritores y activistas con más influencia de Turquía. Por ahora ha sido relativamente afortunada. En un país donde el libre pensamiento es a menudo premiado con una larga estancia en prisión, por ahora su oposición abierta a Erdogan y sus amigos sólo le ha costado su trabajo.

Cuando hablé con ella el 4 de junio, estaba indignada. “Primero las autoridades nos piden perdón y aseguran que el parque permanecerá… Y justo después sufrimos un asalto policial. En Izmir, en Ankara, aquí en Estambul –aunque aquí fue un poco más suave dada la cantidad de periodistas extranjeros que han venido. Pero lo que está pasando es una locura. Es una farsa política enorme. Las autoridades están tratando de calmar las cosas. El primer ministro se mantiene extremadamente arrogante, pero los más cercanos a él han adoptado un tono de calma. No es más que un ejemplo especialmente malo de “poli bueno, poli malo”. Y los medios occidentales deben asumir una gran parte de responsabilidad por todo este lío. Igual que los medios turcos, sus compañeros occidentales básicamente ignoraron las protestas los tres primeros días. Además, durante los últimos diez años no han hecho más que repetir el mantra demencial sobre Turquía como la fusión perfecta de Islam y democracia. Quiero decir, ¿democracia? Con sus cientos de presos politicos –activistas, líderes sindicales, estudiantes, abogados y escritoires- Turquía es una enorme cárcel abierta. Los que están al mando se vuelven cada vez más autoritarios. Y no rinden cuentas a nadie. Por el otro lado la popularidad de las redes socials aquí se ha disparado, sobre todo de Twitter. Y con estos miles y miles de fragmentos de información flotando en el ambiente es muy difícil saber lo que es verdad y lo que no. Y los que más se benefician de eso son las autoridades”.

(AP Photo)

La escritora turca me aseguró que no iba a unirse a la euphoria que normalmente acompaña a estos acontecimientos revolucionarios. De ninguna manera, había aprendido mucho de lo que ocurrió en Egipto, de la forma en que los Hermanos Musulmanes acabaron apropiándose de la revuelta al completo. En su opinión, algo muy similar podría ocurrir en Turquía –al menos si los manifestantes no son capaces de organizarse políticamente. Al fin y al cabo, el partido de Erdogan ha llevado al país por el camino de la islamización política, lo que les ha llevado a tener excelentes relaciones con los Hermanos Musulmanes.

Los hermanos musulmanes

“Cientos de jóvenes turcos han sido heridos sólo porque las protestas hirieron el ego de nuestro primer ministro! Las autoridades nos han provocado deliberadamente los primeros días de las protestas, esa fue su única estrategia. Nosotros, en cambio, no hemos tenido tiempo de analizar ni reflexionar, hemos estado muy ocupados corriendo de los gases lacrimógenos. Pero lo que podemos decir con absoluta certeza es que el ayer no existe ya. Sólo el mañana. Erdogan tiene la intención de transformar la sociedad turca en un objeto. Ahora nos hemos transformado en un gran sujeto. El muro del miedo ha sido arrollado. Esto es lo que más importa”, Ece Temelkuran me dijo.

(AP Photo)

Algunos piensan que es una obligación de la juventud y de la población formada quedarse en las calles. Si la libertad de pensamiento de la clase media volvía a encerrarse en sus hogares, las protestas podían ser fácilmente absorbidas por los extremistas y los provocadores. Y eso, piensan, es el mayor regalo que podrían desear las autoridades. Después de eso, la policía barrería las calles, y los periodistas vendidos  podrían adjudicar más basura a las manifestaciones. Una disculpa de Erdogan ayudaría mucho para calmar las cosas por aquí, por supuesto, si la disculpa fuese honesta e independiente de cálculos políticos. Es dolorosamente claro que el hombre ha ido demasiado lejos. Incluso algunos de sus más cercanos aliados se han dado cuenta de esto. Son muchos los que quieren una disculpa y ser tratados con respeto.

La necesidad de acción política

Hay gente desconcertada por el hecho de que más del 70 por ciento de los manifestantes no apoyen ninguno de los partidos políticos. El problema es que los manifestantes tienen aún que organizarse políticamente, lo cual, en opinión de la mayoría de la gente con la que he hablado es absolutamente  necesario y creen que el primer ministro disfruta con la gran ventaja del apoyo de la población conservadora, algo que no podemos olvidar. Es bastante posible que él intente aprovecharse de esto. Muchos piensan que sólo será a través de la participación política que se podrá parar esta deriva de Turquía hacia una dictadura total, mientras las autoridades están mandando señales contradictorias al público. En cualquier caso, hay un largo, largo camino que recorrer, muy lejos de poder ser indulgentes y decir con términos románticos y naif que esto es como una ‘Primavera turca”.

