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En conflicto

La prensa colombiana “redescubre” la paz

¿Cuáles son los obstáculos para la paz en Colombia? Cuando los negociadores del gobierno y de la guerrilla se plantearon esa pregunta, concluyeron, entre otros puntos, que los medios de comunicación de este país habían satanizado la misma palabra "paz".

Delegadas campesinas de la pacifista Marcha Patriótica en su primera aparición, el 21 de julio de 2010 en el poblado de La Macarena, zona de influencia de las FARC (Constanza Vieira/IPS)

Entonces, Enrique Santos, exdueño del principal diario, El Tiempo, hermano mayor del presidente Juan Manuel Santos y quien jugó un papel crucial en los acercamientos, comentó: “Eso se arregla en dos semanas”.

El hecho fue relatado por una fuente cercana a la guerrilla izquierdista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y habría ocurrido durante las conversaciones exploratorias que se iniciaron hace un año y medio, se formalizaron en febrero y fueron divulgadas por el presidente Santos el 27 de agosto.

“Esa afirmación, de ser cierta, es una confesión de parte”, dijo el periodista Arturo Guerrero, “en el sentido de cómo se maneja de manera manipuladora la información”.

Cambiar la mentalidad de los propios informadores “no es tan fácil”, aunque “la genuflexión constante ante el poder caracteriza mucho a nuestra prensa”, consideró Javier Darío Restrepo, veterano reportero a cargo del Consultorio Ético de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por el premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez.

Durante el gobierno del derechista Álvaro Uribe (2002-2010) hubo “obsecuencia total”, indicó; “no se podía poner en tela de juicio que él era el Mesías, el hombre que iba a cambiar este país”.

Bajo el mandato de Uribe, los medios, basados casi exclusivamente en fuentes militares, celebraban como logros bombardeos a las guerrillas y bajas insurgentes. Quien hablaba de paz se exponía a mofas y acusaciones de complicidad con las FARC, alzadas en armas en 1964.

Mediante una reforma a la Constitución, Uribe consiguió ser reelegido, pero su tercer intento de postularse fue frenado por la Corte Constitucional. “Poco a poco, la prensa lo fue dejando atrás y ya hace críticas cada vez más abiertas contra él. ¿Por qué? Porque ha cambiado el signo del poder, ahora es Juan Manuel (Santos)”, dijo Restrepo.

Después del 27 de agosto, de un día para otro se multiplicaron títulos que venden las bondades de la paz. De pronto vuelve a ser más rentable que la guerra, y se publican estudios que así lo demuestran.

“Santos es realista”, dice en una portada un jefe guerrillero negociador que hasta hace poco era calificado de “narcoterrorista”. “La paz está por encima de todo”, aventura en primera plana el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Javier Zapata Ortiz. “El Papa da su aliento al proceso de paz con las FARC”, dice la portada al día siguiente.

Restrepo advirtió que “hay una especie de culto al que está en el poder. Eso es de los aspectos más preocupantes que hay en nuestra prensa, porque no le permite ser eficaz en su análisis y en su denuncia de los abusos del poder”.

En 1999, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) definió en una resolución y plan de acción que “una cultura de paz es un conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida”.

“El papel informativo y educativo de los medios de difusión contribuye a promover una cultura de paz”, señala el artículo 7 de ese documento.

Por eso no basta con titulares optimistas.

Para que una cultura de paz centrada en el respeto a la vida se abra paso en Colombia, hay que “trabajar para cambiar esa mentalidad del periodista”, indicó Restrepo en conversación con IPS.

“Cambiar tiene que ver con formación, y con estímulos”, que deben traducirse en premios y elogios, porque “al periodista le encanta que le destaquen su trabajo”, agregó Restrepo, quien imagina “una especie de campaña permanente” que sirva al público “para aprender a distinguir qué es lo que está muy bien y qué es lo que debe mejorar”.

“Pero, sobre todo, cambiar tiene que ver con que el periodista aprenda a mirar su trabajo con ojo crítico”, subrayó.

Restrepo estimó “muy complicado” ponerle fechas al apaciguamiento del odio propagado en la última década, “porque es cambiar una actitud. Ese tendrá que ser un trabajo largo y en él tiene que intervenir mucho la prensa”.

No es cuestión de dejar de informar sobre “las barbaridades que están haciendo” las guerrillas, pues no se trata de “hacer la paz con los ojos cerrados”, advirtió.

Lo que se necesita es contextualizar, mostrar “cómo han resuelto el problema distintos países que han tenido situaciones parecidas, pagando ese precio que se paga por la paz”.

A su juicio, eso no se ve en ciertos periódicos “porque están cediendo al instinto primario: ‘sí, son unos embusteros. Y cómo vamos a hacer la paz con unos embusteros’. Uno no hace la paz con los amigos”, comentó.

Un país en guerra hace décadas está reiterando sus errores. El de la prensa “es, justamente, la insistencia en manejar recuerdos tóxicos”, indicó Restrepo.

“Hay una memoria tóxica, que envenena. Y es deber de uno, como periodista, no estimular los venenos”, sino difundirlos de tal forma que “el sentimiento se vuelva razonamiento”.

La realidad “está compuesta de muchos elementos que, entendidos por los lectores, hacen que estos reaccionen inteligentemente y no de una manera puramente sensitiva”, concluyó.

El hecho es que, desde agosto, el panorama se alteró.

La revelación de que el gobierno adelantaba diálogos exploratorios con las FARC y que un nuevo ciclo de conversaciones se iniciará en octubre en Oslo y continuará en La Habana, tomó por sorpresa a medios, comentaristas y expertos.

Sin embargo, desde hace un año comenzaron en el parlamento reformas legales que hoy adquieren sentido y apuntan a perdonar los crímenes cometidos por todos los bandos.

Las reformas abarcan la ampliación del fuero militar, aún en debate legislativo; un “marco legal para la paz” que beneficia a políticos y empresarios que impulsaron a las milicias paramilitares de ultraderecha; y un intento de reforma judicial que fue desbaratado por una campaña civil impulsada por periodistas y ciudadanía urbana a través de Twitter.

Guerrero, columnista del diario El Colombiano y formador de periodistas para la cobertura responsable del conflicto, no cree que “en este mundo de Internet” la opinión pública sea tan manipulable como indica la frase atribuida a Enrique Santos.

“El reinado absoluto de los medios tradicionales ha caído estruendosamente, porque las redes sociales, los blogs e Internet en general han conformado un sexto continente en el que estos medios no tienen injerencia”, señaló.

“Ese sexto continente es arrollador…, y mucha gente está pasándose a ver esa fuente de información”, indicó, en contraste con “la gran masa” que no sigue la información “por interés propio” y solo se entera de los hechos de vez en cuando. “Esos sí son más susceptibles de ser manipulados”, dijo Guerrero.

Es determinante que “el analfabetismo funcional es todavía muy grande en el país, sobre todo en sectores rurales”. Y ese segmento de población tiene además “una preparación política bastante rudimentaria”, estimó.

En las grandes ciudades, en cambio, predomina “el voto consciente, y esos sectores que tienen acceso a Internet, que están más educados, marcan un poco el horizonte hacia donde marcha el país”, concluyó

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1 comentario

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