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En conflicto

“Si la sangre no cesa, todo Siria se convertirá en lo mismo que yo”

Una grabación en el que un comandante rebelde extrae y muerde el corazón de un soldado sirio testimonia el grado de horror que se vive en el país árabe

El vídeo de una violación cometida por el soldado cuyo cadáver fue profanado dio paso al crimen de guerra

“Lo que hay que preguntarse es cómo ha llegado a perder la cabeza”, alegan activistas y rebeldes

Masacre de Bayda, Banyas (AP Photo/Syrian R)

Este vídeo captado el pasado jueves en la aldea de Talaf, en la provincia de Homs, muestra los cadáveres de una mujer y cuatro niños en bombardeo. Un día antes, 15 personas eran asesinadas en la cercana villa de Khirbet Sawda y el pasado lunes, un bombardeo dejaba víctimas como esta niña en la localidad de Al-San. Una semana antes, eran recuperados los cadáveres de 22 civiles, en su mayoría niños y mujeres, en esta provincia siria, sólo uno de los múltiples escenarios de la guerra que se libra desde que el régimen comenzase a reprimir las manifestaciones que originaron la revuelta.

Pero ninguna de estas imágenes, ninguno de los centenares de vídeos con exacciones documentadas por activistas y periodistas, tuvo nunca la repercusión de la grabación de Abu Saqqar, el combatiente de Homs que posó ante una cámara mientras arrancaba a sangre fría los órganos vitales del cadáver de un combatiente del régimen y fingía morder su corazón.

Imagen del vídeo de Abu Saqqar

La prensa internacional ha convertido este crimen de guerra en una referencia, cuando el propio Abu Saqqar carece de respeto entre sus correligionarios. “Actúa como un niño y como un loco. Le gustan demasiado las cámaras y eso explica parte de lo que hizo. Pero hay que tener en cuenta las matanzas a las que ha asistido Abu Saqqar desde que comenzó todo. Y lo que vio antes de actuar como lo hizo”, apunta uno de los colegas de filas, que prefiere no ser citado. “El vídeo se grabó a mediados de marzo. Nuestros hombres habían lanzado una operación para recuperar Baba Amr. Abu Saqqer fue con unos 50 hombres y, a medida que avanzaban, iba dejando retenes detrás suya. Al final sólo le acompañaban tres combatientes. Registraron a uno de los shabiha que acababan de matar en combate y encontraron un móvil. En el había una grabación, un vídeo increíble, que fue lo que le llevó a actuar así”.

En una entrevista con la revista Time, el propio Abu Saqqar explica que fue el vídeo del miliciano de Assad lo que le empujó a regresar para ensañarse de una forma abominable con el cadáver, pero apenas daba detalles del contenido. “En él se veían tres mujeres en una habitación: una madre y sus dos hijas adolescentes. Abu Saqqar las conocía, eran vecinas suyas de Baba Amr. Habían sido desnudadas por completo y un soldado las estaba violando. Ellas suplicaban entre lágrimas. Segundos después, el soldado que grababa le dió su móvil a un compañero y comenzó a violarlas con su miembro y con un palo. Era el mismo hombre que tenía el móvil en su ropa”, explica correligionario.

Nada justifica la profanación de un cadáver, pero el nivel de atrocidades en que se ha sumido Siria sí ayuda a entender conductas como la de Abu Saqqer, un ex obrero de 30 años original de Baba Amr, uno de los primeros participantes en las manifestaciones que terminarían levantando a este barrio de Homs y también uno de los primeros civiles que tomaría las armas para defender la zona de las incursiones militares. Su conducta -amenazante, pendenciera y con notable ansiedad por salir en los medios de comunicación- le diferenciaba desde el principio de los activistas y de los soldados desertores. Con el tiempo, se terminaría consagrando como un combatiente que no temía a la primera línea de fuego –fue uno de los últimos en abandonar Baba Amr cuando ésta cayó en manos del régimen, tras más de un mes de bombardeos despiadados: resultó herido en su retirada- y fundaría la Brigada Omar al Farouk Mutakilla, o Farouk Independiente, una escisión local de las Brigadas Farouk.

Los compañeros de filas de Khaled al Hamad, más conocido como Abu Saqqar, se encuentran desolados. No sólo por las imágenes que están siendo asociadas no sólo con su brigada sino con toda la revolución siria, sino por lo que tachan de hipocresía occidental, donde la imagen de un individuo que profana y finje morder un corazón suscita más repulsa que las pilas de cadáveres de niños que pueden documentarse con triste frecuencia en Siria.

“Es un acto individual que no nos representa. Lo hizo sin consultarlo con nadie, y cuando supimos del mismo le pedimos que no repitiera algo así”, explican. Su afición por las cámaras y el escándalo suscitado le ha llevado a grabar otro mensaje, en el que afirma estar dispuesto a “someterme a juicio por mis acciones si Bashar y sus esbirros son juzgados por sus atrocidades. Mi mensaje al mundo [es que] si la sangre en Siria no cesa, todo Siria se convertirá en lo mismo que yo”.

“Semejante conducta está prohibida bajo todo principio humano o religioso”, recuerda uno de sus colegas de filas. “Se ha comportado como un loco irresponsable”, dice otro. Un tercero recuerda que el hermano del individuo, Yahia, murió en noviembre de 2011 cuando intentaba rescatar a una mujer que había sido abatida por un francotirador y también fue disparado, y que Abu Saqqar ha perdido a 25 miembros de su familia en esta guerra. Un portavoz de Liwah al Haq, uno de los movimientos armados activos en la provincia de Homs, añade en otro encuentro: “Es deplorable e inaceptable desde cualquier punto de vista, pero es aún más deplorable e inaceptable la hipocresía de los medios occidentales y la comunidad internacional que nos demoniza, que omite masacres como las de Banyas o Ras al Nabaa y concentra el foco sobre un incidente aislado omitiendo centenares de vídeos de atrocidades cometidos por seguidores del régimen. Así, miles acabarán como Abu Saqqar”.

Masacre de Bayda, Banyas.

Combatientes y activistas consultados se muestran especialmente ultrajados por la negligencia a la hora de difundir las imágenes de Bayda, en Banyas, localidad escenario de una matanza a principios de mayo que dio paso a la huída masiva de los residentes. Centenares de civiles –entre 200 y 400, según las fuentes- fueron masacrados por milicias próximas al régimen lideradas por un apologista de la limpieza sectaria próximo al equipo de Assad –como demuestra Mihrac Ural en este video- pero no merecieron ninguna atención mediática. Las pilas de cadáveres de hombres, mujeres y niños -algunos con heridas de cuchillo, bebés con las extremidades amputadas, niños quemados, cadáveres con los cráneos reventados- no pasaban aparentemente los estándares requeridos por las redacciones internacionales. “Nos dijeron que eran demasiado gráficos para el público occidental”, lamenta un activista relacionado con los medios internacionales.

Abu Khaled, un miembro de la brigada Farouk al Mutakilla, o Farouk Independiente, y que se considera un amigo de Abu Saqqar, intenta explicar –”aunque no pretendo justificar”- lo ocurrido. “Efectivamente, hemos hecho una cosa inaceptable. Pero los miles de crímenes brutales e inhumanos cometidos por el régimen no se pueden comparar. El mundo entero, Human Rights Watch y Naciones Unidas dicen ‘oh, mira el ELS cometiendo actos de salvajismo’. Lo dicen mientras cierran los ojos ante cada crímen de Assad, cometido hora tras hora”.

Si bien semejante conducta de un “loco, un hombre sin educación” como resaltan todos, no es representativa de los rebeldes sirios, activistas y combatientes inciden en la violencia sobre el terreno para comprender la laxitud de las conductas de elementos aislados en las milicias. “No quiero excusar a Abu Saqqar porque es inaceptable lo que ha hecho”, lamenta Abu Yussef, en conversación telefónica desde la región de la zona Quseir, la misma donde actúa el miliciano que arrancó el corazón del soldado. No ha querido volver a verle desde que supo lo sucedido, pero sí envió a una persona a confrontarle en su nombre. “Cuando le dijo que ahora la comunidad internacional estará contra nosotros, respondió: “Que la comunidad internacional pida disculpas a esa madre y sus dos hijas y entonces me entregaré. Que me condenen a muerte si lo merezco, pero antes que pidan perdón’”.

“Lo que hay que preguntarse es cómo ha llegado a perder la cabeza”, insiste Abu Yussed a través de la línea satélite con la que conversa mediante Skype. “En los últimos seis meses vemos escenas a diarios que van más allá de la razón. Hace una semana encontramos los cadáveres de 22 niños con sus padres y abuelos, algunos asesinados a cuchillo y otros quemados. Cada día estamos perdiendo civiles en los checkpoints, asesinados a cuchillo, con armas, con palos… Nos están volviendo locos, nos están poniendo al límite. Y esa locura no va a acabar con la guerra, porque a ella seguirá una oleada de venganzas”.

Ejecución a cuchilladas de un hombre atado por fuerzas de Assad. Click al vídeo.