Un manifestante lanza un bote de gas a la policía (AP Photo9

Esa es precisamente la visión de Elik Shafak, una escritora y bloguera de origen turco-francés. Entre otras cosas, ella escribe: “Llamar a los recientes acontecimientos ‘La primavera turca” o “El verano turco”, como  algunos comentaristas rápidamente se han lanzado a hacer, no es un aproximamiento apropiados. Es verdad que Turquía tiene un montón de asuntos en común con muchos países de Oriente Próximo, pero también es muy diferente. Con su larga tradición de modernidad, pluralismo, secularismo y democracia -por muy débil, inmadura que pueda ser- Turquía tiene mecanismos para equilibrar sus propios excesos de poder. No puede ser negado, en cualquier caso, la preocupación de que las protestas pudieran derivan en el control de grupos extremistas y que entonces se vuelvan violentas.

La misma preocupación ha sido verbalizada por el presidente del país, Abdullah Gül, quien ha dado una visión constructiva diciendo a los políticos que el pueblo ha dado un claro mensaje, y que los políticos deberían tomarlo en cuenta. Ahora, después de días de agitación, está lloviendo suavemente sobre los neumáticos quemados y los grafitis, y la voz del joven padre que escribió una letra abierta al Primer ministro representa el sentimiento de mucha gente que permanece en la calle y en sus casos: “Nos ha llamado ilegales, mi querido Primer Ministro. Si usted sólo nos conociera algo, vería que somos cualquier cosa menos eso”.

Junio 11, 2013. (AP Photo / Kostas Tsironis)

Pero la violencia ha sido la única respuesta de las autoridades turcas que han llevado a cabo. “Me levanto y miro, y y la mayor parte del tiempo sólo tengo ganas de llorar” me dice el pintor y diseñador de páginas web Emre. “Nunca imaginé que podría ver cosas como éstas. Me he quedado aquí desde el primer día. Ha habido veces que he pensado que la policía nos mataría. Pero poco a poco fuimos sacándonos de dentro el miedo. Tan pronto como la policía nos atacaba, miles y miles de personas empezaban a a llegar a la plaza Taksim, gente de todas las generaciones, ricos y pobres. ¡Era increíble!. Los partidarios de Galatasaray, Fenerbahce y Besiktas venían juntos, unidos, era un milagro. ¡Sabíamos que nos habíamos fortalecido! Por eso debíamos permanecer en la plaza. Ésta es nuestra única oportunidad histórica. Y entonces, la policía se retiraba. Ahora, la plaza nos pertenece, y el parque Gezi no sería sustituido por un centro comercial. ¡Eso es una gran victoria!”.

Hablé mucho con Emre cerca de una de las innumerables barricadas de la policía bloqueando las calles cercanas. El joven me decía que en gran medida estas protestas son la confrontación entre lo viejo y lo nuevo, el progresismo y el conservadurimos, lo urbano y lo rural. También me contó que nunca había sido un activista, pero que todavía le sorprendía como Turquía podía ser percibida en Occidente como una sociedad democrática. “Nosotros somos cualquier cosa menos una democracia. Es una gran mentira. Todo se ha basado en el crecimiento económico. ¡Y la economía ha sido controlada por la gente que está muy cerca del Estado y ahora está controlada por el estado mismo!

Junio 2013, Taksim (AP Photo)

La utopía dura catorce días. El brutal enfrentamiento era previsible, pero algo ha cambiado irreversiblemente en Turquía. Para bien.

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paliza

Rebelión en el parque

 01.06.2013 ·  · Edición Storify

EN DIRECTO. Selección de FOTOS y  VÍDEOS en las redes.

Miles de ciudadanos de Estambul, Turquía, se rebelan contra el intento de destruir un parque para construir un centro comercial y contra la represión del gobierno.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

3 comentarios

  1. Impresionante el artículo que acabo de leer. Me hace tomar un nuevo enfoque para mi novela. Muchas gracias.

    Como pequeño restituyente de nuestras propias luchas dejo aquí mi diario del día 15M del año pasado en Barcelona. No olvidemos que seguimos en la brecha, sin bajar los brazos. Un poquito de memoria histórica. http://blixenlamujerdelaspalabras.wordpress.com/2012/05/17/feliz-aniversario-15-m/

  2. Ana María

    Como impresiona, que dolor, que pena de Pais, no es muy distinto a este, la policia es la dueña de las calles, y corta todas las libertades, pobre gente, quien puede contra las pistolas?

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