En conflicto

Siria deja de ser inmune a la revolución

El régimen de Damasco, al que EEUU y la UE han tratado de desestabilizar durante años, ha sido el último en sucumbir a la primavera árabe

Las primeras protestas, si bien minoritarias, exigen libertad y la excarcelación de presos de conciencia sirios

Manifestantes sirios en El Cairo. Marzo, 2011 (AP Photo)

No deja de resultar curioso que la protesta, la primera vivida en Siria tras tres meses de revoluciones árabes, sorprendiera a la ministra de Exteriores española Trinidad Jiménez visitando la mezquita Omeya, situada en el centro histórico de Damasco. Las jornadas de ira llevaban semanas convocándose pero la Muhabarat, la Inteligencia siria, siempre conseguía disuadir de su celebración mediante una presencia masiva en el escenario de la convocatoria. Hasta el pasado martes, cuando cientos de sirios lograron derrotar un miedo que se remonta a varias décadas para salir a las calles con un solo grito: “Libertad, libertad, libertad”. La ministra pudo comprobar en persona el malestar árabe, aunque eso no le privó de proseguir su visita oficial sin cuestionarse la cooperación con Damasco.

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La cita apenas reunió 300 personas, pero el simbolismo de la protesta era muy alto. En el país regido por el autócrata alauí Bashar al Asad no hay libertad de reunión y toda protesta está firmemente prohibida. Los disidentes terminan en prisión, el mismo destino que esperaba a la activista Soheir Al Atasi, convertida en la cara más visible de la protesta, quien el martes explicaba a Al Jazeera cómo se había gestado la manifestación.

“El plan era hacerlo mañana, pero de forma sorpresiva los jóvenes han decidido convocarse hoy a sí mismos. La gente está muy encendida”, decía con la voz entrecortada por la emoción. Las imágenes de la grabación casera distribuida en las redes sociales mostraban a un nutrido grupo de jóvenes que coreaban consignas como “Dios, Siria y Libertad, con eso nos basta” o “pacífica, pacífica”, en referencia al carácter de la marcha. Habían sido convocados mediante Facebook y también mediante SMS, en lo que puede considerarse la primera jornada de protesta de relativo éxito que vive el país desde el inicio de la primavera árabe.

Soheir argumentaba que la convocatoria tenía como objetivo denunciar los delitos de opinión y exigir la liberación de los presos encarcelados por dicho crimen, el mismo que se le imputa a ella. Porque la joven Soheir, que el miércoles se sumó a otra protesta celebrada ante el Ministerio del Interior para exigir la liberación de activistas arrestados, terminó en calabozo. Su arresto promete alimentar unas protestas que están más que justificadas en un país donde la libertad es un bien tan anhelado como lejano.

Siria sucumbe así a la oleada revolucionaria del mundo árabe, si bien resulta irónico que haya sido el último país en sumarse. Durante años, Damasco fue internacionalmente aislado, sometido a sanciones, acusado de mantener vínculos con el terrorismo, bombardeado por Israel sin que nadie emitiese una simple condena… todo con tal de  debilitar al régimen de Bashar Asad y aumentar la disidencia interna para lograr derrocarlo de un modo u otro. Por eso resulta llamativo que Siria sea el último país de la región en padecer protestas sociales y que las suyas sean las más débiles de la región, pese a concitar todos los factores que han alimentado las revueltas vecinas.

Bashar al Asad, durante una visita a Francia en diciembre de 2010. / Remy de la Mauviniere (AP)

Bashar al Asad (AP)

El rais Asad fue de los primeros en pronunciarse tras el inicio de la primavera árabe: lo hizo afirmando que las protestas no llegarían a Siria gracias, precisamente, a su agenda internacional, lejos de la política aplicada por EEUU y la Unión Europa a Oriente Próximo, tan criticada por las poblaciones árabes, en especial en lo relativo a Palestina e Irak. “Siria es estable. ¿Por qué? Porque hay que estar muy cerca de las creencias de la gente. Esa es la cuestión básica. Cuando hay divergencias se crea un vacío que degenera en disturbios”.

Se refería a su alianza con los movimientos de resistencia iraquíes y palestinos, con Irán -en contra de la corriente occidental que sataniza todo lo relacionado con la antigua Persia- y a su estrecha cooperación con Hizbulá, que le han granjeado simpatías entre buena parte de los árabes de toda la región. “El hecho de que Mubarak exprimiera a los palestinos le hizo muy vulnerable”, dice Paul Salem, responsable del Centro Carnegie de Estudios Estratégicos, basado en Beirut. “Siria en cambio se ha convertido en portavoz de las causas árabes y eso le protege relativamente”.

