En conflicto

Hermel, el frente libanés de la guerra siria

Los bombardeos de los rebeldes sirios contra Hermel, provincia chií feudo de Hizbulá, se incrementan tras el discuso de Hassan Nasrallah donde prometía una victoria de sus fuerzas en la ciudad siria de Quseir

El trasiego de ambulancias y la proliferación de funerales por combatientes caídos en Siria indica el alto número de víctimas que está costando al movimiento chií su apoyo a Bashar Assad

Una vecina, con su bebé herido en una vivienda de Hermel destrozada tras el impacto de un misil. (Mónica G. Prieto)

Las altas temperaturas que se abaten sobre el valle de Hermel han obligado a los familiares de Lulu Awad a trasladar el lugar donde se aceptan las condolencias por la muchacha. La tradicional tienda de duelo yace vacía mientras que la vivienda familiar, la misma donde impactó el proyectil Grad que sesgó la vida a la estudiante de 17 años, es ahora empleada por los destrozados familiares de Lulu para acoger a los visitantes.

Sólo la planta baja de esta casa de Hermel, ciudad chií de unos 50.000 habitantes y capital de la provincia del mismo nombre, un feudo de Hizbulá, está intacta. La escalera que sube a la segunda planta ha quedado obstruida por los escombros que causaron la masiva explosión: milagrosamente, los padres y dos hermanos de Lulu, que se encontraban en ese momento comiendo en el salón de la planta principal, no sufrieron ningún daño más que el drama de perder a la joven.

“Ella estaba en la casa de enfrente, con su tía y su prima”, explica uno de sus primos. “Sobre las 8.30 de la tarde, escuchamos una explosión cercana. Acto seguido, otra explosión más próxima sacudió los alrededores. Las tres mujeres subieron al tejado de la casa. Entonces fue cuando el tercer proyectil impactó en la casa familiar”, dice señalando al techo. Apenas ocho metros separan ambas edificaciones, una situada enfrente de la otra. “La metralla se incrustó en su cabeza y su vientre. Sus intestinos quedaron extendidos por el suelo. Murió en el acto”, dice con los ojos enrojecidos Zeina Mansour, prima de la fallecida, mientras su tía Ifham Awad, con la barbilla vendada y los ojos amoratados, asiente aún bajo shock. “Ha perdido audición tras la explosión”, explica una de sus sobrinas para que se comprenda su silencio. La mujer, una anciana, resultó herida al subir al mismo techo que Lulu, como otras dos familiares que hoy en día se recuperan en sendos hospitales.

Funeral por un miembro de Hizbulá caído en Siria. (Grupo Facebook Sudlibanon)

La guerra siria hace tiempo que traspasó las fronteras libanesas, pero por primera vez ha abierto un frente donde concentrar su artillería en la región de Hermel. La abierta implicación de Hizbulá, el partido que controla tanto esta región norteña como la provincia de la Bekaa (al este del país) en el conflicto civil vecino ha diversificado los objetivos de los rebeldes sirios, que ahora ven en el partido chií libanés un enemigo tan legítimo como el propio régimen. El reconocimiento orgulloso de la participación de Hizbulá por parte de su secretario general, Hassan Nasrallah, quien el pasado día 25 prometió una victoria en Siria e invitó a quien disienta con él a combatirle en territorio sirio para salvaguardar el Líbano, ha tenido una respuesta inmediata: menos de 12 horas después, dos proyectiles de mortero se abatían contra los suburbios chiíes de Beirut causando cuatro heridos, todos sirios. Un día después, tres cohetes eran disparados contra Hermel –uno de ellos mataría a Lulu, que se formaba para ser chef– y, al día siguiente, eran seis los Grad que impactaban en diferentes puntos de la ciudad de Hermel convirtiendo el núcleo urbano en zona de guerra.

Daños en otra vivienda de Hermel. (Mónica G. Prieto)

“Es una respuesta clara al discurso del sayyed”, manifiesta un miembro de Hizbulá de Hermel que prefiere no ser identificado. “En los últimos tres meses, han caido casi 50 proyectiles en la región, pero atacaban de forma esporádica y aislada. Es la primera vez que lanzan seis proyectiles en un sólo día contra esta ciudad”, añade el hombre en una habitación decorada con retratos de Hassan Nasrallah y Ali Jamenei, guía supremo de Irán.

“Es la primera vez que provocan víctimas en Hermel”, aducen Zeina y sus primas, todas envueltas en negro, todas con lágrimas en los ojos. Fuera de la ciudad, en la localidad de Qasr, en plena frontera con Siria, sí se habían producido dos víctimas mortales el pasado 14 de abril.

