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En conflicto

Los salafistas libaneses desmienten a Damasco

Las acusaciones del régimen de Bashar Asad de que la mano de los radicales islámicos está tras las protestas es rechazada por los líderes salafistas

"Si los salafistas sirios tienen algún papel en las protestas, estarán cumpliendo con su deber", estima Dai al Islam Shahal

Destacan el escaso peso de las organizaciones islamistas en Siria

El líder salafista Dai al Islam Shahal, mentor del movimiento radical suní en el Líbano (Mónica G. Prieto)

Da la impresión de que el barrio de Abu Samra, situado al este de la ciudad libanesa de Trípoli, feudo suní por antonomasia, es una suerte de capital del salafismo en el país del Cedro. La tranquilidad de sus calles es sólo rota por los cláxones y los altavoces de las organizaciones islamistas invitando a los ciudadanos a participar en eventos religiosos y culturales. Banderas negras con la shahada -declaración de fe musulmana, uno de los cinco pilares del Islam- ondean entre los árboles y cuelgan de sus edificios, en ocasiones señalando las viviendas de los líderes más destacados del salafismo -de la corriente académica y también de la militante- que se concentran en este sector de la ciudad. Un barrio común donde es posible encontrarse con responsables como el sheikh Dai al Islam al Shahal, responsable de la Asociación Islámica para la Guía y la Caridad, el clérigo radical Omar Bakri, condenado a cadena perpetua por entrenar a militantes de Al Qaeda e inexplicablemente en libertad o el líder del Tawhid [Monoteísmo] sheikh Bilal Shaaban, considerados los más prominentes responsables del salafismo libanés.

Si alguien sabe si hay algo de verdad tras las acusaciones del régimen de Damasco, que insiste en que la insurrección popular que exige su caída ha sido instrumentalizada por los salafistas y extremistas islámicos y financiada y armada desde Trípoli, son los líderes radicales suníes de la localidad. Y nada perderían en reconocerlo si fuese cierto -les sobran rencores contra Siria y ganarían predicamento entre la comunidad suní, enconada por la represión a tiros de manifestantes suníes por parte del régimen alauí chií- pero todos coinciden, no sin lamentarlo, que las organizaciones fundamentalistas sirias carecen de ninguna fuerza para levantarse contra el régimen.

“Si fuera verdad, los salafistas sirios estarían haciendo lo correcto porque los manifestantes piden justicia, pero lo cierto es que [quienes se manifiestan] son sirios de toda clase y condición que exigen sus derechos y no usan la violencia”, afirma desde el despacho de su casa Dai al Islam Shahal, hijo del sheikh Salem al Islam, fundador del movimiento salafista libanés. Considerado el principal líder político de esta corriente purista del Islam, de la que existen numerosas escuelas -y sólo las yihadistas defienden el uso de las armas, mientras que el resto lo rechaza abiertamente- Shahal es de quienes no dudan en promover la lucha armada aunque de forma defensiva. Y no sólo contra los ocupantes e invasores occidentales, también contra los chiíes, al menos en el caso de Hizbulá.

“En Siria, los salafistas no están organizados ni cualificados. Están muy divididos: unos se dedican al estudio, otros intentan entrar en política pero carecen de fuerza para ello. No se puede decir que tengan una organización”, lamenta el jeque salafista ante la atenta mirada de su hermano y dos de sus alumnos, que habitualmente le acompañan. Dai al Islam es uno de los rostros que, cada viernes, forma parte de las concentraciones en apoyo de los manifestantes sirios que tienen lugar en Tripoli. Promovidas por Hizb ut Tahrir, el movimiento islámico internacional pacífico que promueve la idea de instaurar un califato mundial -sin demasiado peso en el Líbano-, las protestas han convocado a centenares de personas -según la organización, unos 3.000- y son toleradas pero no legalizadas por las autoridades, que temen que una marcha masiva contra Damasco duplique las acusaciones de Bashar Asad contra Beirut y exporte el conflicto sirio a tierras libanesas.

Ahmad Qassas, portavoz de Hizb ut Tahrir en el Líbano. (M.G.P.)

“Siria acusa a los salafistas, al 14 de Marzo [coalición libanesa antisiria], a Estados Unidos y a Israel sólo para esconder la realidad de las protestas”, denuncia Ahmad Qassas, portavoz de Hizb ut Tahrir, desde el bello palacete que sirve de sede para su organización. Se refiere en concreto al vídeo que emitió la televisión oficial donde ofrecía la confesión de dos detenidos que acusaban a un diputado del 14 de Marzo de haberles proporcionado dinero y armas desde Trípoli para levantarse contra el régimen. “La revolución en Siria es pacífica. Si ha habido contrabando de armas en estos días no se puede relacionar con los sucesos: contrabando hay siempre y no significa que las protestas no sean completamente pacíficas. De todas formas, si la revolución se alzase en armas en respuesta a la política de Damasco de matar a su gente, sería culpa suya”.

Hizb ut Tahrir no es una organización salafista, pero sí se puede considerarse rigorista y goza de predicamento en Siria, según Qassas. “Allí es una organización poderosa pero actúa en secreto. Al principio, las autoridades nos acusaron formalmente de estar tras las protestas pero lo cierto es que sólo nos sumamos como el resto, sin ningún protagonismo. […] Apoyamos cualquier movimiento popular contra la injusticia”.

Sin embargo, todos los líderes radicales suníes consultados coinciden en que ninguna organización religiosa tiene fuerza suficiente en Siria para fomentar una insurrección. “Por mi experiencia con los salafistas sirios, no están organizados. Son un número limitado, pero hay que tener en cuenta que ni siquiera los Hermanos Musulmanes son poderosos allí porque no les dejan desarrollarse”, asegura el jeque Bilal Dakmak, responsable de Iqra, Confianza Islámica. Hay que recordar que los Hermanos Musulmanes sirios sufrieron un durísimo golpe durante la matanza de Hama, cuando Hafez Asad -padre del actual líder- envió al Ejército a suprimir una insurrección islamista: murieron unas 20.000 personas.

Acusado de haber estado relacionado con Fatah al Islam, el grupo fundamentalista que declaró un emirato islámico en el campo de refugiados palestino de Nahr al Bared -a pocos kilómetros de Trípoli- Bilal Dakmak minimiza la posibilidad de una intervención de los salafistas libaneses para ayudar a los suníes sirios. “Los suníes sólo pueden ayudar a sus hermanos rezando”, dice. “Quizás desde otra frontera, desde la turca o la iraquí, sería posible, pero no desde el Líbano: nos traería demasiados problemas”.

Sheikh Bilal Dakmak, en su despacho de Trípoli. (M.G.P.)

El salafismo predica que la sociedad debe regirse por la imitación del comportamiento de los compañeros de Mahoma, ya que fueron ellos los únicos que bebieron directamente de las palabras del profeta. Hay diferentes escuelas salafistas, entre ellas la académica -en el Líbano liderada por el sheikh Saaedinne al Kebbi- que reniega de cualquier implicación política o militar y limita sus actividades a la educación-, la social y política, dedicado a la promoción y el proselitismo y envuelto en actividades políticas, representado en el Líbano por Dai al Islam al Shahal, y el salafismo yihadista, que apoya el recurso a las armas para imponer su ideario y que encuentra a un buen representante en Omar Bakri, el clérigo sirio que terminó huyendo de Gran Bretaña por su radicalismo.

El hecho de que el salafismo haya encontrado tanto eco en Trípoli se explica con una sola palabra: pobreza. La pésima situación económica del norte suní libanés, donde la falta de inversión económica y social mantiene en pésimas condiciones a su población, promociona el Islam como fuente de soluciones en lugar de problemas. Precisamente por ello, el lugar de la ciudad que mayor concentración de salafistas yihadistas presenta es Bab al Tabbaneh, un barrio miserable donde los retratos de Osama bin Laden y Sadam Husein son exhibidos sin pudor.

Sus militantes tienen muchos motivos para odiar al régimen sirio: en diciembre de 1986, milicianos de izquierda bajo las órdenes de Damasco acometieron una matanza en el barrio: concentraron a los hombres y les dispararon, a menudo ante sus familias. Unos 200 fallecieron. Durante la guerra civil, otros muchos islamistas fueron capturados, enviados a Siria y torturados: aún guardan sus heridas, físicas y psicológicas, como motivo de venganza. Pero sus motivos no implica que hayan movido ficha en esta crisis, y no por falta de ganas.

Sheikh Bilal Shaaban, responsable de Harakat al Tawhid. (M.G. P.)

Dakmak prefiere no acudir a las concentraciones de Hizb ut Tahrir porque temen que “sean explotadas por Siria, pueden argumentar que los salafistas estamos detrás de todo”. En cualquier caso, Damasco ya acusa a los extremistas e incluso a Al Qaeda de estar tras la insurrección. El clérigo radical salafista Omar Bakri, próximo a Al Qaeda y residente en Trípoli desde que huyese de Gran Bretaña -donde se le investigaba por sus vínculos con el 7-J- descalifica semejante argumento. “En las revueltas del mundo árabe Al Qaeda no se ha entrometido. No va a dar excusas a Estados Unidos para que se deslegitimen los movimientos populares que han acabado con dictadores como Ben Ali o Hosni Mubarak, y le aseguro que si estuviese involucrada habríamos visto una situación muy diferente”, asegura en conversación telefónica desde su residencia.

No todos los líderes salafistas de Trípoli se encuentran en las antípodas -ideológicamente hablando- de Siria. El sheikh Bilal Shaaban, responsable de Harakat al Tawhid (que en 1984 trató de islamizar Trípoli para ser aplastado por la intervención siria, aunque se reconstruiría en los años siguientes) es considerado uno de los principales responsables de la corriente política de esta tendencia y, sin embargo, mantiene intacta su alianza con Hizbulá, a su vez protegido del régimen de Damasco. Los acontecimientos en Siria se convierten en un argumento complicado para el clérigo. “Está claro que no sólo los salafistas toman parte de las marchas: hay activistas, ONGs, gente común… pero lo cierto es que los medios están exagerando los acontecimientos”, afirma. Reconoce que el tráfico de armas de Trípoli a territorio sirio siempre ha existido aunque no significa un intervencionismo -”la frontera no puede ser controlada al 100%, y eso no significa que sean suníes los que compran las armas que entran” y admite las motivaciones populares para la revuelta, pero insiste en acusar a una mano extranjera. “Hay demandas justas de la población que deben ser satisfechas, pero también hay una injerencia extranjera”.

Para Dai al Islam, que sorbe con parsimonia su café con cardamomo mientras mira fíjamente a su interlocutora, el sectarismo religioso -la guerra fría que enfrenta a chiíes y suníes, agravada con las actuales revoluciones- no es un componente en esta represión de un régimen chií alawí hacia una población suní. “No hay violencia sectaria, sólo una represión por parte de un Gobierno injusto contra una gente justa”. Shahal confía en que los sirios no necesiten ayuda externa para derrocar al régimen. “Ellos son lo bastante fuertes para hacerlo, no necesitan armas, ni dinero ni combatientes”, rebate con un movimiento de mano. “Ya han dado el paso de defenderse aunque les cueste su sacrificio. Es imparable”.

3 comentarios

  1. [...] no hay pocos y es un tema muy interesante, en relación con las acusaciones que Damasco está vertiendo sobre su responsabilidad en las [...]

  2. yoyo

    El panorama se va aclarando. La nebulosa salafista se abre paso en las revueltas en Siria. Es un complot sui generis con salafistas, Al Jazeera del Emir de Qatar, los grandes medios informativos de Occidente unidos para derrocar al regimen laico, panarabista,no sectario de Assad. Juegan con fuego. EE UU, Arabia Saudi y las monarquias feudales del Golfo se valen de fundamentalistas islamicos como la “Hermandad Musulmana” para subterir el orden y asesinar a protestantes y guardias de seguridad en Siria

  3. [...] salafistas libaneses desmienten a Damasco. Periodismo Humano. 5 de mayo de 2011. Disponible en web: http://periodismohumano.com/en-conflicto/los-salafistas-libaneses-desmienten-a-damasco.html [Consulta: 7 de junio de 2011] Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el [...]

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