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En conflicto

Justicia a “cuenta gotas” por las desapariciones del Palacio de Justicia

Han pasado 28 años y René Guarín sigue buscando los restos de su hermana, Cristina, desparecida después de que el ejército retomara el Palacio de Justicia de Colombia tras un enfrentamiento armado con guerrilleros del M-19.

El 12 de noviembre, víctimas y Estado se verán cara a cara en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

“Cristina: me conformo
con un fragmento de tu cuerpo”

René Guarín

El 6 de noviembre de 1985 un comando compuesto por 35 guerrilleros del Movimiento 19 de Abril, M-19, irrumpió en la sede del Poder Judicial de Colombia. Su pretensión de juzgar al entonces presidente Belisario Betancur fue aplastada por los tanques del ejército y la “Operación Rastrillo”, con la que a sangre y fuego los militares protagonizaron la retoma del Palacio de Justicia.

 Además de la pérdida de cerca de un centenar de vidas, según la demanda que llegó a conocimiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), doce personas fueron desaparecidas ese día. Por este motivo, el próximo 12 de noviembre en Brasilia (Brasil) este tribunal continental escuchará en audiencia pública a los familiares de las víctimas, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y a los delegados del Estado.

Luego de ello, se espera que para mediados del 2014 se dicte una sentencia, en la que todas las apuestas apuntan a una inminente condena contra Colombia por estas desapariciones.

En medio de los debates jurídicos y políticos, amenazas e ilusiones efímeras, René Guarín lleva 28 años buscando la verdad de lo que ocurrió con su hermana Cristina, una joven recién graduada como licenciada en historia y geografía, que trabajaba como cajera auxiliar del Palacio de Justicia.

Foto familiares desparecidos al frente del juzgado que condenó al coronel Plazas 2010 (A. M. G.)

Conversar con René Guarín es ver en los ojos de un hombre cómo el dolor se transforma en persistencia y la desesperanza en desafío a la impunidad.

“A ella la desaparecen y a partir de ese momento junto con mis padres, y luego de manera solitaria después de que ellos fallecen, asumí la lucha por saber qué pasó con ella y exigir justicia para recuperar sus restos”. Así comenzó nuestra conversación:

 Periodismo Humano: ¿Por qué llega a la justicia interamericana para exigir que se conozca el paradero de su hermana Cristina?

René Guarín: El caso en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos comienza el 27 de diciembre de 1990. Denunciamos ante la CIDH que habían pasado cinco años desde la toma y no aparecían aún las personas.

P. H.: ¿Qué hace el Estado colombiano después de que presentan el caso a la CIDH?

R.G.: Cuando nace la Fiscalía General de la Nación con la Constitución de 1991, el caso simplemente es llevado a la Unidad de Derechos Humanos y ahí se conserva hasta el 2005. Ese año pasa a la unidad de fiscales delegados ante la Corte Suprema de Justicia, y comienza una investigación con las dificultades propias por haberla iniciado de manera tardía. Le hablo de 20 años después de los hechos del Palacio de Justicia.

Mientras tanto el caso sigue en la CIDH, como el caso más antiguo que tiene en este momento el Sistema, donde se analiza qué adelantos ha hecho el Estado en materia de verdad, justicia y recuperación de los restos de los desaparecidos

P.H.: ¿El Estado les prestó algún tipo de colaboración para buscar a su hermana?

R.G.: Recién ocurrieron los hechos acudimos a la Casa de Nariño (sede del Gobierno Nacional), luego fuimos a medicina legal, al Hospital Militar e inclusive a la Brigada XIII y en ninguna parte nos dieron razón de mi hermana.

 Le enviamos una carta en 1988 a Horacio Serpa Uribe, cuando era Procurador General de la Nación, solicitándole una reunión. Nos respondió que eran muy interesantes las observaciones que hacíamos en torno a la impunidad, pero nunca nos recibió. Él había sido miembro de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes que absolvió al presidente Betancur por los hechos del Palacio.

Foto René Guarín sigue en la búsqueda de su hermana Cristina (A. M. G.)

P.H.: En su escrito de defensa ante la Corte Interamericana, el Estado dice que no se han probado las desapariciones. ¿Algunos restos fueron hallados?

R.G.: En una exhumación realizada en el Cementerio del Sur en Bogotá se encontraron 97 esqueletos. Este trabajo lo hizo un grupo de antropólogos forenses argentinos, encabezados por Luis Fondebrider, expertos en la ubicación de desaparecidos de la dictadura argentina.

En 2001 se concluye un estudio de ADN que se hizo de la mano con la Universidad de Granada (España). Sólo uno de los esqueletos analizados corresponde con los restos de una de las personas desparecidas, que es Ana Rosa Catiblanco, funcionara de la cafetería. Los demás continúan desparecidos.

P.H.: ¿Quién había solicitado esa exhumación?

R.G. Esto fue impulsado por el abogado Eduardo Umaña Mendoza, quien nos estaba representando, pero fue asesinado unos meses antes de que empezaran las tareas de exhumación. Hoy, su crimen también está en la impunidad.

Ricardo Gámez Mazuera, ex integrante de un grupo de inteligencia del ejército, en una declaración dada en 1989 incluyó al abogado Umaña Mendoza en una lista de personas que son “objeto de investigaciones y seguimientos par parte del Batallón Charry Solano y cuyas vidas, por lo tanto, pueden estar corriendo graves peligros”, según publica Nizkor.

Se rompe el pacto de silencio

P.H.: ¿Cómo se ha ido quebrando ese pacto de silencio que parece existir entre los militares que participaron en la retoma del Palacio de Justicia?

R.G.: En 1986 recibimos un casette frente a un teatro en Bogotá, donde nos informaban que los desaparecidos estaban en el Cantón Norte (guarnición militar). Le dimos el casette a un funcionario del Ministerio Público, pero este quedó archivado durante estos años.  Era la grabación hecha por unos miembros de inteligencia militar, que estaban de acuerdo con una lucha contrainsurgente, pero no con llevarse gente y torturarla.

Luego, en el 2006 viajé con el sacerdote jesuita Javier Giraldo a Bélgica y me entrevisté con Ricardo Gamez Mazuera, quien había planteado reunirse con la Fiscalía.  Inicialmente se había pedido en un sitio neutral, como la sede del Parlamento Europeo, ante testigos imparciales. Pero faltando un día para la reunión, la Fiscalía dijo que tenían que reunirse en el consulado colombiano. Por eso, Gamez no quiso ir por considerarse en riesgo. Sin embargo, el padre Giraldo y yo le tomamos un testimonio, que luego publicó la Revista Semana y fue objeto de rectificación por parte del Coronel Alfonso Plazas Vega, cuya condena por los hechos del Palacio de Justicia está siendo estudiada en este momento por la Corte Suprema de Justicia.

P.H.: ¿Qué revelaciones hizo Gamez?

R.G.: Dentro de las declaraciones, que eran nuevas para mí, estaba una sobre Ana Rosa Castiblanco, también desaparecida y como le dije, la única de la que se han encontrado sus restos. Gamez nos dijo que ella había tenido un hijo que parió al interior de un camión del ejército y que ese chico se lo rifaron entre los militares. Ahora posa de ser el hijo mayor de un sargento.

También cuenta que le consta la salida de siete personas de la cafetería, que distribuyeron en la Casa del Florero, Escuela de Caballería, Escuela de Artillería y Batallón Charry Solano (unidad de inteligencia del ejército).

P.H.: ¿La justicia colombiana ha dicho algo sobre la desaparición de su hermana?

R.G.: En una sentencia de octubre de 1994, el Consejo de Estado declaró la responsabilidad del Estado. En esa oportunidad dijo que hubo un caos administrativo en el manejo de los cadáveres resultantes del Holocausto del Palacio de Justicia, y que con base en eso se puede decir que ella está desaparecida por acción o por omisión de agentes del Estado. Sin embargo, aún no se sabe dónde están los restos de mi hermana.

 A cuestionar los fallos

El 7 de agosto del 2010 asumió la Presidencia de la República Juan Manuel Santos. A pesar de haber sido ministro de defensa de su predecesor Álvaro Uribe Vélez, Santos se mostró ante la opinión pública como portador de un nuevo lenguaje, más conciliador y cercano a las víctimas de la violencia, cuyo programa de gobierno ha identificado como “locomotoras” del desarrollo.

