En conflicto

Enseñar a construir la paz

Vicenç Fisas es el fundador y director de la Escuela de Cultura de Paz

Vicenç Fisas

En el mundo de la cooperación internacional, Vicenç Fisas es reconocido por haber sido el promotor y coordinador de la primera campaña por el desarme en España, uniendo para este fin a cuatro grandes ONG: Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras, Intermón Oxfam y Greenpeace. Desde entonces han pasado ya casi veinte años. En este tiempo, Vicenç Fisas se convirtió en titular de la Cátedra Unesco sobre Paz y Derechos Humanos, ha publicado decenas de libros sobre resolución de conflictos y construcción de la paz, y ha creado y dirige la Escuela de Cultura de Paz.

¿Cómo nace y qué hace la Escuela de Cultura de Paz?

La Escuela de Cultura de Paz nació hace once años de una manera muy bonita e interesante. En la génesis está la Cátedra Unesco sobre Paz y Derechos Humanos de la que soy titular y en la que se imparte una asinatura, “Cultura de paz y gestión de conflictos” en la Universidad Autónoma de Barcelona. Se llenó de estudiantes de primer y segundo año. Pero estos estudiantes no tuvieron suficiente con la asignatura y crearon El club de la cátedra. Empezaron a pedir más actividades tanto a nivel de docencia como de sensibilización. Por eso, elaboré un proyecto ambicioso, el de crear una Escuela de Cultura de Paz. La sorpresa vino cuando la presenté a la Generalitat de Catalunya y me respondieron que adelante, que “eso era lo que la juventud necesita y os vamos a dar los recursos necesarios”.

Empezamos en el 99 con un equipo muy pequeño pero poco a poco fuimos ampliándolo buscando nuevos financiadores. Creamos programas establemos hasta llegar a la estructura actual: Conflictos y construcción de la paz, Procesos de paz, Desarme, Educación para la paz, Derechos Humanos, Rehabilitación post bélica, Artes y Paz y Colombia. Intentamos asumir el ciclo de procesos de construcción de paz desde la fase de sensibilización a partir de programas de educación, así como de intervención en conflictos para fomentar los procesos de paz. Además está el trabajo de docencia a través de un posgrado y dos asignaturas de libre elección.

¿Qué hacéis con todo el trabajo de investigación que elaboráis y quiénes son los beneficiarios de vuestro trabajo?

Básicamente, lo colgamos en nuestra web. Hacemos un gran esfuerzo para que todos nuestros trabajos estén disponibles para que cualquier persona en el mundo los pueda consultar. También intentamos traducir lo máximo posible al inglés, además de una red con otras entidades que hemos ido desarrollando y que tienen finalidades parecidas a las nuestras. Nuestro principal empeño es el trabajo de incidencia. No hacer trabajos de investigación que se queden en los cajones, sino que puedan ser aplicados y transformadores de la realidad.

Mapa de la base de datos de los conflictos © Escuela de Cultura de Paz

Profundizando en el principal de vuestros objetos de estudio, ¿en qué han cambiado los conflictos en las últimas décadas?

Hay un cambio sustancial en los conflictos contemporáneos. Antes los actores eran estatales: los ejércitos y los gobiernos. Eran conflictos entre Estados. Hoy hay una proliferación de conflictos en el interior de los Estados y los actores son las milicias, grupos armados, paramilitares, mafias… Esto dificulta enormemente la resolución y la gestión de los conflictos. Y lo vemos en los procesos de negociación que se complican y durante los cuales los grupos enfrentados suelen fraccionarse lo que complica aún más la consecución de un elemento fundamental, una agenda común.

¿Quiénes son los nuevos actores que están participando en la gestión y resolución de conflictos?

En la última década hemos asistido al surgimiento de lo que llamamos diplomacia paralela, una diplomacia ciudadana formada por organizaciones especializadas, centros que tienen ya un profundo conocimiento de cómo funciona el trabajo de facilitación de la salida del conflicto. Por ejemplo, el Centro para el diálogo humanitario de Ginebra,  la Comunidad de San Egidio, el Centro Carter… Y toda una panoplia de ONG que hacen un trabajo subsidiario para que los grupos armados puedan entrar en la negociación.

Esto se está reforzando y es uno de los factores que explica que, a medida que pasan los años, haya más procesos de paz en el mundo.

Estas otras diplomacias evitan también los recelos de injerencia que pueden surgir ante la intervención de países extranjeros, ¿no es así?

Más que miedo a la injerencia suele haber una actitud de desconfianza por parte de los actores no estatales con respecto a los gobiernos. Por eso es necesaria una tercera instancia que se perciba más neutral y, a ser posible, profesional.

Otro de los pilares, obviamente, de vuestro trabajo es la construcción de la paz. ¿Es posible la paz con impunidad?

Es una mala paz en todo caso. Y una mala paz no es verdadera. Estamos en un periodo muy delicado, de transición, en la que esa tradición de hacer procesos de paz con inmunidad total no será posible en el futuro. A partir de ahora, además de las intervenciones de la Corte Penal Internacional, tendrán que actuar los tribunales creados ad hoc en los países concernientes y los crímenes de lesa humanidad tendrán que tratarse desde una justicia transicional como mínimo.

Habrá que hacer un esfuerzo que permitan aplicar las fórmulas de justicia que permitan aplicar un realismo que predica poco castigo pero al mismo tiempo no se puede pasar página de las atrocidades cometidas durante el conflicto.

En este sentido, ¿cómo valora las causas abiertas contra el juez Baltasar Garzón?

En España está ocurriendo una cosa muy curiosa. Hemos hecho una transición democrática donde el precio ha sido una impunidad total. Pero no sólo de impunidad, sino también de olvido. No ha sido hasta años recientes que ha habido un esfuerzo colectivo para recuperar la memoria histórica y esto se traduce en la apertura de fosas comúnes y desgraciadamente, como se ha visto con el enjuiciamiento del juez Garzón, con las trabas que se le han impuesto para que se pudiera aclarar qué pasó en la época del postfranquismo. Estamos volviendo a un periodo de silencio, de ocultamiento de la verdad que no conduce a ninguna parte. Es muy triste y lamentable, y va a retrasar unos cuantos años el que haya una auténtica memoria histórica sobre lo ocurrido durante la guerra y la posguerra.

Volviendo a la Escuela de Cultura de Paz, Colombia es el único país con un programa dedicado a este país ¿por qué?

En parte por una razón personal. Hace catorce años tuve la oportunidad de conocer el esfuerzo titánico que estaba realizando este país rico en iniciativas de paz y la necesidad que tenían de refuerzo internacional. Tenemos un programa con tres personas dedicadas en exclusiva a Colombia. Hacemos un acompañamiento de explorar las posibilidades de abrir diálogo con los grupos armados, de generar ideas que puedan ser de interés, hacer seminarios muchas veces a puerta cerrada para que los actores puedan reforzar el papel diplomático, así como un seguimiento de las iniciativas ciudadanas que necesitan ser visibilizadas a nivel internacional.

¿En qué situación se encuentra Colombia en la actualidad?

Ahora mismo estamos viendo que toda la coyuntura de este país está sujeta al periodo electoral. Dentro de un mes y medio habrá elecciones presidenciales y esto va a condicionar que surja un nuevo empeño por abrir negociaciones, un acercamiento a las guerrillas. Yo espero que sí, que haya gestos en esta dirección. Y esto nos puede conducir a que en primer lugar sea posible un intercambio humanitario entre las personas que están secuestradas y algunos presos miembros de las guerrillas. Esto podría dar lugar a un espacio de confianza que permita un proceso de diálogo que conduzca a un proceso de negociación más formal y de ahí a un proceso de paz. El país lo necesita, hay un ambiente que lo puede permitir y desde la Escuela haremos todo lo posible para que así sea.

¿Cómo valoráis el trabajo de la presidencia española de la Unión Europea a nivel de diplomacia internacional en la construcción de la paz?

El único dato relevante ha sido la propuesta de hacer una conferencia de paz para Somalia. Este país ha realizado un gran esfuerzo por reforzar el acompañamiento a nivel internacional de las negociaciones de paz. También se está llevando a cabo un esfuerzo, pero sin resultado, por el conflicto de Israel y Palestina que continúa en situación de colpaso y con negociaciones cortadas. Junto al diálogo euromediterráneo, estos serían los tres ejes de construcción de paz más importantes en estos momentos.

Próximamente publicaremos la segunda parte de este reportaje, dedicado al trabajo de la Escuela de la Paz .

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie