En conflicto

Los últimos del sur de Sudán

En este mes se celebra el referéndum que, con bastantes probabilidades, dará la independencia al sur de Sudán.

Sin embargo, en la misma región del sur, el enfrentamiento entre sus dos tribus ha derivado en la existencia de dos ejércitos para defenderse mutuamente

Conoceremos este país a través de esta serie de reportajes especiales.

Desde el 9 al 15 de enero, los ciudadanos de Sudán del sur votan en referéndum si siguen unidos al norte o si se separan y forman un nuevo país. El referéndum forma parte del acuerdo de paz que en 2005 puso fin a la guerra entre norte y sur que duraba desde 1983 pero que tiene sus orígenes en 1955, uno año antes de la independencia de Sudán.

Mike, miembro de la Milicia de los Arrow Boys en Hzara, sur de Sudán. (Fernando Moleres)

El norte, árabe y musulmán, siempre quiso controlar el sur, más fértil, rico en recursos petrolíferos y de población negra, cuyas creencias mezclan religiones tradicionales africanas con ciertas influencias cristianas. Sólo a causa de este último conflicto, unos dos millones de personas murieron y más de cuatro millones resultaron desplazadas, según cifras de la ONU. El norte sigue defendiendo la unidad pero todas las partes dan por hecho que los ciudadanos del sur votarán en masa por la separación y que Juba, la capital de la región, se convertirá en la capital del Estado más joven del mundo. Mientras, estos días en Juba el Gobierno de Sudán del sur (GoSS), numeroso personal de la ONU, incontables ONGs y empresarios privados discuten y construyen la nueva capital, la región de Ecuatoria occidental (Western Ecuatoria o WES, en inglés) al oeste parece pertenecer a otro país.

A diez horas de Juba por caminos de arena y piedras, Yambio, la capital de WES, es un pueblo pequeño y tranquilo y rodeado de bosques. Aquí el paisaje es mucho más verde, el clima no es tan bochornoso y, a diferencia de Juba, no hay ni una sola calle asfaltada.Aunque no todo son diferencias: en Yambio tampoco hay agua corriente y, como en Juba, el tendido eléctrico es escaso y disfuncional y la poca electricidad disponible es la producida por generadores particulares. Pero, además, Ecuatoria occidental cuenta con sus propios problemas. Aquí se teme al Ejército de la Resistencia del Señor (Lord’s Resistance Army o LRA, en inglés), una milicia rebelde que lleva en la zona unos tres años y que se creó en 1987 en Acholiland, en el norte de Uganda. Su forma de actuar es particularmente cruel: unidades del LRA surgen de improvisto del bosque y atacan poblados o escuelas para robar comida y materiales. Pero, además, matan y mutilas a civiles y tratan de captura niños y niñas que convierten en sirvientes, soldados y esclavas sexuales y esposas. A partir de 1994, el LRA mantuvo bases en el sur de Sudán apoyado por Jartum, que actuaba en represalia por el apoyo de Uganda a las fuerzas del sur en la guerra civil contra el norte. Tras el fin de la guerra civil en 2005, el LRA comenzó a desplazarse hacia la República Democrática del Congo.

Desde finales de 2008, con el fracaso de la operación “Lightning Thunder” (Trueno luminoso) de los ejércitos ugandés, congoleños y del sur sudanés, el LRA está dividido en numerosas unidades que operan con cierta independencia y se reparten alrededor de las fronteras entre la República Centroafricana, la RDC y Sudán del sur. Desde entonces, el LRA ha “asesinado a 2.000 personas, secuestrado a más de 2.600 y desplazado a más de 400.000” en el área entre estos tres países, según cifras de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados.

Miembros de la milicia de los Arrows Boys caminando por la selva. (Marc Hofer/IRIN)

“Nuestro problema es la inseguridad, la gente tiene miedo, a las 8 de la noche todo está cerrado y la gente se va a casa”, dice Richard Tambua en Nzara, un pueblo a unos 25 kilómetros de Yambio. Angelo Edward coincide: “La situación en los poblados es muy, muy mala, la gente de las zonas afectadas en la comarca huye y viene a Nzara. Llevamos tiempo pidiendo ayuda pero nadie nos escucha”. Tambua y Edward son dos de los líderes de los ‘Arrow Boys’ (los chicos de las flechas), grupos de jóvenes de las zonas afectadas por el LRA que se han organizado y formado una milicia de voluntarios armados para defender sus comunidades.

Un grupo de Arrow Boys vive y prepara sus operaciones en un lugar del bosque llamado Kopoeta, cerca de Nzara. Once de ellos nos reciben allí. Vestidos con prendas gastadas y rotas y luciendo sus armas, nos miran sin saber muy bien a qué atenerse. En un principio, los Arrow Boys usaban lanzas y arcos y flechas como armas, y de ahí su nombre. Hoy, siete de ellos llevan viejas escopetas alargadas, otro lleva un rifle más avanzado, uno un machete, otro un simple cuchillo de cocina y otro no tiene ningún arma. Nos cuentan que, en cuanto se lo pueden permitir, compran “fabrications”, que es como se llaman las viejas escopetas alargadas, de fabricación casera y que proceden de la RDC. Cuestan 200 libras sudanesas (algo más de 60 euros), han de ser recargadas después de cada disparo y cada bala les cuesta a los Arrow Boys 10 libras (unos 3 euros). “En cuanto conseguimos algo de dinero, compramos balas o ‘fabrications’ y las vamos guardando para más adelante”, explica Tambua, que además hace de traductor, ya que es el único que habla inglés.

El mayor del grupo es Fredrik Santa, de 43 años. Santa cuenta que, en mayo, seis soldados del LRA le sorprendieron en su cabaña, en la que estaba con 15 niños, cinco hijos suyos y 10 de sus familiares. Santa salió corriendo por la parte de atrás, fue a avisar a la policía y les pidió que volvieran con él. “No, ve tu primero y luego nos cuentas cuál es la situación”, dice que le respondieron. Cuando Santa volvió a su cabaña, el LRA se había llevado a dos de los niños. “Llevaban el pelo en rastas, estaban muy sucios, olían muy mal, vestían viejos uniformes del SPLA [el ejército de Sudán del sur] y llevaban rifles AK-47”, así es como Santa describe a los rebeldes.

Un Arrow Boy muestra uno de sus "'fabrications', viejas escopetas alargadas, de fabricación casera y que proceden de la RDC (M. H. / IRIN)

El más joven de estos Arrow Boys es Zacaria Michael, que tiene 22 años y es uno de los líderes porque, dice con orgullo, él ha conseguido matar a dos miembros del LRA. “Fue en agosto, en Baskundi [un poblado de la zona], había gente corriendo por la calle principal y diciendo que el LRA estaba en el pueblo, estaba robando las casas y había secuestrado a dos chicos”, comienza a narrar. Michael encontró a otros dos Arrow Boys y a un policía que sí quiso acompañarles. Los Arrow Boys llevaban “fabrications” y el policía una ametralladora. De repente, se encontraron con el grupo del LRA, siete en total, seis con AK-47s y uno con una ametralladora. Se empezaron a disparar y el LRA huyó y se internó en el bosque. “Les perseguimos, yo iba al frente, vimos sangre y seguimos el rastro”, cuenta Michael. “Más adelante, nos habían preparado una emboscada pero yo vi a uno de ellos en un árbol y le disparé y le maté”.

Los dos grupos volvieron a cruzar fuego, uno de sus compañeros cayó muerto y el otro y el policía resultaron heridos. Finalmente, el LRA se dio a la fuga y Michael dice que él pudo disparar a uno de los que huían. Más tarde, el policía murió debido a las heridas y los Arrow Boys encontraron el cuerpo muerto de otro miembro del LRA y Michael asume que también lo mató él.

Dado el tipo de amenaza que supone el LRA, deberían ser las fuerzas de seguridad las que lo combatan. Pero la propia Policía reconoce que ellos no tienen capacidad. “No tenemos recursos, necesitamos armas, munición y más efectivos; si hay un ataque importante, no podríamos hacer nada, sólo podemos esperar que no ocurra nada”, admite John Karba, segundo teniente de Policía de la comarca de Nzara. Además, Karba dice que los agentes no están entrenados para internarse en el bosque y que, ya que el LRA es un grupo extranjero, fuertemente armado y militarizado, debería ser el SPLA el que se ocupe de él. Sin embargo, la gente de Ecuatoria occidental se queja de que su propio ejército no actúa para defenderles. “El LRA no ataca los cuarteles del ejército y el SPLA prefiere no reaccionar, piensan que el LRA no es su problema, por eso creamos estos grupos de defensa [los Arrow Boys], los necesitamos para sobrevivir”, explica Joseph Bakosoro, gobernador de WES. Y la gente de a pie coincide. “He oído que el SPLA no quiere ir y pelear contra el LRA porque ahora que están recibiendo un sueldo y están comiendo, no quieren ir y arriesgar sus vidas”, dice Richard Tambua.

Pero, en realidad, la situación es aun más compleja: casi la totalidad de los soldados del SPLA en Ecuatoria occidental son de la tribu dinka, la más numerosa de sur Sudán y cuyos miembros ocupan la mayoría de puestos del gobierno y altos rangos del ejército. Pero la población local de WES pertenece a la tribu zande, cuyo aspecto físico, idioma y tradiciones son diferentes a las de los dinka. “El hecho de que el SPLA no actúe también se debe a la política, nos duele pero no queremos tener problemas con nuestro gobierno”, dice Bakosoro. “Como no es el partido en el poder el que está siendo atacado, a los peces gordos en Juba no les importan los peces pequeñitos de aquí”. Luka Smith, líder de cuatro grupos de Arrow Boys en Yambio, critica con dureza al gobierno: “Si no quieren que haya problemas en el futuro, el gobierno debería expulsar al LRA de aquí, el gobierno podría salvar a la población civil de WES, pero simplemente les da igual”, dice con resentimiento. “Ecuatoria occidental es el último lugar de sur Sudán”.

Elisabeth Gabriel, 17 años, con su hijo Samusanth en el hospital civil de Yambio. Todo hombre en Sudán, norte o sur, tiene que pagar la dote por su futura esposa. El padre del niño no se ha casado con Eli porque no ha pagado la dote de 3000 pounds ( 1000 U$) que ha establecido el padre de Eli. Pero tiene que pagar una vaca en compensación por el niño. La poligamia existe en el norte (4 mujeres maximo) y en el sur, sin límite. (Fernando Moleres)

Las dos tribus ya chocaron en el pasado. En noviembre de 2005, apenas unos meses después del fin de la guerra civil entre norte y sur, hubo docenas de muertos en WES en una serie de enfrentamientos entre los zande y los dinka, quienes llevaban varios años viviendo en la zona tras resultar desplazados por el conflicto.

Desde Juba, el coronel Philip Aguer, portavoz del SPLA, defiende con diplomacia la labor del ejército. “No es que el SPLA reaccione demasiado lento, es que el LRA ataca en pequeñas unidades de cuatro, cinco o seis soldados y luego desaparece en el bosque: es esta situación la que hace difícil reaccionar, e incluso si acudimos cuando oímos que ha habido un ataque, cuando llegamos ya ha pasado todo”. “Si la gente en WES tiene quejas sobre negligencia o falta de rápida respuesta, deberían comunicárselo al comandante en la zona, quien entonces trataría el asunto”, añade Aguer.

De esta forma, y como ni Policía ni ejército reaccionan a los ataques del LRA, la población civil de Ecuatoria occidental recurre a los Arrow Boys como fuerza de seguridad. En WES, hay 6.175 Arrow Boys, según Alfred Karaba, líder del grupo en el ámbito estatal. Muchos de ellos son jóvenes desplazados de sus poblados por los ataques del LRA y que no tienen trabajo. El ansia de venganza, la ausencia de alternativas y el reconocimiento de sus comunidades, que les apoya con donaciones de comida y dinero, hace que se unan al grupo y se conviertan en una milicia armada formada por civiles. “Se lo hemos dicho al gobierno: ‘hay que entrenar y armar a los Arrow Boys y ellos derrotarán al LRA y cuando éste desaparezca, devolveremos las armas’”, asegura Joseph Bakosoro.

De hecho, el 23 de septiembre la Asamblea Legislativa de Sudán del sur prometió 5 millones de libras (1,5 millones de euros) para entrenar y armar de forma adecuada a los Arrow Boys. Tres meses después, nada se sabe de ese dinero o de ese programa. El gobierno guarda silencio al respecto pero Bakosoro dice que, en todo caso, Juba querría dar al SPLA ese dinero para que ellos formen a los Arrow Boys. Por su parte, el SPLA, no querría tener que llevar a cabo esa tarea: “El ejército no recomienda de ninguna forma que se arme a civiles y no creo que nosotros les pudiéramos entrenar”, explica el coronel Aguer. “Me he puesto yo mismo como garante de que devolveremos las armas”, insiste Joseph Bakosoro. “El gobierno no conoce nuestra cultura, los zande respetamos las normas y somos leales a nuestros jefes, si les digo que devuelvan las armas, lo harán, no habrá ningún problema”.

Desplazados internos en el Puerto de Juba, Sudán (Fernando Moleres )

Y en esta confusión sobre quién y cómo debería luchar contra el LRA en sur Sudán, todas las partes implicadas temen que estos rebeldes, alentados por Jartum, incrementen la violencia y el número de sus ataques para desestabilizar la región de cara al referéndum de independencia. “Ése es nuestro miedo, ya no son rebeldes sino mercenarios que trabajan para alguien diferente”, señala Bakosoro. “Sabemos que el gobierno de Sudán les apoya, ¡yo mismo se lo dije a Bashir (presidente de Sudán)! El LRA va a Darfur y vuelve con más armas, ¿qué está pasando?” Además, cuando víctimas del LRA consiguen escapar y llegan a los poblados de WES, cuentan que helicópteros de Sudan Airways, con sede en Jartum, aterrizan en el bosque y entregaban al LRA armas, uniformes y otros materiales, según coinciden las autoridades y los Arrow Boys de Yambio y Nzara.

Luka Smith dice que su grupo capturó a tres rebeldes del LRA a principios de noviembre. “Nos dijeron que les habían enviado en una misión especial y que si les matábamos, vendrían más”, narra Smith, quien da por hecho que esa misión es atacar durante el referéndum. Tanto el SPLA como UNMIS, la misión de paz de la ONU en Sudán, dicen ser conscientes del riesgo de más ataques del LRA durante el referéndum, y UNMIS tiene planeado reforzar sus posiciones en las zonas más afectadas y a lo largo de la frontera con la República Centroafricana.

De momento, en WES son Jartum como enemigo común y el voto por la separación en el referéndum los que unen a los zande y los dinka. Pero si Sudán del sur obtiene su independencia y la rivalidad con el norte se convierte en algo del pasado, entonces la tensión entre los zande y los dinka y la inseguridad en Ecuatoria occidental podría convertirse en uno de los mayores problemas del país más joven del mundo.