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En conflicto

Sáhara: sin salida de emergencia

Dajla es uno de los cuatro campamentos donde miles de refugiados saharauis llevan esperando 35 años a que les dejen volver a su casa (J. R.)

Dicen que el origen de Dajla, a unos 150 kilómetros y 4 horas en coche desde Tinduf, la ciudad más cercana, está en las 23 palmeras que se alzan en su centro, un oasis seco que al principio hizo de pozo y que ahora se aprovecha para el ocio como la única zona de sombra natural. El desierto del Sáhara a la altura de la hamada argelina es agresivo con el ser humano; temperaturas extremas, aislamiento absoluto, un secarral inmenso donde no hay nada.

Técnicamente esto se llama “campamento”; así insisten en llamarle para perpetuar la semántica de la provisionalidad, como para decir “aquí estamos, pero no nos quedamos: esta no es nuestra tierra”. Porque su hogar está al oeste, ocupado ilegalmente por Marruecos desde hace 35 años, separado de ellos por un muro, habitado por los familiares que se quedaron para vivir bajo el acoso de la estrategia de colonización marroquí, que intenta poblar la zona para ganar la definitoria batalla de la demografía.

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“He nacido aquí, he vivido aquí toda mi vida, pero ésta no es mi tierra”, dice Bedid, de 21 años, una de los miles de habitantes de los cuatro campamentos saharauis. Bedid tenía apenas unos meses de vida cuando Naciones Unidas le dio la razón a su pueblo: tendría que celebrarse un referéndum por el cual la república del Sáhara sería una realidad independizada y su familia podría volver a casa. Los papeles decían que eso ocurriría en 9 meses; han pasado 20 años. 20 años.

Bedid Hama lleva una bandeja de una habitación a otra en la casa de su madre (J.L.S.)

Bedid acepta con naturalidad que podría perder un padre y un marido – si pasan 10 años más, podría perder también un hermano pequeño – en un nuevo enfrentamiento con Marruecos. La juventud quiere guerra. El argumento oficial del Frente Polisario, que organiza la vida militar y civil de la población en el exilio y hace lo que puede con los saharauis del territorio ocupado por Marruecos, es que no sacrificarán a su pueblo en una “guerra de aventura”, en palabras de la ministra de Cultura, Jadiya Hamdi, donde tenga todas las de perder. Entre líneas se entiende que hasta que el tablero de juego no cambie radicalmente y el Polisario tenga un respaldo internacional fuerte en caso de enfrentamiento armado, no vale la pena el riesgo. Entonces será “la guerra definitiva”, dice la ministra.

Pero la juventud quiere acción. Ibrahim también tiene 21 años. La conversación fluye mucho más si se habla sobre fútbol. Madrid, Barça, Messi, Ronaldo, Mourninho. ¡Ay, Mourinho! Pero si sus amigos no miran, también habla de política. Entró en el Ejército a los 16 años. “¿Estudiar? Estudiar en Marruecos está muy bien, estudiar en Argelia, o en Francia o en España. Pero aquí no sirve de nada. Primero tenemos que solucionar un problema previo: tenemos que recuperar nuestra tierra. Luego estudiaremos”, nos dice en castellano. “Hay que ir a la guerra o morir enterrados en la arena”.

Ibrahim lleva desde los 16 años en el Ejército del Frente Polisario, a la espera de que algún día estalle la "guerra definitiva" (J.L.S.)

El desgaste del discurso político de la “intifada pacífica” hasta que “Marruecos cometa un error” y llegue “la oportunidad” se ha hecho evidente en cada acto público del programa del VIII Festival Internacional de Cine del Sahara. La narrativa polisaria, sus ganchos dialécticos, sus arengas y sus vítores solo levantan ya la euforia de aquellos que están localizados en la parte institucional del auditorio. Mientras tanto, el resto de los asistentes, charlan entre ellos e ignoran los momentos de aplauso o cántico reivindicativo. Desconexión por apatía política en algunos casos, sí, pero en otros muchos porque el lenguaje de la paz ya no les vale, especialmente a quienes no estuvieron en el frente de 1976 a 1991. Hay grupos de jóvenes que se reúnen cada semana para hablar de la guerra que está por venir.

También hay voces críticas que aunque no apuesten directamente por el enfrentamiento armado sí que reclaman acciones concretas que desestabilicen el status quo. Algunas muy autorizadas, como la de Franceso Bastagli, que dimitió como jefe de la misión de Naciones Unidas en el Sahara en 2006 tras un año en el cargo ante la inutilidad de una misión vigente pero capada, con 260 militares acuartelados y haciendo trabajo administrativo, cuyo única tarea es ya vigilar que se cumpla el alto el fuego.

Un grupo de hombres durante los discursos del gobierno polisario en la inauguración del FiSahara (J.L.S.)

Bastagli admite que ”existe la necesidad de hacer algo físico, un proceso de acontecimientos y no de resoluciones y papeles”. Tras 35 años trabajando para Naciones Unidas en los peores momentos de Centroamérica y los Balcanes, Bastagli reconoce en el caso del Sahara “la ONU no cumple” y habla de “fracaso” y “vergüenza”. Y sigue: “aquí prevalece el interés de los países que mandan en la ONU sobre los derechos humanos”. En una comparecencia ante los medios convocada por el Frente Polisario en Dajla, no ahorró en críticas para la “hipocresía” de la comunidad internacional a la que hasta hace 5 años representaba en la zona y cuyo escudo sigue apareciendo en su tarjeta de visita.

Esas acciones concretas a las que se refiere en público Bastagli y en privado mucha más gente se han visto reforzadas por la repercusión alcanzada por las reivindicaciones sociales que Marruecos reprimió violentamente en noviembre del año pasado en Gdeim Izik, en el Sahara bajo su control. Un entusiasta grupo de activistas que estuvo presente en aquel episodio y que sufrió la represión posterior ha sido invitado al Festival para contar su experiencia e intentar amortiguar la sensación de que el Polisario tuvo poca influencia en aquella protesta civil que sí pudo causar problemas a Marruecos.

El discurso de los activistas intenta no distanciarse del de sus anfitriones – “intifada pacífica”, diplomacia, “nuestra única arma es la bandera saharaui” – pero destila un tono más inquieto y beligerante. Presumen de que las revueltas del Norte de África y Oriente Medio tuvieron su primera chispa precursora en Gdeim Izik. “Pero nuestro caso es diferente”, nos había contado Ibrahim antes, “porque nosotros no queremos cambiar de gobierno, ni crear una revuelta interna, ni reformas, sino recuperar nuestra tierra, que está en manos de un país que no es el nuestro”. Es un conflicto internacional.

El exceso de fluor en el agua destroza los dientes de los saharauis, con tasas muy altas de celíacos o diabéticos por la alimentación deficiente (J.L.S.)

En 20 años de espera en el desierto, a Bedid le ha dado tiempo a acumular 5 hermanas, un hermano y un marido. Se casó el año pasado con Ahmed y están construyéndose una casita de barro, a la que le están echando creatividad: han usado una rueda de coche como molde para hacer un arco en la puerta principal y, aunque queda la huella del neumático como adorno no intencionado, le da un toque a la casa que la hace popular en el barrio.

El marido de Bedid, Ahmed, prepara té para los otros dos hombres que le ayudan en la construcción de su nueva casa (J.L.S.)

Bedid habla español, como muchísimos jóvenes. Ha pasado tres veranos con una familia de Toledo dentro del programa que acoge a cientos de saharauis cada año. Dos de sus hermanas están ahora mismo en Zaragoza y Sevilla “y probablemente ya no vuelvan. Están estudiando y quizá consigan trabajo allí cuando terminen”, nos cuenta.

La vida de toda una generación está marcada en parte por la solidaridad española: “ahora no tenemos nada, pero si hubieras estado aquí hace diez años, esto era mucho peor”, nos dice Bedid mientras mira de reojo a su madre, tumbada en el suelo para soportar el calor. Con el dinero que le envían desde España, su familia ha podido comprar colchones y una placa solar que engancha a dos baterías de coche para generar algo de electricidad. En Dajla no hay tendido eléctrico, ni sistema de desagüe, ni un centímetro de asfalto. Arena, arena, arena. También gracias al dinero de quienes estuvieron aquí y no se olvidan, Bedid ha podido construirse una casa. Le preguntamos cuánto cuesta hacer una habitación como en la que ella nos acoge: “cuatro papeles de 50 euros”.

Bedid siente que la vida le debe algo y por eso ha decidido retrasar, por ejemplo, lo de ser madre. “Me tendría más ocupada”, dice entre risas y niños; su madre, de 46 años, tuvo su único varón hace poco y una de sus hermanas ya tiene un bebé. El Frente Polisario asegura que la mujer sigue siendo protagonista de la vida política, de la que se encargó por completo durante los años de la guerra mientras el hombre estaba en el frente. Desde el alto el fuego de 1991, “tenemos el problema de que el hombre ha vuelto a la vida civil pero no tenemos capacidad para generar puestos de trabajo para todos”, nos confiesa la ministra Hamdi.

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No sabemos si se conocen o es que se trata de una sensación extendida, pero Bedid calca el argumento de Ibrahim: “En España, puedes estudiar para hacer muchas cosas para tu país. Pero aquí, aunque tengas ideas en la cabeza, no puedes hacer nada. Puedes ser profesora o trabajar en el hospital, eso sí, pero de lo demás no hay nada”, se queja, aunque sí conserva el ímpetu por aprender. Dejó los estudios a los 13 años, pero quiere “hablar mejor español y francés” y especializarse en medioambiente para concienciar a sus vecinos de cómo gestionar su basura o de que no es bueno dejar sueltas las cabras, de cuya carne suelen alimentarse, para que no coman plástico y otras basuras.

Hay vida humana, muy digna, en lugares del mundo incluso más hostiles que el trozo de nada donde viven los refugiados saharauis. Pero la provisionalidad los tiene atados a la miseria: el objetivo no es la prosperidad sino la resistencia y, a través de ella, conseguir justicia y poder volver a casa. Mientras sucede, esperan a que se abran las puertas de un infierno que les tiene encerrados sin salida de emergencia.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

14 comentarios

  1. [...] Sahara: sin salida de emergencia periodismohumano.com/en-conflicto/sahara-sin-salida-de-em…  por Crissi_Mad hace 2 segundos [...]

  2. María José Pérez

    El reportaje recoge perfectamente lo vivido en Dajla. Estupendo trabajo, compañeros. Un abrazo desde Córdoba.

  3. Bilal

    Quizá los dirigentes polisarios tengan alguna responsabilidad en que la situación no se desatasque nunca.

  4. Lara Albuixech

    Muy buen reportaje, yo he traido las mismas impresiones de los campamentos, enhorabuena y gracias por vuestro trabajo.

  5. harraga

    muy buen reportaje.. me parece muy importante el sentimiento que se puede palpar en las nuevas generaciones de retomar la lucha armada y el papel que jugamos españoles, franceses, estadounidense, etc., como sociedad civil y arma de presión a los gobiernos que tienen el conflicto enquistado.. sahara hurra!

  6. Alwa Bbt

    Buen reportaje.Es la cruda realidad que vive el pueblo saharaui desde (1975)que salió de su tierra que actualmente ocupa ilegalmente Marruecos.

  7. Jordi

    Felicidades Jessica y Juan Luis! Un reportaje fascinante sobre los refugiados. Justo estuve un mes por allí hasta poco antes del FiSahara y os digo que mejor contado imposible! Os dejo un repor que hice por si queréis echarle un ojo!!
    http://www.canalsolidario.org/noticia/suave-dulce-y-amargo/26393
    un saludo compañer@s!

    • Walid

      Sahara es de marruecos y va ser de marruecos y viva marruecos alah alwatan al malik

  8. [...] esperan a que se abran las puertas de un infierno que les tiene encerrados sin salida de emergencia.Periodismo Humano, [...]

  9. no deja de ser curioso cómo nos reimos de los saharuies animandoles a seguir en la lucha, cuando todos somos concientes de que no lograrán nunca la independencia. mientras tanto. les seguimos animando a que se pudran en el desierto. ¡cuanta hipocrisia¡

  10. [...] Y más de tres décadas después, el Sáhara Occidental continúa ocupado por Marruecos, que sigue reprimiendo el derecho de los saharauis a decidir su futuro. Si los saharauis refugiados viven grandes penurias en el desierto, los saharauis en los territorios [...]

  11. [...] Y más de tres décadas después, el Sáhara Occidental continúa ocupado por Marruecos, que sigue reprimiendo el derecho de los saharauis a decidir su futuro. Si los saharauis refugiados viven grandes penurias en el desierto, los saharauis en los territorios [...]

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