“Nuestro deber hoy es, precisamente, rescatar la verdad, por dolorosa que sea, sobre lo que ocurrió en el Palacio, y acompañar a las víctimas, a los familiares, que tienen todo el derecho a saberla“. Así lo señaló Santos, el 4 de noviembre del 2010, durante un homenaje a las víctimas del Palacio de Justicia.

Más adelante manifestó que “no podemos olvidar tampoco, en este homenaje, a aquellos sobre los que no se tiene noticia cierta de su paradero, cuya realidad debe conocerse —¡es imperioso que se conozca!— por el bien moral de nuestra sociedad y de nuestro Estado” (sic).

“Santos, lo que nos dijo en ese momento, no lo cumplió. Cuando condenan al general Arias Cabrales, él inmediatamente dice que tiene el mejor concepto de ese general y que espera que se defienda. Aunque no hace lo de Uribe de dar una alocución radiotelevisada protestando por la condena contra Plazas Vega con los militares al lado, pero hace ese pronunciamiento”, señaló indignado René Guarín.

Luego, en enero de 2012, cuando un tribunal confirmó la condena contra el Coronel Plazas Vega, Santos dice que como esa sentencia ordena pedir perdón, a los que verdaderamente hay que pedir perdón es a los militares y al expresidente Belisario Betancur.

Pero esto no es todo. En la contestación del informe de admisibilidad presentado en noviembre del 2012 por la Comisión a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el abogado representante del Estado cuestionó la existencia de los desaparecidos. Ahora falta ver la reacción del gobierno ante una eventual condena internacional.

 No es un “cabo suelto”, es un “sargento” suelto

 P.H..: Se habla de una circular roja ante la Interpol estancada.

R.G.: Ese ha sido un tema que cobra actualidad. Para ponernos en contexto, dentro del proceso contra el general Iván Ramírez (comandante de inteligencia y absuelto por “duda razonable”) se habla de un testigo de excepción. Se trata del sargento retirado Bernardo Alfonso Garzón Garzón, del Batallón Charry Solano, unidad encargada de tareas de inteligencia.

 Este sargento en 1984 se infiltró en el M-19 con el alias de “Lucas” y ha dicho que sabe cosas del Palacio de Justicia. Para nuestra sorpresa, hace poco aparece una foto en la primera edición del libro de Ana Carrigan, una foto de Garzón en la Casa del Florero (ver foto).

P.H.: Si para esa época “Lucas” estaba infiltrado en el M-19, ¿qué hacía en la sede de las operaciones de inteligencia militar el día de la Toma del Palacio de Justicia?

R.G.: Garzón, o “Lucas” aparece en una posición privilegiada observando a las personas que van saliendo del Palacio de Justicia, para ver quien es guerrillero. Para sorpresa de nosotros, el Ministerio de Defensa  presentó una constancia que dice que Garzón no podía estar en el Palacio de Justicia, porque el 1º de noviembre había salido a vacaciones, y como la Toma fue el 6, él no estaba allí. Pero en ese momento no estaba la foto, y por eso su testimonio no había sido tenido en cuenta.

P.H.: ¿Y la circular de la Interpol?

 R.G.: Se pidió, a través de la fiscal Ángela Buitrago quien entonces investigaba el caso, una circular roja para que Garzón fuera ubicado en cualquier parte del mundo. Esa orden llegó en septiembre del 2010, pero ahora en la Fiscalía está quieta.

A la fiscal Ángela María Buitrago le pidieron la renuncia el mismo día que abrió investigación contra tres generales por la ejecución del Magistrado Urán. Los generales son Carlos Alberot Fracica, Rafael Hernández y Jesús Armando Arias Cabrales.

 “Yo fui miembro del M-19”

 La página 140 de la respuesta dada por el Estado colombiano a la demanda presentada ante la CIDH, antes de referirse puntualmente a la desaparición de Cristina Guarín, presenta una relación de hechos en los que estuvo vinculado René Guarín como miembro del M-19. Ante esta evidente estrategia para desvirtuar los argumentos de las víctimas Guarín señaló:

“Yo fui miembro del M-19 desde marzo de 1986. Me vinculé cuatro meses después de que desaparecen a Cristina. Le aposté a un proyecto de guerra, producto de una afrenta que me hizo el Estado cuando despareció a mi hermana”.

P.H.: ¿Esto ha sido argumento del Estado para atacar sus pretensiones?

R.G.: En el escrito hecho por el abogado Rafael Nieto Loaiza, presenta el caso de mi hermana precedido por “veamos quien fue René Guarín”. Habla de mi vinculación al M-19, de mi tiempo de reclusión y de mi viaje a Santo Domingo (Cauca) a la entrega de armas.

Pero lo cierto es que con René Guarín ex guerrillero del M-19 o con René Guarín no ex guerrillero del M-19, hay 11 personas desaparecidas. El hecho que yo haya sido guerrillero del M-19 no hace a Cristina, mi hermana, ni a las demás personas más o menos desaparecidas.

Foto René Guarín me enseña la foto que muestra la presencia de agente de inteligencia del ejército infiltrado en el M-19

La Comisión de la Verdad

 En diciembre del 2009 fue presentado el informe elaborado por una comisión de la verdad, conformada por tres juristas. Allí se afirma que no existe duda alguna de que, en el marco de los hechos del Palacio de Justicia, empleados de la cafetería y algunos visitantes ocasionales fueron víctimas de desaparición forzada. “Todos ellos, indiscutiblemente, ingresaron con vida al Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985”, enfatiza el informe.

Más adelante se encuentra la siguiente precisión. “Tal como lo señaló en su “Informe preliminar”, la Comisión de la Verdad no considera, como algunos lo han sugerido, que los empleados de la cafetería del Palacio pertenecieron al grupo asaltante. Se trataba de jóvenes trabajadores sencillos, en la mayoría de los casos con hijos pequeños, con expectativas y proyectos de vida familiar y laboral definidos”.

A la vergüenza que representa para la sociedad ver la sede del órgano que imparte justicia convertido en un campo de batalla y algunos de sus empleados desparecidos, se suma la incompetencia o complicidad del propio Estado para encontrarlos y para contar la verdad de lo ocurrido. Fue necesario recurrir a una Corte internacional. Ojalá el presidente Santos no repita su actitud ante otra sentencia contraria a los intereses del país, desacatando la inminente condena por estas desapariciones.

 

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

6 comentarios

  1. Ricardo

    Espero que este crimen de Estado y muchos otros cometidos por miembros de la dirigencia gubernamental y militar de este enfermo país no queden impunes y que por lo menos las próximas generaciones puedan ver justicia sobre estos actos….sólo quisiera ver al que considero como el mayor asesino de Colombia en las últimas décadas juzgado y preso…Alvaro Uribe Vélez mayor perpetuador de la Colombia actual

  2. Robert Castillo

    Con todo respeto pero ese es precísamente el problema de nuestro país. El revanchismo, la venganza. Entonces usted por el supuesto (y digo supuesto, porque a parte del testimonio de personajes oscuros que hablan prácticamnete desde la clandestinidad y no ante las cortes con la potestad de recabar dichos testimonios) asesinato de su hermano por parte del ejercito de Colombia, decidio volverse contra su Nación y cambiar de víctima a víctimario, causando dolor y muerte para satisfacer su propio dolor por la muerte de su hermana, y prescísamente se alió en ese fin, con los responsables primarios de su muerte. Lo siento pero eso es completamente incomprensible, y ciertamente hace sus reinvindicaciones por lo menos cuestionables.

  3. [...] poco más de un año Periodismo Humano entrevistó a uno de los familiares de las personas desaparecidas durante la “Operación Rastrillo” en la retoma del Palacio de Justicia, ocurrida en Bogotá en 1985, presagiando una eventual [...]

  4. [...] poco más de un año Periodismo Humano entrevistó a uno de los familiares de las personas desaparecidas durante la “Operación Rastrillo” en la retoma del Palacio de Justicia, ocurrida en Bogotá en 1985, presagiando una eventual [...]

  5. Constanza Vieira

    Dos años y sigue vigente y aportando información pertinente. Así son los buenos artículos!

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