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En conflicto

¿Quién se atreve a cruzar Veracruz?

Algo huele mal en el oriental estado mexicano de Veracruz

En su capital, llamada alguna vez la "Atenas veracruzana" por su empuje cultural y artístico, ahora se respira miedo.

Carteles con fotos de desaparecidos se levantan a cada paso en Veracruz y otras partes de México. (Emilio Godoy/IPS)

La policía ya no vigila en patrullas, sino en convoyes con efectivos con el rostro cubierto y armas largas. En las calles del centro y las terminales de autobuses de Xalapa es común ver carteles o volantes con la fotografía de algún joven desaparecido. En foros académicos, los forasteros son advertidos de que en el público habrá informantes del gobierno.

“Xalapa siempre fue un refugio para luchadores sociales de las comunidades del norte o de la sierra que sufrían violencia política. Parecía que era un lugar que no se tocaría, pero la cosa cambió con los operativos militares y el nuevo gobernador que asumió en 2010″, dijo el activista ambiental Javier Hernández a IPS.

Hernández dejó el estado después del asesinato de la periodista Regina Martínez y del profesor universitario José Luis Blanco Rosas, en abril y mayo de este año.

Con 720 kilómetros de costas y fronteras con otros siete estados, Veracruz se convirtió en los últimos años en un alargado agujero negro dentro del territorio mexicano.

El tercer estado más poblado del país, con 7,6 millones de habitantes, y uno de los nueve que no han conocido la alternancia política en 83 años, es hoy la zona de mayor peligro para los centroamericanos en su paso hacia Estados Unidos. Uno de cada tres inmigrantes reportados como desaparecidos en territorio mexicano fue visto aquí por última vez.

“Sabemos que los secuestran y quienes no pueden pagar el rescate se ven obligados a unirse a las filas de la delincuencia. Los menos afortunados son explotados laboral y hasta sexualmente”, explicó Rubén Figueroa, del Movimiento Migrante Mesoamericano que en octubre organizó una caravana de madres en busca de sus hijos.

Pero no solo corren peligro los centroamericanos. En los últimos dos años fueron asesinados nueve periodistas, dos más están desaparecidos, al menos una docena se vieron forzados a marchar al exilio y un diario fue incendiado.

También las organizaciones feministas están en alerta. Comenzaron a documentar la desaparición de mujeres y niñas en 2009, cuando fueron asesinadas 14 trabajadoras de un prostíbulo de Ciudad Isla, un poblado del sur que colinda con el estado de Oaxaca.

Los cadáveres mutilados de estas mujeres fueron encontrados varios meses después. Pero también se abrió con ello una verdadera caja de Pandora.

“Desaparecen mujeres, pero también desaparecen niñas, niños, adolescentes y jóvenes y, sobre todo en Xalapa, muchos estudiantes”, dijo a IPS un activista que pidió no publicar su nombre.

Los datos disponibles sobre este fenómeno son muy pobres. Las autoridades locales quitaron de su portal la información de personas reportadas como desaparecidas, mientras que el gobierno nacional del saliente Felipe Calderón contabiliza en Veracruz más de 600 casos en los últimos seis años.

Pero quizá el monstruo apenas ha mostrado la cola. Una investigación del diario Milenio, basada en la información de los servicios forenses de todo el país y publicada en octubre, reveló que en este estado están enterrados al menos 5.245 de los 24.000 cuerpos que han ido a dar a una fosa común durante el gobierno de Calderón.

Solo en el puerto de Veracruz, que tiene medio millón de habitantes, hubo más de 1.000 cadáveres sin identificar en 2011.

Se trata, además, de una información parcial, entregada por una treintena de administraciones municipales, ya que el gobierno estadual de Javier Duarte negó la información con el argumento de que se “invadiría la privacidad” de los cadáveres desconocidos y que esos datos pondrían en riesgo las instituciones y “la integridad territorial del estado”.

“Hay territorios totalmente perdidos, donde nadie está documentando lo que pasa”, dijo a IPS un líder campesino. “En el norte del estado, en la región del (río) Pánuco, y en el sur, hacia Poza Rica y Coatzacoalcos, pasan cosas que nadie se atreve a denunciar”, aseguró esta persona que pidió mantener su identidad en reserva.

En el horizonte no se ve puerto seguro. Al contrario, analistas de seguridad prevén un incremento de la violencia en las regiones dominadas por la organización mafiosa Los Zetas, después de que el 7 de octubre marinos de guerra abatieron a su líder, Heriberto Lazcano.

Los Zetas, el más cruel de los ocho grupos del crimen organizado que operan en México, fue creado por exmilitares que originalmente se habían unido al narcotraficante Cartel del Golfo. En los últimos años extendieron su poderío y redes y ahora controlan toda la franja oriente del país.

La última batalla de los habitantes de Xalapa para recuperar su ciudad se dio en las elecciones presidenciales del 2 de julio, cuando también se renovaron escaños del parlamento nacional.

En esa instancia, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que logró la Presidencia de México para Enrique Peña, perdió la votación en las 486 mesas de la zona urbana de Xalapa, y David Flores, postulado por la izquierda, ganó la diputación federal.

Pero no fue suficiente. El PRI, que gobernó este país durante siete décadas consecutivas hasta 2000 y ahora se prepara para retomar el mando el 1 de diciembre, ganó el resto de los cargos estaduales de Veracruz con el voto de áreas rurales y de la región petrolera, cuyo sindicato es controlado desde 1997 por el senador priísta Carlos Romero Deschamps.

“Hubo una esperanza en las elecciones, luego de que unas madres se atrevieron a denunciar que sus hijos estaban desapareciendo. Entonces comenzó también una preocupación, desde el gobierno de Veracruz, por presionar a las víctimas para que no dijeran nada”, denunció Hernández.

“Y Xalapa dejó de ser opción para vivir”, sentenció el ambientalista.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

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