El historiador y jurista libanés Georges Corm, una de las mentes más lucidas de la región, coincidía en este pronóstico.  “Siria está protegida por el hecho de que mantiene una línea nacionalista árabe, que apoya firmemente la resistencia contra Israel, que no se deja hacer a diferencia del régimen egipcio, o el saudí, no se deja asaltar por los países occidentales, y esa línea le inmuniza ante las exigencias de dignidad en la política exterior que ha sucedido en otros países. El problema es económico y social, y en cuanto a eso ya está reaccionando con medidas que aumentan los salarios, que promueven subvenciones. No hay que olvidar que Siria ha cargado con el problema de los refugiados iraquíes prácticamente solo y que ha sido una dura carga. Pero es pronto para decir que Siria es inmune. La oleada revolucionaria no ha terminado aún”.

Georges Corm, en su despacho de Beirut. / M. G. P.

Un juicio que comparte el responsable del think tank Foro de Conflictos Alastair Crooke, ex mediador internacional basado en el Líbano. “Creo que el presidente Asad tiene razón: Egipto y Siria tenían en común los problemas esenciales, el desempleo, la crisis económica, y sólo les diferenciaba la agenda exterior. Eso es lo que no entiende EEUU y la UE: esto no tiene nada que ver sólo con la política y la economía, también se trata de dignidad. Los árabes no sólo buscan mejoras materiales, buscan algo más profundo”.
Eso hace pensar que, aunque no sea inmune a la primavera árabe, las protestas no pongan en dificultades al régimen, al menos por el momento. Eso a pesar de que Asad está siguiendo el patrón de otros dictadores regionales, como prometer ayudas económicas para minimizar el riesgo de protestas. “Siria tiene los mismos elementos que Egipto o Túnez: alto desempleo, dificultades económicas y represión”, recuerda Salem. No sólo eso: es una república secular basada en una dictadura militar, con un servicio de Seguridad represivo que disuade de todo atisbo de protesta.

Human Rights Watch situaba a las autoridades sirias entre los peores violadores de los Derechos Humanos en 2010 por la detención de abogados y activistas, la tortura contra sus disidentes y el uso de la violencia para reprimir a los kurdos. Este mes, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos destacaba que 13 presos políticos se habían puesto en huelga de hambre en protesta por “las detenciones políticas y la opresión”. El caso más flagrante es, seguramente, el de la bloguera Tall al Mallouhi, arrestada en diciembre de 2009 -cuando contaba con sólo 18 años- y condenada a cinco años de prisión por traición. No se queda atrás el caso del juez retirado Haizam al Maleh, de 80 años, liberado recientemente gracias a una amnistía.

Un retrato del presidente sirio Bashar al Asad en el zoco de Damasco. / AP

Tras la victoria tunecina y en plena fiebre revolucionaria egipcia, un grupo de Facebook convocó las primeras protestas en Damasco: el lugar de la cita amaneció lleno de policía de uniforme y de paisano, ni rastro de manifestantes. Días antes unas decenas de activistas se concentraron en solidaridad con Egipto: fueron disueltos inmediatamente.

“Los sirios están siguiendo muy atentamente los acontecimientos y saben que la respuesta puede ser muy violenta. La proximidad de Irak y del Líbano, donde el enfrentamiento sectario ha derivado en terribles guerras civiles, les da miedo”, continúa Salem. Hay que recordar que la población siria es suní pero está gobernada por una dinastía alauí (chií).

“Los sirios no queremos ver las calles de Damasco consumidas por la protesta, o que una violenta confrontación surja con el régimen. Lo que queremos es un diálogo con el régimen”, argumentaba Ribal al Assad, director de la Organización para la Democracia y la Libertad de Siria, en un artículo del Daily Star libanés. “La mayoría de los sirios se enfrenta a una situación económica y social extremadamente difícil, que incluye un alto desempleo, el alza de los precios, la endémica corrupción y la restricción de libertades […] La mejor forma de evitar un enfrentamiento es una reforma genuina que lleve a elecciones y a un Gobierno de unidad nacional”, aseguraba el analista.

20 de marzo de 2011
Continúan los disturbios

Las fuerzas de seguridad en Siria se enfrentaron con miles de manifestantes anti-gubernamentales en la sureña ciudad de Dera por tercer día consecutivo.

Al parecer, los manifestantes prendieron fuego a las oficinas locales del gobernante Partido Baath y a un edificio de la corte. Al menos una persona murió y varias resultaron heridas.

El gobierno anunció la liberación de algunos detenidos, entre ellos los adolescentes acusados ​​de pintar consignas contra el gobierno en las paredes. Cuatro personas murieron en enfrentamientos con la policía el viernes día 18.

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