El cráter dejado por una de las explosiones. (Mónica G. Prieto)

Dos seguidores de Hizbulá acceden acompañar a la periodista por la ciudad para mostrar los daños provocados por los Grad que cayeron el pasado lunes. Entre los escombros de una vivienda, una mujer camina con paso errante y con su bebé en brazos. La criatura, Zolfikar, de sólo 40 días, tiene la cabeza vendada y duerme con el chupete en la boca. “Resultó herido durante la explosión, estábamos en la casa de enfrente”, explica el padre, Ali, rodeado de varios críos de corta edad. El proyectil cayó sobre lo que parece ser un salón, hoy desfigurado por las marcas de la metralla, los escombros y el boquete que dejó el impacto en el pavimento. La habitación contigua presenta un aspecto similar.

Otro de los cráteres provocados por los cohetes lanzados por los rebeldes sirios. (Mónica G. Prieto)

Un kilómetro más allá, un cráter es perfectamente visible a la entrada de una casa. En otro punto de la localidad, el impacto alcanzó la entrada de otra vivienda, provocando daños materiales en un patio que hoy se reduce a escombros mezclados con peluches infantiles: probablemente, la habitación de los niños resultó afectada. Otro cráter se sitúa a 30 metros de una mezquita; otro junto a un automóvil aparcado frente a una vivienda.

Los colegios de la ciudad permanecen cerrados desde hace un mes, según explica Maysam, profesora de Francés de un centro privado. “En mi escuela hay unos 400 alumnos. El 24 de abril, un cohete cayó cerca del centro. Llevamos a los estudiantes al teatro, que está en un semibajo, pensando que era el lugar más seguro. Aquí no tenemos refugios. Imagina el pánico de los padres cuando acudieron a llevarse a los niños. Desde entonces, sólo la mitad de los alumnos comenzó a acudir a clase hasta que decidimos cerrar”, prosigue esta vecina de Hermel.

Un niño salta entre los escombros de su vivienda, un día después de la explosión. (Mónica G. Prieto)

Parece milagroso que el pasado lunes no hubiera más víctimas, especialmente dado que el bombardeo –captado en este vídeo grabado por los rebeldes- se produjo poco después del funeral masivo por Lulu Awad, y del celebrado posteriormente por un combatiente de Hizbulá muerto en la batalla de Quseir. La ciudad siria de Quseir –situada a sólo 12 kilómetros de Hermel- asoma a lo lejos, perfectamente visible: columnas de humo blanco delatan la gravedad de la ofensiva que padece a manos de Hizbulá desde hace dos semanas y que está costando popularidad y credibilidad al movimiento chií –cuyo arsenal, en teoría, estaba destinado a luchar contra la ocupación israelí- además de un enorme precio en vidas humanas.

Funeral por un combatiente de Hizbulá caído en Siria. (Sudlibanon)

Según fuentes del Partido de Dios citadas por la prensa libanesa, unos 110 combatientes de Hizbulá habrían perecido desde que comenzó la reciente ofensiva contra esta ciudad fronteriza, en manos rebeldes desde hace más de un año y estratégicamente vital para el régimen y para su aliado libanés dado que comunica la costa siria alauí y Damasco, así como la Bekaa y el Hermel libanés (ambos territorios controlados por Hizbulá) con la Siria aún en manos de Bashar Assad.

La victoria prometida el sábado pasado por Hassan Nasrallah no termina de concretarse –los activistas de Quseir siguen colgando vídeos desde el interior de la ciudad- pero el coste en vidas humanas es inesperadamente alto: se estima que 2.000 combatientes de Hizbulá toman parte de la ofensiva contra Quseir, y la caída de un centenar supone que el movimiento ha perdido el 5% de su fuerza sólo en los 10 primeros días de combates.

Sólo el primer día, se calcula que 40 combatientes cayeron víctimas de la estrategia defensiva de guerrilla urbana aplicada por los grupos armados sirios, que consiste en convertir casas abandonadas, coches y hasta neveras en bombas trampa y en desplazarse mediante túneles excavados bajo la ciudad sin riesgo de ser detectados. Días después, se informaba de la muerte de otros 25 en otra operación de los rebeldes sirios. En la guerra de 2006 contra Israel, cuando Tel Aviv bombardeó todo el Líbano chií durante 34 días, las estimaciones más altas apuntan a 500 bajas en las filas de Hizbulá.

En la carretera que atraviesa las regiones chiíes del Este del Líbano, el trasiego de ambulancias es continuo, signo de cómo transcurre la batalla que se desarollla al otro lado de la frontera. Los residentes explican que Hizbulá ha cerrado uno de los hospitales de Baalbek para dedicarlo exclusivamente a los heridos que llegan desde Siria. Los funerales –columnas de vehículos con las banderas amarillas del movimiento de Nasrallah, de donde asoman hombres fuertemente armados que lanzan su munición al aire no con poco peligro de provocar nuevas víctimas- son frecuentes: en dos días, sólo en los alrededores de Baalbek, Periodismo Humano pudo contabilizar tres.

Los retratos de 11 combatientes muertos en Siria, en una banderola de Baalbek. (Mónica G. Prieto)

En cada rincón de Bekaa y Hermel, banderas flamantes de Hizbulá ponen una onmipresente nota de color amarillo a las calles. Las enseñas cuelgan de postes y farolas, mientras que los pósteres del movimiento asoman en las lunas de los coches, en los escaparates de las tiendas y en los muros. Algunas camionetas han habilitado un sistema de altavoces en su caja trasera y pasean a baja velocidad emitiendo canciones de Hizbulá a todo volumen. Pero lo más llamativo es la proliferación de banderolas de duelo, con los rostros de los combatientes mártires caídos en Siria, que cuelgan en prácticamente cada localidad de estas dos regiones chiíes, como ocurre también en los barrios del sur de Beirut y en el sur del país.

“Combatiente mártir Abbas Ali Moqdaq”, reza una pancarta colgada a la entrada de Maqneh. “Combatiente mártir Mohamed Fouad Rabah”, se lee en otra, en la localidad de Labweh. En el cementerio de los mártires de Baalbek, donde solían enterrarse a combatientes caídos en la lucha contra Israel, en estos momentos se prepara un funeral para alguien fallecido en Quseir. Frente al camposanto, una pancarta con 11 rostros de mártires recuerda el alto precio que está pagando la comunidad chií por el apoyo de su líder, Hassan Nasrallah, al dictador Bashar Assad.

El retrato de un combatiente de Hizbulá caído en Siria cuelga de una casa de Baalbek. (Mónica G. Prieto)

El hecho de haber enviado tropas a Siria, empujando al Líbano al conflicto sectario, no genera un resquemor visible, por el momento, en la comunidad chií libanesa, que siente su mera existencia amenazada “por los terroristas de Johbat al Nusra”, explica una vecina de Baalbek. “Nos quieren matar, nos quieren decapitar con sus espadas. ¿Qué podríamos hacer, más que defendernos?”, dice asumiendo el discurso oficial de que el Partido chií se ha visto obligado a participar en el conflicto sirio ante la presencia de extremistas suníes al otro lado de la frontera.

Dos pancartas saludan a los mártires Mustafá Husni Assaf y Ali Hadi Majed Dandash en la carretera de Hermel. “Seremos siempre fieles a tu sangre”. (Mónica G. Prieto)

Pero esta implicación ha puesto a los chiíes libaneses en el punto de mira de los rebeldes sirios y también de la comunidad suní libanesa, que se siente fuertemente identificada con los rebeldes suníes alzados en armas en el país vecino. Los rencores nunca resueltos de la guerra civil y las diferencias históricas entre chiíes y suníes resurgen con fuerza con la excusa siria, hasta el punto de que algunos vecinos de Hermel llegaron a acusar a la villa de Ersal –una población puramente suní situada en el valle de la Bekaa- de ser responsables de los bombardeos del lunes.

En un grave giro de los acontecimientos, en la madrugada del lunes tres soldados libaneses eran asesinados en un checkpoint de entrada a Ersal supuestamente por rebeldes sirios que habrían huido tras el ataque. El Ejército libanés, desbordado, mal dotado e incapaz de imponerse en ninguno de los frentes abiertos en el país del Cedro, apenas es visible en las regiones chiíes, donde Hizbulá asume desde hace años las labores de Seguridad.

Varios peluches entre los escombros dejados por otra explosión. (Mónica G. Prieto)

“El miedo se ha apoderado de los corazones de los habitantes de Hermel”, suspira una de las primas de Lulu, enlutada de arriba abajo pero sin velo, como tantas otras jóvenes de la familia. “No tenemos refugios, no sabemos cómo protegernos, el Gobierno central se desentiende de nosotros…. Aquí nunca llegan los ministerios, ni el Ejército, ni la seguridad”. “¿Cómo nos vamos a defender si vienen a por nosotros?”, se interroga Maysam. “Todos estamos vigilantes, todos tenemos la obligación de ser soldados”, musita Hathem, un vecino de la familia Awad en la cincuentena, orgulloso de decir que ninguna de las recientes guerras padecidas por el Líbano afectó a Hermel. “Esta vez, no soy optimista”, suspira.

 

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