Los expertos en salud mental coinciden en que las personas expuestas a altas dosis de violencia tienen muchas probabilidades de inflingir a su vez violencia a sus semejantes, si bien nada justifica conductas como la de Abu Saqqar. Los vídeos donde se muestran violaciones, torturas, amputaciones y asesinatos a sangre fría son tristemente comunes desde el principio de la revolución, y en ellos aparecen mayoritariamente soldados del régimen o shabiha, la denominación que reciben las milicias progubernamentales. Los vídeos de los asesinatos de civiles de Bayda, en Banyas, han tenido un impacto especialmente duro en los combatientes dado que han pasado desapercibidos en el exterior: tres muertos en Boston eclipsaron la masacre.

“He visto cientos de vídeos de ese tipo, de ambas partes”, explicaba a la revista Time Rami Abdulrahman, responsable del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. “Cortan piernas y cabezas. Cortan corazones e hígados, oídos y lenguas. Amputan genitales. Es anormal. Es inhumano lo que está ocurriendo”.

Desde que la revolución se militarizase, hace un año, ha surgido una suerte de competición en Internet a la hora de colgar imágenes de una violencia obscena. Es posible ver decapitaciones, personas quemadas en vida, prisioneros acuchillados y amputados y cadáveres de civiles asesinados de las más diversas y crueles formas. La mayor parte de estas grabaciones han sido efectuadas por soldados o milicianos próximas al régimen, como se puede apreciar en las imágenes. Todos emplean un lenguaje sectario similar al que usaba el rebelde en el vídeo de la profanación.

“Cuando la gente ve estos actos de brutalidad y mutilación, eso deja profundas cicatrices en ellos y surge la tentación de replicar en venganza. Ojo por ojo y diente. Algunos combatientes en Siria se lo han tomado de forma literal”, explica Peter Bouckaert, director de Emergencias de Human Rights Watch, responsable del informe original que denunciaba el vídeo con el episodio de la profanación del cadáver. HRW ha exigido al liderazgo del Ejército Libre de Siria y a la opositora Coalición Nacional siria que “adopten todas las medidas necesarias para que los responsables de crímenes de guerra respondan por sus actos y para prevenir semejantes abusos de cualquiera bajo su comando”. Sobre el terreno, ambas instituciones son consideradas marionetas políticas y ajenas a un conflicto que no viven en primera persona, dado que están basadas en el exterior de Siria. La Brigada Independiente Farouk no se somete a ningún consejo militar del FSA, por lo que puede considerarse fuera de su control.

Ejecución de un prisionero por fuerzas de Assad. Imagen de vídeo. Click para ir al vídeo

La prolongación del conflicto, la impunidad de los crímenes para ambos bandos y el volumen de violencia está llevando a Siria por los más tenebrosos derroteros. “Cualquiera, literalmente, puede convertise en un miembro del Ejército Libre de Siria si tiene un arma. Se han dado casos de supuestos rebeldes que usan su condición para robar pan en las panaderías por la causa, para no pagar transporte, para saquear domicilios…”, explicaba Mohamed, uno de los activistas en Alepo, el pasado noviembre. “Hay mucha gente débil, sin principios, que ha conseguido armas y a la que nadie puede parar”, añade Abu Ahmad, otro activista de Hama, antes de presagiar que “veremos más crímenes como estos. La violencia ha secuestrado a la revolución”.

Las conductas criminales aumentan a medida que se eterniza el conflicto. En las páginas del Guardian, ya se desgranó la tendencia al saqueo de guerra entre las facciones rebeldes –una práctica documentada desde hace tiempo en las filas del régimen- convertida en ocasiones en la única razón para lanzar operaciones militares. Algunos psicólogos empleados por ONG regionales admiten que algunos rebeldes han comenzado a abandonar las filas del ELS horrorizados por las conductas criminales de algunos de sus miembros.

Abu Ahmed fue durante un año responsable del centro de prensa de una de las principales ciudades del norte de Siria. Hastiado de tratar con periodistas –algunos de ellos, indiferentes a la tragedia y sólo preocupados por obtener una exclusiva- decidió dejar su actividad para enrolarse en una brigada y tomar las armas contra el régimen. Dos meses después, decidía abandonar la milicia. “Estamos perdiendo el rumbo”, contaba en una conversación telefónica más parecida a un desahogo que a una charla, mantenida desde el norte de Siria. “Algunos de mis compañeros traían a sus hijos a los combates, les entrenaban en el uso de las armas. Uno de ellos llevaba consigo a su hijo de tres años. ¿Qué nueva generación estamos dejando? ¿Qué va a ser de ellos?”, se lamentaba.

El activista Omar Shakir, que coincidió durante más de un año en las calles de Baba Amr con Abu Saqqar, recuerda que “este es el tercer o cuarto vídeo de atrocidades cometidas por combatientes”. Es de infame memoria el grabado en Deir az Zor, al Este del país, donde un crío es conminado a decapitar a un seguidor del régimen, o éste más reciente grabado en Raqqa, donde supuestos colaboradores del régimen son ejecutados por extremistas. “Pero a diario llegan vídeos con atrocidades cometidas por el Gobierno, y no se denuncian. En una revolución como esta, que implica a tanta población, siempre va a haber gente que actúe como locos pero ellos no representan a todo el movimiento”.

Torturas y asesinatos entre risas de fuerzas de Assad. Imagen de vídeo. Click para ir al vídeo.

Omar es de la opinión que Abu Saqqar debe pagar por su crimen ante un tribunal internacional. “¿A quién podemos denunciarlo? Estamos en medio de una revolución desorganizada y caótica y nadie nos ha ayudado a mejorar. Por dos años, la comunidad internacional ha protegido a un régimen criminal mientras la gente se armaba para defenderse. Casi todos los sirios han perdido a alguien en esta guerra. Abu Saqqar no representa a nadie, pero me temo que veremos a muchos más Abu Saqqar en Siria”.

Mientras, en la provincia de Homs, Abu Yussef se siente desolado. Este activista explica que la caída de Quseir y las 20 aldeas que la rodean a manos del régimen es inminente, aunque los medios no se refieran a ello. “No es cuestión de semanas sino de días. Y hay 40.000 civiles atrapados a los que intentamos sacar poco a poco. Cada día algunos son asesinados cuando emprenden la huida”.

Abu Khaled afirma, como tantos otros, que la revolución fue devorada hace tiempo por la violencia sectaria promovida desde Damasco. “La situación está fuera de control y la gente que comenzó la revolución se siente sola, abandonada por la comunidad internacional, por la oposición política que se reune un día tras otro para no hacer nada mientras nos bombardean con aviación y artillería pesada a diario, mientras entran en las aldeas destruyendo todo lo que encuentran a su paso, incluido el ganado o los cultivos”, explica.

Bayda, Banyas. 

“Hemos cruzado la línea que separa a la Humanidad de la monstruosidad. No entiendo cómo, pero Abu Saqqar se ha convertido en una bestia a la que no preocupan los crímenes de guerra. He estado hablando con mucha gente acerca de esto, y todos dicen lo mismo. ‘A la mierda con la comunidad internacional. No nos ayudan, no protegen a nuestras familias, ¿por qué debemos preocuparnos por lo que piensen? ¿Cuántas niñas han sido violadas, cuántos niños ejecutados, qué han hecho ellos para intentar impedir una sola muerte? ¿Cuántos vídeos han salido de esos crímenes? ¿Cuántas veces los han denunciado?”, añade.

Según Abu Khaled, sólo en los alrededores de Quseir entre 15 y 30 civiles mueren a diario. “Es un genocidio, el régimen está aplicando la política de tierra quemada. Lo mismo que vimos en Banyas ocurre cada día en Homs y en muchos otros lugares de Siria”, lamenta a través de la turbia conexión vía satélite. “Empezamos la revolución pidiendo democracia, tolerancia, igualdad, y sólo hemos conseguido ser iguales a la hora de ser asesinados. Nos matan por igual a mujeres, hombres, niños y ancianos”.

 

ATENCIÓN: FOTOS MUY DURAS

 

Vídeos MUY DUROS sobre palizas y asesinatos de hombres atados

Grabados por los mismos sonrientes asesinos:

 

Soldados de Assad asesinan lentamente, a cuchilladas  y pedradas a dos prisioneros atados durante ocho minutos de risas.

Micianos de Assad dan una gran paliza y prenden fuego a un hombre atado.

Soldados  y milicianos de Assad  golpean con palos y piedras  un hombre atado antes de matarlo a tiros.

Soldados de Assad  matan de un disparo en la cabeza a un hombre  de rodillas y atado . 

Milicianos  de Assad  apuñalan decenas de veces el cuerpo ensangrentado de un hombre, que ya apenas se mueve , mientras ríen y celebran.

 

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1 comentario

  1. Alejandro

    Solo quería agradecer a Mónica en particular y a Periodismo Humano en general vuestra cobertura informativa.
    No voy a dejar escapar la oportunidad de reconocer vuestro trabajo; soy lector asiduo y contribuyo desde hace algo más de un año con Periodismo Humano, es la primera vez que escribo y lo hago sólo para intentar apoyaros humildemente, en la medida en la que puedo.
    Fotos y vídeos como los que recoge éste artículo son demoledores, viscerales y esclarecedores. Llevo un rato sentado aturdido ante el ordenador, a pesar de que por desgracia estoy acostumbrado a reconocer las distintas manifestacione de la violencia.
    Gracias por permitir que acceda a éste tipo de reportajes. Son una cura de humildad y me obligan a reflexionar para intentar cambiar.
    Un saludo

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