En conflicto

“El islam dice que tenemos que instruirnos”

Reportaje en la última escuela que ha sido destruida por los talibanes en Pakistán

Medio millón de estudiantes ha tenido que desplazarse para continuar sus estudios

Cientos de escuelas han sido destruidas y Pakistán pide ayuda para los 200 millones de dólares que costaría su reconstrución

Niños y niñas pakistaníes sueñan con terminar sus estudios pese a ola de atentados contra centros educativos (Ashfaq Yusufrai / IPS)

Sin amilanarse por la explosión del 19 de este mes en la escuela pública de policía, Ali aseguro que nadie le impedirá ir a clases. “Los insurgentes deberían tener vergüenza de atentar contra niños”, señaló. Un estudiante murió y diez más quedaron heridos.

Cerca de esa institución se encuentra la Escuela de la Universidad Pública (UPS), donde la mayoría de los estudiantes son optimistas y creen que el movimiento islamista afgano talibán puede ser derrotado con conocimiento. “Con educación podemos arrojar luz y terminar con la gran ignorancia de nuestra sociedad”, señaló Kashif Shah, estudiante de tercer grado de la UPS.

Los talibanes llegaron a las Áreas Tribales Federalmente Administradas (FATA, por sus siglas en inglés) tras ser expulsados de Kabul en 2001 por las fuerzas encabezadas por Estados Unidos que invadieron Afganistán. Desde allí realizan incursiones a Jyber Pakhtunkhwa, conocida como Provincia de la Frontera Noroccidental hasta el 19 de este mes, y atacan escuelas y comercios de música y venta de CD. FATA se ubica entre esta provincia y Afganistán.

Los insurgentes destruyeron 188 escuelas de niñas y 97 de varones en Swat, uno de los distritos de esta provincia, entre 2007 y marzo de 2009 y unos 500.000 estudiantes debieron desplazarse. “La educación femenina atenta contra el Islam. Las mujeres y las niñas deben quedarse en casa y no salir”, dijo a IPS en marzo de 2009 el portavoz del los talibanes en el valle de Swat, Mulsim Jan, ahora preso, tras ser consultado si eran un objetivo del movimiento.

“No nos perturba la explosión”, señaló Imran Ali. “Nuestro principal objetivo es educarnos a toda costa. Nuestros padres quieren que tengamos más educación y seamos doctores”, apuntó Ali, cuyo hermano Jawad resultó herido tras el estallido en la escuela pública de policía el 19 de este mes, justo antes de que cerrara. Un atentado suicida contra una escuela femenina en enero, en Lower Dir, uno de los 24 distritos de Jyber Pakhtunkhwa, dejó siete personas muertas.

El estudiante de quinto grado Jamal Shah, recordó un atentado contra su escuela de Lakaro, en la agencia Mohmand, el 14 de este mes en un incidente similar. “Cuando nos despertamos, recibimos la mala noticia”, relató. “Ese mismo día fui a la escuela“, apuntó, pese a las advertencias de sus padres de que no saliera de la casa.

Unos 500 estudiantes reciben clases entre los escombros del local, “porque todos queremos educarnos”, señaló Shah, de 13 años. Tiene miedo de que él y sus compañeros terminen trabajando de jornaleros si no estudian. “Mi mayor deseo es darle la mejor educación a mi hijo para facilitarle la vida”, señaló su padre, Anwar Shah, un albañil de 50 años. “Mi única preocupación es la seguridad de mis tres hijos. Los llevo y los traigo de la escuela todos los días”, coincidió Attaulh Jan, sin mencionar los dos kilómetros que debe hacer a la ida y a la vuelta.

El ministro de Educación de Jiber Pakhtunkhwa, Sardar Hussain Babak, prometió reconstruir todas las escuelas destruidas por los insurgentes. “Haremos todo lo posible por educar a los estudiantes”, declaró. La iniciativa asciende a unos 220 millones de dólares.

Insurgentes talibanes destruyeron la tercera semana de este mes 16 escuelas en FATA, indicó Babak. “Pedimos ayuda a la comunidad internacional para que nos ayude con la reconstrucción, pues menos de 50 por ciento de los hombres saben leer y escribir y sólo 37 por ciento de las mujeres“, añadió.

Las autoridades refuerzan la seguridad escolar tras la serie de atentados contra centros educativos, señaló el policía Safiullah Jan. “Tenemos un contacto estrecho con los directores de las escuelas para evitar poner en peligro la vida de niños y niñas”, dijo a IPS. Las autoridades escolares pusieron guardias de seguridad en sus locales para vigilar a toda persona de aspecto sospechoso.
Otra de las medidas de seguridad es mandar a los estudiantes a casa en grupos de a dos cada 15 minutos, indicó Bushra Ali, de la Escuela Modelo Universitaria, para evitar que corran y se amontonen en la puerta de entrada, apuntó.

El maestro Pervez Malik, quien da clases en la Escuela Pública Primaria de Niñas, señaló que el centro educativo fue bombardeado el 13 de marzo. “Las acciones de insurgentes contra civiles inocentes sólo sirvió para aumentar el deseo de estudiar de niñas, niños y jóvenes”, añadió.

Gul Ghutai, de 12 años, sueña con ser médica para “ayudar a sus compatriotas”. El Talibán no tiene derecho a matar, apuntó. “Nadie, salvo Dios, tiene derecho a segar una vida”, alegó.

“No nos van a intimidar con su campaña contra la educación y el conocimiento“, declaró el ministro de Información de Jiber Pakhtunkhwa, Mian Iftikhar Hussain. “El Islam dice que tenemos que instruirnos a toda costa“, añadió.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie