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En conflicto

La resurreción de los miedos en México

Las detenciones arbitrarias durante las protestas por el cambio de gobierno y las denuncias por torturas y abusos inquietaron a los mexicanos que temen una nueva etapa de represión contra los movimientos sociales

“Lo peor fueron los dos días en el bunker tras la golpiza”.

(AP Photo/Eduardo Verdugo)

En un país donde en la primera semana de un nuevo gobierno, el del PRI de Enrique Peña Nieto, hubo 131 muertos por el crimen organizado (según recuento de Milenio)  la noticia fue otra: la detención arbitraria de decenas de personas durante las protestas del 1 de diciembre (1D).

Unas expresaban pacíficamente su rechazo al nuevo presidente el día de su toma de posesión. Otras, simplemente pasaban por ahí. Ocho días más tarde, 56 fueron liberadas ante la imposibilidad de probar cargo alguno en su contra, 14 permanecían en prisión y se investigan 4 casos de tortura. De los que destrozaron algunas calles del centro de la capital, ninguna pista. ¿Qué pasó realmente el 1D? ¿Fue todo una estrategia para crear miedo? ¿Regresaban las viajas tácticas para frenar toda forma de disensión social? Muchos temen que sí y de ahí, el impacto mediático de lo ocurrido.

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“¡Libertad!, ¡Libertad!”… Con el puño en alto y gritando consignas dejaban atrás el Reclusorio Norte de la Ciudad de México gran parte de los detenidos injustamente el 1D. Abrazaban a sus familias tras una semana de miedos y cambiaban sus ropas de preso por indumentaria común.

“Lo peor fueron los dos días en un bunker tras la golpiza de la detenciónporque no ves la luz del sol en ningún momento. Pierdes la noción del tiempo, hacía mucho frío, nos tapábamos con un cartón los tres que estábamos. Luego en la cárcel ya hubo más solidaridad porque estábamos todos juntos”.

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Rodrigo André, un estudiante de 18 años, no podía ocultar el cansancio ni la tensión. El 1D, cuando se manifestaba pacíficamente en una calle en la que no hubo ningún destrozo, un antidisturbios le agarró por la espada, arrastrándole del pelo y golpeándole. “Me metió en medio de todos, me empezaron a patear, a una señora que se quejó y preguntó por qué me pegaban, la detuvieron también”.

Su relato se interrumpe bruscamente, las emociones a flor de piel. “¿Quién eres?, ¿Por qué me estás haciendo fotos?” le dice a un hombre que se acerca cuando estaba hablando con la periodista. El hombre baja su cámara de bolsillo. “Sacaron fotos mías en Televisa y TV Azteca”, se queja, pues le presentaron como uno de los vándalos. “Soy de El Universal”, contesta el hombre mientras saca una acreditación que el chico escudriña. “Perdona, es que… ”, suspira. La desconfianza predomina. Todavía no se cree que haya acabado una de las peores semanas de su vida.

(AP Photo/Eduardo Verdugo)

En la cárcel muchos internos y algunos policías se solidarizaron con ellos. “La población se dio cuenta de que éramos personas que también luchábamos por sus derechos pero claro, es una cárcel mexicana, está muy peligroso estar ahí adentro”. Su voz vuelve a tensarse cuando cuenta cómo vio a un guarda que llevaba en una bolsa unas zapatillas y un arma. “La gente de adentro tiene cuchillos tiene pistolas, tiene cocaína, marihuana, es una mafia muy grande, es una porquería”.

Para Angel Ulises Peralta, estudiante arquitectura lo peor fue, sin embargo, el momento de la sentencia ya que el delito del que les acusaban, ‘ataque a la paz pública en pandilla’, equiparable al de terrorismo pero con fuertes connotaciones políticas, según los abogados, podría conllevar penas de 5 a 30 años de prisión. “Es horrible la incertidumbre de saber si te quedas o te vas y luego ver que 14 permanecen… es complicado”.

Además, la realidad del país se hacía presente entre las familias de los detenidos, muchos de los cuales acamparon frente a la cárcel. “Pasamos miedo porque hay muchas desapariciones por el clima de violencia que hay en México”, decía la madre de Angel Ulises, Yolanda Guzmán.

“Me llevan por defender mi libertad de expresión” grita esta joven detenida (Captura de vídeo)

Entre abrazos, consignas y lágrimas, las declaraciones de los liberados el 9 de diciembre se repetían. Referían golpes y abusos tanto físicos como psicológicos de más o menos intensidad, entre ellos, cuatro casos de tortura denunciados por la Comisión de Derechos Humanos del DF, CDHDF, que incluyeron choques eléctricos y golpizas con el detenido desnudo.

Todos afirmaban que no descansarían hasta que el último de sus compañeros saliera. En prisión, quedaba, por ejemplo, César Llaguno Romero, de 22 años de edad, lustrador de calzado en situación de calle. Los testigos de su captura dicen que todavía tenía las manos manchadas de betún cuando la policía le detuvo en otra de las calles donde no hubo violencia.

Escenas similares tenían lugar al sur de la ciudad, en la cárcel de mujeres de Santa Martha. “Iba rumbo a Pino Suárez a comprar unos aretes, nunca llegué, me di la vuelta porque vi que había granaderos [antidisturbios] y que estaban subiendo a estudiantes. Les dije a los policías que no les pegaran y me subieron a la camioneta”.

Rosa María Vargas, de 52 años, era la mayor de las 11 mujeres detenidas. Una, Rita Emilia Neri, de 22 años, estudiante de enfermería de la UNAM, quedaba en prisión tras la liberación de sus compañeras, liberadas también por falta de pruebas. “Nos usaron como chivos expiatorios”.

La Cruz Roja de México informó que al menos 76 personas fueron atendidas de lesiones, aunque 29 tuvieron que ser trasladas a hospitales de la ciudad de México. (Foto: AP)

Las ganas de intentar que se clarifiquen los hechos y se haga justicia, procesando solo a los verdaderos culpables de la violencia, estaba presente incluso en uno de los dos heridos más graves, Juan Uriel Sandoval, estudiante de 22 años, que perdió un ojo. “Pido liberación de los compañeros que injustamente fueron presos, esta lucha no terminará hasta que la miseria termine. Un ojo no es nada”, decía a la prensa al salir del hospital todavía convaleciente.

(AP Photo/Eduardo Verdugo)

El gobierno federal dijo que su policía no llevaba armas pero los vídeos y fotografías muestran el uso de fusiles que disparan municiones de plástico. Según los médicos, lo que dañó el ojo de Juan Uriel fue el impacto de una de estas municiones o algo muy similar.

(AP Photo/Marco Ugarte)

Mientras tanto, una persona quedaba en el olvido aunque fue protagonista del 1D por unas horas, cuando le daban por muerto sin estarlo (lo hizo incluso un diputado, el izquierdista Ricardo Monreal, desde la tribuna del Congreso lo que suscitó intensas críticas y acusaciones de que quería ‘usar el muerto’ con fines políticos).

Juan Francisco Kuykendall es un director de teatro de 67 años hospitalizado tras recibir un gran impacto en la cabeza. Durante minutos estuvo tirado en la calle con el cráneo fragmentado. Diez días después de los hechos, seguía en terapia intensiva.

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Justicia… gracias a Internet

Los vídeos y testimonios que a lo largo de una semana se fueron colgando de internet fueron el principal material de trabajo de la CDHDF y de la treintena de abogados que bajo el nombre “Liga 1 de diciembre” se dispusieron a defender a los jóvenes. También fueron las pruebas de que entre los manifestantes había infiltrados perfectamente organizados y equipados con cadenas, máscaras antigás y que fueron los violentos. Según los abogados, ellos provocaron a la policía y sabían exactamente cuándo los agentes iban a pasar a la fase dos del operativo. En ese momento, se iban a otro lugar y los antidisturbios cargaban contra la gente que quedaba allí.

(AP)

“Fue la tormenta perfecta”, coincide el director del Instituto de Acción CiudadanaEdgardo Buscaglia. “Se trató de una mezcla de jóvenes pagados por partidos para generar desorden, algo que ya es tradicional en México, y la infiltración de agentes de inteligencia de las policías para desprestigiar al movimiento de jóvenes #yosoy132 [uno de los organizadores de las protestas] y sus aliados”.

“Todos tenían el mandato de generar violencia para desprestigiar a la oposición ante la opinión pública”, añade. Buscaglia no acusa directamente al PRI porque recuerda que aunque las estructuras que generó este partido fueron las que durante 70 años controlaron magistralmente toda forma de disidencia, el priísmo fue la escuela de la gran mayoría de políticos mexicanos que copiaron sus prácticas militen ahora donde militen.

René Jiménez, sociólogo de la UNAM especializado en violencia y seguridad pública, también habla de acciones orquestadas. “Había policías vestidos de civil o, si no, personas entrenadas como tales que hicieron el trabajo sucio de la policía. Se provocó para justificar la represión y actuaron igual la policía federal que la del DF”.

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El todavía alcalde de la capital, Marcelo Ebrard, del izquierdista PRD y cuyo mandato concluyó el 5 de diciembre, atribuyó la violencia a grupos anarquistas pero esta explicación no convence a los expertos. “Ebrard como buen miembro de la elite político-empresarial mexicana (disfrazado de izquierda) descalifica a movimientos sociales que no controla”, afirma Buscaglia.

“Los grupos anarquistas no tienen tanta fuerza, no mueven a mucha gente aunque es cierto que ciertos grupos de jóvenes desencantados con su futuro muestran con violencia su frustración”, señala Jiménez, que considera que ellos pudieron actuar pero eso no explica lo ocurrido el 1D. “Hubo detenciones arbitrarias para inhibir la movilización social”, sentencia convencido. El informe preliminar de la Comisión de Derechos Humanos del DF iba en esta misma línea. “El patrón común de estos casos ha sido la ejecución de detenciones arbitrarias en perjuicio de jóvenes”. Ver Testimonios en puño y letra de los detenidos el #1DMx

 
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Dos gobiernos en la mira Quién quiso convertir la toma de posesión de Peña Nieto en una jornada marcada por la violencia y la represión, sigue siendo un misterio. Para Jiménez, “el 1D es un parteaguas y marcará dos gobiernos –ya que se vieron afectadas dos policías, la federal y la capitalina-, el de Peña Nieto (PRI) y el de Miguel Angel Mancera”, un independiente en las listas del PRD que ganó el gobierno del DF en julio con el 63% de los votos.

De momento, la única declaración oficial ha sido la del secretario de Gobernación (ministro de Interior) de Peña Nieto, Miguel Angel Osorio Chong, que prometió investigar todos los hechos. Y su número dos, Manuel Mondragón (ex encargado de la policía capitalina), confirmó a una emisora de radio que los actos vandálicos habían sido organizados y premeditados pero no conjeturó sobre sus autores. Mancera, por su parte, dijo que se estudiaría caso por caso y que la “evidencia tiene que prevalecer”.

La liberación de la mayoría de los detenidos –que estaban bajo fuero del DF- es el primer paso. Pero los afectados piden una disculpa pública, castigo a los culpables de los abusos y la reparación del daño. “Si se logra todo eso -añade el sociólogo René Jiménez-, si se consigue procesar a aquellos contra los que haya pruebas suficientes de que destrozaron los comercios, de que agredieron a alguien, algo que es posible gracias a las numerosas cámaras de seguridad que hay en la ciudad, Mancera y Peña Nieto quedarán como grandes estadistas. Tienen una oportunidad de oro para demostrar que sus discursos de toma de posesión son algo más que palabras”.

Pero algunos analistas son escépticos. “O fue simple estupidez o había intención de dar una lección, una fórmula que puede volverse a activar y que desde ahora desincentiva a quien vaya a manifestarse”, dijo el académico Lorenzo Meyer.

Los que pasaron una semana entre rejas no parecen ser de los desanimados y recuerdan a las 14 personas que siguen encarceladas. “No me siento libre si ellos no salen porque están por lo mismo que yo”, subrayaba Rodrigo André. “No los podemos dejar ahí”. La batalla no ha acabado, insistían.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

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